ALGUNAS ANOTACIONES SOBRE LA RISA

Algunas anotaciones sobre la risa. Religión y Risa

AMAR A DIOS Y HACER EL BIEN. Y REIR MUCHO. Y DAR GRACIAS A DIOS POR TODO AQUELLO QUE NOS AYUDA A VIVIR Y A LA RISA, Y AL HUMOR, YA LA SONRISA, QUE ES EL OXIGENO TAN IMPORTANTE PARA TODOS LOS HOMBRES DEL MUNDO

2-10-2.018.

POZO ALCÓN. JAÉN.

A nuestro alrededor miramos detenidamente y vemos muchas cosas que unas nos gustan y otras no. Hay que ser comprensivo y mirar con lupa todo aquello que entendemos y otras que pasamos de largo. Dios nos ha creado para nuestro entendimiento, solo para la mirada en una cosa y enseguida tenemos ideas que salen de un lado para otro. Un mundo que no comprendemos no es un mundo ni es nada, es necesario salir y ver todo aquello que sin ver lo comprendemos, eso no tiene importancia. Pero necesitamos una ayuda para que esa realidad se nos haga creíble. Uno no puede de primeras montar en bicicleta y salir pitando. A lo mejor pasa lo mismo con las ideas. Porque aunque sepamos de qué va la cosa, no llegaremos a entender todo. Claro, salvo que uno sea un superhombre, que creo que escasean.

Bueno, en nuestra realidad circundante, tenemos suficientes elementos para no llegar a ser un Premio Nobel, pero sí tener los conocimientos para andar por casa y desenvolvernos por nuestras calles, disfrutando del olor característico que se nos viene al paso. Cuando vamos de paso, siempre hay un paisaje que nos llama la atención y lo apreciamos y si es bello mejor. Un mundo que lo vemos y lo apreciamos salta a nuestra mente y podemos verlo y no pasamos sin una mirada que nos hace ver lo que muchas veces lo hemos pensado y hasta ese momento no lo vimos.

El mundo de la risa lo vemos todos los días, a través de la cara se nos viene la risa y vemos que en nuestra cara se plasma y la vemos para disfrute nuestro. No pasará sin que en algun momento se nos venga esa sonrisa que tal vez nos cambie el día. Si podemos ver hecho realidad el cambio que siempre soñamos. Vemos que cuando la primera sonrisa se nos hace presente, queremos que más adelante se nos venga otra, sí, otra sonrisa que hace que durante el día veamos cambiar nuestra forma. Es muy fácil: sólo sonreír. Tenemos que conseguir que los momentos de tristeza terminen y que la sonrisa se vea la dueña de nuestro ser y sintamos aquello que nos hace ver que el mundo merece la pena. La verdad es una y solo una, con solo ver algo nos traslada a nosotros algo que nos produce risa o sonrisa, tal vez que más da. Lo importante es conseguir que en días posteriores esa risa se haga dueña de nuestro ser y lo pasemos muy bien.

Si estamos en el trabajo o haciendo deporte de vez en cuando salta a nuestro rostro y mente aquello que nos hace sentir de otra manera, mucho mejor. La verdad sea dicha no es necesario que pensemos mucho en nuestro estado de ánimo, la mayoría de las veces se nos ponen los músculos a funcionar, de vez en cuando a lo largo del día, nos asaltan sonrisas que nos cambian todo aquello que teníamos pensado y nos alegramos. No es necesario esforzarse mucho, con un poco de esfuerzo, el cuerpo se nos pone de estar tristes a ponernos alegres.

No da igual si hacemos una cosa o la otra, no. La vida son momentos que nos llevan y nos traen de emoción en emoción. Así podemos pasar de unos momentos a otros. Pero ¡hay aquellos que nos permiten pasarlo bien, buenas sonrisas! ¿Qué queremos más, si muchas veces nos viene sola? No es necesario pasar siempre momentos malos. Hay que pasar momentos buenos los cuales muchas veces nos vienen solos u otros que hay que forzarlos.

Por supuesto que no siempre podemos estar con la risa en la cara, sería imposible. Mas el inicio de la risa y un rato, en nuestra mente, nos hace sentir aquello que de otra manera no seria real. Sabemos que hay mucha gente que vive del humor y además les pagan, ¿que más queremos?, si la risa no sale espontánea, se paga y asunto arreglado. Con dinero se puede conseguir casi todo, aunque yo sé que hay cosas que no tiene precio. Pero el que no la posea naturalmente, con dinero. De todas formas es la risa una de las cosas que sostienen el mundo, sí, parece mentira pero es verdad. Porque la tristeza no nos lleva a ningún sitio, pero la risa sí y todos los sabemos. Estar triste no es bueno, pero si le damos una buena dosis de risas, nos ayudan a combatir toda la tristeza junta. La pena es que, cuando reímos, no tenemos artes para guardar esos momentos que si nos ayudaban a dar vueltas al mundo. Son momentos que nos cambian todo nuestro ser, una risa provocada o de nuestro interior nos hace ver lo bueno que tiene el mundo. Supongo que en todo el mundo las risas se dibujan, de una manera u otra. Más no puedo afirmar esto porque no he comprobado cómo se ríe en esos países. Tal vez sea necesario que las formas de reír sean en todos los países iguales, más no puedo afirmar esta idea. La mejor manera de reír y os lo digo yo que de esto se un rato. Es sentir una idea y verla moverse en nuestros músculos, estos se mueven y vemos aquello que después se dibuja en nuestro rostro. Todos sabemos como cuando queremos nos sale y es necesario, no salir también es un arte que cuando sale nos pone como si consiguiéramos dominar el mundo por unos momentos.

Podemos ver las cosas de diferentes manera, pero yo he conocido a varias personas que mientras yo las he conocido y siempre que yo las he visto me las he encontrado siempre con la sonrisa en la cara, hiciese lo que hiciese, no se le cae la sonrisa. No comprendo cómo estas personas son de esta manera. Pero, al pasar el tiempo, me han dicho algunos amigos que la sonrisa tiene término y que a estas personas le había podido más el dolor y el dibujo de sus caras antes y ahora era real. La sonrisa no había podido permanecer en sus caras. Cuando ya de vuelta y al pasar las vi, era una pena de conocerlas antes y ahora. No podía imaginar que aquel rostro que tal vez se cansaran de mantener permanentemente la sonrisa, ahora al verlos, había cambiado todo, solo les quedaba un rostro inexpresivo, que no decía nada. Antes alegraban a todo aquel que se acercaba a ellos.

Cuando uno tiene depresión es muy bueno sonreír, pero a ver quién lo hace. Quien va a ser el guapo que fuerce la sonrisa, no se puede, la tristeza puede con todo y no hay manera humana de sacar de nuestro interior. ¿Qué más queremos?, cuando uno esta malo, no hay manera humana de cambian el carácter, tal vez con unas pastillas que nos ayuden un poco a normalizar nuestro carácter y a tener una mente sana, aunque sea con pastillas. Hoy lo conseguimos al poco tiempo de tomar un tratamiento vemos que aquellos que nos falta ya lo tenemos puesto ha funcionar otra vez como antes. Normalmente la medicina no nos falla. Todo esto que os digo no lo saco de un almacén cualquiera sino que lo he vivido yo de una manera real. Y muchos verán algo de lo que os digo de una manera real. Que me ha pasado a mí y, si puede ayudar a alguna persona, mejor. Porque una idea de aquí y otra de otro lado nos llevarán a ver el mundo mejor.

Dicen de los Andaluces que son unas personas alegres, y es verdad, el clima, la convivencia, y siglos de historia, hacen del andaluz personas las cuales son especiales, tenemos una forma de dominar el idioma la mar de bien. Junto con nuestras formas de ver la vida, que no hay parangón en ningún sitio. Somos personas que no quieren el daño para nada, amamos a los demás y junto con la comida especial que comemos todos los días, nos hacen ser especiales. Todo el mundo se nos queda mirando a nosotros y lo que ven les hace sentir de otra manera, no es dominio de nada, es amor en todo lo que hacemos.

A mí no me ha dicho nadie que diga esto o aquello, sino que mediante una formación autodidacta, he sacado a flote lo que llevaba dentro de mí y espero que por muchos años que siga poniendo sobre el lienzo esa forma artística que ya le gusta a mucha gente.

Os doy las gracias por prestarme atención y que saque el jugo que yo expongo. Me conformo con poco, pero sé que mucho ser preguntan que cómo hago yo esto. Una persona como yo, pues es dedicación, constancia a través de los años. Llevo un tiempo en trabajar en esto de juntar palabras y nunca he dudado en poner por escrito mis cosas. Pero ahora sí, serán cosas del tiempo el que me dice lo que tengo que hacer. De todas formas tengo aun muchas cosas que contaros, unas gustarán otras no. Pero lo que sí es cierto e que tengo una vasta obra, que aporto al acerbo cultural del pueblo y del mundo.

Leedme empezar poco a poco y gratis os prometo que vais ha pasar un rato ameno. Algun chiste se os quedara pegado y mañana seguro se lo decimos a nuestros compañeros de trabajo. Si fuera posible estar con la sonrisa en la cara que eso denota que todo marcha muy bien. Cada persona tiene su propio estilo y forma de reír, unos se ríen de lo que ven, otros de recuerdos, muchas veces de nosotros mismos.

Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma. Sé que nos veremos en algun sitio inesperado. Pero cuando nos vemos nos da alegría y lo celebramos a nuestra manera, una cerveza y cuatro palabras para preguntar por la familia o por la gente del pueblo. Un deseo no sé cuándo será la próxima cita literaria, pero os prometo que doy todo lo que puedo, para sacar de mi cabeza aquello que os puede gustar. Esa gente del pueblo que hace de mil maneras en buscarse la vida. Y os prometo que conmigo vais ha tener unos momentos amenos. Cuando nos vemos, seguro que en cualquier sitio y si no podemos encontrarnos en “El rincón de Tomás Moreno”. Allí estaré mientras pueda, si veis algo bueno, disfrutarlo. Ver lo que os pongo para deleite de todo el que entre en Internet. ¡Qué cosa más buena!

Bueno no quiero despedirme nunca, pero si necesitáis alguna ayuda, aquí tenéis un amigo, Tomás a vuestra disposición. Hasta pronto.

100 CHISTES CARLOS

Sin nombre

© Copyright

Daniel Moreno Moreno

Manuel Moreno Moreno

Ascensión Moreno González

Sandra Moreno González

Cesar Manuel Moreno González Carlos Moreno Yruela

María Moreno Castillo

Sin nombre2

UNAS IDEAS DE PURI

Un amigo me ha pedido que escriba unas palabras como introducción a su libro de Cien Chistes.

Un amigo  que está dispuesto a ayudar siempre a los demás, a colaborar en lo que se le pide  de forma servicial, honesta y desinteresadamente.

Sí mi amigo Tomás me pide un favor, cómo me voy a negar.

Tomás, hombre creativo donde los hayas, ha puesto en marcha un block de fotografías  y libros. Cada libro o fotografía que expone, es una  pequeña obra de arte realizada con esmero, buscando la mejor perspectiva  e imagen.

En ocasiones el empeño que se les pone a las cosas consigue  resultados fabulosos, eso mismo ha conseguido Tomás.

Querido  amigo Tomás, no necesitas  mis palabras para enganchar a los visitantes a sus obras, porque tu arte ya atrae por sí solo.

Tomás, no te rindas nunca.

Suerte.

Un abrazo de tu amiga

Purificación Fernández García

 

 

INTRODUCCIÓN

La risa es uno de los mayores tesoros de este mundo. La risa es espejo de la felicidad de cada uno, y ayuda a transmitir esa felicidad a cualquiera que quiera escucharla. La risa es dulce, bonita, musical y colorida, es arte en sí misma. Es tan importante que es utilizada incluso como terapia, ayudando a mejorar la salud y apoyando el buen efecto de los medicamentos.

Por otro lado, la familia es también un pilar fundamental en nuestra vida, personas que se preocupan por nosotros, nos ayudan en nuestro día a día y nos educan en los mejores valores posibles. De los abuelos a los nietos, de los tíos a los primos, y de los padres a los hijos y hermanos, todos son importantes piezas de este gran conjunto.

En este libro se juntan estos dos elementos tan importantes: la risa y la familia.

Contar chistes en familia es algo que todos hemos hecho, un momento de alegría que muchas veces se recuerda con una sonrisa en la cara. Al pasar esta página el lector se va a encontrar exactamente eso, chistes contados en reunión, al calor de la lumbre o en la calle tomando el fresco, pero siempre en familia, y alguna breve reflexión.

Esperamos que os guste.

CHISTES

¿Quieres que te cuente un cuento o un chiste? Las dos cosas a la vez. Eso es muy difícil, pero no imposible. ¡Vamos! Manos a la obra.

Van dos coches por la carretera, le dice el uno al otro, corre, corre, que vas a llegar tarde. En esto que a uno se le pincha el coche y el otro se para. ¿Qué te ha pasado? Mira que la rueda se me ha hecho cisco. Eso por chulearte.

El loro Bartolo se asomó por la ventana, y estaba el butanero, y le dijo: Dame una botella, dameeeee una botella. En el piso segundo toca la puerta y sale la inquilina. El butanero descarga las dos botellas, una para Bartolo y otra para la inquilina.

¡Jaimito, cállate! ¡Jaimito, cállate! Mamá no puedo, ¡he comido sopa de letras!

Jorge le dice a su madre: Mamá, me he caído. Y la madre le dice: ¿Jorge, por qué te has caído? Si me das diez euros te lo cuento.

1

La oliva floreció y el fruto cuajó. ¿Cuántas aceitunas tendría la oliva? Muchas. Pero si las contamos, este año había echado sesenta kilos, seria mejor contarlas una por una o midiendo los centímetros. He ahí la cuestión.

Ese río que siempre va hacia abajo. Llevará el agua necesaria para que podamos vivir. Pero yo se de un lugar que los humanos subirían el agua de abajo arriba. ¿Sería esto posible, Jaimito?

Esa plaga del olivo por su color precioso. Si. El espray. Disminuirá la producción como otras plagas. En fin, ¡qué le vamos hacer! Lo bueno sería curarlo con cobre, dio resultado. Darán igual remedio en otras enfermedades.

2

Un perro va por la calle. Al pisar una piedra se hace daño. Mientras, se lamenta. Que mala suerte podía haber ido por otro sitio. A lo mejor no le hubiese pasado nada. ¡Jaimito anda, cállate!

Iba con la bicicleta. El pantalón del chándal se metió por los piñones. Movió la pierna y el pantalón a la vez, se salio. Estuvo en peligro. ¡Gracias, qué suerte!

Las campanas suenan, eran las doce. El Ángelus. Cuánta alegría, todo el sonido al máximo. Nos llena de fuerzas para pasar todos los días. Seguro que si pensamos que la alegría puede ser más.

3

Voy por la acera, cae encima de una lata de cerveza; la lata salta por los aires. Cae cara, alegría la tarde se alegra. Jaimito, hay que ver lo que haces.

Los motoristas pasa por mi lado, llevan el casco. Bartolo va de paseo. Que enseñanza sacarán de eso, que sale por la televisión.

Las picardías de los niños. Van los dos paseando, una niña y un niño, la niña mueve el culo, empujando al del niño. Volvamos a la niñez a la mejor, sentimos lo mismo que ellos.

Paso por la calle, están limpiando la tienda de pasteles. Mañana tal vez tengamos pasteles de postre. Dónde habrán ido, en las vacaciones. Luego se lo preguntare.

4

Al Norte y al Sur y después comemos.

Calimero entra en el mercado, salgo, he comprado pescado. Seguro que el pescado colea.

El niño se baja por la baranda de las escaleras, va muy rápido. Pierde el equilibrio, se hace daño y llora fuerte. ¡Jaimito!

Entro en el piso el olor a tortilla sale a la puerta. Soy el primero en enterarme de la cena.

5

El camión de la fruta va por la carretera y se le cae la mercancía, los tomates se le chafan y los plátanos vuelan. Esto es verídico.

Voy con el patinete, me tropiezo con una piedra. Cuán largo soy en la calle.

He sembrado espinacas. Para Popeye el marino soy, pi pi, pi.

Los ajos se ponen en Octubre, este año las raices se han podrido. Algunos sí han valido para cocinar.

6

Dos críos con su padre llorando. Llega la hermana, aun llora más. Vuelve la madre y todo se vuelve tranquilidad.

Uno que está en las voladoras se pílla la mano con el de delante. Se confunden sus gritos con la música y el placer y el dolor se mezclan, el dolor se pasa pronto, no así las interminables vueltas. Allí que va el dolor, se ha pasado como se ha llegado. No sé nada, la transferencia ha sido un hecho, esperemos que se calme.

Voy por la calle y oigo churreterías, entro en la tienda y más de lo mismo. Es una pena cómo vemos destruidos los sueños. Por esas lenguas, que no pueden estar quietas. Pensemos que sirven para algo, si, si, algo constructivo. Si a la mejor acertamos y de esos ruidos que nada nos dicen de bueno se puede sacar algo positivo.

Lluvia, nieve, agua y granizo. Qué pena, solo cae lo que se evapora. A la mejor las miles de leyes, contemplan también la justicia.

7

Calimero, ¿sabéis por qué Calimero tiene el cascarón en la cabeza? Porque los pelos se le quedan pegados al cascarón.

El coche sube por la calle. Le saludan. Adiós, adiós, es correspondido. Que sueñes con las ovejas.

¿Qué queréis de comer? Un yogur. ¿Natural? Naturalmente.

El niño juega en el parque, saltando con la bici. Se cansa y con las fuerzas sobrantes se va a su casa.

8

Aquel día de otoño, era el entierro de unos de mis amigos. Había saboreado el néctar de las mujeres y del juego. Ya mayor, el juego le brindó un pedazo de euros, suficiente para vivir feliz el resto de sus días. Buena persona en todo el sentido. Le llegó la muerte unos días antes, recuerdo una conversación. Fue sorpresa su traslado al espacio. Aquí con estas palabras, quiero rendir a quien vive aun un pedazo de esa humanidad que derrochaba.

El ordenador dice burro o vurro.

Ese presente contínuo puede grabarse y ser pasado y así cada presente. Podemos ver el pasado y así actuar en consecuencias. Veremos la vida como mejor veamos y quedarnos con lo que mas nos guste.

Esto era una vez un niño que se llamaba Gordopilo, un día se fue al parque a jugar con sus amigos. Jugando a la pelota Gordopilo de portero cogió la pelota y no se dio cuenta de que tenía un excremento de perro. Cuando llegó a su casa, su madre le regaño.

9

Si hacen el Belén de chocolate entero. ¿Cómo encontraran al Rey negro de oriente?

Rosco rosco. ¿Qué lleva el rosco por dentro, que da la vuelta al mundo?

El rey y la reina en su palacio. El pobre en su pobreza. Qué más queremos, el mundo es feliz.

Para qué queremos las aceras. Sólo para los peatones y los animales. Cuánto tiempo esperando despertarse. Y la magia se hizo luz, llovió, hace tiempo que no se limpiaba. Salpicando el agua a cada paso porque esa soledad te lleva al infinito.

10

Si no quieres lentejas, las dejas.

Polvo, polvorones y roscos. ¡Es Navidad, Navidad, Feliz Navidad!

¿Por qué nieva en Sierra Nevada? Porque es una sierra alta y fría.

Cuando el burro ve una burra y se le escapa. Iiiiiiiiiiiiioooooooooiiiiiiiiioooooooooo.

11

A falta de pan buenas son tortas. Una señora va a comprar al supermercado y se llevo la fruta, la carne y el pescado. Le faltaría algo.

Hay tres niños viendo la tele. Uno le quita el mando a su hermano, juegan quitándoselo, pelándose. Llega la madre, pone las noticias y llega el silencio.

A mi novia la llevé a mi cortijo. Se subió a un árbol, me acerque y me asome por debajo y lo que vi no lo digo, porque era más negro que un grajo.

Yo tenía un loro y lo lleve a bautizarlo. El cura no quería y le dije que el año pasado le di un millón de euros y me lo bautizó, y dice el cura: ¡Haber empezado por ahí!

12

Esto es uno que va al kiosco, a comprar. Y dice el del Kiosco: Hoy el periódico trae coches de regalo. Pues dame unos cuantos. ¿Cuánto vale una millota? ¿Y el descuento?

Esto es un hombre que ve en la televisión que sale su perro y una foto de él. Y dice: ¡Mi perro es famoso! Luego ve un hombre que ha robado la cesta de una mujer, con quinientos euros. Y dice el hombre: Hay que buscar a ese perro.

Esto es una famosa que va por una pasarela y no lleva tacones, se escurre con una concha de plátano y los que la están viendo, le dicen: ¿Y los tacones? Es que no los veis, so pánfilos.

Un medico ve al enfermo. Está usted al borde de la muerte. Pero si el examen se lo ha hecho usted doctor.

El escritor mira el folio. Qué jodío eres, en blanco.

13

Esto era la maestra de Jaimito que le dice: ¿Dos por dos? Empates. ¿Y dos por una? Oferta.

Esto era el compañero de Jaimito que le dice: Mañana la maestra nos preguntará la tabla. Póntelas en el cuello de la camiseta como yo. Al día siguiente dice la maestra: A ver, dime Jaimito la tabla. Dos por dos son cuatro y así consecutivamente.

¿De dónde viene el río, riachuelillo de la montañilla? Desembocado en la marecilla.

La maestra de Pablito le dice: A ver, ¿qué te pasa? Si te digo que es de noche y es de día. Pues maestra, con su pan se lo coma.

14

¡Papa! ¡Papa! ¡La profesora hizo una pregunta y yo fui el único que levanto la mano! Y dice el padre entusiasmado ¿y qué preguntó? Quién no hizo los deberes.

Esto era un hombre que se encontró una cartera que tenia 500 euros y el hombre los quería repartir entre él y sus amigos. Y le dice el hombre: No lo sé. Y dice alpargatas. Venga, otra pregunta: Empieza por T y termina en A. Y dice el hombre: Pues no lo sé. Tal vez tele alpargata. La última pregunta: Empieza por D y termina en A. Y dice el hombre: Pues no lo sé, dosalpargata. Venga, la última de todas. Lo pone la gallina se cuece y se cuece y se come. Y dice el hombre: tresalpargates.

Dos jóvenes ven a una mujer y no le dice al otro.

Dos jóvenes, ven a una mujer. ¡Que bonita y Jena está! No pienses mal. Es solo una mujer.

15

Lo que sobra hoy es para mañana. Ternera a la Zamorana.

Un albañil visita la Alhambra y pregunta al guía. ¿El yeso es igual al que hago yo? Sí, pero no del todo.

Ardilla, ardilla, siempre va a por la bellotilla.

¿Qué es un pingüino, blanco, negro y rojo? Un pingüino que se ha caído por las escaleras.

16

¿Cuántos Reyes Magos hay, tres o cuatro? Gaspar, Baltasar y se Calló.

Le dice un tenista al otro: He ganado un set y la próxima vez no me confundas con que tienes sed.

Mi médica me dijo: Estás resfriado. Y yo le dije: Constipado. No.

Va un cura y le dice al otro. Me pongo morao. Y yo tibio.

Estamos cogiendo aceituna. Una va directa al ojo. Suspendo el trabajo y multiplico mi queja.

Esto es uno que va por la carretera y se le avería el coche. Todo por los suelos. Llamó a donde iba y anuló la visita. Después se fue por los suelos.

17

VENTANA A LA CALLE.

Hay que ver cómo está la calle. Un día me di un golpe en la reja de la ventana. Ventanitis. Por todos los sitios que iba me fijaba si estaba la reja a ras o saliendo de la pared. Parece pueril pero aquello por donde iba, mi vista se dedicaba a fijarse. No, no, qué más da. Aunque igual para algo sí.

Le dice el uno al otro: ¿Por qué fumas? Porque soy tonto de remate.

Estaba en el monte. No había nada. Solo yo. ¿Te parece poco?

¿Qué le dice un chino a otro chino? Chinito yo, chinito tu.

El libro de todo el saber, ¿donde está? En ninguna parte. Pero yo si se donde está. En el ordenador.

18

Uno está viendo la televisión y le dicen: Ese que sale en la tele eres tú, so melocotón. Mira quién fue a hablar.

Veo la televisión y dice el telediario: El mundo se va a hundir. Pasa el tiempo y el mundo no se hunde. ¿Es tontería o verdad?

Esto era un chino que va a un hotel y le dicen: Tiene la habitación preparada. El ático vale. El recepcionista le dice por la mañana: Señor, ¿ha dormido bien? Si, muy bien. Llega un español y le pregunta. Si que la tengo. Por la mañana el recepcionista le pregunta: ¿Ha dormido bien? Responde si muy bien. Si, como que mate una pulga y el resto se fueron al funeral.

Si pones un huevo en el frigorífico. ¿Se hará pollo?

¿Qué le dice una ventana a una puerta? Tus bienes. Y yo vengo.

19

Esto es uno que estaba leyendo un libro. Otro le pregunta ¿de qué trata? Dice el primero: es un book. Ya sé, libro en español. ¡Claro!, es que se me había olvidado.

La bicicleta va con el joven. El joven va con la bici. Los dos van rodando por el camino, uno encima de otro. Tanto peso lleva que van los dos al suelo. Le dice el uno al otro: ¡tú has tenido la culpa! No, ¡has sido tú, membrillo!

En la campaña de la aceituna de aquel año hubo poca. Se iba en busca de las aceitunas, hasta con lupa.

20

Uno se estaba comiendo un caramelo y se le fue por la garganta. Qué caramelo más suave.

El cura está tocando las campanas para misa. Se le escapó la cuerda, las campanas salieron volando.

Esto es un hombre que va a una tienda y dice que quiere el mejor mono. El dependiente le dice aquí tenemos una que barre, friega y sabe todo de ordenadores. Otro mejor. Le enseña un mono que está tumbado y dice: Este no se, pero lo demás lo llaman jefe.

Voy por la calle y está lloviendo, qué mal, me estoy calando.

21

¿Quién es la madre de la naturaleza? ¿Lo sabes tú? ¡No lo se! Pregúntale a ella.

¿Quién es el más listo de la clase? ¿El primero o el último? No lo se pregúntale al profe.

¿Qué has comido hoy? No me acuerdo. Ya estoy en comer mañana.

¿Cuándo empieza las vacaciones? No lo se. Yo estoy de vacaciones todo el año.

22

Esto es un novio y una novia que viene al Pozo, y le dice la novia al novio: dame un beso suave. Y le dice el novio: si, si, si, con aceite de oliva.

Esto son dos soldados que van hablando sobre la mili y uno dice, qué mala es la mili y le dice el otro: si ya ha desparecido. Pues ahora me entero.

Esto son dos amigos uno del real Madrid y el otro del Barça. ¿Quién se va a llevar este año la liga? El que más goles meta. Pues estamos apañados, porque las dos porterías están rotas.

Esto es Jaimito jugando y le dice a su madre: Jaimito cómete el bocadillo. Mamá, si ya me lo he comido. No, so tonto, que está en la cocina y dice Jaimito: ¿entonces qué es lo que he comido?

23

Me compro un videojuego o… Espero unos años y me compro un banco. Daniel José.

Principiante. ¡Déme todo su dinero!

Novato. ¡Alto! ¡Esto es un atraco !

Experto. Puedo prometer y prometo. Que todo se repartirá igualitariamente.

Jefe, usted es como una nube. ¿Una nube? ¿Por qué? Porque cuando no esta, tenemos un día maravilloso.

Esto son dos borrachos, pintando una habitación de azul y uno se lanza a la pared pensando que era agua y se rompe la cabeza. Y el otro borracho le dice: ¿Cómo está el agua? Tírese más allá que aquí hay una piedra.

24

Mamá, ¿por qué papá está calvo? Y dice la madre: porque es muy inteligente y tiene mucho que pensar. Y el niño le dice a su madre: ¿por qué tienes tanto pelo tú? Y dice la madre: calla y cómete la sopa.

Je, Je, Je. Usted es como una nube, porque cuando no está tiene un maravilloso día.

Va un ciempiés corriendo a su casa y toca la puerta y dice papá: ábreme rápido, que me como un pollo. Y dice el padre: pues espérate que me pongo los zapatos.

Un día en la carretera hubo un accidente y una mujer quería ver lo que paso pero por la gente no veía. Entonces, empezó a gritar y dijo: soy Miriam, Miriam que soy yo. La gente le hizo el paso y cuando la mujer se dio cuenta era un burro muerto.

25

Esto son dos loros y pintan en la jaula de azul y uno se lanza y se rompe la nariz. Otro loro que ve el azul y le dice el otro, mejor tirate allí que aquí hay una piedra. Sandra.

Tu madre es una rosa, tu padre un clavel y yo soy un moco pegado en la pared.

Si tus labios fueran leche y los míos arroz vaya lote de arroz con leche que nos daríamos los dos.

Dicen que el zorro es feo y yo digo que no porque mira lo zorro que es y lo bueno que está.

26

¡Mamá!, dice la hija. Siempre nos haces regalos para que no se nos caigan las manos. Y dice la madre: veis hijas, yo no me compro nada y no se me caen las manos.

27

DISCURSO DE PRESENTACION DEL LIBRO PASEANDO POR LOS SUEÑOS

TOMÁS MORENO MORENO
27-11-2.017

Hoy es un gran DÍA para mí y también para ustedes, y todos los días que se presenta un libro es un aconteciendo, importante, el lector tiene otro libro y una variedad en donde elegir, el que vaya a leer, para aumentar inigualable su cultura que le y tener hará también conocer un otros disfrute mundos grandiosos, donde compartir todo lo que él quiera, solo está en escoger el libro a leer.

Abrir la mente y andar por caminos donde nadie nunca ha andado. Esas hojas escritas u otras en fotografía. Un detalle a tener en cuenta es que la informática está haciendo llegar un cambio en el formato, y eso trae muchas formas en todos los contenidos. Casi todo lo que el ser humano piense es posible hacerlo, sí todo, y si no ya lo veremos. La Biblioteca de Alejandría se decía que tenía en sus estanterías todos los libros que había hasta entonces.

Hoy en el mundo no hay un proyecto igual, o por lo menos yo no lo conozco. Hay mucha gente que lee de una manera ordenada y constante, un homenaje a ellos. Grandes ideas para el bien de la humanidad y para que veamos las ideas buenas hechas realidad y no ver con gafas negras lo que tenemos delante. Vayamos a engrandecer las cosas y hacerlo lo mas bello posible.

Yo tengo una creación literaria muy grande, solo me dedico a ello, además de a la fotografía, es mi manera de pasar el tiempo, quiero dejar a los que vengan detrás algo bueno y bello, que le haga apreciar lo que una persona sin medios ha sido capaz de hacer, solo con muy pocas herramientas. He trabajado mucho y con el tiempo seguro que dejo unas fotos y unos libros que harán que por lo menos nos entendamos. La mayoría de las cosas que pongo por escrito es utilizando el ordenador y una impresora, con un tratamiento de textos; la inmensa producción de artículos, novelas y algo de poesía la pluma ha sido el ordenador, me ha ayudado mucho. El DVD es mi principal medio de grabación. Muchas veces, cuando estoy escribiendo, las espaldas me duelen un
montón, pero ya he encontrado el remedio y es escribir despacio, antes de que venga el dolor. El tratamiento de textos Word me ha empujado adelante, para que ponga las ideas en el ordenador. Mi obra no sería tal sin este invento, que nos ha llevado ha avanzar en la expresiónescrita, ¿qué nos esperará mañana? La pluma, el Boli, el bolígrafo, todo esto lleva el camino de la extinción, o a lo mejor me equivoco.

Mi producción literaria se centra mayoritariamente en exprimir de las ideas la belleza, la ternura, y que se pueda leer por cualquier persona. Todos sabemos leer y podemos hacer con los libros verdaderos mundos, con un placer que solo lo tienen aquellos que abren un libro y entonces entienden de verdad. Yo creo que no es necesario acabarlo, de hecho nunca se termina, pero, cuando leemos unas páginas, ya hemos cogido algo que
en nuestra mente empieza a desarrollarse.

Amigos, amigas, nos vemos en la próxima presentación; el libro ya esta preparado, a ver los responsables culturales si se animan a dar un fuerte empujón a la cultura, es la mejor manera de gastar nuestro tiempo.

HASTA PRONTO. MUCHAS GRACIAS POR PRESTARME ATENCIÓN.

ÍNDICE:

  1. LIBROS:
    • TROZOS DE ANDALUCÍA.
    • PERLAS DORADAS.
    • PASEANDO POR LOS SUEÑOS.
  2. FOTOGRAFÍAS:
    • SEMANA SANTA.
    • CARNAVAL.
    • FIESTAS.
  3. ARTÍCULOS:
    • NO FUMES. EL TABACO MATA.
  4. POESÍA:
    • ACEITUNA.
    • DESAHUCIADOS.
    • VILLANCICO NAVIDEÑO.
  5. ENTREVISTAS:
    • PRESENTACIÓN LIBRO “PASEANDO POR LOS SUEÑOS”, EN LA CASA DE LA CULTURA DE POZO ALCÓN.

 

El autor de toda esta obra fotográfica y poética se complace en que ustedes disfruten de todos estos libros. Y cuando en el futuro recuerde lo que un día leyó, le traiga un estado de ánimo placentero y se encuentre saboreando aquello que yo he creado para todos ustedes. Muchas gracias.

Tomás Moreno Moreno.

Libro Paseando por los Sueños

Quiero compartir con todos vosotros mi nuevo libro “PASEANDO POR LOS SUEÑOS”

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Pincha aquí para leer mi libro paseando por los sueños

 

El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, puesto que cada uno piensa estar tan bien provisto de él que, incluso aquellos que son más difíciles de contentar en otra cosa cualquiera, no acostumbran a desear más del que tienen.

RENÉ DESCARTES, El discurso del método

 

 

LIBER LIBERAT

(El libro libera)

 

La mente más sabia siempre tiene algo que aprender.

GEORGE SANTAYANA, La razón en el sentido común

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© TOMÁS MORENO MORENO

Pozo Alcón. Enero de 2011.

Formato y revisión: Daniel Moreno Moreno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PASEANDO POR LOS SUEÑOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TOMÁS MORENO MORENO

 

 

 

ÍNDICE

 

 

Presentación, Mª Inmaculada Yruela Guerrero        i

 

PRIMERA PARTE

EL TIZÓN HUMEANTE

 

Capítulo I. QUIERO COMPRENDER

Y NO PUEDO                                    1

 

Capítulo II. PARECE UN MILAGRO,

PERO NO LO ES                               29

 

Capítulo III. CONVIVENCIAS DIFÍCILES       61

 

Capítulo IV. Y VA LLEGANDO EL FINAL      91

 

SEGUNDA PARTE

HOJAS BLANCAS DE OTOÑO

 

  1. 151

 

TERCERA PARTE

EL POLVO DEL CAMINO

 

  1. 251

 


Presentación

 

Hace muchos años que conozco a Tomás Moreno. De sus libros anteriores supongo que la mayoría de los lectores de éste ya tendrán buena idea. Sorprenden a menudo con un comentario suelto por aquí o por allá que parece que no viene a cuento pero, si lo piensas bien, está unido al hilo del asunto por alguna línea o sentimiento.

Así que cuando me pidió que escribiera esta Presentación me dio un poco de apuro. Sobre todo porque lo mejor que tiene lo que escribe es que va dirigido a todo el mundo y se puede empezar a leer sin más preámbulos. Es franco y directo, no necesita que nadie le dé la palabra. Pero tampoco podía desaprovechar la ocasión de decir algo de él.

Y leyendo y leyendo Paseando por los sueños, un bello título que ya de por sí indica de qué va el libro, me encuentro con unas páginas que reflejan bien cómo escribe. En ellas Tomás, por un momento, deja de pasar al papel las ideas, impresiones, poesías o recuerdos que tiene en su cabeza para hablar de lo que siente cuando escribe. Es entonces cuando nos cuenta su secreto, esas maletas, la grande y las pequeñas, de donde va sacando todo lo que escribe. Me gustaría entresacar unas frases y colocarlas al comienzo del libro porque sirven estupendamente de presentación. Tomás nos dice:

“Los análisis que hago, aunque cortos, a lo mejor hacen pensar por la profundidad y el amor que pongo en ellos….

Es inmenso el disfrute que siento cuando del ordenador van saliendo palabras, ver una palabra y otra, y que se forma un pensamiento para que como buen pescador alguien consiga una buena pieza, o sea que le guste. Mi equipaje va en una maleta, espero que no se me pierda algún día, entonces se ha acabado todo, pero no os preocupéis, que casi soy capaz de memoria sacar afuera el equipaje, perfectamente estructurado, lo que siento ya a estas alturas es que repita algunas ideas, pero eso tampoco es malo, porque igual nos alimentamos todos los días, así puede ser el escritor, es el que escribe una, dos, tres veces….. y a muchas cosas pienso ¿qué giro darle para que el hilo del esquema permanezca y sea entendible por los amigos lectores?

Lo hago porque me gusta, tengo tiempo y me gusta cada vez más. Además de una maleta grande tengo otras más pequeñas, que son en las que acumulo las ideas más pequeñas, pero al fin y al cabo creo que le doy el sentido que a otros muchos les atraerá”

Por mi parte no me queda nada más que animar al lector a adentrarse en Paseando por los sueños dándole la seguridad de que el paseo le va a merecer la pena, le va a entretener, igual le hacer ver la vida o la realidad de un modo ligeramente diferente. El libro, que es casi un diario, es un canto por la paz, por la no violencia, por que todos hagamos lo posible por mejorar el mundo. Tomás no se olvida de las injusticias, es decir, su sueño no le impide ver la realidad, pero confía en que todo se puede mejorar. El libro es también una encendida defensa de la vida en los pueblos y una llama de atención ante el peligro del despoblamiento, que a mí no me parece tan cercano. Más bien lo que se ve es un interés cada vez mayor por la tranquilidad, el silencio y ritmo de la vida rural, ¿no hay cada vez más casas rurales funcionando?

Tomás escribe muy pegado a su pueblo, a sus recuerdos y a su vida diaria, y, gracias a su tono poético y a su particular punto de vista, sus cuentos adquieren alcance universal. Espero que a ti, lectora o lector de este libro, te guste tanto como a mí.

 

 

 

María Inmaculada Yruela Guerrero

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

 

 

EL TIZÓN HUMEANTE

 

 

 

Capítulo I

 

QUIERO COMPRENDER Y NO PUEDO

 

Juntos, toda la familia viendo la televisión. Cada uno estaba deseando que acabase el programa para jugar unas veces y discutir otras cuando acabase la película que estaban viendo. Estaban como en buena armonía, cosa rara en está visita, el padre hacía ver a los demás miembros de la familia lo que el quería de la televisión, otras veces algún miembro de la familia también podía ver algo que les gustase.

Estamos en la era de los móviles y la televisión y los coches. Los teléfonos móviles están cambiando el modo de relacionarse entre nosotros. Se sentía a la niña hablando por el móvil, seguramente con un amigo. La madre estaba limpiando y gozando del bienestar que reinaba en estos momentos, pues había dejado de corregir exámenes, para cambiar y evadirse de lo que cada alumno hacía bien y, si lo hacía mal, pensar en darle la respuesta adecuada, en sus horas de clase. Ella daba clases de matemáticas.

Comentaba un niño con su hermano que le ayudase, que la regla de tres no la había comprendido En uno de estos comentarios, recuerdo que Julián nos contó algo que ya nos lo había dicho en otras ocasiones, pero que él quería hacer realidad. Era que en una bolsa de piel guardaban lo que encontraron en el derribo de una casa de su propiedad, pues fue como encontrarse un tesoro: aquella tarde ellos encontraron una bolsa de duros de plata. Él me contó un poco cosas que yo no sabía, como que hay algunas que se oxidan y hay que darles una limpieza de vez en cuando, a él le gustaba la numismática. Era muy aficionado a todo el entorno que envuelve las monedas, os resumo poco lo que nos decía, que, de vez en cuando, no sólo entendía de los duros de plata, sino de otras cosas, que espero no cansaros si os las resumo.

Cuando la encontraron, ya querían hacer realidad los regalos, pero al volver a casa pensaron dónde guardarla, el mejor sitio la caja de un banco y más adelante ya pensaremos, se dijeron, pues su valor era muy importante económicamente. Pero surgió el individualismo, era palpable, ¿la culpa?, vete a saber  quién la tiene. La realidad se imponía.

La familia como tal existía, como si fuese una canción, siempre con los mismos estrillos, es como la música, unos con su guitarra, otros con el violín, otros con el piano, y así todos juntos hacían ver día a día que el cariño y el amor es su base, una melodía donde la felicidad era palpable, tal vez era cosa de familia. Pues todos nuestros hermanos habían llegado a sentirla y a vivirla como una cosa normal. En estos tiempos que corren es difícil tal grado de estrecha armonía. Cada uno de nuestros antepasados, aunque no muy ilustrados, pero con unos principios muy naturales en nosotros, tal vez era eso lo que los tenía unidos.

Vete a saber cómo viven los demás, con diferencias entre las distintas personas, cada uno tendrá, o no, unas cualidades según su formación. Porque cuando el Señor creó el mundo, lo hizo a Su imagen y semejanza y además le dio quíntuples, hasta llegar al infinito. En todo lo que Él creó, todo fue infinito; entonces, por muchas ciencias que haya y por mucho que avancemos, nunca llegaremos a comprender el mundo en sus distintas facetas. Hizo la naturaleza en un sólo día, ¿cómo la haría?, para mí que es un cuento, adecuado a los intereses de su época, pero como la fe mueve montañas, podemos dejar una ventana abierta a otras opiniones más o menos basadas en descubrir las distintas clases de verdades. El hombre tardará poco en descomponer lo que el Señor creó, es sólo cuestión de tiempo.

¿Por qué que destrozamos la belleza de la tierra? El cambio climático lo estamos padeciendo cada día más, tal vez nos adaptemos a él, pero aunque así fuera, siempre tendremos algo a lo que agarrarnos, tenemos la inmensidad del cielo, pero si aún no hemos hecho los deberes en la Tierra, que buscamos otro planeta para destruirlo como si fuese el juguete de un niño. Tal vez lloremos, como el niño, o tal vez no, eso lo veremos en varias generaciones. Aunque nos dicen los entendidos que la vida se le alarga mucho al hombre de ahora, pero ¿y las desigualdades que hay?, ¿tienen remedio? Hace falta más gente con ideas de construir y de hacer que el mundo que sufre, no sufra. Y la ciencia se hará dueña del mundo. Seguro que los grandes pensadores contemporáneos encuentran un nuevo tipo de religión, pues, cuando la fe encuentra un razonamiento lógico y lo lleva a la práctica, cambia el mundo. Y si no que se lo pregunten a los griegos, que dieron la explicación de cada tipo de verdad.

El mundo ha entrado en una fase de rotación sin control, aparentemente sí lo tiene, pero para otros seguro que no. Claro que no todo va ser felicidad, ésta depende de las situaciones que cada uno, de sus formas de ser en cada momento de la vida diaria.

Los padres quieren siempre lo mejor para sus hijos, salvo raras excepciones. La verdad es que la vida en familia también tiene sus sinsabores. Aunque la auténtica preocupación viene casi siempre por el dinero, en este caso no había tal problema pues los hijos estudiaban y los padres trabajaban. Disponían de poco tiempo para estar juntos, y ese tiempo lo utilizaban para comentar lo más importante de los días pasados, o el presente, si es que no había un enfado con alguno, que solían olvidar pronto. Porque el olvido encierra muchas cosas, pero necesarias. Si no olvidamos sobre todo, anímicamente esteremos muy mal, y si tomamos la costumbre de no olvidar, nos amargaremos la vida. Y no es plan, para cuatro días que estamos aquí, no debemos vivir con discusiones o peleas, sino, en la medida de lo posible y algo que además es muy bueno, tomar las cosas con calma y meditándolas.

En muchos casos hay que ceder, y ceder en parte significa también el olvido. ¿No vemos los aviones en el cielo que dejan una estela blanca?, eso es lo que debemos hacer: que la estela se difumine y quede en nada, que no pase como en los ordenadores que tienen una papelera de todo lo que se realiza con él.

Después de terminar la película, unos se fueron a jugar, otros a comer algo. Ante tanto barullo, apenas se oía nada, sonó el teléfono, casi nadie se había dado cuenta de este hecho, pero, el pequeño, que estaba en el jardín, al lado de la ventana sí lo oyó, y así avisó a los demás para que lo cogieran. ¿Quién demonios llamaría? Eran los abuelos, llamaban para invitarlos a comer con ellos porque habían preparado una de sus comidas. Lo único que atraía a todos era la comida, tal vez sería en lo único en lo que los paladares de la familia coincidían, en la comida. Hablábamos todos, aunque era mala costumbre, comíamos y hablábamos.

El abuelo, cuando paseábamos por el campo, me decía algo que yo ya sabía: que, desde cualquier parte que se mirara, siempre tenía el campo cosas bellas. Él trabaja la tierra, estaba ya jubilado, y por las noches en verano, desde su terraza, veía el cielo, miraba las estrellas, el sólo se fijaba en las estrellas fugaces, y en las lágrimas de San Lorenzo, todos los años. También me explicaba que se dedicaba a cultivar la tierra, que sembraba patatas, pimientos, en fin lo que se puede cultivar. A él le gustaba. Me decía que sembrar lo mismo en el mismo trozo no era aconsejable, pues la tierra requiere que se cambie la simiente, pues si el mismo año se siembra lo mismo, la cosecha será menor que si sembramos en tierra diferente: su explicación era que los nutrientes se agotaban, que así quedaban en la tierra menos nutrientes, haciendo un cambio apropiado se podían conseguir mejores cosechas.

Los abuelos disfrutaban haciendo lo que les gustaba: la alimentación de casi toda la familia. Los huevos, la leche de cabra, en fin todo lo que tenían, cuando alguien llegaba a su casa no se iba de vacío. Si no se llevaba una cosa, se llevaba otra. Él prefería regalar. Además lo que cría uno siempre será mejor que la fruta, el pescado y las carnes que venden, que son de plástico porque se cultivan artificialmente, en la mayoría de los casos. No pasa como aquellos agricultores que hacen agricultura ecológica. Lo que nos ponen en los supermercado, según parece, ha sido cultivado por máquinas; a lo mejor por eso no está tan bueno

Yo por aquellos tiempos estaba pasando una fase en la cual me sentía sólo, veía las cosas y no me motivaba nada, ni el trabajo, ni la familia, ni la diversión. Tenía que encontrar, si es que existían aún, algunos de los sentidos que había tenido antes, o encontrar algo nuevo. Era una situación muy difícil en la que me encontré; a lo mejor, pensaba, tendría que ir a ver a un psicólogo, no fuera a ser que derivara en una enfermedad. Porque estaba seguro de que si iba, en esos momentos, me podía ayudar.

Me lo pensaré, decidí, si no cambian las cosas, quizá vaya, pero tal vez sea esto sólo un sentimiento de la sociedad del bienestar en la que vivimos; que, con la globalización, entre en una vorágine de ideas y de movimientos que es la que me lleva a un lugar donde no que quiero estar; me voy a una O.N.G, allí, tal vez, mis conocimiento sean aprovechados y se realce mi autoestima. En fin lo pensaremos a ver qué se hace. Dejar a la familia, entrar en otros mundos donde la ayuda sea necesaria; el esforzarme en ayudar a los demás tal vez me sirva como una experiencia más y me ayude a comprender el mundo y, de paso, a mí mismo.

Mi mujer me decía que ya había bastante con dar una educación a nuestros hijos. Lo mejor para ella era eso, pero yo aún era joven y sabía que en otros sitios hacía falta gente que trabajase por el bien de los demás. Ela se encargaría de los hijos. Ella no paraba de darme razonamientos para que no me fuese, pero mi espíritu me decía que mi sitio no era éste, que era otro, donde poder consolar el llorar de un niño, o el dolor de un enfermo.

Nosotros vivíamos bien, pero esa inestabilidad emocional mía que me crearon los aviones estrellándose sobre las torres gemelas, o las mochilas en la estación del tren en Madrid, me había influido de una forma muy extraña. La televisión con esas imágenes tan reales, que nos hacían ver que algunos desean el mal y la destrucción, y que era ese un ambiente que se palpaba, de una forma especial, en todo el planeta. Esos no se habían formado en las escuelas, ni en las universidades, donde nos forman a nosotros para que la violencia no se haga posible. Lo que pasó tiene una repercusión importante en nuestros hábitos diarios, ya que la planificación de los atentados se escapo definitivamente a otros sitios que no sabemos muy bien donde están.

El ambiente ha cambiado y las formas de ver la vida. La mayoría de las personas siente cosas que antes no sentía, se encuentran sin sus habituales esquemas mentales. Aún se oyen los aviones chocando contra las torres, el humo y el sonido aún retumbarán, de una manera u otra, en todo el mundo. ¡Ojalá no vuelvan a ocurrir estas cosas! Es una idea irrealizable, pero qué bonito sería que no se dieran más estos casos. En nombre de una religión, o por motivos económicos, no deben sufrir inocentes criaturas bajo ningún concepto. Ya sabemos que se darán otros golpes, pero hoy se nos abre otro camino de trabajo para convencer a los violentos, advirtiéndoles de que así no adelantan nada, sólo dan protagonismo al dolor y a las muertes por todos los lados.

Deben hacer esos esfuerzos, tratar de invertir las ideas, para la paz y el bienestar; tenemos que hacer como hace el abuelo; sembrar de todo y algo se recoge; con la violencia no se recoge nada, sólo más violencia.

Vemos en la televisión a los grandes dirigentes controlados al cien por cien para que no les pase nada. Su vida está asegurada, pero ¿y la del resto de los mortales, que salimos a trabajar incansablemente todos los días?, si tenemos algún accidente, si pueden, los curan y, si no, les dan una paga. Esto le ocurre a los más y viven el día a día de la forma que mejor les viene. Comen si es que comen, a lo mejor prefieren alcohol y comida poca, así, si la paga no les llega a final de mes, viven de manera inhumana, soportando el dolor de estomago y el mental, así hay muchos. ¿Acaso no es una buena idea colaborar con organizaciones que ayuden a los demás? Tenemos que darnos en cuerpo y alma a dar soluciones efectivas, para que el mundo cambie.

Una vez en casa de los abuelos paternos, entré a saludar y a picar algo de comer. Me asomé al bacón, era final de verano y esa tarde las tormentas hacían acto de presencia. En el bacón estaba sólo, pasaban los coches y entre la vista de la calle, con el agua cayendo fuerte, por la cuesta bajaba un coche con las luces encendidas, la calle mojada y el agua caía, como cuando una mujer va con el pelo al aire, así caía el agua, densa y a la vez continuada, el coche que bajaba se encerraba un mundo de belleza, media tarde lloviendo y el coche, ¿a dónde iría?, pero junto al lado de la fuente culminaba un paisaje que difícilmente se vuelva a repetir, era increíble. Muchos documentales intentan captar ese momento, sin conseguirlo igual. El coche, que subía despacio, se llevó la estética de ese momento, se cortó antes de que el de las luces encendidas pasase de largo, dejando en mi memoria quién era yo. Sí, así me sentí, quién era yo, me acordé de que lo principal es que uno se sienta vivo y carecer de interés por nada. Seguro que muchos piensan igual, pero acabé el cigarrillo y, casi quemándome la mano, pensé, o me vino a la memoria, que sólo era una persona, como un grano en el desierto.

El abuelo Julián y la abuela Magdalena eran buenos hasta la médula, llevaban una vida tranquila en todo y cogían de la realidad sólo lo bueno y muchas veces su sabiduría nos la transmitían de una forma casi imperceptible.

Un día, Julián, mientras paseábamos rodeados de llorones, olivos y algún que otro animal, se percató de mi estado de ánimo. Él era muy observador y, en vez de yo decirle mi problema, inició él poco a poco la conversación, como los buenos diplomáticos, para sacarme lo que yo sentía. Yo sólo movía la cabeza de arriba abajo, él describía lo que yo sentía y con un tono como si el también hubiese pasado por está etapa, que para mí era desconocida. Pero es explicaba que la conocía porque la había pasado: a él se le acabó ese estado de ánimo en un sitio especial, la catedral de Granada, viendo a las gitanas que regalaban trozos de romero, sin pedir nada a cambio; ofrecían olor y amor para que los entráramos en la catedral, que imponía, como todas; eso que sólo se puede sentir en sitios como estos. Allí empezó a ver la vida de otra manera.

Para que mi ánimo se encontrase mejor, metió la mano en el bolsillo y sacó un duro de plata, de los antiguos; dijo que me lo regalaba para que fuese a un artesano joyero, y le pidiera que lo trasformase en un diseño que le gustara a mi mujer.

Así fue. Llevo el duro al joyero y éste le llamó la atención instantáneamente. Dentro del duro de plata había algo inexplicable pues, al fundirlo, había salido un trozo de metal que él desconocía. Lo más lógico es que fuese un metal extraño. Desde entonces mi mujer lleva el dibujo del duro en su chaqueta y yo llevo esa cosa extraña, que me hizo sentir mejor. Aunque no sabía nada de él, pero ya iría preguntando hasta saber todo. No se me caía del bolsillo, empezó a darme las fuerzas que necesitaba. Si había algo Inexplicable no lo sé, pero lo que es seguro es que lo mío, aunque fuese explicable, con ayuda de esa pieza, empezó a mejorar. No sé si fue por eso o porque mi cuerpo reaccionase positivamente. El caso es que cada día me sentía mejor.

Ya en la casa, me contó que cuando yo era pequeño me gustaba jugar con los espejos, me escondía en una esquina y, cuando pasaba alguien, dirigía los rayos del sol a sus ojos. Hoy se juega ya con los modernos rayos láser. También me contó que había en  mi dormitorio unos cristales puestos de tal manera que, desde la cama, conseguía ver todo lo que pasaba por la calle. Eran otros tiempos, hoy hay otras formas de divertirse.

 

*          *          *

 

Al pasar muchos años, me encontraba en Venecia. Yo el italiano lo entiendo bien, aunque no sé hablarlo. Estaba andando tranquilamente cuando, de pronto, veo que un hombre me seguía, ¡qué situación más difícil!, yo sólo y un hombre que se acerca a mí y, en un perfecto ruso, me dijo que cuánto quería por lo que llevaba en el bolsillo. Le pregunté cómo sabía él lo que llevaba y él sólo repetía que cuánto quería por el metal. Así que llegamos a un acuerdo y después de esto nunca más lo eché de menos. Lo que sí me hacía era las típicas preguntas, para las que, tal vez, no encuentre explicaciones en mi vida. Bueno, de todos modos, me quitaba un estorbo de encima y, a la vez, conseguía una cantidad de dinero importante.

Allí en Venecia compré de todo, joyas y algunos detalles para mi mujer y mis dos hijos para los hijos. Disfrutaba de todo, me sentía feliz, oliendo los olores típicos de está ciudad. Mi trabajo ya lo tenía cumplido, así que me desplacé a Milán y de allí a Madrid. Por cierto que el avión iba al completo, casi todos iban a una reunión a nivel europeo en un campo de fútbol de la capital madrileña. A mí me tocó un compañero de asiento, aún me acuerdo que se llamaba Angélico, al que le costaba, no sé por qué, entablar conversación, pero yo, de una forma psicológica, pensaba las preguntas y se las decía; él a algunas sí que respondía, pero había que sacarle las respuestas como si fuera yo un sacamuelas. De todas formas, en el comportamiento del grupo había algo raro, y en mi compañero de viaje.

El avión dio varias vueltas a la península y, con mis conocimientos de geografía, además de lo que nos decía el Capitán del avión, desde unos dos mil metros de altura, reconocí mi pueblo, Sevilla, Córdoba, Jaén, Madrid, Barcelona, en fin toda la península. Aterrizamos y con el coche que tenía aparcado me dirigí a mi casa.

Cuál no sería mi sorpresa cuando, al llegar a casa, mi mujer lo primero que me dijo es que le habían robado el duro de plata, aunque había sido sin violencia. Pero ya se estaba poniendo el asunto más que problemático. Como estaba agotado, me siento en el sofá. Y se confunden los colores de los últimos rayos del día, que se van escondiendo y los del humo del cigarrillo. Caigo en un profundo sueño, a pesar de los problemas, y comienzo a soñar algo que recordaré toda mi vida.

Recuerdo que en mi sueño salía la mina de plata de Potosí, que había visto en un documental, donde, a mediados del siglo XVI la plata se sacaba de forma importante, con el esfuerzo sobrehumano que hacían los obreros -ya por aquellos tiempos se estaban fraguando las uniones de los trabajadores y aún hoy estamos en aquellas circunstancias-. Y recuerdo bien que alguien, de forma muy hábil, sacaba el objeto que había vendido. Todo tenía sentido ahora. En el sueño aparecía una persona que manejaba la plata e iba introduciendo trozos del metal que vendí; seguramente eran trozos secretos de alguna civilización antigua y que alguien seguramente iba buscando para juntar los, así tendría explicación todo lo que era inexplicable.

Me despierto y mi mujer me observa y me dice que había estado mucho tiempo durmiendo. Yo le dije que estaba muy casando, pero no le dije lo del sueño. Para no alarmarla, me callé. Mi intuición me decía que seguro que a lo largo del tiempo llegaría a enterarme de todo aquel embrollo. Yo me desvelé y no paraba de pensar en por qué me había quedado quieto; tal vez porque podría agredirme, ¿y por qué se lo vendí?

Pero Venecia siempre es Venecia, su historia está llena de amores y complots cortesanos. Ahora que recuerdo, leí hace ya mucho tiempo que Venecia, con el tiempo, desaparecería. Bueno eso es una tontería, si nos lo tomamos todo al pie de la letra. El periodista venía a decir que como el mar, por el deshielo de los polos, aumentaría su nivel, que ya se estaba viendo en muchos sitios este hecho, que subía el nivel del mar. Venecia se inundaría, ya estaban haciendo diques para salvar una ciudad famosa por los intereses del amor y del dinero, junto con la codicia. Sus hechos se han grabado en la piel de la historia.

Pasar por el puente de Rialto es emocionante, sobre todo cuando hay silencio, algo casi imposible por el turismo. Yendo a la catedral de San Marcos, no sé en qué estaría pensando, pero me dio hambre de repente y empecé de noche a buscar donde comer; recorrí media Venecia, era de noche, y llegue a una tienda donde, lo mejor que pude en italiano, le pedí al tendero que por favor me vendiese algo para hacer un par de bocadillos. Así las cosas, proseguí mi vuelta a la plaza de San Marcos. Antes había respirado ese olor especial y contemplado esas imágenes de sus calles ese negro parduzco que se reflejaba por las calles, no lo olvidare nunca. Casi seguro que todas la casas estaban vacías.

Ya en la plaza, dando vueltas, me detengo ante una mujer que estaba recitando poesías de García Lorca y de Miguel Hernández. Al terminar una de las poesías, se echó a llorar, sí, estaba llorando. Me enteré después de que la señora era catedrática de lengua española, ya jubilada, y lloraba porque nunca había venido a España. Yo le respondí, que ese no era ningún problema, pero ella me dijo que ya, con la edad que tenía, no podía viajar y que, además, se lo había dado todo a sus hijos, hasta la pensión. Era una persona culta, pero algo distraída. En aquél momento me miró a la cara y me dijo: “Tu volverás a Venecia, si quieres te puedo vender una casa en un buen sitio”.

Le di las gracias pero por lo bien que recitaba los poemas, con ese sentimiento profundo que sale del amor a la poesía y que en muy contadas ocasiones toca esos hilos que nos hacen ver el mundo de otra manera. Me gustaba su acento italiano y que nunca repetía ninguna poesía, una y otra, y la nana de la cebolla y cuando llegó Machado, caminante no hay camino se hace camino al andar, pero, cuando vuelvas la vista atrás, verás el camino, que nunca volverás a pisar. Era éxtasis lo que sentía, eso es lo que era, como contemplar un lirio de primavera, observarlo y todo eso elevado a la máxima potencia, al clímax. Momentos como esos sólo los he sentido en contadas ocasiones. Era el ambiente, en fin no busquemos explicaciones. Todos los que estábamos lo sentíamos, era como un colorín que vuela de tallo en tallo, en esos momentos sentimos que el ser humano es bueno por naturaleza.

Sensaciones de que en nuestro camino hay flores que pinchan y otras que no, que el dolor y el sentimiento irán juntos, que sabemos que sólo nos queda disfrutar o sufrir, dependiendo de lo que la vida nos brinde. El arte nos tiene que aportar a todos eso que lleva dentro, lo que nos hace ser más felices, porque la felicidad no viene por sí sola sino que hay que tener paciencia, mucha paciencia, y seguro que la sentiremos como compañera nuestra. Cualquier cosa tiene su sentido y su razón. Ese trabajo, el de buscar lo bueno, eso, es lo que tenemos que buscar. Cuando la sintamos la primera vez, pasará de largo como un rayo, pero si más adelante otro rayo de sol nos alumbra y cogemos la costumbre, seguro que nuestra vida habrá merecido la pena.

Pero, yo seguía pensando que para qué quiso el abuelo darnos estas monedas. Ya cuando estuve en Italia noté algo raro en otro momento, pero no le di importancia. Recuerdo que una mujer muy vieja, sentada en unos de los imponentes muros, me ofreció las monedas; como no nos entendíamos bien, ella me dio todas las monedas, pero en mis dos manos no cabían, así que opté por comprarle un par de ellas y las demás se las quedó la vieja. Era una vieja un tanto impredecible. Yo sabía que había estado muy cerca de Dios y que le había enseñado que en la abundancia lo que sobra también tiene su valor.

Mi trabajo me llevaba de un lado del mundo para otro. Quisiera contar ahora unos viajes que hice a Portugal. Vi lo que nunca había visto del orden en las palomas. Madrugo un poco y me doy una vuelta por los alrededores del hotel; observo detenidamente una casa, toda vestida de blanco, permanezco atento, y veo salir un hombre por una puerta que da al hotel, sigo mirando, se dirige a la casa blanca, al rato veo que todas las palomas salen volando, ¿a dónde irán? Como quiera que fuese me había atraído ese hecho. El tiempo pasa rápido. Al buen rato, las palomas vuelven, mientras tanto el hombre les había estado echando de comer, una a una se habían introducido en la blanca casa.

Recuerdo que, en mi niñez, un amigo tenía palomas de todas las clases; aunque la limpieza era inexistente, pero él disfrutaba con las palomas, había aprendido mucho de ellas. Pero la compenetración de las palomas del hotel, tal vez la tenía para que se comiesen la comida sobrante del hotel o, tal vez, comían trigo o cebada. Yo confieso que me gusta ver sus movimientos, como si fuesen, con su elegancia, a indicarnos el camino de algo. Pero no lo sé con seguridad. Su piel, de colores tan distintos, unas buchonas, otras mensajeras y un sin fin de detalles que a mí se me escapan. Esa experiencia seguro que no la olvidaré. Me gustan las palomas.

En uno de mis muchos viajes, en uno de los que hice a Zaragoza, un domingo, allí, en la plaza del Pilar, las palomas eran las dueñas de plaza, no hacían daño a nadie, sólo querían jugar con los niños. Había vendedoras de maíz, trigo y cebada para que los niños se acercaran a conocer a los animales, que sólo dan satisfacciones. Tal vez las palomas que encontramos son un signo de paz importante.

Ahora en estos días he visto que en la plaza de mi pueblo, algunas veces, a unas pocas palomas que sobrevuelan y se dan paseos por la fuente, esto es señal de paz. Ellas sí que se dan cuenta de lo malas que son algunas personas, cuando pasan salen pitando hacia algún tejado cercano, volverán así que crean oportuno, a pasear con estilo. Seguro que en la barca de Noé sobrevivió la paloma para servir de símbolo de la paz. Ahora no sabemos las especies que desaparecieron en el diluvio. Pero hoy en día sí sabemos que casi todas las especies animales están desapareciendo. El aire está contaminado, ya de las fábricas, ya de los coches, etc. No sólo en las ciudades, sino también en los pueblos, vemos que, cuando no hay aire limpio, los gases tóxicos tenemos que respirarlos a la fuerza. Por ejemplo, cuando, al subir una cuesta, pasan coche tras coche y también motos en un espacio tan reducido, los más perjudicial es el humo, que lo vemos y lo respiramos, y no hay otro remedio, si vamos andando.

Por eso digo que sigamos así y veremos a dónde vamos a parar, yo creo que a nada bueno. Ya no es necesario fumar, nos lo podemos ahorrar, en vez de fumar nicotina, respiramos monóxido de carbono y otras especies de humos. Recuerdo cuando, de pequeño, subía esa misma cuesta todos los días y el único peligro era que algún mulo te diese una coz. Si comparamos la diferencia y vemos que todo cambia, eso nos hará pensar. El caso es que eso tiene arreglo, ya está casi todo el mundo de acuerdo en que hay evolucionar, pero no a cualquier precio. A ver si no llegamos tarde para corregir todo esto que sólo nos trae destrucción. Yo soy optimista, por muchas causas, y los más interesados son los estados, que no quieren quedarse sin ciudadanos y tampoco los quieren en los hospitales. Así que seguro que poco a poco el hombre y la naturaleza permanecerán unidos, como siempre ha sido, pero no de una manera cualquiera, sino con otros sentimientos, con otras aptitudes y -por qué no decirlo- de una manera revolucionaria, hay que cambiar.

¡Que barbaridad! ¡Cómo me abstraigo y pienso en cosas que me han pasado u otras que me imagino! Tengo que tener los pies en el suelo y ver mi realidad.

Los niños y mi señora, estamos en el chalé y desde mi hamaca veo que uno le dice al otro: “Cuando juegues al tenis, tienes que dar golpes de derecha y también golpes de revés, el saque es lo más importante en el tenis, la bola alta y, al bajar, hay que darle con el centro de la raqueta”. Y es que habíamos decidido hacer una pista de tenis y ellos, mientras se hacía o no, habían sacado un libro de la biblioteca y habían puesto mucho empeño en leerlo, así cuando estuviese hecha por lo menos teoría no les iba a faltar.

Vuelvo la cabeza y dejo de pensar en los niños, pero veo un coche extraño y pienso que, a lo mejor vende droga, aunque eso creo que no es posible. Enseguida me vino a la cabeza el duro de plata y pensé que quizá esperaban robarnos. Salgo corriendo y cojo todas las monedas y se las llevo a Julián. Le explico detenidamente lo que nos ha traído su regalo. Él me explica que mientras las tuvo no hubo ningún problema. ¿Por qué ahora se me viene encima este problema, que se hubiese solucionado no aceptando el regalo?

Las noticias tardan en llegar a algunos sitios, pero casi se entrecruzan las llamadas pues él también tenía intención de llamarme. En el periódico habíamos leído que en las minas de Potosí, además de plata, los investigadores habían conseguido descubrir otro tipo de metal muy raro pero muy escaso, y que había algunas mafias que estaban detrás de los que tenían esa clase de monedas. Asunto solucionado, ya veía peligrar nuestras vidas. Fuimos a la policía y le contamos todo lo que sabíamos acerca de las monedas. El inspector nos prestó mucha atención, pues era una clase de delito nueva. De todas formas, nos dijo, que no pusiéramos todavía la denuncia, pues, si conseguían juntar más casos como el nuestro, así conseguirían coger a los ladrones. Los duros de plata nos aconsejó que los guardásemos en sus cajas fuertes.

Pasó el tiempo y tuvimos una vida tranquila. No sé por qué no nos habían molestado más, pero al poco tiempo vimos por televisión que había sido detenido el policía, salía hasta su imagen. Según ponía el periódico, la detención había sido por hurto. Enseguida fuimos a la comisaría para que nos diesen nuestras monedas. En fin, llegamos a la comisaría y nos atendió otro policía, el cual nos dio nuestras monedas, menos mal por lo menos que a nosotros no nos había robado.

Pero al poco tiempo ciertas llamadas de teléfono, un tanto raras, nos hacían casi perder el juicio. Pusimos todo esto en conocimiento de la policía porque era un acoso psicológico. ¿Que cosa contendrían las monedas? El policía, ya un poco informado, nos dijo que tal vez fuese que nuestras monedas contendrían un jeroglífico y que, al parecer, sólo faltaban muy pocas para completarlo. Bueno por lo menos ya veíamos la punta del ovillo.

Estando en León capital yo sólo en una mesa, se me acerco un hombre, tenía forma normal y me dijo que quería hablar conmigo. Lo que no me esperaba era lo que me contó, el venía mandado por su jefe, un gran Jeque árabe. Me expuso la teoría que ya sabemos y me ofreció comprarme las monedas, la cantidad ofrecida era muy importante, así que desde el café que hay cerca de la catedral llamé a mi esposa. Cuando le conté el caso, se puso muy contenta, así se acabarían los problemas. Y la cantidad nos daba un respiro con la hipoteca. ¡Trato hecho!, quedamos en enviárselas por correo rápido y que, al recibirlas, el mandaría el dinero. Yo, tan confiado, las monedas sí que se las mande, pero el dinero no lo recibí nunca. Un engaño en su totalidad. El desierto me lo imaginaba por las películas que había visto, pues así era mi estado de ánimo, como un desierto, cubierto de dunas, sin agua y sufriendo, nada me consolaba, sólo el saber que está situación tendría algún día su fin.

Estando en Alicante, en los asientos que dan al mar, viendo que el último barco se acercaba para conocer una isla cercana y que, al poco, uno a uno, se iban bajando los turistas, pensaba ¿cómo puede ser que toda esa gente sea feliz y yo no? Ellos iban sonriendo, contentos. Recuerdo otra imagen algo parecida a está. Estábamos en una isla de Galicia, allí navegábamos por el mar, además nos tenían preparados mejillones recién cogidos, de las bateas que sorteaba el barco, nos enseñaban cómo se criaba de forma industrial el tradicional mejillón, todos los que íbamos los comíamos con gran gana, pues estaban buenísimos, con un buen vino de la zona. ¡Qué bien lo pasamos! La ciudad de La Toja, donde el lujo y el negocio más duro se dan la mano, sólo la vimos a distancia, eso sí comprábamos perfumes fabricados.

Dicen la leyenda que había un burro que se estaba muriendo y que, casi muerto, lo dejaron en un lugar apartado cerca de estas fuentes y que, al buen tiempo, lo vieron sanísimo, claro la única explicación era que las aguas lo habían sanado y que las aguas tenían propiedades curativas.

Pues bien, cuando iba solo por la isla, subiendo por el funicular, siento un gran dolor en el pulmón, la bala había atravesado el cristal y había ido a alojarse en mal sitio, pero que tenía cura. Hubiese estado bonito que me hubiese dado en la cabeza, seguro que quien fuera apuntaba allí, pero falló. Gracias a los médicos y a mi buena fortaleza física, logré salir del hospital, al que me enviaron rápidamente. Mientras me recuperaba, la policía no dejaba de hacerme visitas para obtener información. Lo mío era muy complicado, tal vez al terminar la novela, encuentre la respuesta a algunas preguntas importantísimas que me hacía también yo mismo y para las que, por ahora, no tenía respuesta. Pero, igual que la fruta del manzano necesita su tiempo hasta que la vemos en la cocina, así, pensaba yo, pasaría con mis grandes interrogantes.

La bala me había inyectado un estado normal en el cual había recobrado mi ser, el yo que siempre había tenido y que, por una época corta pero dolorosa, había perdido. Empecé a ordenar mis pensamientos y mi estructura mental, a estar cada cosa en su sitio, la cura fue en el hospital, a la vez que los médicos cumplían con su labor, yo había emprendido otra recuperación paralela. Así, de ahí en adelante volvería a ser feliz y a darle sentido a algunas de las ramificaciones que había emprendido.

Cuando me pegaron el tiro, ni la policía ni nadie sabía el porqué de aquella agresión, querían matarme, pero no había razones, no era esto una flecha que atraviesa el corazón, no lo era. La familia toda se puso en alerta para descubrir la causa de una cosa que no tenía ninguna razón. Un hermano ya jubilado, Pedro, prometió ayudarme. Cuando se enteró de lo que me había pasado, fue el primero en desfilar por el hospital, después vino el resto de la familia. Pedro entendía este mundo tan asqueroso, en el cual yo no había entrado por voluntad propia, pero él enseguida empezó a mover los hilos. Me tenía informado y me dijo que era una de dos: o la mafia o alguna secta musulmana.

Cuando, después de mucho tiempo, Pedro, viajando por todo el mundo, logró atar todos los cabos, me lo dijo. La verdad es que no sé si me convenía saber la verdad. En unas de nuestras conversaciones, mi hermano empezó hablándome de algunas monedas. Entonces la luz se encendió en mi cabeza. Casualmente al instante sonó el teléfono. Era mi amigo italiano, lo tenía asociado a la expresión molto bene; era un buscador de palabras nuevas, se dedicaba a eso: a ayudar a formar palabras y, si podía, alguna vez, a inventarlas. Me decía, mientras hablábamos, que ya estaba harto de tantas palabras nuevas que circulan sin que la gente sepa bien qué significan, como la teoría de la relatividad, de la globalización, de la tercera vía, del marxismo, del capitalismo, por no hablar de los fascismos de derechas y de izquierdas. Él leía mucho, y escuchaba, siempre con el criterio de descubrir alguna palabra nueva, sabía que podía surgir incluso entre las más comunes; iba cual pescador, oído y cerebro atentos siempre, para eso le pagaban Yo le conté que en Capri me arrearon un tiro y le explique lo que todos ya sabemos. Él, como también iba bien sobrado de imaginación, me expuso una teoría: una de las soluciones podría ser que la mencionada moneda contuviera algún acertijo o, tal vez, fuera la llave que tuviese esa palabra que él mismo estaba buscando.

El estaba harto del abuso de las palabras. Sólo hay que preguntar a un médico qué le pasa a uno para que, como no esté muy aplicado, eche mano del ordenador y nos diga el diagnóstico, pero seguro que salimos de la consulta con un manojo de recetas que difícilmente entenderemos. Eso por no hablar del Péndulo de Foucault, cómo era posible que un trozo de materia se moviera sólo por la gravedad, y lo que le parecía más nauseabundo era que muchas personas funcionasen con esa ley, sí, el había comprobado que muchas personas duermen, desayunan, trabajan, toman el almuerzo, normalmente, por la tarde sólo trabajan si era necesario, si no, un paseo en bicicleta, o una partida de tenis. Eso es el péndulo de Foucault. Para él se hacía necesario otro tipo de pensamiento para el siglo XXI.

Me hacía hincapié en que, por lo menos, cuando estudiáramos lo que contenían los duros de plata, todo se aclararía. La verdad es que a mí todo me importaba un bledo porque lo que peligraba era mi vida, y eso sería perderlo todo.

El grupo de amigos que estábamos al tanto del asunto empezábamos a coger miedo cada vez que se nos abrían nuevos horizontes. La policía se empeñó en el asunto y me devolvieron todas las monedas robadas diciendo: “Buena investigación, todo completo, felicidades”. Ahora bien, cómo habían dado con ellas tan pronto, no quisieron decírnoslo. Claro está que el sufrimiento que padecí en el hospital de Nápoles, donde estuve a punto de quedarme tieso, si no llega a ser por los buenos especialistas que consiguieron, en un tiempo record, reponerme de nuevo, ese no me lo quitaba nadie. Pero el susto intencionado que nos dieron, ¿no cuenta nada?, si no es gracias al error, no estoy vivo, y eso es muy duro de vivir porque la familia se enteró y hubo una inquietud general. Yo, la verdad, no quiero descubrir ya nada, ahora que estamos todos bien. Pero, a lo mejor, no hay mal que por bien no venga.

Capítulo II

 

PARECE UN MILAGRO, PERO NO LO ES

 

He recorrido largos caminos; con el esfuerzo y la técnica, durante estos cuarenta años hemos evolucionado mucho, si eso es bueno o es malo lo dirá cada uno. Me precio de tener grandes amigos, como Luis y Felipe. Un año, nuestras familias nos permitieron ir a los carnavales de Cádiz a que nos divirtiéramos. Así que cogimos el coche para ir y no paramos de hablar en todo el camino. Nos llevábamos bien, nos comprendíamos, era gente culta, pero de procedencia pobre. Se habían hecho un hueco en la vida y vivíamos, más o menos felices.

Recuerdo que íbamos paseando por las calles, no conocíamos de nada, sólo lo que habíamos visto en documentales, algunas referencias en los medios de comunicación. Estando en la plaza del Ayuntamiento, empezamos una conversación. Los tres procedíamos del campo y cada uno tenía su forma de ser, pero en todos los momentos sabíamos que podíamos contar unos con otros para lo que fuese.

Luis tenía doble nacionalidad, aunque, para mi, el sentimiento profundo lo tenía francés, aunque hablase en español; me enseñó mucho cuando trabajamos juntos en Ibiza. Allí nos conocimos, trabajábamos de camareros, junto con Felipe; era cuando los hippies invadieron la isla. Los tres trabajábamos de camareros, teníamos buenos trabajos y buen compañerismo. Recuerdo cuando los tres y, otros más, nos acercamos a la playa de Salinas a bañarnos. Recuerdo que uno de ellos, no se cuál, nos llevó a un sitio rocoso, desde donde el agua rompía en la playa sobre las rocas y la espuma se convertía en un blanco multiplicado en pequeñas partes que, después, venían a caer como si fuesen millones de rosas blancas que se deshicieran en cuestión de minutos. Allí, entre el vaivén de las olas y la espuma, peligrosamente, nos atrevimos a bañarnos, era peligroso, pero así pasamos la mañana.

Entonces está playa era considerada como de nudistas. El europeo veía su cuerpo tendido en la arena, desnudo. La verdad es que, si no te arriesgas, no vas a conocer nada y nosotros éramos arriesgados. En el chiringuito nos tomamos unas cervezas. Salinas es, y será siempre, uno de los sitios del mundo donde la libertad está hasta en las olas del mar. Allí veíamos que la droga, por entonces, era una de las peores plagas para los gobernantes, era un demonio. Yo de esto no entiendo mucho, pero quizá nos haga conocer otras cosas, otros sentimientos. Hablo por hablar, pues a mí personalmente no me interesa para nada.

Recuerdo ahora que el encargado de mantenimiento del hotel sí fumaba hachís. Siempre que me veía, me ofrecía. Él tenía mucha educación y elegancia, pero, paseando por el puerto de Ibiza y por la plaza del Ayuntamiento, vi a una persona desarrapada. Aquello me hizo pensar mucho. Evidentemente estaba drogada. Esa imagen de persona abandonada, en todo, también en el aseo, me impactó. A lo mejor era feliz y tal vez dure más que yo, porque la verdad no existe, la sabiduría sí. Hay mil verdades, pero la sabiduría sólo está sembrada en unos pocos, está en los niños, en la juventud y en la vejez. También está en la naturaleza, en ver, sentir y expresar un pensamiento que llegue al fondo de nuestra mente y vemos que nos sentimos mejor. Por eso para mí la sabiduría es una meta que sólo alcanzan unos pocos.

Un día me llama Felipe, me invita a comer, nos ponemos de acuerdo y, a los pocos días, ya estamos ante un chuletón de Ávila. El pan era exquisito y allí los dos, con nuestros tenedores y cuchillos, cortando la carne en pedazos pequeños y con el pan untado en la salsa. Los sabores unas veces se mezclaban, otras no. La verdad es que tienen razón los que dicen que comer despacio es mejor, pues, además de degustar la comida, comemos menos.

Bueno, con el estomago lleno y en pleno verano, nos fuimos a descansar. El sol abrasaba y nosotros, andando, veíamos al fondo la mar y de cerca las viviendas. El camino era sereno. Luis me comentó que estaba muy preocupado, pues había hecho el amor y, según parecía, la mujer se había quedado embarazada, estaba muy preocupado. Yo le di algunos consejos, sabiendo que era casi seguro que ni siquiera los tendría en cuenta. Como el camino hacia el hotel se hacía demasiado largo, decidimos entrar a un bar y tomarnos un helado. Allí me dijo que llevaba una china y que allí se la iba a fumar. Mientras, comentábamos la noticia que en todo el mundo era conocida: se había muerto el Papa. Luis y yo también teníamos un cacao mental, en aquellos momentos.

El que una persona muera y se le dé tanta importancia para mí no tenía sentido. Lo que cada uno hace es lo que vale, pero, como casi siempre se crean castillos en el aire, que duran mientras una racha de viento no los deshace en trozos y acaban cayéndose, como no hubiese existido nada.

Felipe me comentó que había leído que el gobierno italiano había tomado una medida no muy comprensible para él, por eso me preguntaba a mí si sabía algo más. El gobierno había dado la orden de que todas las monedas de plata tenían que ser entregadas por todos los bancos al Banco de Italia. Todos los ciudadanos las entregaron. La razón exacta no la sabía nadie, sólo que, por necesidad, había que cambiarlas por otras de igual valor. Todos sabemos que, en cada economía, es necesario, cada cierto tiempo, cambiar la moneda por razones económicas. Seguimos hablando, pero yo estaba pensando en los duros de plata que tantos quebraderos de cabeza me habían dado. ¿Tendría alguna relación la noticia con todo lo que me había pasado? Me temía que sí.

Yo sabía, aunque aún no estuviese seguro del todo, que todo este movimiento de la plata tenía otras razones diferentes de las que se decían. Voy a aventurar que no sólo las mafias perseguían las monedas en sí, sino lo que éstas escondían, era ese trozo del jeroglífico israelí y, es más, me atrevía a decir el mensaje que guardaba. Este movimiento no era económico, sino de naturaleza cultural. Desde hacía algún tiempo, se estaba esperando un hallazgo cultural, cuyo contenido el faraón lo había escrito y un arqueólogo encontró referencias a él en las innumerables pirámides de Egipto. Yo sabía todo esto por los periódicos, libros y cualquier cosa que cayese en mis manos; me iba haciendo una idea del mensaje de aquel faraón.

Lo que más me hacía pensar es que el gobierno se interesara por esas cosas, quizás era una cosa de interés nacional. Pero, pensaba yo, ¿para qué?, seguro que lo escrito no le iba a reportar más beneficios que cualquier otro hecho cultural, lo escrito no le iba a quitar nada del poder que tiene, ni tampoco a dárselo. Seguro que si se lograse encontrar o descifrar, se expondría en un museo para que el que quisiera conocerlo.

En unos de los muchos libros que leía sobre el tema, encontré una referencia a la cultura inca y a la israelí. Parece que había contactos entre ambas, cuando Israel hacía preparativos para pasar el océano y llegar a América en aquellas barcas que no sabían si resistirían el viaje; eran frecuentes las relaciones, para las dos culturas, porque era una forma de conocerse. Así, a lo que parece, pasaron muchos años de intercambio. De Potosí traían la plata y de Israel manuscritos con los que iniciar un acercamiento cultural. La historia era interesante, pero lo que pasa es que no sabemos casi nunca el porqué de las cosas, pero este hecho único ya le había interesado no a mí sino a todo un país, ¿cual sería el secreto? A mí me había llegado profundo y tal vez mientras viva ese interés por el tema me lo lleve a la tumba. Por lo menos tengo tal vez las únicas monedas que le faltan al gobierno italiano.

Tal vez me haga uno de tantos famosos, ¿qué sabemos?, no sabemos nada, sólo que una cosa insignificante que me dio Julián se ha convertido en algo muy interesante. Por importante que sea, seguro que no cambia el devenir del mundo, si acaso, como mucho, resulta algo interesante para que lo estudien los interesados. Como la Torre de Pisa, vamos, la vemos y la comprendemos, aunque no entremos por dentro, la vemos desde una perspectiva, y, como no nos guste la cultura, seguro que no la visitaremos por dentro. Pero si vamos y la vemos, nos daremos cuenta de la diferencia entre verla en la realidad y verla en una fotografía, ¡ojalá todos podamos viajar para saborear lo bueno de la cultura!, yo la he visto y no me ha gustado, me quedo con las fotos, me parece más bonita, verla en el contrapeso, es como una persona que tiene cien años.

Viajar es vivir, muchas veces es también comprender que hay otras cosas de hacer y otras maneras de hacerlas, conforme vas avanzando, se ve lo bello de verlas de diferente manera, se tenga o no cultura, vemos que el comportamiento de la gente es diferente. Queremos globalizar, pero hay cosas que no se pueden. Lo podemos ver en España: campos desérticos, cuando, antaño, veíamos los huertos, las grandes extensiones de tierra, mimada por el hombre, ahora sólo quedan en el campo los que no tienen más remedio que estar en él, criarse uno mismo las cebollas, las patatas, recolectar las nueces y ver cómo, en el verano, el agua necesaria se va distribuyendo por las eras de patatas, de pimientos, tomates y habichuelas, todo sediento. La acequia principal hay que cortarla con la azada, echándole la tierra al agujero por el cual entra el agua a cada era, se corta y el agua pasa a la siguiente era; hay que estar pendiente de que los atajaderos anteriores o la acequia no se rompan; los machones y la acequia, muy a menudo, se hacen a mano, pero se hacen como un delineante, para que por lo meno aguanten todo la época de riego. Esto se ha hecho así durante muchísimos años, casi seguro heredado por los árabes.

Mi pueblo, por ejemplo, fue hace años recordado por sus habichuelas; en toda la zona, eran famosas por el sabor tan especial que le daba a las comidas. Pero hoy a los olivos se les derriba la aceituna con máquinas, muy pocos son los que se atreven a sembrar cosas de huerta, el monocultivo del olivar se ha extendido por toda la zona, el árbol que más riqueza produce, el que más se adapta a nuestra zona, pero hay que cuidarlo y, para que produzca más, se riega, se cura de las enfermedades y hay cosechas que mantienen la poca actividad agrícola del pueblo.

Ahora que hablo de mi pueblo, recuerdo que de los balcones colgaban geranios y claveles, y que las casas eran pequeñas. Eran tiempos de niñez, cuando mi abuelo me daba una peseta el domingo para que me comprase algo, era como un reloj, mi madre me arreglaba, desayunaba y yo iba derecho a ver a mis abuelos. Él le decía a la abuela María: “Dale una peseta María”, y ella me la daba y yo salía pitando a por los caramelos o las galletas. La misa no había quién la entendiera, con los micrófonos chillando, la voz del cura sólo él mismo la entendería. Vivía más arriba de mi casa, era costumbre besarle la mano, yo estaba pendiente de cuando subía por la cuesta, solitario y con su sotana negra, siempre el mismo, ¿cómo iba a predicar la palabra de Cristo si no la entendíamos’, era como si nos hablara en otro idioma.

Pueblo pequeño, con sus casas blancas y calles pequeñas, al salir el sol, casi todo el mundo a trabajar, por la tarde a recogerse, para descansar. Mi padre no quería comprarme un reloj con los dineros que tenía ahorrados yo, tal vez era que él no quería que la vida se dividiera en trozos, sino que fuera un horizonte sin fin. Yo me enfadaba mucho, hasta que lo conseguí. Llegamos a la relojería y me lo compro, y yo tan contento con mi reloj nuevo. Ahora le doy la razón a mi padre, pero hay tantas equivocaciones que tenemos y que no tienen solución. Desde entonces, soy esclavo del tiempo, dividido en trozos. ¿Qué es el tiempo, para qué sirve?, me preguntaba yo en mi inocencia. Tal vez para calmar mi nervio, miraba el reloj, a ver si así se me iba.

Hay cosas que no deberían de existir. ¡Siempre con la costumbre de dividir! Para mí, si queremos recostarnos en la inmensidad de la eternidad, hay sentir, ver y vivir y cuando llegue el día del último viaje, ligeros de equipaje, sólo vamos a otro pueblo, seguro que mejor. Por la mañana, los pájaros y las golondrinas volarán igual en busca de los insectos, aunque nos acompañen en la eternidad. El pueblo da sensaciones diferentes según estemos una u otra calle, una cuesta abajo, otra cuesta arriba, y los gatos cruzándose, todo será diferente. La ciudad, ¿qué nos ofrece?, más dinero, pero ¿a cambio de qué?, de matarnos, porque se junta tal cantidad de ciudadanos que viven hacinados, la ciudad trae cosas que no son normales, se pierde la convivencia, agachamos la cabeza cuando nos cruzamos con alguien, unas veces lo haces a caso hecho y otras sólo porque nuestra mente está pensando en algo.

Mi pueblo, hace no tantos años, era un orgullo para sus habitantes y decir que se había fundado hacía quinientos años, que fue cuando se fundó. Era rico en agricultura, en molinos de harina, aceite, habichuelas y otras cosas. Los arrieros iban de cortijo en cortijo o a los mercadillos a vender o cambiar sus productos agrícolas. ¡Cuánto ha cambiado todo! Los cortijos de los terratenientes son inmensos y la mayoría en Andalucía, los pequeños agricultores son los menos. Aún nos queda mucho que avanzar. El creador del marxismo intentó poner orden en las injusticias  y hubo un tiempo en el que se creyó en está ideología, pero la religión y el marxismo, ayudados por el capitalismo, hicieron imposible una realidad diferente. Y ahí los vemos yendo a misa todos los domingos y que no se presente algo extraordinario, que también vamos a oír. Ahora bien, lo que dice el cura, y son dos mil años de religión, no está al día, claro que sólo defienden, unas veces de forma más clara que otras, el capital, de siempre ha sido así. Porque se ha aprovechado de las inmensas mentes que hay por el mundo y, siendo la más poderosa, lo ha conseguido, mediante el miedo, el amiguismo y el interés monetario. La iglesia ha cometido un inmenso error y creo que, más tarde o más temprano, se dará cuenta de ello, pero a lo mejor ya se ha escrito otra historia.

Porque los que creemos que la eternidad existe y ya poco a poco vemos que la media de edad se va aumentando y que la ciencia busca la forma de que seamos eternos y lo va consiguiendo; personas que en otros momentos ya estarían muertas hoy se les ha alargado la vida. Lo vemos todos los días, la eternidad es sentir durante un segundo que el mundo, cuando llegue su final, aún seguiremos siendo eternos. Hubo una vez un amigo que, en un entierro, no se explicaba cómo iba tanta gente cuando él había visto que durante la vida del difunto muchos no los querían ver ni en pintura, eso es eternidad, hacer cosas eternas, todo átomo se transforma, todo cambia, y a pesar de todo, todo sigue igual, muchos están mejor echando la siesta y pegándose la gran vida, eso es eterno.

Pongo la televisión y oigo que en España también están recogiendo las monedas de plata. El problema se iba extendiendo, ya tendría importancia, seguro que no era para hacer ni una pirámide, era para que a los gobernantes de turno les sirviese el secreto, para ellos solos poseer la eternidad.

La verdad es que había un cierto miedo porque se había extendido por los distintos meDios de comunicación que se estaba creando una nueva religión. Era una religión sin sangre ni dolor ni milagros, tampoco tenía un dogma definido. Está religión propugnaba que todos éramos iguales, sin distinciones. El interés de los dos estados, el italiano y el español, por una misma causa me hacía tener más miedo todavía, seguro que el próximo tiro, pensaba yo, aciertan. El que me pierda por los diferentes recodos del camino no tiene en sí importancia, pero, para mi, familia, sí porque tenemos la costumbre de morir de muerte natural.

Yo, desde luego, no pensaba en ponerme en contacto con los servicios que estaban trabajando para que la nueva religión no moviese todos los regímenes de la Tierra, pero es que ya estaba naciendo, primero se llenará de símbolos, creo yo, por lo que veía, y luego pasaría a la acción. Ya Francia, y otros muchos países, estaba trabajando para ello y, además, en alerta al descubrir el primer jeroglífico, según el cual había que cambiar por lo menos el orden actual e ir a un mundo más justo.

Mi mujer, Julián y yo estábamos por entregar las monedas de plata porque seguro que, más tarde o más temprano, se iban a enterar. Mejor sería entregarlas al gobierno de España, así, por lo menos, nos quitábamos un peligro de encima. El mundo estaba temblando, muchos no querían ser eternos, lo creían, pero es que tenían la opción de vivir como vivían. Se respetaban todas las formas de opinión, de religión, de política, cada uno era libre. Ese era su mensaje.

A los seis meses recibo el cheque del banco de España. Seguro que mi decisión ha sido la acertada, seguro que estoy borrado de todos los ordenadores. Yo sólo quiero vivir en paz –pensaba para mí-. Yo no me sentía el nuevo el Mesías, pero iba casi en camino de, por lo menos, ser unos de los testigos primeros, que para lo único que iba a servir sería para escribir una novela, claro, sería novela porque si no, nadie me iba a creer.

Los periódicos formulaban una y otra teoría sobre la nueva religión, escarbaban en el presente y en el pasado, unos de forma sensacionalista y otros aproximándose o tocando casi la verdad. El superhombre y la verdad lo comprendían cada vez más muchas personas. “El superhombre es aquel que ha sustituido a Dios, el que sólo se dedica a acercarse a la verdad suprema para ser eterno”, decía un prestigioso diario que cayó en mis manos. “Cuidaba en su vida de no romper ningún esquema de ninguna persona, los respetaba y les sabía dar qué pensar, ‘reflexión’, ‘verdad’ y ‘eternidad’, ahí es donde va ha nacer la nueva religión”. Algunas personas le declaraban la guerra, otras no.

Pero todavía no sabíamos gran cosa. La religión católica lleva de vida dos mil años; ahora otra sabiduría, otra forma de ver la vida, está naciendo, a lo mejor dura poco tiempo, o, tal vez, no. Las fotocopias que le hice a mis monedas lo ponían bien claro: violencia cero, absoluto amor, entendido según cada uno lo entienda, el movimiento sobre el cual llamaba más la atención era el amor a la naturaleza, a las personas, a los animales y, por supuesto, a las personas. Pero era un amor nuevo, por lo que yo llevo estudiado del amor; ese era unos de sus ejes principales.

Ya me encontraba cansado cuando me llegó una nueva noticia referente a mi pueblo. Era grave. El monte de nuestra zona estaba ardiendo, incluso murieron algunas personas y trabajadores. Era increíble, ¡cómo ardían la inmensidad de pinos, encinas y muchas variedades de plantas, junto con los animales que son endémicos en la zona!, ¡era todo un desastre!, pero aún era mayor el desastre provocado por la ceniza y los árboles quemados, cual guardianes de negros sentimientos.

Todo había ardido. En las televisiones se veían los helicópteros echar agua a los árboles. Era peligroso. Se veía cómo las llamas doradas se alegraban  como si fuera un bien que a nadie hacía daño. El año anterior también había habido fuego, Recuerdo que por una parte de la montaña se veían los pinos derechos con ambiente tétrico, todo negro, suelo negro y árboles quemados. ¿Qué habrá sido de aquella ardilla que veíamos corretear en nuestros paseos por la sierra?, tal vez no la vea ya nunca, ¿y aquel gamo que vimos bebiendo agua de aquella aljibe? Destruir parece ser que es más fácil que construir. Son los nuevos delincuentes: persiguen aprovechar la madera y una forma de autoinmolarse con la naturaleza, para haber hecho algo importante. Yo no creo en eso, hay que disfrutar del campo, de la sierra, de los ríos, que caiga un rayo y se queme algún terreno es normal, pero no lo es que la mano maldita del hombre destruya a caso hecho, hasta su vida. Porque si matar a otro ya en sí no es normal, tampoco lo es quemar las sierras todos los veranos.

Parece ser que desde hace algún tiempo se están produciendo estos fenómenos. Tiene que haber un control para que, desde el primer segundo que haya fuego en la tierra o en los montes, se apague en el menor tiempo posible. España es grande y no sólo España, en muchos otros países vemos cómo las llamas, en tiempo de mucho calor, arden con una furia inaudita. También hay otras formas de apagar fuegos o de encenderlos, en plan constructivo, si esto es que puede ser. Es lo que un filosofo alemán cuenta: “No me resultas desconocido, viajero, pasaste por aquí muchos años ha. Te llamaban Zaratustra, has cambiado mucho. Entonces subías a la montaña tus cenizas ¿es que intentas ahora bajar tu fuego al valle?, ¿acaso no temes las penas que se aplican a los incendiarios?”

Estábamos pasando la tarde por la sierra, viendo que el pantano acusaba la sequía de una forma alarmante, El pueblo sólo vivía con la única fuente de agua, el nacimiento no se había secado nunca. Recuerdo varios comentarios de dos personas mayores que estaban en contra de la realización de la obra, estaban entonces y están ahora en contra. El olivo es por esencia una planta de secano, pero como ahora llueve poco, si no se riega, la producción es mínima. Cada año trae más o menos agua, de los fríos extremos, que ya se han dado este año, y los veranos también extremos son perjudiciales para todas las plantas. El otro día, en la consulta de un dentista, un empresario de la aceituna, que no del olivo, me comentaba que, a pesar de todo, había un setenta y cinco por ciento de media de producción, era una persona mayor y muy entendida. La verdad es que el clima no es uniforme en todos los sitios, hay lugares en los cuales el cambio climático se deja sentir más, eso es así aquí y en Fernando Po.

Después de pasear por entre los pinos, pisando las hojas, entonces se da uno cuenta de la belleza de la naturaleza, con las montañas que a lo lejos se divisan como si las tuviésemos en la mano, veíamos desde todos los sitios lo azul del agua, como la sombra que se va corriendo conforme el sol se va ocultando. El agua que nos da la vida. Yo ahora pienso qué hubiese pasado si el agua estancada hubiese seguido su curso normal. No me lo puedo imaginar. Unos kilómetros más abajo otro pantano, agua acumulada. Dependemos del agua. Imaginémonos que durante varios años no llueve y que el agua se agota. Para beber a lo mejor no falta, pero esa es la diferencia que hay entre la agricultura y la industria. En la industria, todos los parámetros se cumplen y se vive mejor. Pero ¿y el agricultor?, con su tractor arañando la tierra, él come de eso, de siempre ha sido unas de la variadas formas que conforman la economía, pero evolucionamos, y la agricultura, según mi forma de ver, si los productos que produce escasean de una forma alarmante, los estómagos que comerán, tal vez pastillas, con los contenidos que necesita el cuerpo. Hoy por hoy eso es imposible, dependemos para nuestra alimentación de los productos del campo y de la pesca. Todo esto lo veo desde un punto de vista de cambio climático, tenemos que creer en la ciencia y en sus parámetros, el hombre ayuda a que el mundo se transforme, el mundo estará ahí pero ¿y el hombre?

Cuando, después del paseo, decidimos cenar, fue poner el pie en el suelo al salir del coche y mi olfato se activa: huelo a algo que no es normal, efectivamente el olor a quemado de árboles o maleza. Es una realidad, nosotros no podemos hacer nada, sólo sentir que algo nuestro arde y que ese monte sediento se recupere. Al fin y al cabo no es nada extraño para él, si no fuese porque es por la mano del hombre. Unos disfrutan comiendo pizzas y otros asando árboles. Son protagonistas solitarios que tal vez no quieren ver que otros ojos ven tanta belleza, o, a lo mejor, le han dado cuatro euros y se han arreglado para quemar determinadas zonas. ¿No queman oxígeno los coches?, pues ¿por qué no quemar unos cuantos árboles? Sea de una forma u otra, al paso que vamos, veremos no en muchos años que donde había paisajes hermosos y un hábitat lleno de felicidad ahora se destruye. ¿A quién le pasará el próximo año? Porque estos hechos yo quisiera que no se diesen, pues no los creo necesarios, pero estos incenDios, tal vez, sólo se vean espectaculares desde los satélites.

España arde. ¿Cómo impedirlo? Yo no lo sé, como no sé otras cosas, para mí que es incontenible, debe ser como el fumador que no puede dejar de fumar. El rosario de incenDios por todos los sitios se ha generalizado, en todo el mundo, además. Tal vez el fuego no sea un buen invento. Dedicar esos quehaceres a construir bienestar para el hombre debe ser una prioridad, pero cuando algo se quema, ¿qué queda? cenizas, lloverá y se creara otro ecosistema, diferente al que había, pero si lo que quieren es acabar con la vida, eso no lo conseguirán.

Terminamos de cenar; un tanto alarmados, recibíamos las noticias que nos mandaban por los móviles. Este incendio, y todos los incenDios, son una guerra abierta entre el hombre y la naturaleza. Hay muchas personas que han sufrido, al igual que también otras o en otros momentos han disfrutado de esos sitios mágicos que hasta no hace mucho tiempo no los conocía nadie. El turismo ha creado más desigualdad y eso, en las mentes de los que sufren sus consecuencias, sólo lleva a ver la solución a la injusticia en quemar lo que en ellos busca el turista: son cosas íntimas que ellos, los hombres y mujeres que han vivido con la naturaleza, quieren que, de una forma hospitalaria, conozcan los demás, lo que para ellos ha sido su ritmo de vida. También hay gente que no saca beneficio de esas montañas, que nunca se moverán de ellas y que las han estado disfrutando durante generaciones. Hay gente a la que se le excluye del beneficio que aporta el turismo y que de su forma de trabajar como siempre no ha conseguido vivir bien ni criar a sus hijos en condiciones. Ellos van a heredar, lo que les dejemos, este desastre, y, tal vez, con mucha suerte, en una generación se ha recuperado todo, los humos y las cenizas y veamos crecer el monte.

El fin de semana lo empiezo de mala manera, me ha impactado el sentir que algo mío se ha quemado.

Al igual que a estos asesinos de la naturaleza, yo también combatiría la incomprensión, la intolerancia, las vemos todos los días, pero las dejamos pasar, como si fuese una tormenta de verano. Hay que abrir las mentes cerradas, que sólo piensan en sí mismas, y lo más extraño es que esas personas son aceptadas por la sociedad como si fuese algo normal. Si el mundo cambia, tenemos que tener cuidado de armarnos con otras formas de entender la vida que sea equitativa con los demás, no puede ser que por su riqueza unos pocos dominen a los demás, ese es un reto que muchos gobiernos han intentado afrontar y casi todos han fracasado, cuando han olido la miel del poder se les ha olvidado la igualdad que tanto pregonaban, un olvido intencionado, convencidos por los ricos.

El mundo tiene que cambiar. Las injusticias nos traerán consecuencias, cuando nos las dejan ver en los telediarios asustan y dan rabia. Ahora recuerdo que una vez que visitaba un pueblo de Andalucía, muy bonito, el nuevo urbanismo luchaba a brazo partido con las antiguas viviendas, éstas no se reformaban, se destruían, el interés urbanístico predominaba, pero aún quedaban calles encaladas de blanco. Recuerdo que estuve hablando con una persona mayor y que me explicaba que no hacía muchos años que le habían puesto un apelativo a esa calle -y lo escribo aquí porque eso mismo se puede trasladar a otros pueblos-, me dijo hasta el nombre: la calle se llamaba Carrizalejo y en la cultura popular su apelativo era “Calle de gloria, que se pasan los años y no prueban la olla”.

Hay muchos sitios así, donde el vivir y el comer cada vez se les hace más difícil a la gente. Por eso se tiene que cambiar el sistema, ahora todos no somos iguales. Mientras vemos en la mayor parte de las televisiones a los ricos, con sus pobrezas, que para otros serían sus riquezas. ¡Qué contraste! Donde falta la hoya y los estómagos están vacíos, esas personas tienen sentimientos, tienen emociones y también tienen opiniones. A la mayor parte de ellos, al pasar por situaciones de pobreza extrema, el cerebro se le ha hecho una momia y lo poco que comen hoy no saben si mañana lo comerán también, así ¿se puede dormir?, yo creo que no y además ¿cómo conseguimos tomar las medidas para que, por lo menos en los países llamados ricos, no haya demasiados carrizalejos?

Tal vez sea está cuestión, el gran problema del siglo XXI, seguro que lo es. Saldrá una religión nueva o, tal vez, otro movimiento donde todos los indignados del mundo expongan sus quejas, tal vez ya demasiado viejas pero no por ello menos sufridas. Si es una religión, puede ser una de las alternativas, si es un movimiento social, otra alternativa. Los políticos ya están demasiados curtidos, en la mayoría de los países corrompidos, pero cuando se les aprieten las clavijas quizá la justicia se haga realidad.

Por mucho que escriba a lo mejor lo único que consiga será gastar papel y tinta. Pero tal vez en algo, aunque sólo sea de una forma poética, el mundo se transforme, lentamente o rápidamente, para mí que sea rápido. Todos juntos en busca de la verdad y la sabiduría, enseñar al que no sabe y construir otro mundo diferente, donde el cambio nos venga bien a todos. Los políticos tienen muchas veces la culpa de que lo que dicen no lo hacen, se les olvida pronto, y cada cuatro años vamos como ovejas, sin repasar lo que no han hecho y habían prometido, que no son suyos los meDios para hacerlo, sino que son de toda la sociedad.

 

*          *          *

 

En un pueblo de la sierra norte de Granada pasamos un domingo, con unos amigos, viendo una obra de teatro y, según la recuerdo, la expongo.

Al fondo, el río de la vida, y, más arriba, las piedras que contenían el pantano. También había una escultura, que había inaugurado José Saramago. El teatro empezó tarde. A las once de la noche se corrió el telón de la obra ambulante, lo mismo actuaban en un sitio que en otro, se tenían bien aprendido el texto y se les notaba que eran profesionales.

Protagonistas: Eva la madre.

Antolín, el padre.

Lirio, el hijo.

Lix, la hija.

Estaban los cuatro en una mesa camilla y al fondo la televisión.

-ANTOLÍN.- (Con traje, espera que la música baje el volumen, empieza a hablar). Es que la humanidad se ha vuelto loca, o está a punto de hacerlo, si no se ponen los remeDios, en este estado no podemos seguir. Si en el tercer mundo están pasando por situaciones muy difíciles y a nosotros nos engañan con ideas que no digerimos, a la mayoría nos hacen creer que vivimos en un mundo perfecto. Se llama El Primer Mundo, pero ¿primero en qué?, si el capitalismo ha inventado religiones, hipotecas y un modo de vida parecido al teatro.

-LIX.- Pues por la televisión no paran de salir anuncios de coches y muchas veces de cosas inútiles, (lo dice bien alto), los telediarios hablan según convenga al poder, las torres gemelas hicieron cambiar muchos modos de pensar, el mundo está cambiando, la posible revolución traerá horror, dolor y violencia. (Se pone de pie). ¿Cómo nos dejamos engañar? Por lo menos a nosotros nos llega por la televisión el horror, pero ¿es que sólo existe ese dolor?, hay muchos más, (enfatiza). ¿Dónde está la responsabilidad de los políticos y de los funcionarios?, son casi corruptos.

-EVA.- (metiéndose en la conversación) No es para tanto, el mundo está pasando por una de las diferentes fases, en la religión, en la economía y todo va bien.

-ANTOLÍN.- (interviniendo) Como la moral de los ricos es aireada para que los pobres la comenten, pero nunca llegarán a esa estatura, sólo lo hacen para que los veamos, eso forma parte de un cuento de hadas. Todos se mueven por el dinero, hacen mil y un montajes, que si se juntan, que si se pelean, todo exclusivas, como tienen nombre y fama, la chulean por todo el planeta, si no les gusta una cosa, pues otra. Y el negocio de las revistas, por los aficionados a los chismes, es un negocio floreciente. Sin embargo haz una revista de pensamiento, veras qué pronto tiene que cerrar.

-LIRIO.- (les da la razón, tienen los mismos puntos de vista, el ya es mayor y ha visto muchas cosas y tiene mucho que contar) Ahora, por lo menos, aunque sea comida de plástico, comemos, pero no hace muchos años estaban vigentes el hambre y la violencia y las cuerdas que nos ataban la cabeza para que no pensáramos  nosotros mismos, sino que pensáramos lo que al poder le interesa. La duda la tengo ahora, que llevamos varios años de democracia. Tengo una duda muy profunda: ¿cuándo vivía mejor, antes o ahora? Parece ser que al poder del dinero no le interesa nada, sólo perpetuarse, tal vez eternamente.

EVA.- ¿Ves como la democracia ha traído un cambio en las carreteras?, es que las mercancías tienen que viajar rápido. Las carreteras antiguas han desaparecido, bueno eso de que han desaparecido está por ver, el mundo se ha hecho pequeño, las carreteras son construidas por el gobierno para que la industria de los coches funcione a más velocidad, el coche es hoy sinónimo de amigo, como un perro. ¿Recuerdas, Antolín, cuando íbamos de viaje? Los árboles hacían de bóveda, cuando salías de una curva y encontrabas una recta, y a ambos lados los sembrados. En las montañas, los pinos tapaban el sol, si salías deslumbrado había que reducir la velocidad. Y en los inviernos crudos, de fríos intensos, con el hielo en la carretera, eso era para conductores expertos. Cuando la nieva caída lentamente, como recordándonos que el color blanco tal vez sea la paz que nos cae. El hombre necesita transformar el mundo, pero no tenemos proyecto alternativo, sólo cambiamos cuando le interesa a determinadas empresas, la economía, con sus cambios, es la que mueve el planeta.

-ANTOLÍN.- Todo se mueve por el dinero …

-LIX.- (saltando) ¡Eso no es así! Lo que mueve el mundo es el amor y la solidaridad.

-ANTOLÍN.- ¡Eso es romanticismo puro y duro!, que tú estés pasando por esa fase no lo discuto. Pero el interés, por lo menos a nivel internacional, y el materialismo son los que mandan, basta mirar cómo va el mundo y el interés que mueve a la inmensa mayoría. Tú vives en tu momento de juventud, de ilusión, de ver el mundo con los ojos bien abiertos a todo lo bello y hermoso, pero eso es pasajero, como nos ha pasado ha todos.

-EVA.- (bordando y viendo la televisión) El mundo evoluciona más que el hombre, las máquinas nos hacen ver que la productividad fundamental crece, pero crecer ¿para qué?, yo no lo sé, pero lo digo una y mil veces: crecer ¿para qué?

-ANTOLÍN.- (Viendo que Eva se estaba cogiendo el camino del enfado, rápidamente cogió y cambio de parecer) ¡Para alimentar a toda la población!, yo he leído que una presidenta de gobierno ha dicho que no pensaba morir hasta que en mundo no se acabase el hambre.

-LIX.- A lo mejor quieren darnos de comer como si fuese la ración en una guerra. A mí me parece poco menos que imposible, el hambre, las enfermedades, las injusticias, nunca tendrán fin.

-LIRIO.- ¿No recordáis cuando nació padre? Siempre cuenta que fue en un pueblo andaluz, en un cortijo pequeño donde tenían los cerdos, las gallinas y un trozo de tierra para sembrar. Y que al lado del cortijo había un campo de lirios, y que cuando llegaba la primavera, el azul y los pétalos le inspiraron su nombre, Lirio, no es un nombre muy común, pero entre los dos lo decidieron, a mucha gente le extrañaba.

(Después de está conversación, se fueron a dormir, pues al día siguiente tenían que trabajar y se había hecho demasiado tarde con el calentamiento de lengua.)

(Lirio y Eva se fueron a la universidad, después del desayuno. Les costaba mucho trabajo seguir el ritmo de los profesores, pero ponían todo su empeño en terminar sus carreras, aunque luego el trabajo seguro que les costaría más aún encontrarlo. Por lo menos tendrían una formación académica y cultural, así les ayudaría a ver el mundo de otra manera y tal vez colaborasen en su transformación. Muchos estudiantes persiguen el trabajo como se persigue una pieza en una caza, unos lo consiguen y otros no.)

(Los padres se fueron a su faena. Se dedicaban a la venta ambulante de platas medicinales. Tenían su almacén donde las guardaban en un sitio apropiado para que no se humedeciesen demasiado y van de pueblo en pueblo.)

-EVA.- A mi parecer, la guerra se libra ahora interior y materialmente, las carreteras son los verdaderos cementerios, unas veces por imprudencia y otras por otras causas, pero la gente muere todos los días.

-ANTOLÍN.- (además de estar de acuerdo, añadió más leña al fuego) Las carreteras son verdaderos lamentos tristes, son como la sangre para el cuerpo, y verdaderas venas donde la circulación de ambos tienen algo de parecido, ¿quién no ha tenido un accidente?, seguro que muy pocos y si no lo han tenido seguro que han colaborado indirectamente a que el menos débil, la mayoría, muera o quede inválidos de por vida. ¡Con un calvario de médicos! ¿Te acuerdas de la película que nos impactó tanto? Seguro que dentro de poco tiempo avanzaremos lo suficiente para superar a la película. La Biblia hecha realidad, con un Dios un tanto especial, a mí entender le sobraba la violencia entre el bueno y el malo. Pero parece que eso es una utopía.

(Lix llama y les comunica que unos amigos suyos habían tenido un accidente, y que se iba al hospital a verlos.)

(Eva la llamo más tarde y Lix le dijo que habían tenido un accidente por no revisar bien los frenos, que entraron en una curva y, como estaba lloviendo intensamente, al torcer el volante, las ruedas se habían resbalando, dando media vuelta y yendo a parar al lado contrario. Los cinco estaban graves. Eva le dijo a su hijo que pasaría por el hospital, él dijo que no era necesario, que todo estaba en manos de los médicos, ella dijo que quería estar al lado de los familiares).

-EVA.- ¡Que calamidad, si no es una es otra!, ¿cuándo se acabará el sufrimiento?

(Cogió el autobús y se fue al hospital, muchos de sus familiares ya estaban allí. Los médicos salían de vez en cuando diciendo que los accidentados estaban muy graves, aunque no todos tenían los mismos problemas.)

(Hace ya mucho tiempo del accidente y los cinco hacen vida normal. Un accidente más, ellos sufrieron en sus carnes el dolor, y también el malestar y los demás problemas que se añaden, como el miedo a viajar.)

(Llegó el fin de semana, después de desayunar)

-LIRIO.- He quedado para  jugar un partido de tenis, ¿vienes, Lix?

-LIX.- Si, preparo en un momento las bolsas con las bolas y las raquetas. Echaré unos caramelos por si en algún momento la glucosa hace que los necesitemos. Espera un momento, vuelvo a por las gorras pues hace un día esplendido de sol.

(Así salieron a la calle, estaba tranquila, apenas se veía a nadie, sólo en el quiosco unos pocos que iban por la prensa. Andando y sorteando varias manzanas, llegaron a la pista de tenis, ya la tenían reservada, aunque no hubiese hecho falta todas estaban vacías.

-LIRIO.- ¿Quién va a ganar?

-LIX.- Seguro que yo, sobre todo si no viene nadie más.

(empezaron a pelotear despacio, las bolas iban de una raqueta a otra, los dos  tenían un buen dominio, conforme pasaba el tiempo y pasaban los juegos, el resultado se decantaba a favor de Lirio, terminó ganando Lirio. Volvieron, desandado el camino y ya se veían a algunos inmigrantes, camino de limpiar, o quién sabe adonde se dirigían.)

-LIX.- ¿Cómo vivirán, qué fuerza tendrán que les empujaba a venir? Sólo se entiende desde el sufrimiento y la realidad embellecida de nuestros países ricos, ¿ricos, en qué?, en injusticia, por no seguir. ¿Y estas personas, cómo son capaces de dormir, de comer?, no me lo puedo imaginar, son humanos como nosotros, nosotros hacemos por ejemplo un deporte pero es que ellos trabajan para comer, en su país tienen las cosas más difíciles. La verdad es que el efecto llamada es el más importante. Llega el verano y desde el norte de Europa bajan miles y miles a sus pueblos a enseñar sus coches y lo bien que viven. También ellos trabajan, con la ley del mínimo esfuerzo. Lo más normal es vivir donde se nace.

En fin, cambiando de tema, como somos hermanos no tenemos secretos, ¿sabes que un amigo tuyo me ha dicho que le gusto?

-LIRIO.- ¡Ah, qué sorpresa! ¿Y a ti, te gusta también?

-LIX.- Pues sí, la verdad.

-LIRIO.- ¡Entonces no hay problema! Para ti será la primera experiencia, con todo lo que ello lleva consigo.

(hablando y caminado, se les viene encima una amiga muy querida, un torbellino, Lina)

-LINA.- ¡Qué alegría encontraros! (ella como siempre, con su carácter alegre, dejando sus quehaceres se quedó a comer con ellos), ¡Ya he terminado el curso! ¿Lo sabíais?

En este momento os he contado de qué iba la obra de teatro, estaba terminando y teníamos que irnos al hotel a cenar y descansar pues el coche estaba preparado para conocer nuevas experiencias.

 

Capítulo III

 

CONVIVENCIAS DIFÍCILES

 

Al visitar un pueblo por razones de trabajo, llegue de noche. La luz de las calles y de las carreteras era el único indicio de que estaba en este mundo, a veces tan complicado. Dejo el coche cerca de una comisaría de policía y, por la calle iluminada, voy dirigiendo la mirada por el escaparate de una tienda. Pero mi camino es recto, no hay quien me quite mi norte, ya tengo experiencia. Entro en un bar a tomar una cerveza, la conversación de los contertulios es, básicamente, de fútbol y, en algún caso, de política, de política del pueblo y de fútbol, del equipo local. La mayoría hablaban de lo bien que habían jugado los chavales en el último partido.

Como otras veces, voy directo a la pensión, pues era un pueblo en el que no había hoteles, era lo más atrasado que se podía ver. Al verme, José, se alegró, ya éramos conocidos. Él siempre me preguntaba por mi familia, aunque no la conocía, pensando que le respondería que bien. Me dio la llave y, enseguida, pongo la radio: así, mientras me como el bocadillo con una cerveza. voy conociendo los cambios que el mundo da. Al rato, ya estoy dormido. A las ocho de la mañana las campanas de misa primera me despiertan, enseguida empiezo a echar el primer cigarrillo.

Según he oído, el cigarro de la mañana temprano es mortal, se ve que absorbe algún tipo de sustancia y deja al fumador medio atontado todo el día. Claro, pienso yo: si nos levantamos y, en vez de fumar, tomamos el desayuno, y luego fumamos, el mismo daño hará. La verdad es que, si cogemos la realidad por los cuernos, tenemos que reconocer, y lo vemos a lo largo del tiempo, que el tiempo es una droga más o menos grave.

En fin, me siento en la taberna y pido un café con leche y unas tostadas con tomate, Veo cómo el dueño dora las tostadas al fuego de la chimenea, con la cual también calienta el ambiente. Hay pocos clientes, la mayoría con su copa de anís o de coñac, -había que pasar el día y, pensarían, lo mejor era vivir y crearse una nube durante un tiempo y que se acelerara ese reloj que hoy ya casi todos llevamos-.

¡Hay que ver el tiempo! Entras  en el coche y seguro que tiene reloj y, si entramos en cualquier establecimiento lo primero que vemos es el reloj. En el mundo, donde necesitamos hacer algo obligatoriamente a un tiempo o tenemos algo que hacer, lo necesitamos, pero ¿para qué sirve?, como casi todo: para nada, esa es mi opinión, es sólo una unidad de medida, pero medir el tiempo no se puede, aunque dibujemos meridianos u otras cosas. Así sabemos a la hora en la que debemos de comer, pero ¿seguro que es el reloj el aparato que nos lo indica?, ¡qué va!, ¡nunca será así! Es el cerebro el que tiene sus leyes y marca nuestra vida, -¿qué es la vida?, tal vez sea trabajar, divertirse y convivir con los demás lo mejor que uno pueda-, porque la materia y el tiempo, si los vemos desde un prisma, ¿tendrán su fin?, realmente no lo tienen, se transforman y se multiplican, tendrán otras formas, veremos un atardecer con el sol escondiéndose, cerca de azul, va tomando tonos oscuros, viene otra noche más y el día se muere, o no. Como cada civilización tiene su forma de medir el tiempo, parece que un día o que una noche es el fin, pero no es el fin. Aquí están las tostadas que me estoy comiendo y la mañana que abre sus entrañas a un nuevo día.

Era un pueblo pequeño y había mercadillo. Así que cogí mi maleta y me fui a ver a mi cliente. Llego a su establecimiento y lo saludo. Siempre me espera con algún chisme de la ciudad porque hay que abrir la conversación.

Mientras, le voy explicando los nuevos modelos y sus diferencias con los anteriores. La máxima de mi negocio es que casi siempre está todo subiendo, aún no conozco ningún producto del que el precio haya descendido. Ya en el Nuevo Testamento, en una de sus parábolas, se habla del empresario que le da a cada uno de sus empleados un determinado dinero, a todos los invita a una gran fiesta, pero uno lo había enterrado en tierra. No será ésta una de las primeras veces que un Dios le pide a alguien que se enriquezca a costa de los bienes de otros. ¡Ese Dios nos está dando una clase de capitalismo que vaya!

De todo esto hablamos. Sólo queda el arte, por ahí van diciendo que el negocio más importante de este siglo va a ser el de las artes decorativas. Haremos unos sitios realmente bellos, a gusto de cada cual. El arte es la única escapatoria del alma humana, dibujar, escribir, conversar, viajar, etc. Entre una frase y otra, pergeñábamos, está conversación.

Llegó el tiempo y tuve que irme: de nuevo el camino una y mil veces andado y desandado. Yo comía todo esto. Nosotros en la empresa cobrábamos un buen sueldo, podíamos vivir bien, claro que no todos, había algunos que eran unos perlas, uno a las tragaperras, otro al bingo, a los casinos, etc., a las prostitutas. Cuando miraba, desde las alturas, todos estos problemas, pensaba son creados por no controlarse uno a sí mismo; si nuestra voluntad es débil, es por alguna causa, si la descubrimos, a lo mejor nos ayudan a salir del problema o podemos acudir a personas especializadas, que nos ayuden.

Yo era como las hermanitas de la caridad, intentaba ayudar a mis amigos, y lo conseguía unas veces sí y otras no, pero siempre estaba con los consejos de unos a otros de mis clientes, por si les servían a otros. A lo largo del tiempo, además de mi oficio, había conseguido algo ciertamente interesante, lo que a alguno le servía, se lo decía al que lo necesitaba. Entre estas cosas y otras pasábamos los días.

Llegaron el verano y poco a poco las vacaciones. Con Julián y Magdalena, cogimos los vehículos y, con el aire acondicionado y las maletas, nos fuimos al chalé de la playa. Como siempre para salir de la ciudad, había unas colas que duraban horas, muchos se habían puesto de acuerdo para coger el vehículo; este es el bienestar: colas en las carreteras de las grandes ciudades.

A lo mejor es que no cabemos en está Tierra, necesitamos carreteras en el mar o en el aire. La imaginación es muy grande y es cuestión de tiempo que el mundo cambie, pero ¿y nosotros?, ¿cambiamos? -decía Julián-, la verdad es que todos estábamos cabreados, seguro que la próxima vez nos volveremos a encontrar con caravanas de vehículos. Nada funciona, miles de coches gastando gasolina y las discusiones en los coches, la radio a todo gas, o tal vez apagado para mantener la calma. Las carreteras son las venas arteriales de un país. ¿Que querrán? Pasar un tiempo de descanso, pero en la mayoría de los casos lo que ocurre es que se encuentran con una serie de problemas que les impiden ese descanso. Buscan la tranquilidad, que es como el viento, unas veces va para un sitio y otras para otro. De todas formas, se podrían dosificar las vacaciones por decreto-ley y hacer las cosas más llevaderas.

Llegamos al chalé, las olas se veían muy cerca, daban ganas de bañarse. Después de organizarlo todo, nos fuimos a bañar, así pasamos la tarde y tomamos contacto con algo que todo el año lo habíamos deseado. Nos duchamos. En el porche hacía una brisa esplendida. Magdalena nos había preparado la cena.

Al siguiente día alquilamos unos hidropedales. Aunque la mar estaba algo revuelta, nosotros, dale que dale a los pedales, nos acercamos a una isla cercana, le dimos la vuelta, observando las piedras y las algas que tenía. Terminamos cansados. Mi hijo se fue con sus amigos y yo me tendí en la arena, pensando cuántos miles de humanos no disfrutan de lo que nosotros habíamos conseguido. Una pregunta universal: ¿somos todos iguales?, mejor es que deje de pensar pues prefiero ver los bañistas paseando por la arena de la mar, ver cómo las huellas que las bañistas van dejando, por la mar, entre el agua y la espuma, suavemente se van borrando. Dicen que andar por la arena de la mar es muy bueno, que relaja mucho. Y aquí estamos, todo está lleno de gente que busca pasar unos días para cargar pilas, para el año que viene repetirlo.

Casi siempre nos juntábamos los mismos amigos, teníamos contacto durante todo el año, nos contábamos nuestras cosas, y la evolución desde el trabajo hasta las cuestiones domesticas. Nos contábamos todo, lo bueno y lo malo, para eso teníamos de vez en cuando reuniones. Siempre con buenos menús, nos gustaba todo lo bueno.

Esto es verdad, pero nos ocurrió que, en las innumerables playas de Galicia, nos paramos una vez a comernos una cigala de las más grandes. No nos atendieron bien, la cigala estaba para tirarla, vieja, y le faltaba la mitad. ¡Un desastre!, ¡vaya comida mala que comimos! Claro, éramos clientes de paso y nos lo notaron enseguida, claro que ese no es el sistema de que un negocio prospere. Por lo demás, al pagar, nuestras quejas se las hicimos notar al camarero.

En el puerto, los barcos se balanceaban al ritmo del agua. Íbamos con ansia de conocer algo nuevo, aunque el ir por libre tiene la ventaja de que uno tiene más libertad, pero a mí me gusta ir en viajes organizados, con la guía explicando lo que vemos, así comprendemos más lo que vemos, siempre hay algo de humor y, como casi siempre recorremos pueblos y ciudades antiguas, siempre los detalles de lo que ellos nos explican ayuda a conocer más a fondo por dónde vamos. En fin los demás opinaban lo contrario. Y vimos una cosa que no habíamos visto en nuestra vida: cómo al marisco lo cogen de la mar y ponen en un puesto y allí mismo lo ponen a la venta.

A las mujeres gallegas se las ve pobres, las que vimos tenían una fortaleza fuerte, entre turistas por un lado y por otro. Llegamos al hotel, nos cambiamos y nos fuimos a la discoteca. Había poca gente, entre consumición, estábamos pendientes de la pocas mujeres que había y casi todas acompañadas. Estábamos solos y con dinero y con ganas de pasarlo bien y por la mañana  en el desayuno se oían voces de que la comida no nos gustaba casi a nadie. El camarero dijo en voz alta: “O se como esto, o no se come de nada”, ¡vaya manera de tratar al cliente!, menos mal que una camarera, ya entrada en años, enmendó la cosa preguntando individualmente lo que quería cada uno.

Son casos que se dan. No comprendo cómo cogen y en un autobús meten a cincuenta personas y, por un módico precio, consiguen hacer viajes completos. Dirán que en la cantidad va la ganancia. Ya no hay nadie que diga que no se puede ir de vacaciones, y esos viajes de un día donde por poco dinero consiguen pasar un día, además de la comida, siempre hay algo cultural, me han hablado de ello. Parece que los pobres y los ricos se confunden, pero hay diferencias. Abramos bien los ojos que, aunque se confundan en algo, al mezclarse parecieran como ellos, pero llevan en el alma la codicia, y la mayoría, el orgullo como la crestá de un pavo, y se les nota.

El coche lo enfilamos hacia las cuevas de Covadonga, un lugar donde casi seguro que se apareció la Virgen. El lugar era increíble, la bruma, a nuestro pies, nos rodeaba, oímos misa y, a al salir de la gruta, ya estaban allí los autobuses de los turistas para salir pitando a otro sitio. Nosotros estuvimos recorriendo todo el entorno, verde con la bruma, se deja caer alguna gota, veíamos desde allí cómo la curva subía y al fondo las montañas, que apenas llegamos a ver, pero, allí la piedra, las casas y el entorno eran únicos, con una belleza indescriptible. Cada uno de nosotros nos íbamos por donde el reloj, parado, nos indicaba, y nuestro sexto sentido. Podíamos reposar nuestra vista en los lugares más preciosos, allí pasamos casi toda la mañana.

Me hago una pregunta: en los sitios que he recogido, ¿por qué las vírgenes se aparecen siempre en lugares donde la belleza se hace notar a todos?, tal vez sea porque estos lugares son recogidos y en otros tiempos era difícil de subir. A lo mejor es uno de los alicientes turísticos más. Hay sitios donde las personas religiosas creen que la Virgen, ¡qué bonito es creer en algo!, no los comprendo del todo, quizá sea el tener a alguien a quien agarrarse en los momentos duros que nos depara la vida.

Uno de mis amigos comentó que el negocio y la fe van unidos. Nos dejó de piedra. O, tal vez, añadió, son mentes calenturientas que han transmitido a los demás sus fantasías, porque ¿de qué vivimos si no de la imaginación, de la ilusión y de la realidad transformada según nuestro antojo? A lo mejor algunos, a lo largo del tiempo, han hecho universal lo que en otros eran sólo unas imágenes y unos hechos que se han transmitido de generación en generación hasta configurar la realidad que hoy vivimos.

Me recuerda, cuando vi cómo moldeaban el cristal de Murano, a lo mejor tienen algo en común, Covadonga y Murano, en los dos se forja la fe, que hará que el que sea católico encuentre coincidencias, -¿por qué no decirlo?- de tipo espiritual: el cristal al rojo vivo y la fe que se respira en Covadonga; con el cristal se hacen cosas bellas, que se van transformando, y esa transformación se siente en Covadonga, por lo menos yo la siento.

En todos estos sitios casi siempre hay un lugar donde venden algo relacionado con la Virgen. Compramos varias cosas. La mañana se nos echó encima, entramos en un bar, para tomar fuerzas. Yo creía que Galicia era más pobre, pero no. El ambiente de todo…, la sensación es increíble, sensación de riqueza, desde las carreteras, hasta lo hoteles, la educación de la gente, el trato que recibíamos nos hacía ver que, trabajando, se podía vivir bien. Por las carreteras, de vez en cuando, veíamos que los campesinos quemaban la hierba. No entiendo todavía cómo; con la humedad que hay, pueda arder la hierba. Vemos el humo, tal vez le echen gasolina.

Lo que era seguro es que nunca olvidaremos la explanada de los Baños de La Toja. De eso íbamos hablando. ¡Lo que hace la riqueza! El edificio era precioso, desde fuera se respiraba el lujo. Bueno y el lujo ¿qué es?, a lo mejor es un juego de palabras, pero si no fuera porque la mayoría de ellos tienen a su obreros produciendo para darse esos placeres, no habría ese lujo. Porque tiene que funcionar el sistema así: el sudor de muchos hace los coches y casas de los otros. Parece ser que eso es así de toda la vida. Ya la historia nos ha dejado verdaderos tesoros, como la Basílica de San Pedro, el Museo del Prado, el Palacio Real, todo eso ha sido con el trabajo de las diferentes clases que han visto cómo sus vidas se han ido terminando, mientras pintaban y moldeaban figuras y a cada trabajo, en función de los estudios, se le ha puesto un nombre. Estábamos los cuatro pensando en lo que de verdad había en lo que hablaba nuestro compañero.

Pensar que todos somos iguales, pero ni en las leyes es así, el poder es el que mueve el mundo. Hay preguntas que, si no son muy claras, nos la planteamos o vivimos con el eco de ellas: ¿quiénes somos?, ¿a dónde vamos’, ¿qué destino nos espera? Pues a mí no me preocupa esto, lo que me preocupa es la pobreza, que se debe a la acumulación de los ricos, que tendrán durante cientos de años su bienestar protegido, y los pobres sufriendo. A bote pronto diremos que todo está resuelto con la igualdad, pero esto muchos lo dicen y lo sienten, pero la realidad es que al más débil más palos se le van a dar, él no sabe defenderse, o no quiere, al fin va a ser igual. Así vamos por la Tierra dando vueltas y a los que les gusta jugar a las guerras viven felices, saben que sus armas producirán víctimas y que, antes de acostarse, en los telediarios verán los muertos y a alguien mal herido. A lo mejor las armas que hagan en el futuro no necesiten al ser humano.

¡Virgen de Covadonga, baja y elimina la violencia!

No creo que baje, ¿en qué estará ocupada? Nosotros lo que deseamos es que se nos solucionen los problemas más graves. Habrá muchas vírgenes, pero, si vemos que, todos los días, en algunas partes del mundo los seres humanos son expuestos en la televisión, y la máquina de calcular no falla. Bueno, si falla, da igual, porque si, después de herido, no tienes a nadie que se preocupe de ti….

Es que la violencia no tiene fin, porque si vemos las guerras, en nuestro mundo, por unas causas o por otras, no acaban nunca. Tendríamos que vivir en paz y no seguir con el profundo agujero que nos trae la violencia; no creo que nos acompañe, como la nariz o los pies. Es que pensado… llegamos a calentarnos la cabeza, bueno por lo menos si la intención es buena y si pensáramos en olvidar la violencia y en crear otro mundo donde el ser humano viva en paz, elevando su saber, para construir un mundo donde todos se realicen. ¿No habrá suficiente con los desastres que la naturaleza tiene guardados, para que el núcleo de la Tierra, que es de fuego, deje de transmitirnos sus movimientos naturales?

Dicen que hubo una vez un paraíso donde el bienestar, la belleza y la comida eran el modo de vida del hombre y de los niños y de las mujeres; pues esto se acabo o ¿es que nos hemos equivocado de sitio?, claro será eso, que estamos en el antiparaíso. A lo mejor podemos copiar algo del paraíso y hacerlo posible en la Tierra, quizá podríamos hacer desaparecer los tanques y los aviones de guerra y amar la tierra, como a nosotros mismos, desde luego, como ser posible lo es. Con el dialogo se puede resolver todo, siempre que no se llegue a ningún extremo, podemos conversar y llegar a acuerdos, en todos los idiomas, para que, de una manera pacífica se consiga un mundo feliz, donde todas y cada una de las personas tengan sus necesidades cubiertas.

Si hiciésemos un referéndum mundial, seguro que por amplísima mayoría todos votarían el NO a la guerra y a la violencia de todo tipo. Propongámonos el nuevo reto. Con Norteamérica, no hay quien pueda, ha cogido el mundo en un puño y lo mueve, cual fantasma negro, por todo el planeta. Vivimos todos los días, y vemos que nos enseñan a no sufrir y a orar, pero es que a esos los mantiene el imperio, sea del que sea. Hay que organizarse, porque ellos hablan mucho de su democracia y de su libertad -claro libertad entendida, en único sentido-, pero vemos que al que a ellos no le interesa lo limpian, o lo encierran en verdaderas cárceles, en el mismo centro de Europa, y luego nos manipulan con sus meDios de comunicación.

Pero nada justifica que una persona sufra o muera sin motivo. Pasa como hoy, que he estado en un entierro, y de una persona mayor y conocida. Eso nos hace pensar. Yo mismo deduciría que somos un transito, pero que ese transito nadie sabe a dónde conduce. Mejor es pensar como una testigo de Jehová con la que hoy he estado hablando. La verdad que ha sido un impacto, pues hacía mucho tiempo que no me planteaba ciertas cosas. La mujer, guapa, dice que el paraíso debemos hacerlo en la Tierra. Incluso me ha hecho dudar sobre la posible fe que tengo en mí y en Dios. Dios me ha hecho ver el mundo y he sufrido, ¿hubiese sufrido si hubiese estado en su religión?, ¡qué pregunta! La vida, el aire, el cielo, unos dicen que los ha creado Dios, pero ¿y si no hubiese sido así?, ¿y si fuera que todo se mueve en completa libertad? Vemos que las ideas se nos confunden y no sabemos resolver las dudas, hasta que, quizá con ayuda de algo, damos en la verdad de lo que buscamos.

Lo único que merece la pena es buscar la Verdad, y, a partir de aquí, la Sabiduría. Pongamos manos a la obra.

Si la realidad tenemos que transformarla, esa transformación tiene que venir de la mano de la Verdad y de la Sabiduría. ¡Qué bonito suena!, ¡vaya pareja más feliz!

Cada uno, desde que nace, percibe una realidad, que se va desarrollando mientras crece, pero es posible que, si acudimos a nuestro feliz matrimonio –el de la Verdad y la Sabiduría-, nos ayude a superarnos. Eso será una vivencia, que no sé si muchas o pocas personas la percibirán. Imaginaos que un avión, que va cargado y despega, llega a un sitio -podía ser una isla- donde nuestro matrimonio existe, y es una escuela, porque, aunque necesitamos vivir, y tener el estomago lleno, además, si queremos vivir bien, sólo nos falta que vivamos en paz y con la Verdad y la Sabiduría. Imaginaos la isla como si fuese una Universidad, donde hubiese hombres y mujeres sabios, que explicaran cómo transmitir esas cosas tan bonitas, como el agua en el desierto.

Tal vez la Sabiduría son las nubes que vagan por el cielo, cumpliendo su ciclo natural. Unos de los profesores decía que el cielo es lo único que no cambia. El hombre puede progresar, habrá otras civilizaciones, pero el cielo se ve que no tiene mucho trato con nosotros: llueve, nieva y de vez en cuando también se enfada, como siempre. Hubo unos proyectos en los cuales se explicaba la manera de hacer que lloviera, pero no funcionó la cosa, a lo mejor está próximo el día en que funcione, pero miedo me da llegar a esos términos.

Algunas personas dialogamos, no sólo hablamos, y cuando dialogamos se crea un clima receptivo en el cual se crea un ambiente, sea en el bar o en una plaza cualquiera sea andando o en el coche, donde unos se afirman en unas cosas y otros en otras. Y siempre hay alguien que nos quiere engañar, o convencer, casi a la fuerza, de una idea dorada, pensada de antemano. Vemos también las charlas de televisión desde nuestros cómodos sillones y con un aperitivo, pero tal vez domina ahí el pensamiento único, pero si nos vamos al campo donde el cerebro se oxigena más, a lo mejor todo cambia. En la tele todo estaba a favor del fuerte, él llevaba preparadas de antemano las respuestas a cualquier pregunta, lo sabía todo, era el fuerte en el sentido mental y, como tal, lo dominaba todo. Vivimos en un mundo complicadísimo.

El otro día estuve en un centro de ancianos, último modelo, pero no se puede suspender ese sufrimiento. Era casi una cárcel, pues hasta para entrar la empleada tuvo que abrir la cerradura. No me gustó ese sistema. A quien sí elogio es a la cuidadora: ella sola paseaba, con una ternura interminable, a los mayores. La verdad es que las enfermedades tienen solución y se pueden curar, pero con especialistas, con sabiduría y verdad, y que el médico la lleve a los enfermos y los comprenda.

Está demostrado que las enfermedades, la mayoría de ellas, se curan mejor en el hogar, tendemos a juntar enfermedades en los hospitales y a darles, a lo mejor el mismo tratamiento. Se crean así ghettos, más o menos modernos, modernas cárceles, modernos geriátricos… Me dio lástima cuando vi a tantos hombres y mujeres allí… ¿Cómo me invento yo ideas para todos los mayores y, en cierta medida, para otros ámbitos? A lo mejor este estado de cosas es bueno, tal vez sea a lo le llamamos progreso. Pero yo me imagino lo que sienten los mayores, cuando les ponen la comida y cuando duermen. Si ya a nosotros vivir nos cuesta, ¿cómo harán estos mayores, que esperan que la muerte le llegue? Y los que llegan enfermos, además llevan a sus estómagos, ya agotados, el tratamiento médico.

Yo visto cómo, en un momento y en un hospital de la salud de mental, por la noche se les ataba a algunos a la cama. ¡Ese es el sistema! Sí, todo tiene una razón. La locura y otras enfermedades del sistema nervioso central tienen cura. Es un mundo muy complicado y yo en esto no estoy muy puesto. ¿Hay alguna enfermedad más buena que otra o todas son iguales? Creo que el baremo del dolor y el sufrimiento es lo que las distingue. Se pueden hacer, y de hecho se hacen, tratamientos que funcionan en la mayoría de ellas. Pero, ¿quién no ha sentido en algún momento alguna enfermedad?

Si el enfermo tiene dinero, como el fin está cerca, empiezan las disputas por las herencias. Aunque en esos casos, que yo he visto, han sido tristes las disputas en la mayoría de los familiares.

Un familiar mío dejó, al morir, una importante cantidad de dinero a la Cruz Roja. Recuerdo que de pequeño, no sé por qué, no  veía que fuese buena persona, a lo mejor me equivocaba, pero no me caía bien.

Recuerdo que, por aquellas fechas, nos llevaron a un campamento juvenil. Desde mi casa, un familiar nos acercó a Jaén para coger el autobús que nos llevase al campamento. El autobús, atravesando pinos nos dejó en un sitio paradisíaco, una naturaleza bella, aunque me pregunto si aún existe. Fui dos años, subimos al pico más alto de la provincia y nuestros amigos, los pinos y los helechos, nos hacían una compañía constante. Todo verde. Recuerdo aún que, en el hoyo que hacíamos para poner los zapatos, cogíamos helechos y los poníamos encima. Todas las noches, después de cenar, una lumbre nos invitaba a pasar el tiempo y muchas veces, cuando ya estábamos hhartos de contar cosas reales, empezábamos a contar mentiras. Mientras, los leños ardían. Por la mañana el calor de las ascuas ya había desaparecido, sólo quedaban las cenizas. Eran tiempos del franquismo. Nos dieron una gorra, unas camisas y unos zapatos. ¡Qué ambiente alrededor del fuego!, cuando en su mayor esplendor se movía de un lado para otro nos rozaba. Era raro que ninguno de los niños que estábamos allí recibiese alguna bofetada de calor.

Yo creo que aquello era una prueba política, para ir seleccionando a cada uno para una función determinada, para que el régimen sobreviviera, dominando a la juventud, adoctrinada por los de más experiencia. Yo lo pasaba pipa. Por la mañana, cuando los rayos de sol calentaban el agua de la piscina, nos bañábamos. Había algún miedica que por la noche se orinaba. Tuvieron que venir sus padres y yo me propuse ayudarle como había hecho con otro caso igual ya, pero con él no pude.

Ahora recuerdo todo esto de una manera difuminada, como cosa extraña para mí. A media mañana, el bocadillo. Éramos pequeños pero comíamos como limas. Otra noche, fuego de campamento. Los leños apilados uno a uno. Ardían alegrando otra noche más, con los niños haciendo un círculo. Nunca llegué a aprenderme ninguna canción entera, algún estribillo sí, pero eso no sólo me pasaba antes es que aún me pasa igual. Muchas veces me decía que tenía que aprender algunas canciones y, con una guitarra o un acordeón, alegrar el ambiente. Pero no podía, aunque todavía no es tarde, sólo necesito una persona que me enseñe.

Ya estoy cansado de tanto esfuerzo, de sentir que yo sólo tengo que sacarme las castañas del fuego. Casi nadie me aporta algo. Tal vez sea porque ya casi voy mirando todo desde un prisma de escritor. Hay que aportar cada uno un granito de arena, pero es que yo aporto un grano y muchos más. Se creen que soy fuerte, y lo soy, pero también tengo algunas veces que recargar las pilas.

En la tienda de campaña cabíamos sólo cuatro y a cada uno le correspondía un colchón de espuma. Muchas veces, en fila, nos llevaban por los caminos para que nuestros pulmones respiran y el aire nos quitase el olor a zorruno, que aún lo teníamos pegado de la noche anterior. Siempre seguíamos la senda. Estábamos fuertes, no nos caímos ninguno, claro que íbamos pendientes el uno del otro.

Fueron tiempos inolvidables.

Al irnos, ya acabado el campamento, siempre recodaré lo que me dijo un monitor:

“Sí, niño, sí, lo que quedaba de la noche anterior en el fuego de campamento eran tizones de los leños que se habían consumido y, hasta que se extinguía el calor, eran los tizones humeantes, con el olor de la hoguera y de las patatas asadas y el tocino”.

Los tizones, muchos, cuando se quedaban hechos carbón los recogíamos y los llevábamos a una barbacoa. Todo era natural, ni electricidad, ni gas. ¡Cuántos amigos hice allí! Quisiera que estuvieran vivos todos. Sólo tengo noticias de uno que estuvo conmigo, del resto no recuerdo a nadie más. Seguro que alguna enfermedad habrá hecho mella en alguno. Si nos viéramos, seguro que no nos conoceríamos, fueron tiempos felices. Juntarnos ahora sería imposible, aunque si alguno se lo propone e investiga en los Archivos de Jaén, podríamos juntarnos un día para compartir opiniones y experiencias. Sería emocionante recordar aquellos momentos de felicidad. Porque se juntaban dos cosas: la niñez y el afán de conocer, aunque algunas veces no se pudiera, pero siempre había un horizonte, azul, que deseábamos ver, un día tras otro.

Recuerdo que una noche salí a dar de cuerpo y un marrano jabalí salió corriendo. Allí a lo que más teníamos miedo era a las serpientes. Yo no vi ninguna, aunque ahora sé que la mayoría son inofensivas, pero no me gustan. Cuando veo alguna, como hace poco vi en un matadero recién remodelado, era pequeña, negra y con pintas blancas, no la queríamos como compañera de clase, así que cocí un palo y la hice varios trozos. Las compañeras que estaban allí eran todas mujeres y les gustaba ver cómo se movía, pero no podíamos dejar que estuviese llamando a más compañeras. Aunque hoy no hay ya problemas con ellas, si te pica alguna, con una inyección, se elimina el posible peligro. Tal vez en algún país asiático era un manjar para el paladar, pero yo las odio, como cuando alguna persona hace daño sin sentido, y si tiene sentido peor todavía. Hay que ir por la vida lo más tranquilo posible. El cuerpo y el alma tienen que defenderse de los enemigos de uno y, a ser posible, ayudar a los demás. Hay que vivir con la elegancia de la nieve, que algunos inviernos nos acompaña.

Estaba otro día en Misa y salgo a tomar un aperitivo. Mientras veía fútbol y charlaba un rato con mis amigos, el camarero carga dos cajas de bebidas y las lleva al almacén, se vuelve y, con alegría, dice que estaba lloviendo. Hasta ahí todo normal, si no fuese por la broma, que al final se desentrañó; ¡Estaba nevando! ¡Vaya una sorpresa! Estamos sólo acabando noviembre y para el invierno faltaba casi un mes. Nos asomamos a la calle y vemos cómo la nieve acaricia el aire, y, lentamente, vemos los copos. Mirando calle arriba, entre lo negro de la noche y las luces de la calle, se ve cómo la nieve cae. No aprieta mucho, tal vez es que espera un poco más de tiempo para que la próxima vez sea más abundante. De todas formas la nieve transmite alegría. Un copo, y muchos más, forman un manto de nieve que por la mañana, cuando me voy al trabajo, al salir a la puerta, veo en la sierra, en los tejados y en los coches.

Si lo fenómenos de la naturaleza lo vemos como milagros, ¡benditos milagros! Pero también se ensañan con los árboles. El año anterior, muchos olivos de las partes más altas de nuestra provincia, famosa por sus olivos, sufrieron unas temperaturas que nunca antes habían sufrido. De todas maneras, si no hay más producción hay menos. Hoy la mayoría de los que cogen la aceituna son los extranjeros.

Hoy no se coge la aceituna, cuando, dorada por el sol, se vuelve casi negra, como antes. Yo recuerdo cuando, con los mantones puestos a los pies de la oliva, los hombres le daban los palos para que cayese. Mientras viva, siempre recordaré que, de pequeño, mi padre me llevaba a la aceituna y veía cómo caía, con los palos, al mantón: se le robaba al árbol lo que a lo largo de todo el año había ido creando. La aceituna caía como si fuesen granizos. Las mujeres iban detrás, con guantes, pues muchos días había que robarle la aceituna, una por una, al hielo. Yo jugaba con las mujeres. Ellas no querían que hiciese nada porque era pequeño, pero las veía cómo escarbaban el hielo con las manos despacio y, mirando la próxima, cogían velocidad. Lo que yo hacía era entretenerlas.

Llenaban las espuertas de aceituna y se vaciaban al saco para después cargarlos con los mulos, y así los sacos, despacio por los caminos, llegaban a las almazaras, mientras los muleros caminaban, a un ritmo lento, pues, de lo contrario, se podía caer la carga. Mientras, los vareadores llenaban los mantones de aceituna y cuando estaban llenos, ya limpios de hojas, preparaban en el centro del mantón, o en un lado, una espuerta para llenarla o, con los sacos abiertos tendidos en el suelo, con la mano se metía la aceituna en ellos, empujando hasta el fondo.

Hoy vemos cómo las maquinarias, cada año más avanzadas en el metal, en los motores y en la energía, se han adueñado de casi toda la zona aceitunera. Da lástima y congoja cómo la vibradora mueve la oliva. Ya no hay aceituneros altivos, ahora hay frialdad hasta en el aire. El aceite tal vez sea mejor, pero la agricultura extensiva necesita de abonos, insecticidas y herbicidas, química en definitiva. Y es hay que producir lo máximo posible, hay que extraer el alma, incluso, de la oliva. Tal vez siempre ha sido así, aunque las maneras cambien, el sistema es el mismo.

Ocurre muy esporádicamente, pero hoy me he encontrado con un mulo. Hay varios en el pueblo, que viven para nosotros, algo que en otros días era lo más común. ¿A quién extrañara el mulo?, seguro que a mucha gente- Hasta el mulero sentirá dolor cuando pasan los coches a su lado y ve que al mulo se le ponen las orejas como esperando peligro. Sí, todavía hay gente que mantiene tradiciones que hace unos años eran comunes y que hoy nos parecen extrañas, eran otros tiempos, decimos. Cada uno evoluciona como quiere, a lo mejor el mulero, encima de su mulo, es el hombre más feliz del mundo, claro si la felicidad no está en no trabajar, sino está en trabajar bien.

La convivencia es lo que cuenta: en el trabajo, en casa, en donde estemos, por ejemplo, dando un paseo mientras la nieve va recorriendo nuestro camino. La pisamos y sentimos algo indescifrable- También cuando las hojas del otoño se caen y vemos por las calles las hojas esparcidas, esperando que el barrendero las limpie, pero ellas saben que mañana, y pasado mañana, caerán y jugarán con la escoba del barrendero. Seguro que dentro de poco tiempo también en las ciudades y en pueblos asistimos a la invasión de la maquinaria. No dejarán que nuestros pies sientan esas sensaciones, sólo pisaremos el suelo frío, tal vez a sus amigas las hojas las sustituyan los gases de los coches. La convivencia evoluciona, tal vez, no todo lo que quisiéramos.

Vemos la televisión todos los días y vemos que intentan que todo sea bonito, pero cuando uno se queda sólo y piensa de una manera diferente, ves que, hasta en la vida real, la mayoría de la gente es egoísta, sólo piensa en su bienestar, sin importarle nada la vida de los demás, y menos si es pobre, eso es horrible. Hay clases, y tal vez más de las que nos creemos, las religiones son un refugio apropiado, si no fuera porque lo que predican no lo hacen. La convencía es difícil, cada uno vive a su ritmo, sin respetar el de lo demás, si no miremos a los animales de compañía, ¡pobres animales y pobres de nosotros! Desde el punto de vista humano, vemos niños pobres sin nada que comer y, a la vez, la imagen de un señor o un niño con un animal y cómo aprende a hacer lo que el dueño. Y llevan a estos animales comidas especiales y unos cuidados higiénicos que para sí seguramente querría el dueño.

A lo mejor es teatro. Pero no nos preocupemos, que yo estoy seguro de que es un sistema que no puede aguantar mucho. Y no puede aguantar porque somos egoístas. Hasta que no nos propongamos dar a los demás todo lo que nos sobra, casi seguro que la conciencia será más placentera, de eso es de lo que se trata: de aprender y de hacer lo bueno para todos.

Estas descripciones van llegando a su fin, a la espera de que surja el duende para otra novela. Los leños ardieron, el humo y el calor también han desaparecido, tan sólo quedan los árboles calcinados y poco más. Por todo el tiempo no será, pero costará redoblar los esfuerzos para que, de nuevo, la belleza y la vida se hagan realidad. ¡La tristeza que da ver esos paisajes!, entra en el fondo del cerebro y me pregunto: ¿cómo ha sido posible que estas cosas ocurran?

Claro ocurren, como la violencia que vemos en los periódicos, y, en muchas ocasiones, hacemos y sentimos cosas que el subconsciente mundial no comprende. Se hacen religiones y nada, no pasa nada, la historia sigue su curso.

Cuando yo era pequeño, me fui con mi padre a un viaje a por patatas, para venderlas. Pasamos por unas curvas en forma de serpiente, el camión subía despacio, era viejo pero tiraba para adelante, pero yo miraba por la ventana del conductor y sólo veía un paisaje negro. Íbamos por la carretera pero a nuestra derecha había una ladera que parecía que no acababa nunca. Hacía un sol esplendido y un día claro y caluroso, yo pensaba ¿cómo será posible recuperar la vida que en otros momentos hubo en está sierra? El negro del paisaje no invita a nada bueno, o tal vez sí.

Muchas veces nos han dicho, o nos hacen ver, que, de una manera o de otra, todo tiene solución. Mientras, hay gente a la que le gustaría colaborar para que el monte se recupere pronto y que ayuda de una manera desinteresada a trabajar para que lo que el fuego del demonio se llevó se recupere y haya más vida vegetal. Sin duda seguro que se recupera, hoy todo es posible. Contra lo que nos tenemos que vacunar es contra el humo que se eleva y sólo deja desolación. Esto es un llanto por el cambio que lleva consigo un incendio, no me saltan las lágrimas, pero sí siento un dolor profundo de ver lo que mis ojos ven.

Ha habido mucho sufrimiento, no sólo humano sino de la naturaleza. El llanto de la naturaleza es el que más me duele, y me duele porque estos casos se pueden evitar. El olor a humo…. vamos por la calle, en pleno invierno y olemos el olor de las chimeneas, como cuando caminamos por las calles, sobre todo de noche, es un olor intenso y que no presagia nada bueno. A lo mejor en alguna chimenea, en la lumbre, hay un  trozo de tocino o alguna patata calentándose para calmar el hambre. Tengo un olfato especial, cuando vas por la calle y hueles a potaje…. o el olor bendito de las panaderías…. son olores que hacemos los humanos para nuestro placer, porque ya no nos calmamos con comer cualquier cosa, ya elegimos a nuestro gusto para comer. La revolución culinaria está en marcha, mejor es ésta que otras.

Es muestra del dominio del hombre, que maneja el fuego a su antojo. El calor que desprenden las ascuas ha servido para muchas cosas: el hierro se domina con el fuego. Negras tenemos que tener nuestras almas para que el fuego, mal empleado, produzca incenDios. Ahora me apetece fumarme un cigarrillo y, como casi todos llevamos en el bolsillo del pantalón seguramente el mechero y en el otro el tabaco, dominamos el fuego, pero ¡Ay cuando nos equivocamos y vemos la ceniza, observadora de la nada! Si tiene fósforo y potasio, puede ser un renacer de las cenizas. Aquí, en España, vemos en verano los fuegos riéndose de nosotros, se mueven a su antojo e, incluso a los sitios donde los árboles están imposibles, hasta ahí llega el fuego. Miles de árboles, muertos, pidiendo justicia. Ellos estaban allí sólo para dar al hombre lo bueno de la naturaleza: su observación, su verde y sus olores característicos, todo se ha perdido en muchos sitios. Pasarán muchos años antes de que se renueve todo. Seguro que dentro de unos años para el hombre y su técnica será como dar un paseo apagar el fuego y, después, hacerlo crecer. Ya lo veremos, seguro que lo que digo no es una barbaridad, será un habito más, de los muchos que nos esperan, pues las Universidades están llenas de proyecto para casi todo, lo único que falta es que se desempolven y los hagamos realidad, una realidad de paz duradera. A lo mejor se consigue otra creación milagrosa de la naturaleza junto con la del hombre y no tendremos motores que dominen la energía y produzcan movimiento.

 

 

Capítulo IV

 

Y VA LLEGANDO EL FINAL

 

Seguro que hay final de algo, pero si la materia se transforma y el cielo es eterno, ¿cómo entendemos que haya final?, no, no lo hay. Si todo se multiplica hasta el infinito y la nada sólo es una expresión, pues hasta la palabra es materia y hay mil y muchos millones de líneas que van rozándose, y por todas partes vemos cómo las cosas no son muchas veces como las queremos ver, sino que hay más pobreza, más líneas infinitas de padecimiento o de bienestar. De todas formas, esa línea tenue que tenemos cuando estamos en una conversación, o conducimos, se va multiplicando, como en las películas. La realidad tiene más de ficción porque la imaginación no tiene límites y es por eso por lo que nos hacemos ludópatas, adictos a cualquier cosa.

Cada persona piensa en divertirse, seguro que la noche se echa a pique y, sin embargo, en cualquier otra situación hay multitud de variantes, que yo les llamo líneas, otros las pueden llamar de otra manera. Pero, por ejemplo, vemos que en las carreteras pasan los coches y yo creo que ya no sentimos las sensaciones de otras ocasiones, pero del coche, al romper la atmósfera, saltan de un lado para otro líneas que, a su vez, van multiplicándose.

Hay placer, el placer se da cuando no se sufre, pero, cuando tenemos algún dolor, también hay líneas de dolor y también, ¡ojalá que no se multipliquen!, vemos que los coches pasan rozándonos cuando llueve y los baches, con las ruedas, despiden el agua por todos lados. Ha ganado el coche. El agua difuminada ha saltado a ambos lados del coche, tiene que ser así, si tenemos que ir a comprar o a trabajar. Se acabará el petróleo, ya inventarán otra cosa. Tenemos que ver las líneas imaginarias que este simple hecho nos trae. A mí muchas veces me han puesto mojado los coches, lo mejor sería que no lloviera.

Esto puede ser un rompecabezas, pero no lo es: tiene su explicación.

Tenemos momentos en que pensamos cómo es posible que no nos resulten más calamidades y es porque la línea no tiene principio ni fin, igual que el círculo o el triangulo o el cuadrado nacen de la nada para la libertad que es la línea infinita. Pero eso son otros mundos, en los cuales a lo mejor tienen sus propias ley, los que tengan leyes, porque que la ley es un sitio delimitado donde se esconde con palabras un dogma. Abogados hay muchos, y jueces. Ellos han estudiado a fondo esas líneas y círculos en los que la Justicia vuela como paloma blanca, que no se cansa nunca de volar, de tejado en tejado y calmando su sed allí donde puede y comiendo donde puede. Así son los abogados, como la paloma, que sólo pretende casi siempre llevar la justicia por donde va. Se les nota el día a día, la justicia es dolor, también es línea y circulo, y alegría.

Ver salir el sol o ver la luna ocultándose…., esas personas malvadas seguro que no lo ven de igual manera que un niño puro. Ese niño pequeño, del que su madre cuida con todo su corazón, es aún pequeño, pero se hará mayor y crecerá y seguro que conocerá el mundo y, desde que nació, entró en esa línea que le llevará a llevar una vida según sus líneas y cuadrados que le irán llevando, no debería de cruzase con nada, así su vida seguro que será duradera, con el mínimo de sufrimiento posible.

Como cuando vamos por la calle y vamos detrás de alguien perfumado, ¿son líneas, a que sí? Una vez me contó una abuela que ella tenía su propio truco para fabricarse sus propios perfumes: cogía las flores y las calentaba en un recipiente, lo licuaba y las gotas de esencia que salían era el perfume. La veía durante años, ahora no sé qué será de ella, seguro que esa técnica artesanal era utilizada por muchas mujeres, tal vez casi seguro que venía de tiempos muy antiguos. Pues esa abuela, a la que aún recuerdo, me enseño que la línea no tiene fin, pero el perfume se acaba.

Hoy en día se hacen más fuertes los perfumes, se utilizan para, con su olor, dormir los sentidos del hombre y que haga todo lo que esas malditas mujeres quieren en su propio beneficio. Es unos de los negocios más importantes, la cosmética. Leí, no recuerdo ahora dónde, que antes los hombres usaban más perfumes que las mujeres, esto es complicado de decir. A mí me gusta el jabón de heno, a otros les gusta otro, pero lo que sí me dijo ella es que las mujeres y los hombres se perfuman para, con un poco de viento, regalar, al frío o al calor, otra línea.

Ya me dijo la abuela que no me esforzase en pensar mucho, sino que los perfumes sí tienen las líneas cortadas. Me sorprendí mucho: algo que el olor transmite por todos los sitios, sacado de las plantas, de los geranios, claveles, tulipanes -cualquier planta vale-, no me explico, si el hombre tiene línea y la naturaleza ha creado al hombre, ¿por qué los perfumes no tienen líneas?, es de lo más sorprendente. La abuela era sabia, casi todos los mayores lo son, porque en su larga vida han experimentado de todo.

Un abuelo de Valencia que conocí en un viaje no paraba de contar penurias de su larga vida. Me gustó su forma de ser y, al parecer, la mía a él también. Recordaba, como si lo estuviese viviendo, su pasado: había pasado por una guerra y ahora estaba de vacaciones, el aún mantenía su dignidad. Fue de los primeros en hablarme de la línea, no sólo matemática, sino de la nada, concentrada. La nada donde unos se alegran, comen bien y beben de lo mejor –decía- para esos también había línea o sea la nada, pero para aquellos que padecen y sufren, cuando es posible satisfacer sus necesidades, para esos tampoco hay líneas ni círculos, sólo si el rayo de sol y de la luna le dan algo, pero no la línea, la línea no existe, ni la nada. Por lo menos para mí no existe: vivimos en un mundo donde las marionetas se remueven tal vez por el viento o, quizá, por la mano del hombre, a lo mejor un día en la televisión nos dicen que fulanico de tal ha visto algo extraño en el Universo, a lo mejor viene a enseñarnos otras líneas y no se atreve aún, porque, si todas las líneas son iguales, a lo mejor aprovechan un momento de caos universal profundo y nos traen todo lo que necesitamos, si acaso, a lo mejor nos enseñan al de la nada; nosotros vivimos y ellos viven, todavía a lo mejor vienen a imponernos otros Dioses, otras religiones, otras culturas, a lo mejor ellos han conseguido la perfección.

El tizón humeante distribuye por todo el monte su aroma a muerte, ¿cuánto durará el velatorio?, a lo mejor se transforma en aromas que no perecerán hasta que el tiempo pase y el agua lo vaya diluyendo. El tiempo es otra línea, pasa y lo vivimos. Incluso he oído de algunas personas que el fuego no es tan malo, incluso que es beneficioso, tal vez es una forma de ver las cosas, ¿cómo algo tan bonito se puede matar, como a una persona?

Tal vez una noche, cuando volvamos a casa y veamos los gatos alrededor de los contenedores, pensemos. Los gatos… ¡qué os voy yo a contar de los gatos! Uno blanco, otro negro y otros con muchos colores diferentes. Ya me hice amigo de ellos, no quería que, cuando se tira la basura, te saltara uno a la cara, en una noche, no sentaría nada bien.

Como viajo mucho, he visto que en los bares de los pueblos y de algunas ciudades ponen, además de la bebida, un trozo de comida, bien sea un boquerón, un platillo de migas, unas gambas. Cada vez va menos gente a los bares, pues la costumbre mantenida a lo largo del tiempo se está haciendo imposible, con esto del euro, cuando mal se llega a final de mes.

En una ocasión, todos los parroquianos se dieron cuenta de que un ladrón honrado le cambiaba el tabaco a un señor que estaba despistado. Claro está que es una broma, es que las líneas del pensamiento humano dan claros síntomas de diferentes matices. El camarero le dice al que aún no se había dado cuenta que vuelva mañana. Sí, seguro que volverá pero, si vuelve será, para explicarle que su local no es un sitio seguro. A mí me dijo que no podía con esa gente y eso que a mí, según el dueño, me había tocado ver algo simple, otras veces se lían de peleas y voces.

Lo que no tiene la línea es violencia, es como una tarde de otoño, cuando caminamos por la acera y vemos los coches y las furgonetas con qué suavidad pasan por la calle. Es martes y parecen, o a lo mejor a mí se me antoja, como un concierto de música, pasa un coche, otro detrás, detrás una furgoneta, se sienten el ruido de los motores, compenetrados con el universo, pasan con elegancia, eso será algo colectivo, que se ha dado en un momento; en la calle hay poca gente y mucho coche, pero casi me ha animado, me ha levantado el ánimo, cuando pasan los coches parece que su suavidad no contamina, es como una línea que no tiene contaminación, pues todos son felices, no había nadie que molestase ni que pensase que la línea existe.

De cualquier cosa saco poesía. De la vida cotidiana, me gusta ver y sentir y ¿por qué no? también trasmitir. Si algún día esa fuerza interior se va… como cuando hay un muerto, él se ha ido, casi seguro que al cielo, pero, por poco, deja algo material, así será lo que escribo.

Hay también otras líneas multiplicadas, tal vez de sufrimiento, como cuando hay personas que abandonan la familia y se van detrás de un destino, que nadie sabe cuál es, pero que le llevará a pasar hambre y a sentir la soledad en toda su magnitud. No, esto no nos gusta, no nos gusta que la gente sufra, hay que coger la otra línea y cambiar antes de que nos cambien a nosotros.

Muchas veces nos sentimos tan solos que lo mejor es que mandemos nuestros pensamientos, como las flores, a la hermosura y al disfrute de lo bueno que tiene la naturaleza. Si nos quedamos en blanco, podemos descansar, pero si pensamos cómo cae el rocío de una flor por la mañana, eso es positivo. Yo espero que las flores y las esencias cambien poco a poco, a lo que ellas pretenden, que es el amor, la amistad, la libertad.

Y todo ello, como aquel escritor que escribió un libro y se forró, y después, como era tan bonito, no volvió a escribir más, era tan profundo que, cuando tenía que ganarse la vida, sólo tenía que echar mano a un párrafo del él y cobrarlo, de eso vivía. La verdad es que había tenido un cuidado tan exquisito al realizarlo que, aunque había sido el primero, sería también el último. Él vivía de eso, había mejorado su nivel de vida, era un afortunado, había tenido la suerte de que ya no tenía necesidad de crear nada; si con el primer libro se ganaba la vida, no necesitaba hacer cosas creativas. No es que las hubiese tenido pensadas, es que para él no merecía ya la pena esforzarse en crear algo, ya lo había hecho, siempre tendría esa faceta oculta. Pero el momento oportuno no llegó, pues se murió, sólo dejo en herencia un libro, un sólo libro. Se había distribuido por el mundo entero y traducido a todos los idiomas. Algo increíble, los lectores se lo leían una y otra vez, no se cansaban, disfrutaban, transmitía paz y amor, pero de una manera especial e infinita.

Seguro que hay más casos de morir y no haber hecho todo lo que queremos. La frustración es enorme, como los montones de basura. Sólo sabemos comer y vivir, unos más bien que otros, según su suerte. Porque, ¿qué esperamos de la vida, si pasan los días y los meses y el sentido que le sacamos es poca cosa? Y los que callan y callan, cuando su discurso puede ser muy interesante para los demás… a lo mejor sólo se dedican a absorber la vida y pasan como los coches que aquella tarde se habían confundido con los colores de la tarde, cuesta arriba. Ni la línea ni la muerte deberían existir, sólo el placer y el bienestar, como en Navidad, todo el año y así pasando los días, nos vemos pintando cuadros, escribiendo y en conversaciones con los demás. Cuidarnos más nosotros mismos, en el comer, en vestir, vemos ya que surgen una nueva cocina y un nuevo vestir, hay que cambiar de look, tenemos la obligación de ser diferentes a los demás.

El otro día vi a un hombre que iba por la calle, cuando, a los pocos metros, vi otro casi idéntico, ¿cómo es posible que en poco intervalo de tiempo halla dos personas iguales?, sí, iguales, a lo mejor os ha pasado también a vosotros, ¿Cómo conseguir dos personas iguales?, es posible, seguro que sí, porque las células son iguales en todos, o parecidas. Nos cortamos el pelo siempre de la misma manera, por eso veo hoy a la juventud uniforme, pretenden ir guapos para conquistar a alguna mujer- Las costumbres son iguales siempre en el fondo. O ¿nos quiere decir está juventud que hay que moverse más para que la felicidad se expanda?

Veo a los árabes casi todos iguales, a lo mejor es porque no tienen dinero y, si tienen algo, es para sobrevivir. A la desigualdad social le tenía que pasar como a esas personas que se parecen tanto, que se iguale. Como a esa mujer a la que conozco desde hace mucho tiempo y veo, de pronto, a otra en la televisión que se varían casi nada. Esto es para pensar mucho, hay que ver: ¿hay dos cosas iguales o es que nos parecen iguales? Y la televisión, cuando algunas veces en determinados programas donde utilizan la música de los móviles para hacernos creer que nos llaman…. Claro que cuando se da está circunstancia, ¿qué clase de truco es?, no tiene creatividad  ninguna.

No paro de preguntarme si habrá dos personas iguales en el mundo. A mí una vez me confundieron y me salió caro, decía que me parecía a su marido, menos mal porque no es que le pareciese es que era su marido.

Cuesta trabajo enhebrar una aguja, pues más difícil es escribir. Mi madre no para de bordar, no para, desde un tiempo a está tarde, no para; yo ya llevo mucho tiempo escribiendo, claro que más lleva mi madre, es increíble el trabajo que lleva por delante. Lo comparo con el mío: una frase, una idea y, si se puede, algo de poesía.

Leo en el periódico que hay cárceles secretas o que manejan mercurio rojo. A lo mejor todo es igual. ¿Qué mecanismos habrán utilizado para que, en la propia Europa, se estén encontrando cárceles secretas de las que no sé su finalidad concreta, pero ¿cómo hemos permitido eso?, ¿cómo hemos permitido que la libertad, donde hay países democráticos, esté encerrada en pequeñas cápsulas de mercurio?

Voy cruzando la gran selva negra y desde hace unos días voy más que malo. Parece como si la noche se alargase durante el día, y el día pase más que malo.

No importa el coche, en la amplia autopista voy como Dios, el motor, su sonido agradable y acompañado a la velocidad que  imprime al coche, voy escuchando música y no se ve a nadie: Por mucho que haga solos y que haya aprendido a saludar y a despedirme y a preguntar cómo estamos, en alemán, no tengo con quién hablar. El jefe quería venir, pero una pequeña enfermedad de su mujer se lo había impedido. Parece imposible cómo está el terreno: en los sitios de montaña, está completamente blanco, es un encanto. Soy el dueño de la carretera y del cielo, que se abre poco a poco para que yo pueda desplazarme.

Si el viento, de una ciudad a otra, ha de colaborar con el progreso, mi ánimo nunca ha comprendido la destrucción ni la autodestrucción, tal vez por eso esté aún vivo. Porque es difícil vivir y convivir. Ahora llevamos unos años escasos donde la paz relativa se puede describir así, como paz. A lo mejor esos edificios, y otro que hay cerca de mi pueblo, tal vez sean las cárceles, porque de lo que no hay que dudar es de que el mundo es como el propio hombre: a la vez que avanza también retrocede; pero esas cosas no salen del obrero o del agricultor, salen del poder. Por lo menos que nos dejen así como estamos durante largo tiempo. Todo lo que aporten a la paz las religiones en su parte positiva y la economía será bueno.

Ahora hay un asunto del gobierno que me ha llamado la atención y es que España está vendiendo aviones y buques de guerra a Venezuela. ¡Qué barbaridad la compra-venta de armas!, El presidente de gobierno -da lo mismo que lo hagan unos que otros-, hace un acto simbólico como la retirada de las tropas de Irak y luego pone a sus obreros a fabricar armas de guerra para un lunático. No hace falta darse cuenta desde muy lejos para ver que este presidente está mal de la cabeza. En fin, la historia sigue y la vida vamos con en un zig-zag permanente, sorteando la línea que nos ha de quitar la vida.

 

*          *          *

Vuelvo ahora al asunto de los duros de plata, que tan intrigado me tenía.

Ya iba yo comprendiendo lo difícil que era interpretarlo. La cápsula llevaba el punto numero uno de la línea. ¡Claro, era eso! No es que hubiese núcleo.

Aunque no comprenda muchas cosas, sí veo, por ejemplo, que está novela está escrita por multitud de líneas que algún día se convertirán, de una u otra manera, en una línea.

En un periódico que leía mientras iba en el avión, me detuve instantáneamente en lo que seguramente había en todas las portadas de medio mundo: La policía, con sus investigaciones, decía que EL MUNDO HA NACIDO DE NUEVO. Claro está que la noticia era sensacionalista, pero me hizo gracia, si no fuera porque yo sí sabía la verdad, que no compartiría con nadie. Cuando dé el último suspiro, nunca diré nada, ni siquiera dejaré pistas. Pasé por miles de sitios y de peligros y ahora que he encontrado la verdad no voy a ir vociferándola por todo el mundo. El mensaje será como de un escritor frustrado, sólo que yo sentiré un gran placer cuando llegue el día del último viaje y la nave esté al partir, me moriré y me lo llevaré al otro mundo. Allí tal vez encuentre el sitio adecuado donde se hiciese verdad y tal vez el mundo viva en paz. Si no es así, vendrá otra vida y la viviré, la gozaré, pero así seguiré, con el secreto.

Bueno yo creo que soy el único que guardo un secreto, pero conozco a muchos más, que son como muertos vivientes. Además de ir sólo a su interés, van entorpeciendo la vida a los demás. Ya estaba todo preparado para cuando me llegue el día de la muerte, y ¿cuánto duraré?, no lo sé, ¿lo sabéis vosotros?, si es así, decídmelo, la verdad es que me importa bien poco.

La importancia de mi secreto es que era universal, en cualquier sitio se puede decir, pero no lo  voy a decir. Os parecerá que quiero daros pistas y tal vez sea como aquel fumador que no para y siempre dice que se va a quitar de fumar. Yo por lo menos intentaré no dar pistas porque, como me acostumbre, el secreto va a salir a la luz pública, con el consiguiente problema, que me ocasionaría a mí. No tendría nunca más ese secreto, tendría que buscar otro, a lo mejor en el sitio menos indicado allí lo encuentro y si el primer secreto se difunde seguro que no será en otro libro, sino que será en éste. Y me arriesgaré a no encontrar ninguno más.

El jeroglífico que veía en el periódico era el mismo que tenía yo descifrado: EL MUNDO SE ACABA EL AÑO 2.222.

¡Ea!, ya lo sabéis, tanta pagina para tan poca información, aunque si nos lo planteamos, ¿quién va a hacer conjeturas, cuando ya ha pasado el siglo XX y sólo algunos temerosos han hecho algunas cosas extrañas? Estaba todo preparado. Esperemos que no sigan saliendo secretos elaborado por los antiguos, pues todo lo que no sea respirar  y vivir el momento carece de sentido, salvo la dirección donde el cerebro nos lleva. Además de eso, es la nada y ahí empieza la línea. Toda una vida estudiando, poniéndome en peligro, para que llegue ahora la policía y nos dé el resultado publicado a todos los vientos.

¡Se van a acabar los riachuelos, los pinos, las encinas!, ¡eso nunca! Por mucho que pensemos, sólo existe la ciencia, los científicos son los reyes del mundo, los demás somos simples marionetas. ¡Con la cantidad de universidades que hay en el mundo, investigando cada una en un estudio diferente o, si no, ampliando alguno, que otros hayan iniciado! Ellos razonan y descubren leyes. Yo conozco a un equipo de investigadores que todavía no han encontrado ningún resultado, eso es como meter en la lotería, casi siempre la suerte va a dar vueltas al mundo y deja el premio allí donde menos hace falta. La investigación y el juego son complicados, el juego no tiene ningún capricho, pero la investigación sí.

El hombre se ha agarrado al mundo para trabajar, para comer y para divertirse. En el juego, ¿quién no lanza una moneda al aire y le importa poco lo que salga, sino que caiga en la mano? La adrenalina, subirá, hasta el próximo lanzamiento de moneda. EL FIN DEL MUNDO esa es la moneda, está en el aire en todo, sólo que lo que necesitamos es no perder mucho la memoria y seguir por el camino de la paz. La adrenalina tal vez sea la emoción de la razón de vivir. Una o dos veces por semana, o todos los días, el juego nos acompaña desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y aquel al que le toca algo, ya está perdido: La banca no pierde nunca, a lo mejor sales en la televisión, o los periódicos, serás una persona importante, ya tienes el futuro arreglado porque la línea ha puesto en tu camino la suerte.

Pero, como no sabemos dónde está la suerte, unos y otros la buscan con pasión. A la suerte le gusta jugar con las personas, es arisca, como cuando hay que pagar y pasan las semanas y los meses y los años, y no viene el premio, pero nosotros seguimos ere que ere. A lo mejor a algunos o a algunas, que esto de la ludopatía también afecta a las mujeres, destrozan sus hogares. Y la vida, si se sigue así, termina por lo menos con todo el sistema de valores. A lo mejor no los queremos, pero si no tenemos algunos principios, ningún sistema podrá seguir adelante.

El ajedrez estructura el pensamiento y ejercita el recuerdo de las normas y de las jugadas. Es un juego donde nadie pierde, pero no nos gusta jugar demasiado porque es demasiado complicado, aunque cada vez menos. Hubo un país donde el deporte nacional era el ajedrez. Un país así no podría caer, pues su sistema se cayó. Si al cerebro se le deja sin ninguna guía, termina mal. Hay muchas personas que jugaban al ajedrez en Rusia cuando llegaba el invierno, pero es que es un país diferente al nuestro, allí también hay vida, pero una vida diferente.

Estaba en el hotel alojado. Como llevaba mucho tiempo que no daba señales de vida, el recepcionista llamó a mi habitación y me preguntó si deseaba algo. Yo estaba a punto de coger un taxi y conocer un poco Moscú, pero lo que yo deseaba era una mujer, la mía estaba demasiado lejos y yo deseaba una mujer. Le respondí que si conocía a alguna que quisiera hacer el amor, él me dijo que conocía a una que era tierna y muy caliente, se portaba bien con todos los clientes. Era efectivamente una mujer alta, rubia y hermosa, el champán en la habitación, no nos entendíamos, tan sólo un poco en ingles. Siempre la recordaré. Hay mujeres que hacen de los sentimientos corporales una novela de Fedor Dostoievski. Cada mujer es un mundo diferente. Recuerdo que en Italia, en el hotel Eiffel, me sucedió algo parecido. Cada cultura, aunque nos parezcan algunas cosas iguales, es diferente. Lo malo es cuando no hay libertad, cuando a algunas personas las obligan por unos rublos, liras o pesetas. Ese no es el sistema, hace que el mundo tenga a las mujeres casi como esclavas. Porque, ¿qué es la prostitución, sino un trabajo?

Tengo buenos amigos en todos los sitios y casi la mitad de la conversación que tenemos es sobre mujeres. Ese era un buen sistema, donde el negocio se hacía más llevadero, porque las mujeres podían hacer feliz a un hombre. No hace mucho tiempo vi en el periódico ABC un anuncio de mujeres que pagaban para poder hacer el amor. Es una hoguera.

Como no hay dos sin tres, vemos los establecimientos llenos a todas horas. Es otra hoguera, es el consumismo, es una moda, es la aspiración de los pobres que, mediante su trabajo, quieren llegar a disfrutar de coches, de ropa, de todo. Pero aunque el olor de un monte quemado, que olemos de vez en cuando, como si fuera el perfume de la hoguera, pretende disuadirlo de consumir tanto, no lo consigue. Parece que es sólo un pequeño indicio que nos hace ver, cuando los olemos, lo que puede venir, pero, a lo mejor, hasta nos gusta ese olor.

Decidme, ¿qué perfume olerá el minero cuando entra en la mina? Aunque ya van quedando pocas minas, el afán de arañar la tierra nos quedará para siempre, la mina de hierro o de carbón siempre estarán ahí. Y lo peor es que los hijos del minero casi siempre acaban donde el padre, metidos en una mina de carbón, por sus galerías y con dos paquetes de tabaco y el pico con su tac, tac, tac, un descanso, y hasta cumplir la jornada.

La mayoría de las veces se preguntan lo que hay que hacer para comer, podrían trabajar en otra cosa, pero sentir en una oficina mal montada cómo pasan las horas tampoco es bueno. Seguirá con el pico, todo organizado, el ascensor, cada uno por una veta, se pasa el tiempo. Tal vez pueda más que el que sube a la luna, al bajar a unos cientos de metros de profundidad, el hombre ahonda en su mente. Sin el afán de llegar al centro, sin pensar en llegar al centro de la tierra, a lo mejor no llegaría a ser minero. Así conseguían los dos, el astronauta y el minero, sacar de lo que los demás no sabemos cada vez más sensaciones.

Sólo quieren conseguir la eternidad, sin saber que también ésta ni se quema ni se destruye, es lo único que hace a todos vivir y vivir de una manera digna. No comprendo cómo el hombre cae dos veces en la misma piedra. Cada persona que vive, su fin es la eternidad, como vemos en las siembras que más se adaptan al tiempo, estas crecerán casi seguro eternamente. Y conforme un país va progresando, cada vez sentiremos más vacío, porque ese vacío que nos llega por lo menos a cada uno en la vida, ese vacío que sentimos cuando llueve o cuando trabajamos duro, va en aumento. ¡Ojalá Dios nos hubiera echado otra maldición en vez de: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”!

A lo mejor el hecho más grande es que trabajemos y que el mundo cambie todos los días. Pues la ideas, esas que vemos que hacen progresar al hombre, se van haciendo una realidad. Sólo hay que descansar, trabajar, y después a meditar esa nueva idea que tenemos aprendida. Y seguro que tanto uno como otro, trabajando, llevan el cigarrillo en la boca: tanto si estas con la vara derribando aceitunas, o el minero en la mina, todos con sus cigarrillos, antes de la comida y después de ella.

Tiene que tener algo eterno el fuego y sus olores. La muerte está cerca. Son trabajos de mucho riesgo, aunque sin minusvalorar los demás, pero ¿y dar un palo a una oliva a la misma vez que sientes como cae la vara el pulmón aspira el humo del cigarrillo? Y el escritor que, después de escribir un párrafo de la novela, se deleita más con el humo que con el tabaco. Son cosas que vemos todos los días, no son cosas extraordinarias, sólo tenemos que ver a nuestro alrededor y darnos cuenta de que el oxígeno que estamos gastando es más que el que se produce. ¿Qué pasará entonces? Nuestros lujos salen de las energías que hacen que el mundo se contamine y que la contaminación nos llegue a ti, a mí y a todos.

Yo sembré tabaco en mi finca. Había miedo. Muchos me decían que estaba prohibido, otros que no. En fin, puse la olla primero y, ya avanzada la primavera, los puse en la tierra. Crecía como Dios había mandado. La verdad es que el cuidado que tenía con el tabaco era muy esmerado. Además el tiempo acompañó. Creció, se hizo más grande que yo y, siguiendo los consejos de los abuelos, sequé y, ya después, ¡a fumar! ¡Unos dolores de cabeza que eran increíbles! Pasa como con la leche de cabra natural, a mí me sienta mal y también una calada a un cigarro de tabaco sembrado por mí. Hoy los que se dedican a vender han avanzado tanto que parece mentira que algunas de las cosas que hace unos años parecían bien, ahora no es así. Estamos en una economía en la que todo es de serie. Pretenden cambiar la forma, pero no el contenido. Una vida sana de hace unos diez años hoy nuestro cuerpo no la aguanta. Eso está comprobado. Las grandes multinacionales del tabaco lo hacen todo bien hecho, uniformado, y agradable, nos han acostumbrado tanto que, cuando nos salimos de ese mundo, seguro que nos va mal, y nos va mal por el cambio –de lo artesanal a lo industrial-, en perjuicio de nosotros mismos.

Voy por los llanos de La Mancha y sólo voy pendiente de la carretera y recordando. Un amigo que llevo en el coche me va contando cosas de su familia. Es ameno, pero no puedo despegar la vista de la carretera. Cuando sabe que lo estoy oyendo, me cuenta que su abuelo se fue a la Argentina, cuando ya se estaban acabando los indianos. Él pilló un pellizco. Cuando murió su mujer, escribió diciendo que sólo volvería de Argentina si la hermana de su mujer se casaba con él. Cuando reunió un puñado de oro y de plata, volvió al pueblo y se casó con la que sería su mujer hasta la muerte y tuvieron varios hijos, que se sumaron a los que tenía de la mujer anterior. Compró tierras y casas. Para lo que era el pueblo, algo pobre, eran ricos. En las tierras sembraban remolachas, matalahúva, tomates, pero el principal ingreso era la aceituna. Así la casa se llenó de las producciones que criaban en el campo. Según decía mi amigo, la finca cada año producía siempre lo mejor de esa zona, tenían casa en el centro del pueblo.

Pues bien, llegando a este punto… (el punto puede ser tal vez un avión dejando la estela blanca, si miras al cielo, y, si bajas la mirada, ver cómo pasa el correo de Benidorm por la carretera, algún coche que va al lado y arriba el cielo azul y en la tierra alguna depuradora funcionando: esto es la diversidad y así además es la globalización) …como iba diciendo, puse la radio (la carretera interminable pero recta)… la radio empieza a decir: “MORIR POR ALGO, PERO LENTAMENTE…”.

Habíamos pasado ya Despeñaderos y mi amigo iba diciendo que siempre que iba al pueblo se sentaba en los folletones del cortijo de su abuelo. Además de ver la montaña serrana, veía los aviones, muchas veces hasta cuatro a la vez. Cuando el cielo estaba azul, se veía una gran diversidad de colores. O si estabas, bien por la mañana o bien por la tarde, cuando sale o cuando se oculta el sol, era cuando más le gustaba. Además –decía- él vio muchas veces cuando el Sol nace, lo había visto regando las cebollas o las habichuelas.

Se acordaba hasta de la fecha en que vio una puestá de sol extraordinaria, que será difícil que se vea otra vez. Fue el 9 de diciembre del año 2005. Ya estaba acabando el año y él había ido a coger la aceituna.

Ese año en sus olivas no se habían notado en la producción de aceituna los hielos y las nieves que el invierno anterior habían cubierto de incertidumbre la cosecha. En las dos fincas que tenía se había cogido la aceituna como toda la vida: con los mantones y las varas, acariciando las hojas para que la aceituna cayese y fuese a la almazara. Le pregunté si le era rentable dejar el trabajo, o las vacaciones, para coger la aceituna. Él saltó enseguida, con voz alta y fuerte: “Es lo único que tengo que de verdad, algún día, me ayudará a sobrevivir”. Y es que él sí sabía hacer todo lo relacionado con el campo, pero en la ciudad estaba de paso; así que cuando se jubilara seguro que bajaría a su pueblo y no saldría de él; amaba quitar las hojas de los mantones con la escoba, vaciar el mantón en los sacos y llevar la aceituna al tractor, camino de la almazara.

Una cosa que pensé, y así se lo dije, fue que nunca el aceite de oliva había tenido fecha de caducidad y, sin embargo, ahora vemos en los supermercados e, incluso el que se vende en las almazaras, que lleva su fecha exacta en la cual ya no es aconsejable consumirlo. Siempre se había dicho que la fecha no tenía importancia, pero él remarcó diciendo que seguro que como a todo se le echa química, al menos eso pensaba él, ahora sí era importante. Y había varias variedades de aceituna: la gordal, la picual, la arbequina, etc…

Como todo lo que está aquí, en el mundo, no está por arte de magia, leí en un libro que al principio fue el acebuche, después se fueron sacando los barbones para sembrar, siempre se cogía de lo mejor, lo débil no valía, en la siguiente cosecha sería víctima de la poda. Así fue evolucionando hasta hoy, que tenemos olivas que dan aceituna, con ayuda del agua, aunque de siempre la aceituna había sido de secano, pero le caían como agua de mayo los riegos, hoy en casi todos los sitios se riega.

Y la oliva llora y sus lágrimas se van a las tostadas de la mañana.

Desde el poyetón del cortijo se veía el pico llamado Cabañas, el más alto de la zona. En esa altitud hay que saber mucho de agricultura para que se pueda vivir de ella, ya no es como antes, que con un pedazo de tierra y una casa se podía vivir. Hoy necesitamos el coche, el tractor y mil utensilios más. Los grandes terratenientes nunca han tenido problemas, pero también hay y habrá siempre el pequeño propietario, el que mima y adora su tierra, y produce para su casa. Según iba diciendo mi amigo, había sembrado la finca de avena, seguro que dentro de unos días se pondría verde, pero él no lo vería hasta la recolección, tiene tierra buena.

Llegamos a la ciudad. Coches y más coches. Ese sí que es un negocio seguro, siempre se venderán más, ¿quién no aspira hoy a un coche o a un ordenador?, es lo moderno. La industria nos va indicando por dónde debemos ir, muchas veces con riesgo para nuestra integridad, pero ahí está el punto y la línea que hace que las situaciones se mantengan en paz. Sí, paz, aunque paz relativa, porque todo está en guerra, está también en la competitividad de los propios obreros; normalmente, hay que pisar al de abajo, a esas personas que no requiere el sistema. Los fuertes, con sus conversaciones y sus trabajos, los van hundiendo. Los vemos fumando o mendigando por esas calles, como que la desgracia no se les acaba. El fuerte es el que vale, los demás son pura piltrafa humana, si malviven no es porque sean superiores, sino porque el sistema los deja para purgar los pecados, su dolor de conciencia.

Yo conocí a un trabajador que, aunque hiciese bien su trabajo, los jefes y los compañeros le tenían lástima: era el último del escalafón, y así sería hasta que cambiase de trabajo o se jubilara. Esta persona había aguantado tanto que se hizo fuerte con los palos que le habían dado durante su vida. A pesar de todos los pesares, me confesó un día, que llevaba en una libreta todo el asco que le producía el ambiente en el que vivía, un ambienten de egoísmo total, donde el euro ahora y antes los duros de plata hacían de las personas animales, aun cuando no había necesidad, se ensañaban con él y, sobre todo, cuando el alcohol hacía sus efectos; los jefes, hartos de mujeres y de dinero, jugaban con él, pero él veía que no sólo era con él sino también con los que les echaban carnaza para, por un momento, coger fuerzas y seguir pisando al de abajo.

Nunca los de abajo han sido bien vistos por nadie. Pero tenían un hueco, aunque pequeño, que les daba ánimos, quizá fuera esa libreta o ese punto que puede ser un microchip. No, no es este el mundo que todos buscamos.

Quizá los duros de plata nos dejen una enseñanza más buena, o más mala, eso hay que investigarlo más a fondo, pero sé que hoy no daré con la clave por mucho que piense, mientras paseo y cojo un racimo de uvas negras, por el camino voy masticando y lanzando los huesos lejos. Voy viendo cómo los perales y las olivas a ambos lados me hacen paso para hacerme comprender los rayos de la tarde, vendrán miles y miles de tardes de las cuales yo sólo percibiré un segundo, en comparación con el tiempo total. Alzo la cabeza y veo cómo los coches pasan y yo sigo paseando. Conforme los rayos me empujan hacia el pueblo, atrás dejo un reguero de ideas que, aunque alguien también la piense, yo las siento como mías.

Entro en el  pueblo y me asombra la diversidad de personas: se ven árabes en el centro del pueblo, también, pero menos, latinoamericanos. Entro en el mercado y me encuentro en la carnicería a dos hombres cargados de carne. Tenemos que recibirlos bien, serán los dueños dentro de poco, trabajarán duro, pero ellos no han venido a trabajar, sino que han venido detrás de ese punto que todos intentamos buscar, unos lo buscan en Italia, otros en Francia o en España. Son valientes por creer en algo. El punto no lo descubrirán, como antes nadie lo ha conseguido, pero son valientes. Con casi lo puesto, se vienen en busca de esa quimera que se llama línea o punto.

Muchos son los que han conseguido pasar siquiera unos momentos de felicidad, ver cosas que antes no habían conseguido sentir y como de todas formas ellos lo quieren todo, en un mundo sin fronteras, si ven el punto aunque sea de lejos, si lo ven, a lo mejor volverán o mandarán cartas o llamarán por teléfono para que todos los suyos le ayuden a descubrirlo. Y, tenedlo por seguro, volverán. Esos pies han conseguido, de una u otra manera, llegar a la tierra prometida. Se dejan todo allí y además su vida está en constante peligro. A lo mejor son ellos el punto. Sí, ellos mismos pueden serlo, ¡qué se yo!, no puedo explicarlo. Vemos pasar por nuestras calles, ¡qué gran diversidad!, a estas personas que, al final de cuentas, seguro que perderán porque aquí lo que hay es sólo miseria de ricos que hemos trasmitido principalmente por la televisión: un mundo imaginario.

A falta de creer en el Dios que nos predican por todo el mundo, ellos a lo mejor lo que quieren es la libertad, pero ¿de qué libertad hablamos?, ¿no será la de la prostitución?, ¿el trabajo mal pagado? Si ya a los propios de aquí nos es difícil vivir, eso no se enseña. O a lo mejor han cogido el camino correcto y viven felices, viviendo fuera de su mundo. Es difícil, pero puede ser.

Yo creo que en el fondo del pozo ven el final y ven que les cuidamos, que les damos ropa, comida… Es difícil comprender por qué abandonan sus países estas personas que carecen de lo más imprescindible. Aquí, a lo mejor cuidan de los mayores que tienen su paga, esa puede ser una salida, pero es que van también a por el pan y cuidan del perro. El otro día vi a una conocida con una sonrisa amplia que le salía de dentro. Cuando me miró, iba acompañada de una extranjera, seguro que iba a sacarle hasta las muelas, son caramelos que nos dan, no por la fuerza, sino envueltos en los sentimientos que trasmiten, que, seguro, que son obligados, sólo les interesa sacarle la paga a los ancianos y, si pueden, todo lo demás, porque, aquí, en el mundo -yo sin necesidad de viajar mucho me doy cuenta- ¡qué poderoso es don dinero! Es una gran verdad, casi la última verdad que nos queda. Son personas fuertes que hacen el reto de andar miles de kilómetros en un peregrinar que seguro que ni Dios cuando tenía la barca de peces se imaginaba la de pateras que hay hoy en las que mueren muchos, sí, muchos y engañados por un sinfín de causas que no es el momento de analizar en profundidad.

Cuando llego a casa, encuentro a mis dos hijos y al abuelo Julián absortos en las palabras lentas pero con un sentido del ritmo, de ternura, que el abuelo dice a los nietos. Él les decía que eran cuentos lo que les contaba, pero era mentira, era su vida real ya que lo que contaba había pasado cuando él aún era joven y vivía a otro ritmo. Hoy, emocionado, contaba a sus nietos sus batallitas.

En la mili, por ejemplo, fue donde aprendió lo que es la vida y también el sentido profundo de ella. No paraba de hablar, a mí me parecía que veía una película ya casi terminando. Hacía referencias a un pastor alemán, aunque –según contaba- nunca le habían gustado los perros, éste se hizo de querer y el abuelo lo aceptó de buen grado. Yo recuerdo que llegué a verlo, incluso creo que está en fotos y videos, en aquellos tiempos en los que el abuelo se dedicaba criar cabras. A Bandido, que así se le había puesto de nombre al perro, no había que hablarle, el sólo mantenía las cabras a las órdenes del abuelo. Cogíamos la comida para él de un bar, de los restos que le sobraba y se lo bajábamos al cortijo para que no pasase hambre. Bandido no se dejaba engatusar por nada. Según los que lo conocieron, había tenido un pasado muy negro, había matado para comer desde gatos, hasta cabras y ovejas. A nosotros nunca nos había dado señales de violencia. Eso sí, su estomago siempre estaba bien lleno.

Él era libre, nosotros no lo mandábamos para nada, el sólo sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal, era mejor que muchas personas, se le notaba nobleza. Una vez me acerque a él y lo acaricié, él puso las orejas de punta y, al poco, salió corriendo detrás de una cabra que se alejaba. Nunca nos robaron, claro que eso sería en extremo peligroso, pues el ataque de aquel Bandido sería mortal. El nombre se lo puse yo porque sabía que conocía la sierra a la perfección y que allí seguro que había hecho de todo. Era muy viejo cuando llegó a manos del abuelo, pero corría como un joven. Cuando se abría paso entre la alfalfa, parecía que la acariciaba; si labrábamos la tierra, él iba detrás del tractor, de un lado para otro. De vez en cuando, lo veíamos doblar la pierna y recostarse un rato, parecía un rey en su trono, nunca nos hizo daño, ni a nosotros ni a nadie. El sólo quería ser libre y, de vez en cuando, observar que todo estaba en su sitio.

Muchos días no estaba, nosotros decíamos que se habría ido de novias, pero ¡cuán presto volvía! En una de las muchas ocasiones que lo observaba, vi que se comía la hierba que nacía por todos los sitios. Según me dijeron era para purgarse, y lo hacen todos los perros, salvajes o semi-salvajes. Me asombraba cuando, por la derecha del banco, iba imponiendo su sitio y rodeaba a las cabras, él ya sabía dónde tenían que estar. Muchas veces se ponía con las patas dobladas y la cabeza yerta, junto a mi lado. Cuando llegaba el tiempo de la quema de las ramas, no paraba de dar vueltas alrededor de las pavesas, volando de un lado para otro, y eso que no corría aire, pero nos inundaba el ambiente. Las llamas se alzaban al cielo, las ramas estaban secas y ardían como la yesca.

Muchos, quemando las ramas lentamente y echándoles agua, conseguían antiguamente cisco, que antes se utilizaba mucho y hoy ya casi nada, se está imponiendo lo moderno. Pero recuerdo ver que las mujeres por las mañanas en la puerta hacían cisco en el brasero y lo preparaban para, en el invierno, ponerlo debajo de la mesa camilla para dar calor a la habitación cuando nos sentábamos a comer. Hoy la ciencia está destruyendo esta tradición, ahora tenemos braseros eléctricos, mucho más cómodos. Pero el ambiente que respirábamos, con la comida, un buen potaje y, sin hacer la digestión, a trabajar, era bueno. En verano no había ni brasero ni mucha ropa, para eso teníamos el sol, que, perenne, nos hacía segar la avena, la cebada o el trigo, siempre había algo que hacer.

Los padres de mi mujer, una Navidad, nos invitaron a la matanza del cerdo. La verdad es que lo hacían para juntar a todos sus hijos en esos días inolvidables. Tenían una cuadra y compraban los cochinillos de pequeños y, con remolachas y harina, les daban de comer todos los días y en unos meses los engordaban con productos naturales. Los matarifes iban por la mañana y, uno a uno, los mataban, quitándoles la sangre, que se caía a un lebrillo, para las morcillas. Una vez muerto el cerdo, se le raspaba la piel por todo el cuerpo, seguidamente se le abría de arriba abajo y se le extraían las vísceras, que se dejaban a la intemperie. El cerdo se colgaba de un camal durante dos o tres días. Luego se bajaba hasta quedar a unos centímetros del suelo y después se dividían los jamones, las espaldillas, las y costillas; los pulmones y el corazón, la cabeza, los sesos con huevo son todo un manjar exquisito: la cabeza limpia al horno con patatas.

Y permanente los troncos de la oliva o del almendro encendidos bajo las estrébedes, calentando el agua de la caldera. Era una tradición muy antigua y ellos aún la mantenían, aunque ya se iban oyendo voces de que sanidad estaba prohibiendo este tipo de tradiciones, sólo se permitiría matar cerdos en mataderos autorizados. ¿Cómo es que no somos capaces de mantener nuestra cultura? ¿Tiene que ser como los políticos de turno manden? No, no, eso no es así, si se pierden las tradiciones y en los pueblos no nos dejan vivir, ¿a dónde vamos? Necesitamos nuestro aceite para que el lomo, con aceite hirviendo, durase hasta otro año.

Esto desaparece, y lo importante es que, como todo, terminaremos en cenizas. ¡Ay!, sólo quedaran los coches y los microondas. Eso sí es higiénico: que vayas por la calle y pase un coche y vaya soltando elementos químicos, vamos por cualquier calle y el humo lo tenemos que respirar a la fuerza. ¿Eso sí es progreso? ¿Romper el cielo con las estelas blancas de los aviones? Si me dejan a escoger, prefiero el cielo azul sin líneas. Dirán que soy un atrasado de la vida, pues bien, seré atrasado, pero seguro que, por algún punto o alguna línea, veo que vamos a convertirnos en cenizas. Lo que se desprenderá de ellas y su sentido yo no lo sé, pero no importa, lo que viene de nuevo se impondrá y podremos subir a la luna por un puñado de euros.

¿Es eso el progreso? Yo diría que sí, es progreso, pero avanza lentamente. Estamos rodeados de cosas que no valen para nada. Y se anda diciendo que el negocio más rentable es crear ambientes con las pinturas, las paredes blancas y sus elementos ya se han quedado antiguas. Hoy ya hay empresarios que se están adelantando a jugar con los materiales y los colores y veremos que ese será el negocio que más dividendos dará.

La radio fue la primera que dio la noticia, después la televisión. Era una alarma. Una situación que no se había dado nunca. En todos los sitios se multiplicaban las flores, por las ciudades, y, poco a poco, también por los pueblos. De las cápsulas que llevaban las monedas de plata surgieron flores se extendían por todos los rincones del planeta; iban estallando a la vez, flores individuales, ¡ninguna era igual!, hacían hincapié los medios de comunicación. Cuando nos acostumbramos, comíamos sus frutos, antes de que la flor se abriera, o después de la maduración. El mundo había cambiado, era un milagro. ¿Qué explicación tendría? El hombre, la mujer y los niños vivíamos de una forma diferente. Habían cambiado los parámetros de todas las mentes. El egoísmo desapareció. Cada uno comía y descansaba donde quería.

Tal vez era un primer aviso del Paraíso en la tierra. Dios había tenido algo que ver con este cambio increíble. Las flores daban sus frutos y nos los comíamos todos, no había ninguno prohibido, todos eran comestibles. Las mujeres embarazadas amamantaban a sus hijos y estos crecían. Intentábamos conocer cada tipo de flor, a mi parecer eran infinitas, pero a la mejor no era así. Entablábamos conversaciones con personas que antes ni las conocíamos. El cambio había servido para derribar barreras ideológicas. De golpe un forma de vida diferente. Después de todo, ahora vivíamos mejor, no había que trabajar, sólo con las mandíbulas y sin horario. Unos decían que se estaba estudiando profundamente este fenómeno, era universal: flores amarillas, rojas, verdes, blancas; todos los colores mezclados daban una variedad infinita.

Habían ido creciendo poco a poco, desde la casa de las monedas, incluso el que tuviese alguno duro de plata. Las cosas son como son y no como parecen, el cambio era real, muchos quisieron ponerle nombre a aquel fenómeno y no podían porque enseguida alguna planta  le cambiaba la idea para pensar solamente en la paz. A mi parecer era increíble, lo único que yo pude aportar es que fui uno de los primeros, junto con el abuelo, que manifestaba sus dudas, pero nunca pensamos que aquello terminase así.

Cuando llovía era un problema, pues, aunque no nos mojábamos, de la evaporación y la humedad salían hongos, hongos comestibles y también setas, que cocinábamos. Había comida por todas partes. Los coches no podían circular, ni los trenes, y mucho menos los aviones. Todo estaba cubierto de flores, dormíamos en algún malecón, allí dábamos una cabezada.

Tal vez era una forma nueva de vida donde todo ser humano se alimentaba y el problema de la vivienda estaba solucionado. ¿Quién había sido el que había creado otro mundo, un mundo de paz, donde crecíamos y nos multiplicábamos, hacíamos el amor y nos acariciábamos? Un mundo así es difícil de explicar, nunca antes se había dado. A lo mejor Dios se nos manifestaba de una forma nunca vista antes para disfrute de todos y no de unos cuantos. Tal vez Dios se hartó de tanta fábrica y de tantos coches contaminando, a lo mejor lo hizo porque el sistema en el que vivíamos no era el correcto.

Un mundo nuevo donde todo tendría que empezar de nuevo, una y conocer, a la mejor eso es lo que deberíamos de hacer, pero yo creo que mejor es seguir con está vida de placer constante y de compañerismo, de amor libre, comida libre, la humanidad cantando a la paz y al dialogo, escuchando música, leyendo libros viejos y nuevos, ¡cómo había cambiado todos los valores! En poco tiempo, nadie era más que nadie y la igualdad soñada se había vuelto realidad. Tal vez Zaratustra, a lo mejor, además de al hombre nuevo, también había tenido guardado y escondido este sistema, que nunca se había dado, para dar una sorpresa. El superhombre y la supermujer y el supernido ya se habían convertido en una realidad que veíamos todos los días. Sólo nos dedicábamos a conversar, a pintar y, así, aprendiendo unos de otros, progresaba toda la humanidad.

Hasta en el desierto, no se sabe muy bien cómo, crecían las flores cada vez más. La música era nueva, la literatura nueva y nos las trasmitíamos de unos a otros, por móvil o videoconferencias, sólo se salvaron los satélites civiles, aún no se sabe cómo los medios como los ejércitos y todo lo que esto conlleva se cambiaron: ya no había generales, ni capitanes, ni tropa. Cada uno iba y venía por donde quería, era la libertad más absoluta, no había violencia, era lo que desde siempre había soñado. El mundo quería libertad absoluta y no que unos dominaran a otros. Los sabios comprendían el cambio porque muchos ya lo habían explicado en sus libros. No, no era ciencia ficción, era una realidad de un mundo donde, en poco tiempo, se había juntado voluntades y con ayuda y la investigación nos ayudaban a comprender el mundo nuevo.

Todo el mundo era feliz, el ser humano era eterno, se nacía pero nunca tuvimos noticias de ninguna muerte. Los animales eran amigos del hombre, los veíamos que pasaban por nuestro lado y vivían como nosotros, con respeto. La Tierra es grande, en ella cabía de todo hasta el infinito, es difícil de explicar y que se me comprenda.

Los bancos también cambiaron. Después de tanto tiempo con la usura, con la acumulación de capital…. pero, como los designios de Dios nadie los conoce, allí fue donde nació la primera flor que después se extendió por todo. Los cajeros nadie los utilizaba, no hacían falta, no había dinero en el mundo. De todos los deportes había  desaparecido el afán de ganar, se jugaba por placer, se jugaba al tenis, al fútbol, en fin a todos los deportes, más los que se inventaban constantemente, había que mantener el cuerpo sano y los ejercicios y los paseos nos ayudaban a ser más felices.

Los mayores, con sus años, se mantenían sanos. Hasta estas líneas que describo, no ha habido ninguna persona enferma. ¿A dónde nos conduce este mundo?, pues puede conducirnos, si se mantiene como está, a construir un mundo nuevo donde la gente viva en paz y solidaridad, no necesitamos explotar a nadie, ni tener el mejor coche, ni la mejor casa.

Desapareció todo lo viejo y un mundo nuevo se nos habría a nuestros ojos, todos estábamos pensando si sería un sueño o una realidad, porque un cambio tan brusco es increíble. Creo que ni soñando sería posible. Los jóvenes se adaptaban a este mundo nuevo, pero los mayores también aunque aún no se lo creían. Las centrales nucleares, paradas, ¿quién se iba a pensar en ellas?

Por entre las hojas caminábamos uno tras otro y los compañeros, oliendo perfumes, comentábamos a qué se parecerían. No teníamos parámetros nuevos aún para creernos todo. Lo mejor era pensar en hacer melodías nuevas, como ahora las cantan los niños. El mejor cambio sería la música, que por donde uno anduviera escuchase una melodía compuesta para dar las gracias al que nos promociono tanto bien. ¿Para qué hacerse preguntas que nos pueden traer problemas?, mejor es disfrutar de este mundo, donde todo estaba en armonía, las dictaduras, las democracias y todos los sistemas desaparecían.

Ha venido un mundo nuevo y tenemos que comprenderlo, aunque, tal vez, ese punto del hombre que le hace preguntarse por cosas que no conoce, sea el que nos lleve a que el mundo cambie a otro sistema peor. Yo pido que vivamos como ahora, de una forma feliz, durante la eternidad, porque esta burbuja que es la Tierra se ha convertido en un mundo donde muchos han pensado, pero donde ninguno acertó en cómo sería mejor. Es que nuestras limitaciones son muy grandes, hasta que el cerebro evolucione, pero, por una casualidad del destino, estamos ya en la eternidad.

Pero ¡hombre!, ¿qué te pasa?, me movía la cabeza mi mujer, sabía que había estado soñando y, como ella estaba despierta, yo me vine de las nubes a la tierra rápidamente. Le conté el sueño. Tal vez la morcilla o chorizo, recién hechos, me habían provocado este sueño. Se lo conté y lo que me dijo fue que había abusado del vino y que el cerebro había pensado en llevarme al mundo donde todos queremos vivir, pero que, si ponemos los pies en la tierra, veríamos que seguro que se podría hacer realidad. Con todo, después de mucho tiempo, este sueño, es uno de los que no se me olvidan. Después he soñado otros parecidos, pero la impresión que me causó éste, no la he encontrado en ninguno.

Sería increíble si todos los sueños se hicieran realidad, porque de la razón no podremos sacar nunca nada bueno, nos lleva por derroteros que muchas veces lo que se consigue no son normalmente más que fracasos. La imaginación y la libertad tienen que tocar poder para ir sembrando flores por todos los sitios. Ahora en España hay ya por fin muchas mujeres tocando poder y las flores son la debilidad de cualquier mujer, así que municipio con flores es señal de que el alcalde es mujer. De todas formas, es un buen síntoma.

Os voy a contar ahora otro cuento. En un mundo donde todo era egoísmo, en unos de esos campos sembrados, se extendieron las flores. Los olivos se extendían por toda España y la ribera mediterránea, donde todos los años, más o menos se consigue alguna que otra cosecha buena. ¿Cómo es posible que, a pesar de eso, el mercado lo dominen las marcas Italianas? Tienen como un monopolio, lo envasan y lo meten en la cinta de la globalización para mayor beneficio suyo.

La agricultura… ¿qué tendrá para que me guste tanto? Cuando voy de viaje, veo a los lados de la carretera a los obreros sembrando, cosechando y enviando el producto a los mercados de norte de Europa, donde el producto final se paga más caro. Hoy en Jaén no se puede decir lo que dijo el poeta, “aceituneros altivos”, hoy tendríamos que cantarle a las máquinas y si no ¿qué? A mi me cuesta mucho ver que en una gran finca haya tres cosechadoras a la vez, la primera abriendo un camino, la siguiente otro, y la siguiente otro, sin parpar. ¡Qué hermosura!, ¡cuánto sufrimiento de trabajo evitado! Para obtener el trigo, ¡cuántas personas se hubiesen necesitado, haciendo la labor a mano!

Pero esto que escribo, ¿qué es?, ¿un cuento o qué? Claro que es un cuento, porque, con el tiempo, llegará el momento en el que no habrá que trabajar, las máquinas lo harán todo sólo con la voz. Ya hay algunas que funcionan así. Desaparecerán la clases sociales y todos seremos iguales en libertad; no habrá necesidad de la competencia, ni el egoísmos de ser siempre los primeros, eso desaparecerá. De hecho vemos cómo, poco a poco, todo cambia. Con los ordenadores, por ejemplo, la labor se está extinguiendo. Se dará a cada uno lo necesario para vivir y vivirá en un mundo donde en el arte se desarrollaran todos los sentidos y veremos que pintando se pasa el rato. No habrá ningún Picasso, porque el ser genio significa que todo el mundo coincida en algo cuando hacemos comentarios.

Hoy, quince de diciembre del año dos mil cinco, me he levantado temprano, he encendido la lumbre. Mientras la enciendo -tengo que tenerla preparada para hacer la merienda para ir a la aceituna y calentarme un poco-, cojo una silla y me tiro un buen rato meditando. Veo cómo los leños de oliva se enrojecen y va descendiendo su fuerza de calor y se convierten en cenizas. En vez de pensar en lo que tengo que hacer, mis ideas se van por la insoportable levedad del ser. Miro fijamente y pienso que el ser tiene sentimientos, que los tizones de la lumbre se podría decir que son la muerte, pero no son la muerte. La materia quemada, lo que queda, es como el lujo de una gran ciudad y como la miseria de la periferia. Así consigo comprender que, quizá, la vida o la levedad son la misma cosa. Mientras percibamos la levedad de la lumbre y notemos cómo se alzan sus llamaradas hacia arriba, sabremos que ahí es donde está la insoportable levedad, cuando la llama consigue llegar a su límite y empieza a descender. Tal vez sea así o no, yo no lo sé, sólo doy algunas ideas y procuro que sean lo más bellas posible.

La lumbre sigue quemando los trocos de olivo y, cuando ya casi todos se han convertidos en cenizas, se me viene a la mente la incineración y la eutanasia. Desde luego se está aproximando el momento de ir al trabajo, pero voy a llevar la cabeza y el cuerpo con una temperatura más que caliente. Mientras, pienso: la muerte… ¿qué es?, sólo la falta de una persona, también es un negocio, pero ante todo es el fin de una etapa. Desde luego yo nunca he visto personalmente que alguna persona se haya muerto. Sólo vi la de un familiar, que se murió joven, le vi la cara y nunca se me olvidará, pero ¿de qué sirve que recuerde eso? Tal vez sea la muerte como un banco, o un archivo, conforme el espíritu deja la carne, se va a producir intereses o, tal vez, en la inmensa estantería que es el cielo, se le va clasificando para formar un paisaje. Si no, ¿de qué va a estar llena la eternidad? Por eso es por lo que el cielo se expande infinitamente.

Y con los niños jóvenes ¿qué son de ellos? Aquí hacemos especiales los entierros, a lo mejor también es diferente en el cielo y se convierten en ángeles. Hoy tenemos un reto muy importante: tenemos que conseguir que los ángeles sean los menos posibles. El espíritu es mejor, ser ángel es no alcanzar otros puestos más altos. El ángel sólo se dedica, por entre las nubes, a jugar de una en otra; algunas veces, cuando hay alguna dificultad que ellos pueden corregir, enseguida están ellos allí para, en su momento y con otras ayudas, arreglar el problema.

Y el invierno sigue. Me encuentro acabando el pedazo de tocino que he asado en la lumbre. Con un tomate y un trozo de tocino, he tomado más calorías de las que me hacen falta, lo noto. Cuando vamos recorriendo el camino, veo el sol y la tierra cubiertos por un manto blanco. Ha helado está noche. Llegamos a la finca. Vemos cómo nuestras botas van rompiendo lo que no hace unos minutos estaba blanco. Tal vez sería algo de lo que se les ha escapado a los ángeles. Las varas están frías. Hoy no hay manera de conseguir entrar en calor. He madrugado demasiado y el rendimiento es menor. ¿Quién me mandaría a mí levantarme tan temprano?, pero el nervio no me dejaba dormir, estaba deseando empezar. Por ser el primer día, no quería que me fallase nada. Si pudiéramos planificar todo lo que hacemos…., pero no tenemos libertad, todo se mueve a su manera.

Recordaba temporadas pasadas, cuando sólo las mujeres se dedicaban con sus dedos, muchas veces con la tierra helada, arañar la tierra para poder coger una aceituna tras otra. Era algo mecánico, pero era el sistema. Además se ponían piedras en la lumbre para, de vez en cuando, ir pasándoselas de uno a otro. Parecía que era mejor, pero era peor, porque lo que se hacía era calmar el dolor del frío sólo por unos momentos, pero aún así las piedras circulaban durante todo el día para que del frío no diese la risa. Desde entonces ha cambiado todo mucho, desde las almazaras a la recolección y el cuidado de las olivas durante todo el año.

En las almazaras todo era casi fuerza humana. Recuerdo que los capachos se iban poniendo uno encima de otro, como una tarta. La masa se distribuía por todo, la prensa dejaba caer el aceite. Por la presión, caía el aceite puro. Por mucho que lo explique, seguro que, si no lo veis grabado o en la realidad, será difícil que el que no lo entienda se haga una idea de cómo eran las almazaras. Ahora se han convertido en máquinas en las que sólo se ve cómo entra la aceituna recién cogida, de ahí pasa a unos recipientes que van entrando a las máquinas y por otro lado sale el aceite. Normalmente siempre hay una lumbre de orujo, que mantiene caliente la fábrica. Es una temporada corta, que casi siempre coincide con la Navidad. El resto del año a cuidar las olivas. Yo tenía una buena finca y me ocupaba de ella, no en vano la familia casi vivíamos de ella.

Llevaba mucho tiempo pensando en retirarme de mi profesión para dedicarme al cuidar de mis tierras. A mi mujer le encantaba la idea y, según los que sentimos los dos, nos fuimos a iniciar una vida que de pequeños ya habíamos vivido. Nos trasladamos al pueblo, los hijos venían a visitarnos de vez en cuando y nosotros dos vivíamos bien. Una noche, con el brasero de cisco y los dos sin ganas de ver televisión, nos compaginábamos muy bien, empezamos a hablar de la eutanasia. Ella, en una frase, resumía todo su sentimiento: mientras hay vida, hay esperanza. Yo dudaba: ¿y si el sufrimiento se puede cortar, como si fuera una mandarina?, siempre hay una enfermedad, que nos contempla para, en un momento, hacerse presente; médicos hay, pero también hay algunas enfermedades muy graves, ¿qué sabemos de lo que siente cada ser humano, para que otro le siegue la vida?, no se debe vivir el mayor tiempo posible. Mi mujer callaba, ella ya había dicho su última palabra.

Yo me imagino la muerte, salvo en las enfermedades graves, como esos buitres dando vueltas alrededor de la cabra o de la oveja muertas. De la muerte a la vida sólo hay un paso y ¿quién decide ese paso?, ¿un médico, un médicamente, el azar? Yo sigo pensando pero, a lo mejor, el brasero con su calor y su olor hace que las ideas, que antes tenía claras, ahora las veo como si estuviese borracho. Estábamos durmiéndonos los dos, hasta que me di cuenta y enseguida abrí la ventana. Por allí entro la vida, si no hubiese entrado oxígeno, seguro que hubiésemos muerto. Todavía no nos acostumbramos al campo y tenemos que tener cuidado. Una asfixia, un corte o una herida, en definitiva, podría tenernos unos días en el hospital y, como mal mayor, encontrar la muerte. El campo es muy peligroso para el que ha vivido toda su vida en la ciudad. No se pueden hacer las cosas, sin antes haberlas aprendido. Nosotros recordábamos nuestra niñez, pero lo que estábamos haciendo no era cosa de niños, podíamos tener un fallo, pero no muchos más.

La otra mañana, cuando pasé de largo por el parque, entre las hojas del suelo y los rayos de luz que caían, como si fuese una agua mansa, me sorprendió está estampa: los rayos se podían contar, yo andaba y los colores y el aletargamiento de algunos árboles se quedaban atrás a dos pasos de la carretera; ese encanto de la naturaleza fue la primera vez que la vi. Se aproximaba el invierno, ya estábamos acostumbrados a ver las previsiones de tiempo en la radio, la prensa o la televisión. Todavía aciertan poco, ¿qué pasará cuando me diga el de la televisión que, pasando por determinado lugar, se va a ver ese paisaje? A lo mejor se junta algún autobús y lo contemplan como obra de Dios. A lo mejor los llevan y no se da ese fenómeno, ver esa lluvia cómo, poco a poco, van los rayos penetrando, poco a poco, sin ruido y conforman un paisaje que muchos pintores intentarían plasmar en sus lienzos. Los rayos eran de diferentes colores y se veía que se dejaban caer, como sin querer, unos junto con otros, y hacer un dibujo de eternidad. El que lo vea, seguro que sabe lo que es la eternidad. Yo seguía despacio y disfrutando, como de un manjar, de los colores que se veían por la mañana, los árboles eran inundados por el sol que, por capricho de la naturaleza, se había dejado sentir. Tal vez la muerte era como un rayo, el cuerpo deja de funcionar y seguro que, cuando me llegue la hora, yo estaré como un átomo formando parte de algún paisaje, no sabré en qué lugar, pero sí unido siempre en algún rayo de sol o tal vez en una gota de agua que se deje caer en algún sembrado de trigo o de cebada.

La vida se prolongará porque la eternidad sólo significa que no hay fin. Aunque aquí percibamos el término de algo, es sólo un pensamiento y otro es que pensamos que la eternidad es una cosa que va dando vueltas y tirando líneas. Nosotros no llegaremos a ver la solución nunca, nos parecerá que una cosa determinada es para toda la vida, pues claro que es todo para toda la vida, porque la vida no se acaba nunca.

Lo peor que podemos hacer en nuestra vida es unirnos a la masa. ¡Cómo nos dominan esos estadios de fútbol, o las plazas de toros, o los mítines! ¡Hay que ser independientes en todo! Deberíamos seguir nuestra forma de ser, pero en soledad, disfrutar de todos los acontecimientos de la vida, pero huir siempre de las sectas, de las religiones. Aunque Dios dijo que donde hay más de dos Él está allí, no lo creamos: el ser humano es independiente, salvo que, por algún tiempo limitado, estemos en algún sitio de esos, donde es seguro que, desde el primer momento, nuestra atracción se convertirá en cenizas. Depender sólo de uno mismo es muy difícil. Muy pocos lo consiguen, pero ¿y el placer de ver a la masa cómo se mueve?

A mi parecer, es una distracción, más corta o más larga, pero todos sentimos en algún momento esa libertad, y creo que cada vez la percibe más gente, que pasa cuando dos de estas personas sólo tienen silencio, pues sienten lo mismo, han llegado a la cúspide: están en silencio y comen y beben, pero no hablan y duermen, pero saben que, si hablan, pecan, por eso ellos quieren tener el espíritu limpio y, tal vez, pasan los años en pareja, tendrán hijos y les enseñarán el gran camino de la libertad para que la libertad juegue como la pelota en un partido de baloncesto; sólo tiene que haber libertad y ausencia de violencia; por ahí es por donde debemos encaminar nuestros pasos.

Estos pensamientos me lo dijo un ermitaño que, en la plaza de San Pedro, en Roma, me lo daba todo y yo no podía cogerlo. Claro que eran monedas de plata. Él y yo hablábamos, él llevaba un pañuelo en que envolvía las monedas; a mi no sé qué me pasó, pero sólo le pedí una. Hablamos y hablamos en aquel lugar santo y él, para pasar el tiempo, iba regalando sus monedas, decía que tenía un baúl lleno de ellas, En la plaza se divertía viendo dónde San Pedro había puesto la primera piedra.

Sentados en un banco, le pregunto si a él se le había pasado por la cabeza algún sueño. Y me dijo que lo que había soñado era el mismo sueño que el mío. Me lo explicó un poco, pues mucha gente había soñado lo mismo y se lo habían contado a él. Llamó a un amigo que había cerca y, mal que bien, nos entendimos en castellano. Su amigo enseguida me explicó la razón de este sueño. Decía que se sueña cuando uno es feliz y vive un ambiente agradable; al cabo de poco de tiempo -me dijo-, tendría muchos más bonitos y que seguro que no habría de saber su significado. Me aconsejó que intentase enseñar la libertad porque, al principio, necesitamos un empujón para conocerla. Una simple palabra, un pásalo, o una conversación en el trabajo, nos puede enseñar el camino.

Está noche ha helado. Los tejados dejan caer sus gotas de agua poco a poco. En algunos sitios ya lleva la escarcha varios días que no se va. Los almendros desnudos, las nogueras ya sin hojas, están en el suelo, llenas de humedad. Para la próxima cosecha no habrá nada más que materia orgánica. ¡Qué noguera tan grande! Sus ramas quieren llegar al cielo. ¡Ya pronto viene la primavera! Arrancaremos los ajos y las espinacas, también las habas, todo comida creada por Dios para disfrute nuestro. Aquél que quiera violencia que se desahogue en el trabajo de construir en vez de en el de destruir. Uno a uno los vemos pasar, como si de muertos se tratase, camino del trabajo. Al poco surgen las olivas, que nos darán el aceite, pero lo primero que hacemos al llegar a la finca es encender una lumbre, pues no estamos acostumbrados al frío intenso. A lo lejos vemos humo, señal de que hay ya gente cogiendo aceituna.

En el verano está prohibido encender lumbres, hay que pedir permiso para encender fuego, porque hay que prevenir. Pero ahora me acuerdo de cuando yo y mi padre, cuando no corría aire y teníamos que quemar los rastrojos, encendíamos fuego por un lado y, poco a poco, el rastrojo se iba quemando. Se quedaba toda la finca negra, pero había que quemarlo para que el tractor pudiera hacer barbecho. Me contó mi padre que un agricultor, hace unos años, se puso a quemar los plásticos al lado de la acequia, que divide dos fincas, ardían y ardían y no paraban de pegar llamaradas. Viendo lo imposible que era apagarlo, la Virgen se hizo presente en forma de Mateo, un amigo y vecino. Éste, al oír las palabras de socorro, enseguida ayudó a dominar el fuego. En unos minutos consiguió dominarlo y el fuego se apagó lentamente.

Si no hubiese sido por Mateo, tal vez las dimensiones del fuego hubiesen sido enormes, pues la hierba seca de la acequia estaba deseando unirse a la gran fiesta de la destrucción. “Nunca tendré con qué pagarle”, decía el agricultor, “ni con sentimientos de gratitud, siempre que lo veo lo saludo y, en nuestras miradas, cuando nos vemos, lo primero que recordamos es el fuego, que estuvo a punto de que ardieran gran parte de los olivos y de los almendros; nos fuimos tranquilos a casa, era verano y mientras íbamos al pueblo los pies aún me temblaban, ¡la que se podía haber armado!, la ayuda desinteresada de Mateo hizo que no fuese a más”.

Vemos que cada persona noble, cuando ve el peligro va a ver qué pasa y a ayudar en la medida de sus posibilidades. Al día siguiente el dueño de la finca nos llevo a ver lo podía haber sido y no fue. No nos creíamos lo que vimos, el gran peligro en el que estuvieron, ¡era increíble! Si el fuego sirve para cosas de beneficio también sirve para otras de destrucción.

Una vez que iba para Málaga, iba escuchando la radio. Decía que había un fuego, yo no conozco ni Málaga, ni la carretera, pero desde la ventana del autobús veo a mi derecha que de una finca de olivos se alzan al cielo azul humaredas encendidas. La radio decía que estaba ya controlado, que sólo quedaba el final de la calma del fuego, pero el daño ya se había hecho. Nosotros lo veíamos desde la carretera recta. Era espeluznarte. Un paisaje de guerra de la naturaleza. Con el fuego de esta forma se ve que la naturaleza muere y muere todo. Sólo dentro de unos años se conseguirá que se recupere.

En cada casa hay un fuego, bien sea una vela, la lumbre u otro aparato que funcione con fuego. Pero es peligroso. Si el centro de la tierra está ardiendo para que podamos vivir, ese fuego lo necesitamos porque, aunque haya cosas que son mejor quemarlas en nuestras cabezas y en la realidad, el fuego a lo mejor no es tan malo, si no es provocado. Si lo vemos desde un determinado prisma, seguro que tendrá su razón de ser.

El fuego es muerte y vida. Si no quemamos lo viejo, lo que no vale para dar vida, tampoco surgirá una nueva vida. Después de algún fuego, con el tiempo y las lluvias, se consigue que la vida en ese sitio quemado empiece de nuevo y se forme otra naturaleza, otro paisaje. Hemos destruido pero la naturaleza no se destruye, hay que mimarla. El fuego es donde se quema todo lo malo, nos da calor, igual que el sol, y se consigue un microcosmos que, a su manera, es vida. Después de un fuego, nos quedan las cenizas.

Es más el miedo que le tenemos al fuego que otra cosa. Como cuando ponemos las parrillas a la lumbre para asar unas chuletas -¡no hay manjar más exquisito!-, pero es que estamos actuando de una forma en la cual el dominio del fuego por el hombre lo vemos todos los días: en las cocinas, en las fábricas y en la agricultura, el quemar lo que sobra de la poda. El fuego lo tenemos en el cuerpo, nos tocamos y es calor lo que desprendemos. No podemos decir que el fuego no sea nada, tenemos que comprender que la combustión es un elemento de energía en el que algo muere para que otra materia nos de el bienestar que necesitamos para ser libres. Imaginémonos el fuego por todas partes, todo el planeta ardiendo y nosotros corriendo de un lado para otro. El fuego, si no fuera nada, no podría perjudicarnos mucho, sólo se trata de dominarlo, como hizo Mateo. Hay muchos Mateos que se dedican a ver cómo surgen los fuegos interiores; también un enfado, una injusticia o, tal vez, un malentendido, que nos hace creer que lo mejor es la anarquía, sí, libertad absoluta, en todos los sentidos.

Doce menos cuarto. Estoy juntando estas palabras cuando me echo sobre el sillón para atrás y una de las veces veo un gorrión detenido en la antena de la vecina. Sigo escribiendo. Cuando me echo para atrás, ya ha volado, tal vez huyendo del humo que sale de la chimenea. Volara seguro a otros sitios más apropiados, pero es que, unos minutos después, veo que pasa por la ventana un avión, con su estela blanca, rompe el azul del cielo. Entre la chimenea de la vecina y el avión, veo que el mundo está en mis manos, sí, por donde voy encuentro movimiento y actividad humana, unos van por los cielos, otros se dedican a la tierra, otros a la agricultura. El humo del avión junto con el de la chimenea me da el placer de los parajes modernos.

Hay gente que se dedica a viajar buscando el poder y el dinero. Vemos por la calle, hoy, sábado, en mi pueblo, hombres hablando distintos idiomas que vienen en busca de cómo dominar mejor el fuego, para que, cuando vayan a sus países, puedan comprar una casa o algún pedazo de tierra. Es raro ver a estas personas deambulando por las calles, ¿qué buscan en un pueblo que está muriéndose desde hace muchos años? Buscan trabajo, aunque el que se hace normalmente, este año al menos, es mínimo; sin embargo ellos siguen viniendo, los vemos todos los días. El otro día, bajando de un edificio del ayuntamiento, me encuentro, en una de las muchas habitaciones, una habitación de comida para los inmigrantes. Ellos van por allí y por lo menos no pasan hambre.

Yo desde siempre me he planteado la misma pregunta: ¿era lo mismo cuando muchos andaluces emigraron a Cataluña?, ¿es la misma situación?, yo creo que no. Estos pobres serán pobres como lo fuimos nosotros y ellos también conocerán el sufrimiento, que no les hará mucha mella, pues son duros; pero hay diferencia. Cuando viven en sus países, no están a gusto, claro, lo primero es juntar un poco de dinero y enseguida, en patera o en avión, a recorrer el mundo en busca de dinero -¡maldito dinero, cuando se convierte en el corazón del corazón humano!-.

Estoy en casa de mi madre, que me ha invitado a merendar. Con ella paso un rato. Suben de visita un hermano y toda su familia. Después de un tiempo, se van y me quedo yo sólo. Pero he quedado con un amigo para hablar un rato. Cuando bajo la cuesta y cojo a la derecha, otra cuesta, por la que pasan los coches, tal vez demasiados. Los peatones se tienen que pegar a la pared. Paso por una cuesta abajo donde están las escuelas y veo una estampa que hacía tiempo que no veía: un mulo, con su aparejo y las agüeras cargadas de leña, la carga iba camino de convertirse en cenizas, tal vez el dueño del mulo estaba juntando toda la que podía para pasar las Navidades con una buena lumbre; en medio de las agüeras, iba un perro y el mulo con las orejas empinadas, como de orgullo, cogido del ronzal; el dueño llevaba una vara, las herraduras del mulo eran nuevas pues el sonido del asfalto lo hacía ver.

En mi mente se cruzaban el pasado y el presente. Este hombre aún se sentía bien y sus costumbres aún las mantenía, evidentemente, como era normal en el pasado. Ahora es difícil de comprender. El mulo, guiado, pasaba por la rotonda, cuando, por una de las calles que hay a mano derecha, coge su ritmo y lo pierdo de vista. Tener un animal y además de esas proporciones no es tarea fácil. Hay que tener una cuadra en la casa donde, normalmente, se crían conejos y gallinas. El hombre debía de saber que normal no era, pues lo normal sería que fuese con una furgoneta de un lado para otro. Él no sabía conducir automóviles, pero sí sabía cómo tratar a los animales. De estos hombres ya quedan pocos. Antaño labraban la tierra para sembrar y abonaban con el estiércol de la cuadra.

Tal vez eso era mejor que los chorros de humo de los coches. Es una contraposición de culturas y vemos que el cambio, lento pero seguro, que nos lleva a lo que llamamos estado del bienestar, es relativo. Estas tradiciones llevan muchas veces aparejado un intenso trabajo, por eso no pasarán a los hijos. Estos tendrán vagos recuerdos de cómo su padre tenía lo suficiente para mantener a toda la familia. Antes eran mulos de carga, hoy los mulos o los caballos enseñan los paisajes a los turistas. Lo que prima es el metal, que ha sustituido a los animales, los animales son pasado. Seguro que la leña que lleva dará calor y harán comidas, que pocos hacen de ese modo.

Antes, en las fiestas, los que se habían ido a trabajar fuera venían a su pueblo nativo. Pero hasta eso se está perdiendo. Los pueblos sólo se están quedando para el turismo, que es bueno o malo según se mire. Lo malo que yo veo es que vienen todos en las mismas fechas. Así la mayoría del año el pueblo permanece vacío, con unas largas calles interminables y sólo rotas por el sonido de los pocos coches que se atreven a ir a algún sitio. Antes se veía a la gente por la calle, hoy muy pocos. Esta vida está cambiando, ¿adónde nos llevará?, seguramente que a la lumbre que con los troncos del mulo estará encendiendo el hombre, un sitio donde lo mejor y lo peor se queme y sólo queden cenizas.

Cuando llego a ver a mi amigo, empezamos a meternos en profundidades. Hablamos de la cremación. Como la cremación es ceniza, ¿qué diferencia hay entre una lumbre y las cenizas que quedan de un muerto? Para mí no hay ninguna. Tal vez todas las cenizas tengan sus propias cualidades. ¿Y el incendio de un edificio en Madrid?, ¿qué fue aquello? Un canto a la destrucción.

En plan de risa, le digo a mi amigo: “mira que, cuando yo era pequeño, el colegio lo hicieron donde antes había un cementerio y veía a los perros por las calles con huesos que eran de un ser humano, o sea que lo muerto se combina con lo vivo”. Mi amigo decía que era de mal gusto pensar en eso. Por eso le decía, y además coincidíamos, que lo mejor donar los órganos y lo que quede de cada uno a la cremación, es una manera de vivir en otro.

Pasamos mucho tiempo hablando hasta que se nos hizo tarde. Llegamos a la conclusión de que podíamos decir como el poeta: confesamos que hemos vivido; y que, por lo menos, no nos ha pasado como a aquel pobre zapatero, que se le había alargado la vida y se le había terminado el dinero. Así se nos hizo tarde, nos deseamos buenas noches y un hasta mañana, porque la amistad es lo mejor que se ha podido inventar: varias personas hablando y llegando poco a poco a un acuerdo.

Otro vecino pasó por mi lado, nos dimos las buenas noches y él me dijo: “Hasta mañana”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA PARTE

 

 

 

 

HOJAS BLANCAS DE OTOÑO

 

 

 

 

En el día del Señor, 26 de febrero, paso a relataros un cuento, para que lo leáis en voz alta.

El sábado por la mañana pasamos junto al parque y en esto que subía un coche, Yo conocía muy bien a su dueña, ya que habíamos estado juntos durante el verano en un cursillo de enfermería, por eso enseguida reconocí a la conductora. Sabía que venía a hacer la guardia del fin de semana en el Centro de Salud. ¡Pero se juntan tantas cosas! Voy a ordenarlas para que las entendáis.

El sábado por la tarde, en los carnavales, me encuentro a una enferma profunda, hermana de la familia más importante de la aldea. Va acompañada, pero la compañía no sabía hablar y tratar bien a los enfermos, tal vez no le había enseñado nadie que la dulzura y la amabilidad con estos enfermos les sirven más como terapia que todos los medicamentos. La llevaba como a rastras y con un lenguaje poco respetuoso, todo sea por la felicidad y la alegría que ella experimentaba en esos momentos de Carnaval. La pobre enferma sólo quería gozar y, aunque pudiera, seguro que no se quejaría mucho. Enfermos tratados así los vemos a montones. La juventud quiere ganar dinero para un coche o un piso. El trabajo bien hecho a la mayoría le importa poco, saben que muchos lo tienen de por vida, sino una enfermedad no se los lleva por delante, o algún accidente.

El sábado por la noche estoy mis sobrinos. Habían estado en el carnaval, la mayoría sí parecía que estaba alegre, así el pequeño sólo observaba la realidad detrás de su máscara. Son estupendos. En estos momentos se habla en la televisión de la gripe de los pollos y también del terrorismo. En el subconsciente colectivo se veía el miedo a vivir de una manera peligrosa.

Dormimos tranquilamente. El domingo por la mañana no para la lluvia de caer, pero como estoy absorto leyendo Una muerte anunciada, de García Marqués, la termino y me pongo a comer. Como es domingo, me apetece echarme en la cama, pero antes mi padre nos dice que hay tres almas menos en el pueblo. Me extraña que hayan sido a la vez.

Me levanto de la siesta y miro a la ventana: efectivamente la nieve que, cuando me fije unos minutos antes de la siesta, caía lenta, cuando me despierto a las tres lo primero que veo es la calle inmaculada y los tejados también. Mientras se deshacía la nieve, no pasaba nadie, era la primera nevada, no veo pisadas; por lo general siempre hay gente jugando o pisando la nieve, es un ruido especial el que acompaña al caminante.

Después de ver una película y esperando empezar otro nuevo libro, bajo a merendar a la pastelería y allí me confirman que tres personas han muerto. La verdad es que las conozco muy bien, también me dicen los que están también en peligro de coger las mochilas y seguir caminado al otro mundo. El domingo pasa y se acerca el lunes, que es mercado en el pueblo. Será difícil que lo haya pues con este tiempo la gente prefiere recluirse en sus casas y estar lo más calentito que se pueda. Son días de comer gachas y migas, comidas típicas de está zona.

Por la noche estuve en un bar que habían abierto de traspaso. Fue fenómeno. Con la cerveza me pusieron un plato de trozos de jamón, pan y ajetes. Hay pocos clientes, una bella muchacha esperando a su novio, que se retrasaba más de lo debido. La dueña esperaba más clientela al terminar los carnavales, aunque según opinión es que iría bien pocos. El dueño del bar que está enfrente me saludó como diciendo que él también estaba allí. No digo que no iré pues pone una carne en salsa de tomate que está buenísima. La verdad que es que no me gusta ir a los bares, porque si es por comida de primera calidad, como en mi casa, en ningún sitio.

El año anterior, los garbanzos que sembré en mi finca no se dieron nada bien porque en primavera no había caído casi ninguna agua. Los habíamos sembrado con esmero, con unas máquinas donde el garbanzo caía por las cuatro cajas de uno en uno y seguidamente se enterraba, con otro mecanismo de hierro. ¡Con cuánta ilusión esperábamos la cosecha! Empezó bien, en hileras milimétricas, ya se dejaba ver el verde de la futura mata, pero como no llovió, los pocos garbanzos que hubo los cogimos a mano. Fue muy pobre la cosecha. Hay veces que la naturaleza se muestra desagradecida, pero por eso este año he sembrado avena tardía. Hasta el día de hoy ha nacido muy bien, ya la finca se ve verde.

Recuerdo cuando sembraba remolachas para sacar azúcar y pulpa. Se cogían del cogollo de hojas y las meneábamos, si había llovido, porque en las raíces que están a lo largo de la remolacha se pegaba la tierra. También recuerdo aquellos años que sembramos habichuelas blancas y luego venía un golpe de calor y a la mata se le quemaba la flor. Así las cosas, la cosecha era para las ovejas. Las cabras y las ovejas, a las órdenes del pastor, daban buena cuenta de aquella alimentación, que llevaba bien poco de química. Hubo unos años en los cuales la habichuela verde se criaba en plan industrial. Dejó mucho dinero en el pueblo durante varios años, hasta que, no se sabe por qué, fue extinguiéndose su siembra. Según se decía, había otros sitios donde le salía más barato a la fábrica. Queramos o no, el mercado es el que manda.

El trueno, primero del año, aún me resuena en el cerebro, fue increíble, pero cierto. Unos dirán que es el cambio climático, pues ¡qué bonito cambio, si deja caer, lo que queremos! Aunque para los meDios de comunicación y para los entendidos en el clima este año será muy seco, el comienzo no puede ser mejor para el campo, quizás los árboles de la montaña atraen las nubes.

Como dice un médico, nunca se sabrá, cuando muere una persona, cómo distingue Dios entre las almas que se lleva y las que por equivocación las envía a ese otro mundo donde todo es felicidad y sosiego. No seguiré hablando de la muerte, es un tema que no me gusta, aunque, como todo el mundo, he estado muchas veces al filo de la muerte, hasta hoy le voy dando de lado, pero me gusta el riesgo, el peligro, aunque muchas veces han intentado ponerse en mi lugar. Pero prefiero ir yo al médico a que el médico venga a mí, si es que puedo.

En un mundo tan confuso como es el que hoy vivimos, hace falta armarnos de razones para seguir viviendo. Aquí cada uno va a lo suyo y el individualismo es moneda de cambio. ¿Es que no vemos a la juventud, con sus ropas, con sus peinados?, eso nos avisa de que la revolución está cerca. Por ejemplo, los pirsins, no son una manera de ir elegante, sino de decir que no están de acuerdo con el modo de vida que viven y ven; su manera de protestar es silenciosa, pero no por eso menos importante. Yo intento comprenderlos. Mi juventud era muy diferente a la de hoy, tal vez porque no teníamos los medios que hoy tienen la mayoría. Ahora habrá de todo, pero cuando vemos la cabeza rapada o con dibujos, y unas vestimentas, algunas veces muy bonitas, pero otras que a mí no me gustan, se nota cuándo es elegido con elegancia y cuándo otros jóvenes copian y tienen muy mal gusto. Tal vez copian imágenes que ven en la televisión o en algunas películas, se dejan llevar por las ansias de destacar, -¡hay que dejarse notar!-. Aunque la diversidad es buena, hasta en estos temas.

El mundo se está transformándose a un ritmo muy rápido, los cantantes, los pintores, los escritores, disponen de nuevos argumentos que se nos abren a los demás nuevos mundos. Vemos que se consolida la nueva cultura, la industria cultural, que es ya la tercera industria a nivel mundial. Eso indica que cada vez conseguiremos más cambios, sólo se necesita la chispa para que los efectos se vean a nivel individual y colectivo. A las personas que van por la vida con el interés como bandera les queda poco tiempo para sentir que los nuevos profetas tienen nuevos discípulos, no tan egoístas. Los demás piensan en otros objetivos, drogas, alcohol y no sólo eso, cuando quieren algo que no pueden conseguir, recurren a las hipotecas, el banco seguro que les atenderá, uno dirá que el coche, o la vivienda, son suyos, pero eso será si no se le tuerce la cosa, porque ¿quién aguanta tanta usura? Estos son los individuos que tenemos hoy, junto con el cambio que se está consiguiendo en los pueblos y ciudades, es el nuevo arte que nos invade.

En mi niñez, las casas eran bajas, de dos o tres plantas, todas de blanco. Ahora las inmensas calles de Andalucía me hacen recordad los tiempos de mi niñez. Cuando iba a Baza, era imponente, calles estrellas y blancas, y en la calle más comercial el Zapato Grande. Ahora todo ha cambiado. El fin del cambio nunca lo sabremos. Yo me quedo perplejo cuando paso por ciudades y pueblos en los cuales la mayoría de las viviendas se encuentran vacías. Si no necesitamos tanta construcción, ¿para qué la queremos?, tal vez para ver que podemos cambiar nuestro entorno, pero no por necesidad, o también para poder decir que tenemos diez o doce pisos, que nos darán para ir comiendo: Pero el uso básico de la vivienda no lo encontraremos nunca, se crearán barrios de primera, de segunda o de tercera.

Hace unos días, algunos de los barrios más pobres iniciaron una lucha contra la injusticia, pero muy pronto se ha conseguido apagar este movimiento. El poder es grande y puede conseguir eliminar lo que no le guste, tiene los medios de fuerza y los que se levanten contra el saben lo que les espera. Dicen que ocurre en un país libre y de los más adelantados del mundo, pero sin embargo tiene sus colmenas de pobres, que, muchas veces, se deslizan por donde no deben.

En unos de los pueblos destinados a desaparecer; sólo quedaran los olivos y algún que otro frutal, la persona de campo emigrará a las colmenas, trabajará y olvidará los esfuerzos que ha tenido que realizar para comer, y no sólo comer sino que ya tiene su coche y su piso.

En el mercado del lunes, se han enterrado a tres personas mayores, la gripe aviar se ha descartado como causa de la muerte. Un ángel habrá pasado por su lado. El cuerpo frío se ha quedado a merced de la tierra, pero el alma se ha ido a ese cielo azul donde no hay maldad, sino buenas maneras y un placer continuo. No sé por qué procreamos tanto, tal vez algún día se acabe el cielo y ¿a dónde nos va a echar Dios? Los recuerdos sobre los que se van están en proporción directa al dinero que haya tenido. o por su importancia intelectual.

Uno de los problemas con que nos encontramos es si existe Dios de verdad o de mentira. Pero no nos damos cuenta de que si Dios es uno, como hay muchas culturas en las cuales se adora a Dios, ¿es diferente o es el mismo? Tal vez sea diferente. También hay los que no creen en nada, ¿a dónde irán? Vemos que tenemos muchas religiones y todas se proclaman como la verdadera y que tienen sus fieles. ¡Como dominan a los que participan en los ritos! Mejor es comprender cada una que no adorar a la que más nos guste, para eso necesitamos unas enseñanzas de las más importantes y así poder elegir, porque Dios es el mismo, lo único que cambia son las maneras y las formas que tiene de manifestarse. Si recordamos cuando para el hombre era muy importante y adoraba la lluvia, el fuego, etc….., desde entonces el tiempo ha cambiado mucho y nosotros con el. Yo creo que la religión ha ido derivando hacia el control de las personas para un objetivo único y puede ser tal vez que con el cuento lo que quieran sea tener una especie de esclavos modernos para que los más listos tengan poder y autoridad sobre un amplio margen de personas.

Porque el hombre, cuando consigue dominar parte de algo, se siente Dios. La electricidad, por ejemplo, y todos estos inventos que vemos como lo más natural del mundo, a lo mejor pensamos que han existido toda la vida, pero no ha sido así.

Hace tiempo conocí a una persona que le pedía a Dios que le recogiese en sus brazos lo antes posible porque había perdido a su ser más querido. ¿Cómo era posible que tantos años de amor conjunto acabaran así? Yo le di ánimos, que pensase en lo bueno de aquella persona que un día de invierno se la llevó Dios. Ella me proponía que a todas personas como ellos Dios se las llevase juntas. Eso sí que estaría bien, amarse mucho tampoco puede ser bueno, pues cada uno tiene su forma de amar, pero eso de que todos los enamorados se fuesen juntos al largo paseo que Dios nos tiene preparado me parece bien. Pero yo le pregunte: con los solteros o solteras ¿qué hacemos? Me respondía que estos irían a otro sitio diferente, donde encontrasen el amor, ya que no lo había vivido en la tierra.

El otro día decía el cura en la Misa que la fe cura las enfermedades. Yo creo que lo entendí y estoy poniéndolo en práctica. Si crees en Dios y tu cerebro piensa en cómo controlar la enfermedad, se puede curar. La fe sola no cura, sino que necesita un poco de ayuda.

Y es que la vida no es más que momentos de máxima lucidez bamboleándose, como un niño en un columpio. El gusto es increíble, pero, como todo, se termina por no sentir nada. Con las voladoras y las norias que vemos en todas las fiestas dando vueltas sin parar pasa igual, cuando llegamos al placer, sólo queda que nos cansemos de sentirlo. El placer para algunos es una sensación, el cuerpo, al moverse acompasado, por la ley de la física, hace que sintamos ese gustirinín. La vida tal vez sea una noria, sus líneas y sentimientos nos llevan y nos traen como las cunas. Yo he visto a algunos echar toda la comida, cuando, en principio, iban a pasarlo bien. El dolor no se confunde con el placer, pero tanto uno como otro pueden ser el origen de lo mismo, del vivir.

El otro día estando en un banco al lado de la carretera, vuelvo la cabeza por la calle que queda a mis espaldas y veo que pasa un ciclista. Como no tengo nada que hacer, permanezco allí. Al poco tiempo, veo subir al ciclista con sangre en la cara y en las manos. Evidentemente, pienso, se ha caído, pero veo que no necesita de mi ayuda, adivino que seguro que va a dejar la bicicleta en su casa y después irá al centro de salud. Efectivamente, a los pocos días lo veo con las manos vendadas. Si fuese perfecto, seguro que no le hubiese pasado el accidente; por chico que fuese el golpe, seguro que tardaría en curarse completamente. Un día lo veo y me preocupo por su salud, me dijo que gracias a Dios que no había sido un accidente grave, aunque los tendones seguro que le dolerían durante mucho tiempo; me explicó que hacía mucho tiempo que no montaba en bicicleta, así un día dijo de poner la bicicleta en marcha, antes la llevó al mecánico y éste la puso al cien por cien, por diez euros, le regalo una botella para llevar agua, según explicaba; recién reparada, se fue por la calle cuesta abajo, yo le dije que lo vi bajar y subir también; así que, cogiendo velocidad, llegó a un tramo en el que el asfalto estaba en muy malas condiciones; me explico que en décimas de segundo vio el peligro, conservó la calma y pensó en hacerse el mínimo daño posible. Y pensaba quién había tenido la culpa del dolor que me venía provocado por el golpe, a lo mejor no se puede echar la culpa a Dios, Dios hace otras cosas.

Si hablamos de Dios también tenemos que hablar de esa cosa que también la llamamos el diablo. De Dios sí puedo hablar largo y tendido porque he oído y leído muchas cosas de el, pero del diablo sólo sé poco. A lo mejor es lo contrario de Dios, el diablo se nos parece de una manera un tanto grotesca, así a Dios lo asociamos a los corazones de Jesús, o al retrato de las innumerables vírgenes que han existido, a lo mejor lo contrario es el diablo. ¿Quién sabe lo que es?, quizá Dios y el diablo comen juntos y juegan a las cartas, y allí entre los dos deciden de darle al mundo las vueltas que ellos manden. Yo creo que Dios tiene poder y autoridad, así el diablo sólo tiene un cierto poder y ninguna autoridad. Pero, como decimos, hay que llevarse bien hasta con el enemigo

El otro día bajaba por la plaza abajo, dejo las cinco palmeras, me detengo en una de las casas de reciente construcción, pues a pesar de pasar casi todos los días por allí, no me había dando cuenta de que las persianas de esa casa estaban por dentro de la ventana de cristales, si la vista no me falla,. No es normal, es la primera vez que lo veo, lo normal es poner la persiana y después dentro la ventana. Este dueño iba a contracorriente de todo el mundo. A lo mejor esperaba que, si Dios se daba una vuelta por allí, verlo detenidamente subiendo despacio la persiana, por señas se entenderían pues el dueño no se fiaba, a lo mejor, como buen desconfiado le podía ver más tranquilamente, era desconfianza sólo. Pero se equivocó. ¿Qué artimaña haría si era el diablo el que quería hablar unos momentos con él?

La verdad es que, teniendo una buena formación, se le puede encontrar a todo una explicación lógica, sin apelar ni a Dios ni al demonio. Por ejemplo, ¿por qué no avanzan los países pobres?, una de la razones que tenemos es que están dejados de la manos de Dios, pero no es así. Si se respetan unas normas comunes y se trabaja en paz y se redistribuye la riqueza, los pobres pueden prosperar, pero como están metidos en guerras y el dinero sólo llega para los más ricos, ese mundo funciona así, nunca levantan cabeza, pero en nuestras manos está el cambiarlo. Pero las peleas inútiles sólo nos harán retroceder y por mucho que se hable tenemos que tener presente que uno de los motores es no ejercer la violencia de ninguna de las maneras. Gastemos esas fuerzas para que haya lo básico en cualquier parte del mundo. No es una idea nueva, pero cuanto más se difunda mejor, así calara en nuestras mentes: que debemos disfrutar y trabajar, debemos pensar en no meternos en ninguna rencilla que nos pueda llevar a una tercera guerra mundial, muchos trabajan para la guerra y la muerte, tenemos que pensar en la paz yen la vida.

Esa vida que es bella, aún con los problemas que tenemos, seamos optimistas ante todo y dejemos a un lado a las personas que con sus ideas nos quieren llevar a un mundo de destrucción, no podemos comulgar con esas personas, que sólo piensan en la violencia. Hay que quitar ese tumor, con razones y comparaciones, podemos hacer una carrera por la paz, pero no con la guerra. En mi opinión, si un pueblo tiene líderes religiosos que lo llevan a la práctica del horror de la violencia, esa no es una religión, porque si Dios es amor no podemos dejarnos arrastrar a la guerra, por mucho que lo intenten. Y digo más: tenemos que intentar convencer, con hechos y con ideas, que ellos vivan como quieran, pero debemos advertirles de que ese camino de sangre no es el mejor. ¡Qué fácil es ceder al primer impulso violento!, pero nuestra inteligencia tiene que ir más allá y buscar en los libros una forma de ser y de vivir que sea la de los sabios, esa idea, que nos haga que vivamos en paz.

El día 28 de febrero, ha habido tres muertos, esto es incompresible, como los caminos de Dios, conducen a Él, sólo hay que buscar en los inmensos caminos que Dios nos da a escoger. La muerte está ahí, todo nace y todo muere, pero mientras vivamos la vida irá transcurriendo, según Dios nos ponga en un sitio u otro. ¿Qué podemos hacer nosotros?, poco o nada; a mi parecer el destino y Dios y nuestra libertad, todo batido, nos llevarán al principio y al fin, pero mientras tanto para nuestro consuelo habrá cosas que comprendemos y otras no.

El que busca la libertad y a la vez comprender sus razones que, a veces, son sinrazones lo tiene difícil. Dios, al parecer, está en un gran sillón cómodo y desde allí ve, como en una pantalla, los ordenadores que envían información; hay que tener en cuenta que muchas veces las terminales se colapsan, por ejemplo, cuando uno se muere o cuando coinciden muchos, como puede ser una guerra, Dios tiene que meter bulla a sus empleados, tienen que echar horas extras para que cada alma llegue a su sitio y no espere en la sala; rápidamente pasan los años y se van amontonando, ¿sabremos alguna vez la cantidad de almas que tiene guardadas Dios?, no lo sabremos nunca, cálculos sí haremos, pero Dios en su libro de entradas tiene todos los datos de cada uno y tal vez mande de vez en cuando poner en orden el cielo, tal vez también para barrer las estrellas. Mientras tanto, nosotros estaremos tal vez en un disquete o tal vez anotados en un libro junto con otros.

Allí no hay campos, ni árboles, sólo una inmensidad de estrellas, yo ya estoy eligiendo una, todas las noches cuando después de fumar salgo a la calle y miro, allí está, la misma todas las noches, cuando el cielo está nublado, no puedo saludar a mi estrella, seguro que tiene un nombre, pero yo no lo sé, es precioso mirar y ver la estrella. Me conformo con verla estrella, me pongo en el quicio de la puerta, giro la mirada hacia arriba y allí está, como si fuese mi mascota. Y yo me pregunto si en esa estrella hay vida, quizá Dios me envié allí cuando muera, seguro, pero como no tengo prisa y la estrella supongo que tampoco, aquí seguimos. Al emprender el viaje, hay que tener el deposito lleno y el motor en el mejor estado posible, la velocidad dependerá de si llevamos acompañantes. Tal vez en el mismo coche van varias personas juntas, así, cuando entren en los inmensos archivos, seguramente irán juntas.

Yo no deseo que se muera nadie, porque nadie quiere morirse. Si el mundo no va bien es porque entre los dioses se pelean, al pelearse, el nivel de vida no va por donde debiera, siempre se ha dicho divide y vencerás, pero la tierra es tan grande y hay tantas personas que me pregunto quién se hará cargo de las almas. Cuando el AVE universal, pase a cada minuto y todos los días, las almas se amontonarán algunas veces, será un error de planificación, unas tendrán que ir de pie, todas van a un mundo donde no conocen nada, allí la comida, el dormir y el trabajar será de otra manera. Muchos que han estado con un pie en el cielo se han vuelto, dijeron “No me monto” y, para consolar al conductor, dijeron que irían el próximo tren -es mentira, pero así se calman los ánimos exaltados de llevarse a cada uno por delante lo antes posible.

Hay que ver la complejidad de fabricar una religión, la necesidad de tener un ser al cual descargarle nuestras penas y la incertidumbre de que todo a lo mejor puede ser un sueño, más o menos bueno.

Casi seguro que cada ser vivo quiere ser un Dios, dominar desde su cómodo sillón, va mandando órdenes de un lado para otro, hace unos años atrás, era más difícil, pero hoy es más fácil, con los chats y los teléfonos móviles, y no sólo eso sino también con los inventos que la sociedad sacará. Hemos entrado en un mundo donde en la tierra se han fundado empresas en vez de religiones, ¡hay que ver como se parecen las dos: fe infinita en cobrar a final de mes!

Y los políticos sí que son como dioses. Sus decisiones caen sobre todos los ciudadanos, cada vez se dan más cuenta que si miraran su trabajo desde la perspectiva de lo universal, no ya local ni provincial, los demás nos encontraríamos con una realidad que gustaría al olfato más sensible. Maestros los hay a montones que nos dicen cómo actuar para el bien común. Hoy, por el contrario, está tan desprestigiada la política por una sencilla razón, que es la siguiente: cada político mira su bien personal, en vez del bien común. La verdad es que el dinero para el político es como el agua en el desierto.

Andalucía, por poner un ejemplo, si no fuese por las ayudas que está recibiendo, su realidad sería de otra manera. Pero el ciudadano no entiende de leyes, sólo ve una realidad en la que el trabajo para sacar a su familia adelante se le complica muchas veces demasiado. Mientras, los señores de los trajes impecables inauguran en su mayoría cosas que muchas veces no están bien pensadas, vemos el progreso en esos proyectos faraónicos donde prima más el interés de unos cuantos, que el de la mayoría. Ya sabemos lo fácil que es recaudar y otra cosa, más difícil, es dar trigo. El trigo tiene su tiempo, muchas veces se tarde en cosecharlo, eso si no se ha averiado alguna máquina.

En estos momentos estamos asistiendo a una lucha entre los pueblos y las ciudades, los pueblos se tendrán que adaptar a una forma diferente, pues un sabio ha dicho en los medios de comunicación que el mundo se concentrará entorno a las ciudades y para España vaticinaba que todo el territorio se comprendería en varias ciudades. Tendríamos que ver cómo la política que se hace hoy sirve también para el mañana. En algún sitio tendremos que fijarnos, para ver el cambio paulatino, aunque tampoco se impondrá el mismo modelo para todo el mundo, el ciudadano tiene que colaborar en sus asuntos.

Ahora, con las nuevas tecnologías, están preparado los políticos un nuevo medio de votar, de trabajar y de ocio. Ahora los políticos están que tiemblan cada vez que hay una encuesta, ¿qué les pasará cuando la democracia se consolide más y se oiga más al ciudadano, cuando, en vez de rezar el ave María, lo primero que tengamos que hacer sea elegir a la persona más adecuada? Contando con el conjunto de todos los votantes, con la voluntad popular, se debe de llegar a un mundo donde la justicia se haga al instante, y el resto del tiempo cada uno lo podrá utilizar en lo que más le convenga. Este debe de ser un objetivo que se irá implantando poco a poco y empezará a implantarse en los países que más medios de comunicación tengan y donde quieran que sus ciudadanos vivan en paz y con la alegría de que lo que hace se tiene en cuenta. Con todo el respeto, tenemos que conservar lo que hemos heredado y mantenerlo en pie, sean casas, valores, estilos de trabajo o el deporte. Debemos sacar el jugo y exprimirlo hasta conseguir que en este mundo se pueda vivir; si avanzamos, otros nos seguirán. Pero esa clase de político que sólo ve una realidad paupérrima y no se propone cambiarla, ese no es político; claro que, por su propio peso, a largo plazo, lo echarán de su sillón. Sólo piensa en cómo lleva la corbata y cuál será la próxima que se pondrá, o si la lleva con buen estilo o si el traje le viene ancho o estrecho, en vez de ver que hay gente a su paso que sufre innecesariamente, pues parte de la culpa es suya, ese no es político, le pondremos otros nombres. Unos ayuntamientos que no se gestionan bien, ahí es donde podemos darnos cuenta, a pequeña escala, de lo pueden ser buenos o malos políticos.

También los empresarios tienen lo suyo. Yo he visto que, aún hoy, el trabajador de un pueblo no se le paga lo que es legal, excusas a montones, si ha llovido, que si se ha empezado más tarde, etc… A la hora de cobrar, no recibe lo que viene en la ley, sino lo que la voluntad del empresario decide. Todos sabemos cómo formarnos y la mayoría también cómo trabajar, pero llega la mano con su dinero, el cual no es el que él piensa, sino lo que arbitrariamente decide el empresario. Esto me trae a la cabeza un pedazo del Antiguo Testamento, el de aquel fariseo que manda a trabajar a unos trabajadores a su viña, unos van a diferente hora, el fariseo, sin embargo, les da lo que le viene en gana y uno que había trabajado todo el día, se sintió humillado. ¡Cuántas irritaciones tiene que aguantar cada proletario, cuando llega a su casa sin apenas energías y ve que lo que gana no da para llevar una vida digna! Así que este modelo, a mi modo de ver, no puede ser el bueno, por lo que algunos estamos buscando otros modelos.

Pero, ¿y nosotros mismos?  Si hacemos un cálculo aproximativo del agua que gastamos en nuestras lavadoras, en nuestro aseo personal y en lo demás, ¿no nos damos cuenta de que en España estamos en una sequía? Suponiendo que todos los habitantes hacen lo mismo, me pregunto cuánto tendría que llover para que haya agua suficiente para la agricultura y para nuestro consumo personal. Eso un técnico en la materia seguro que lo sabe, pero a mis cortas luces aún no me explico si habrá para todos. Lo que quiero decir es que hay que dar gracias a los pantanos, que retienen el agua que en circunstancias normales seguramente iría a la mar o formaría lagunas. Así la importancia de este preciado líquido es superimportante.

Recuerdo cuando era niño e iba al colegio, cuando llovía se formaban ríos de agua por la calle. ¡Cuánto placer era sentir el agua! Daba mil y una sensaciones al roce de nuestros zapatos, era increíble, el otro día observé  un niño que pasaba por la calle y sentía lo que yo hace cincuenta años. Al llegar a casa, las quejas de mis padres se hacían fuertes, pues decían que la humedad no era buena, así que no lo volviese a hacer más, yo hacía oídos sordos, y me iba a echar una partida de futbolín al tío Cañamonero. Nos tenía bien surtidos de regaliz, caramelos, pipas, maíz tostado y también galletas. Tenía de todo. Allí las tardes pasaban volando, los días de fiesta, y por la tarde, se llenaba de niños. El local estaba enfrente de Ayuntamiento, era el local de juego y de la diversión infantil. Aunque ya empezábamos a fumar, eran los menos, pues cuando echábamos un cigarrillo, la cabeza nos dolía un montón. Más tarde puso otro futbolín y cada pandilla, por turnos, iba echando las partidas.

Puestos a hacer comparaciones, sería el Internet de hoy, cada generación tiene sus propias y diferentes maneras de diversión. A la tía Torraera le llevábamos un puñado de garbanzos y los medía, un puñado de garbanzos nos lo cambiaba por otro ya tostado, la recuerdo siempre vestida de negro como si estuviese esperando la muerte y, claro como llega todo, un buen día se murió. Cuando llegaba el verano, los polos de fresa, de limón y de mora eran alicientes frescos, de los que disfrutábamos. Recuerdo el sonido de las muelas al triturar los caramelos, estos vicios, más tarde, los pagaríamos, pero entonces era lo que había.

Recuerdo que la bola la sacábamos por el centro del futbolín y rápidamente la pasábamos; si no me la quitaba nadie, la pasaba a la delantera, casi siempre golpeaba por los laterales de la portería, pero de la defensa, muchas veces, con habilidad, se pasaba a la portería contraria. El objetivo era marcar goles, había que poner todo el empeño. Yo no era de los muy malos, pero cuando llegaba a casa siempre iba sin una peseta. Si perdías la partida pagabas, pero había días en los cuales la suerte me mantenía jugando hasta que no podía más del cansancio. Desde entonces ya íbamos cada uno perfilando el futuro.

En el verano que cumplí dieciocho años, me llamó un primo por que si quería irme a Ibiza de camarero. Yo vi el cielo abierto. Ibiza estaba entonces empezando a ser un importante enclave turístico. Eché tres meses, los dineros guardados hasta que me llamasen otra vez. Al año siguiente, por mayo, no me enteré del trayecto de Alicante a Ibiza en barco, pues me metí en mi camarote y no desperté hasta que estuvimos en el puerto de Ibiza.

Recuerdo que allí también había abuelas como la mía, todas de negro, con sus chales para no pasar frío, allí las veía de una en una caminando puntuales a la Iglesia. Ibiza era una isla preciosa, con su castillo, construido por otros antes que nosotros, ya temerosos del enemigo, lo construirían para defenderse, pero aún no se sabe de qué se tenían que defender, acaso de un enemigo invisible. Otro momento especial era cuando, en pleno verano, paseaba con mis amigos por las calles de Ibiza. Los tenderetes a ambos lados de todas las calles y los turistas, ese clima especial, lo saboreaba cada vez que podía. Poco a poco mis amigos se fueron distanciando de mí a causa de la diversa forma de ver la vida. Fueron tiempos felices.

Fue entonces cuando caí enfermo. Desde entonces se me torció la vida. Llevaba dos días sin dormir y no podía más, así que fui al médico y me recetó un montón de pastillas, que me pusieron peor. Mis familiares creían que era una cosa más grave, pero la evolución de la enfermedad fue por buen camino. Aunque queda siempre escondida y, cuando puede, te coge del punto más débil y puede llevarte a un cementerio, donde el silencio y el olor son en todos los sitios iguales. Tuve suerte, el médico me cuido mucho y enseguida estaba bueno. Envidio a toda aquella persona que va por la vida a su ritmo y las enfermedades le son ajenas.

La vida siguió y un día de mercado el alguacil, estando mi padre al lado mío, me dio un papel. Sí, el papel era para hacer la mili. Con mis antecedentes de enfermedad, pretendía no hacerla, pero no hubo manera. Eso es el Estado, hay una ley y hay que tragársela cada uno como mejor puede, y lo que hacen es llevarnos y agravarnos nuestras enfermedades.

Si nos preguntamos qué es la enfermedad, el sufrimiento y el dolor, si conjugamos esas tres palabras, seguro que no terminaremos nunca de comprenderlas.

Un amigo mío, que era partidario de disfrutar y que ya ha muerto, me contaba que había sufrido muchas enfermedades leves, pero decía: Cuando llegue el momento, si me veo en la situación de que no pueda comer por mis medios, deseo que toda mi energía vaya a facilitar mi corto tránsito hacia el otro mundo.

Su vida fue curiosa. Una mañana le llamaron de su pueblo para decirle que en poco tiempo sus dos padres habían muerto. Ellos vivían en el pueblo, él estaba ya harto de la ciudad, había nacido y se había criado en el campo. Cuando se murió su padre ya empezó a pensar. Veía el pueblo sin nadie, algún perro hambriento y en busca de algún pájaro para calmar su hambre, el agua sobraba. Decidió poner una piscifactoría con los ahorros que tenía, más la asesora de otro amigo que estaba haciendo eso, casi a la vez. Un día se fueron los dos a Madrid, en busca de posibles compradores de trucha, y vieron la lonja de la capital. Allí se dieron cuenta de que siempre estarían a merced del comprador. Decidieron que tenían que producir algo que para su venta no necesitara intermediarios. Así el proyecto de las truchas no prosperó.

En los largos paseos que se daba cada día, él solo y el pueblo solo, seguía pensando. Nadie se preocupó de que el pueblo prosperara. De noche se sentían las ratas cruzar las calles y por la mañana los pájaros y las golondrinas le hacían pensar en prepararse la comida. Se abastecía de un pueblo cercano, donde también quedaba poca gente. En la tienda había de todo: leche, pan, embutidos, cerveza, vino, etc.… Cada semana iba allí y la tendera ya le conocía como El Solitario, y era verdad que no veía casi nadie. Bueno, no era así exactamente, el cartero, como mínimo le traía la factura del agua y de la luz. Desde el comedor veía el verde de la hierba, los árboles, cuando empezaban a florecer los almendros, así una primavera tras otra. Él tenía gallinas y conejos y verduras, muchas veces llevaba a la tienda sus cosas a cambio de la mercancía que compraba, pero siempre le tocaba pagar. O sea que por mucho que trabajase, nunca le daría para ganar algún dinero.

Un fin de semana me invitó a mí y a dos compañeras de trabajo, que pensaban que él vivía en un mundo feliz, a lo que él respondía que no era para tanto. En la cocina nos juntamos los cuatro, la luz encima de la mesa, ellas trajeron alguna comida y así se nos hizo de noche hablando. Desayunamos pan a la brasa de la chimenea, unas horas antes ya había preparado la lumbre y la leche que había extraído de las cabras. Una de las amigas dijo que preparaba las cosas para irse a vivir con él. No nos sorprendió en absoluto. Fue una experiencia enriquecedora para los dos, trabajaba a cual más y pronto tuvieron retoños. Sembraban y preparaban la tierra para el nacimiento de la siembra  y luego trasplantar el tabaco, las cebollas, la planta. Así iban pasando el tiempo, siempre había alguna cosa que hacer.

Al cabo del tiempo apareció otra vecina en el pueblo, que vendría de vacaciones. Era una antigua novia, aunque todo se había acabado para él desde el momento de que la vio en un pajar haciendo el amor con otro hombre. Ahora venía en un coche de los caros, ¿qué habría hecho en la ciudad? Con cinco o seis frases la caló, venía a destruir lo que él había hecho, tal vez veía que era feliz.  Ella ya se había dado cuenta de todo lo que él había hecho. Se hizo amiga de su mujer y en una de las conversaciones que tuvieron  le comentó que no quería llegar a la vejez con una enfermedad que no agradeciese el esfuerzo de los demás para curarle, ella no tenía miedo a la vejez, sino a la enfermedad. En fin,  viendo su paz, prometió no volver por allí nunca más, pues sabía que eso de hacer el mal por el gozo no estaba justificado.

Con el paso del tiempo, se les estaba acabando el fuelle del principio y ya comentaban que con el mismo esfuerzo, en la ciudad, seguro que vivirían mejor. Seguro que cuando se fueran del pueblo, sólo se oiría el silencio del agua al bajar del nacimiento, las casas de piedra y madera, hechas para durar muchos años y el terreno olvidado y lleno de hierba. No podían ir en contra del mundo, los gustos y el trabajo, muchas veces no van unidos, así oficios que nuestros antepasados hacían dejándose el alma en ellos, hoy los vemos por todos o casi todos en peligro de extinción. Los niños a fuerza de mucho esfuerzo iban todos los días al colegio, ya niños eran tan fuertes como otros mayores, no lo tenían todo a mano

Una mañana tuvo que ir al pueblo urgentemente, lo llevó el del transporte escolar pues necesitaba una pieza de la maquinilla, había que tener las cuchillas siempre bien apretadas, pues si no la labranza no se haría bien, la maquinilla de labrar era su brazo derecho. Cuando las olivas, en los primeros días de primavera, echan un redondel de hierba, que crece por donde se le echa el abono químico u orgánico al árbol; la maquinilla en ese espacio entra sobre esa hierba que de otra manera se tendría que quitar a mano. Le gustaba el olor que desprendía la hierba y la tierra al mezclarse, aquello ya lo había hecho de pequeño, pues la primera maquinilla que se trajo a trabajar al pueblo fue la suya. Pero mucho trabajo y poco dinero, había veces que entre las cuchillas de la máquina se metía una piedra, también había veces que se rompía la cuchilla.

Siempre surgía algún imprevisto, allí estaba él, preparado para, en la mayoría de los casos a patita, ir por el camino por el que los coches no podían pasar en determinadas épocas del año; rodeado el camino de pinos, olivos, almendros.

En la tierra siempre hay algo que hacer. La verdad es que el buen agricultor tiene trabajo todo el año. Cuando se hace la recolección de maíz, se junta en sacos ya secos y cuando llega su época se siembra, en los días de mucha lluvia. Hay que desgranarlo para las gallinas y los cerdos, a las cabras le gusta más la cebada o la avena. Allí se ponía él con dos espuertas y con el rabo de un badil iba desgranado las mazorcas una a una. Pero eso no era ventajoso, lo ventajoso era sembrar cinco o seis fanegas de maíz y todo con máquinas, para la recolección también a máquina. El producto agrícola en origen se vende casi regalado, pero cuando llega al mercado ha pasado por muchas manos y el que menos come es el que lo cría, por eso es por lo que su empeño era que lo que criara venderlo directamente al consumidor. La leche estaba por las mañanas, en sus jarros, casa por casa, para ver la que querían, así les llevaba  también los conejos y los pollos a todo aquel que quisiera.

Pero como no hay dos sin tres, un día se dejó caer un veterinario y le hizo la vida imposible, quería echarle al suelo aunque cumplía todas las leyes, pero ese hombre seguro que sería su perdición. Todo se arregló haciendo los sacrificios de animales en el matadero. Con el tiempo montó una carnicería en el pueblo cercano, pero ni aún así veía porvenir, le llegó una oferta de una fábrica de embutidos en la capital de la provincia. Otra vez cambio de actividad.

Alquiló un piso, los niños a su escuela y ellos a su trabajo, gracias que trabajaban los dos, si no hubiese sido imposible mantener tantos gastos. Enseguida compraron un piso hipotecado, tenían veinte años de pago obligatorio. Eso no era vida. Conforme iban pasando los años, echaban de menos su ambiente en el campo. En la ciudad se encontraban con muchos problemas y aunque no gastasen mucho llegaban a final de mes con muchas dificultades, sólo la vivienda se llevaba la mitad de los dos sueldos y no sólo eso, trabajaban como máquinas rodeados de un ambiente supercontaminado. ¡Cuánto añoraban salir a la puerta del cortijo y ver al fondo la montaña blanca en invierno y los árboles!, las nogueras ya empezaban a brotar, querían volver, pero ¿para seguir como antes?

Sabían que en poco tiempo no tendrían para comer, la opinión de los niños fue inesperada: ¡ellos también querían volver al campo!, se habían criado allí y en el verano se bañaban en la alberca, y con la bicicleta se desplazaban de un sitio para otro, sólo el aire que respiraban no tenía comparación, muchas veces se acercaban al pueblo, cuando hacía buen tiempo, cualquier lección que algún maestro les pudiese dar no superaba el ambiente en el campo. Ellos ayudaban cada vez más conforme iban avanzando los años.

Montaron una granja de conejos, todos tenían su función, ganaban más con la venta individualizada que lo que les daba la empresa encargada de comercializarlos. Las grandes fiestas de veraneo, Semana Santa, Navidad y verano, traían el turismo. Los turistas habían empezado a conocer la zona, venían en busca de paz y querían dejar la ciudad por unos días. Así que acondicionamos algunos de los cortijos y allí vivían a su aire, en la barbacoa asaban las chuletas y los muslos de pollo. Pensaban que aquello no podía durar, pero se equivocaron. Cada año venía más gente. Empezaron los ingleses en busca de cualquier vivienda, sobre todo las cuevas, se venían a vivir hasta que se saturaban de campo y tranquilidad. Los precios se habían puesto por las nubes.

En la ciudad, sin embargo, no había ni agua cristalina y clara y ni una atmósfera, donde sabías que respirabas un ambiente sano, en la ciudad era otro sitio diferente. Daba pena de ver que los autobuses, los coches y las fábricas estaban acabando con todo lo que significaba paz y armonía. Ellos le tenían miedo de ir a la ciudad, no se acostumbraban a ella, primero respirabas la contaminación de los coches y las fábricas, ese oxígeno que molestaba en los pulmones acostumbrados al campo sano, al bajar del autobús, al poco de respirar, ya notaban cierta flojera, sobre todo en las piernas y un cierto cansancio mental. Si los llega a observar algún médico, seguro que lo achacaría a alguna enfermedad, y no era eso sino que el cambio de ambiente se hacía notar.

¡Qué pena cuántos millones de personas viven abrumadas en esas grandes ciudades! ¿Cómo era posible que el ser humano dejase los pueblos en busca de dinero? Lo que buscaban, aunque no lo sabían, era coger alguna enfermedad, con el tiempo le daban alguna paga y volvían a su pueblo, pero esa etapa ya había pasado, la ciudad tenía otros atractivos que le hacían no abandonarla. Daban su vuelta por donde habían pasado su niñez, probaban a vivir allí de nuevo, pero la mayoría se volvía a la ciudad, a las colmenas. ¿Por qué preferimos vivir amontonados?

Cuando durante una época se fueron tantos a Suiza y Alemania para comprar su casa y sus fincas, otros sin embargo prefirieron invertir en zonas turísticas, querían que con el cambio de moneda y su trabajo. La minoría se volvía a su pueblo, compraban solares, casas y fincas. Pero esto ya se está terminando. A la vendimia ahora no se va casi nadie, lo que pasa es que la inmigración la tenemos en todos los sitios haciendo el trabajo que antes hacíamos nosotros, con los consiguientes problemas de papeles, enfermedades y el trabajo no siempre bien remunerado. ¿Cómo podemos entender que personas de otros países, distribuidos por todo los sitios, esperen a que se les avise para trabajar? El sufrimiento físico y mental es grande, muchos recorren medio mundo, ¿en busca de qué? Por mal que vivan en su país, pienso que será siempre mejor estarse allí que lanzarse en un avión sin rumbo o atravesar el desierto, ¿qué es lo que les guía?, viajan a un paraíso que no es tal, la mayoría vienen a sufrir, con las esperanzas de conseguir algo de dinero para luego volverse, ellos hacen verdaderas heroicidades, lo mismo les da estar en un sitio que otro.

Y nosotros, mientras otras mentes sufren, tan tranquilos. Eso tiene que plasmarse por escrito en el país de acogimiento, cuando la literatura surja en la mente de algunos escritores, la veremos florecer en los libros más vendidos. Pronto veremos novelas donde los inmigrantes nos expresarán, tal vez con un lenguaje nuevo, su afán de ver el mundo, con la educación que tienen en su país, quizá cojan la pluma o un ordenador y nos no lo cuenten todo.

El otro día acudieron tres inmigrantes a una conferencia que se dio. Al final uno dijo que vivía mejor en España que en su país, pero que las vacaciones eran sagradas, juntaban tal vez el dinero de haber salido en la televisión o préstamos de amigos y pasaban su mes de vacaciones con su familia. La familia que había hecho en España no le importaba. Los suyos, su ciudad o su pueblo, eran donde ellos volvían con el botín en la cartera.

El viernes, mientras doy el paseo de mi rutina, noto que la tardes es fría, seguramente el fin de semana lloverá, es una de los factores que añadir al mes de marzo, febrero pasado nos dejó mucha nieve y mucha agua, esperemos que en marzo y abril llueva para por lo menos salvar las cosechas de cereales. Me encuentro a un extranjero, con su compañera y su niña. Hacía mucho tiempo que nos los veía, algo había cambiado en ellos, iban muy bien vestidos, se notaba que venían de familias bien de sus países, dejaban a su paso un reguero de perfume.

A mi modo de ver, hay un dato importantísimo y es que en cualquier momento la policía los enviara a su país, se estima que más de la mitad de los extranjeros no cuentan ni con un sólo papel que les haga aceptables al sistema. Cada gobierno hace una ley, pero lo básico no lo tocan: una persona sin papeles es un peligro, entrará en la economía sumergida y allí el sufrimiento parece ser que será menor que la vida en sus países. En la mayoría de los casos el idioma es una barrera por la cual pasan muchos, aún así vemos que aprenden rápido el español.

España cuenta ya con muchos millones de inmigrantes. Lo que yo tendría como un asunto importante, es el movimiento de domicilio y de trabajo, a mi modo de ver es un movimiento incansable. Ya memorizarán en su agenda mental todos los sitios por los que van pasando y van dejando un trozo de su vida.

Tal vez no conozcamos la realidad y vivamos en un mundo donde esconder lo malo sea lo mejor, hay que ir con buen traje y bien aromatizados, lo malo se esconde y cada uno se lo guarda para sí. Es malo dar a conocer a los demás nuestros problemas, hay que vivir y olvidar, hay que aprender deprisa e ir corriendo a trabajar. Tal vez los inmigrantes no vengan tanto a trabajar como a rellenar lo que otras personas no son capaces de hacer, casi nunca podrán acceder a puestos de trabajo bien remunerado, no es que los ocupen los españoles, que además es así, sino que tendrán en su inmensa mayoría toda su vida en puestos de trabajo en el campo, limpiadoras, conductores y otros de baja remuneración.

Pero hay mafias organizadas que hacen de todo.

Un amigo me contaba un caso. Colocó a un extranjero para que le ayudara en su fábrica de aceite, ese trabajo le proporcionó papeles y un sueldo digno, pero el muy avaro quería más, era joven y había visto muchas películas y había vivido la realidad de su país, donde la violencia valía lo que vale una bala. ¡Hay que ver cómo lo malo tiene cien cabezas!, ¡si ese esfuerzo intelectual se aplicara a otros quehaceres de la vida, cómo andaría el mundo!

Andalucía se ha hecho un camino obligado para los africanos. Yo reconozco si yo tuviese que sufrir lo que a estas personas les pasa, reconozco que me sería imposible, son auténticos héroes de la llama de libertad que todos llevamos encendida. Para ellos no hay fronteras, el mundo es suyo, son verdaderos ciudadanos del mundo. A unos le irá más bien o más mal, pero ellos lucharán a brazo partido por esos conceptos de libertad que tal vez les enseñaron su mayores. Los de algunos países hacen clanes, entre ellos están unidos, lo que le pasa a uno les pasa a todos, buscan, rebuscan y consiguen el arreglo a sus problemas.

Las mujeres en teoría lo tienen más fácil, pues ya no hay casi ninguna española que haga la limpieza de su casa, sino que ya se la hacen estas personas que están a mano, consiguen una paga digna y los papeles, pero a muchas las vemos en los sitios de prostitución. En toda la historia universal el asunto sexual ha traído de cabeza a más de un hombre, muchos han perdido la cabeza, el dinero y todo lo que tienen por una mujer. Cuando los sentimientos juegan con el amor, se crea una situación difícil.

Por ejemplo, una noche, al venir de la ciudad con unos amigos, la luna parecía estar enseñando sus pechos, era una noche mágica, el color blanco se disparaba por todo el cielo y la luna parecía que quería hacer el amor, poco a poco se iba escondiendo, pero nosotros allí parados y fumando. Sólo yo parecía fijarme en esos momentos en que la luna quería jugar conmigo, era una situación y un ambiente que me recordaba muchas otras noches de riego, llevando el agua por los machones, se guiaba entre las olivas, en otras ocasiones se regaban los pimientos, los tomates y, cuando era de noche y mientras guiaba el agua, no dejaba de ver cómo el sol se escondía y la luna me acompañaba. Me gusta cuando es luna llena, en algunos sitios parece que quiere que la saludemos con la mano. La luna y el sol son como el hombre y la mujer,  que mantienen amor eterno y bien fundado.

Hoy, que es sábado de marzo -aún no ha llovido este mes, esperemos que lo haga pronto-, me pregunto si existe el espíritu y si hay algo que nos pueda evitar los estados de ánimo de tristeza y melancolía. Me veo cada vez más sin amigos, tengo una relación extraña con ellos, nos saludamos y hablamos, pero parece que también guardan su caña para ellos escribir otro libro.

Si vivimos preocupándonos sólo del momento y no planificamos siquiera a largo plazo, ¿qué pasará?

Hay que ver cómo la soledad de este sábado hace del pueblo un pueblo en paz en la calle pero con la hoguera en todos los comedores. Paseo por la calle y la veo desierta, pero no por ello se me olvidan los años de continuo trabajo no reconocido. Mi esfuerzo tiene que ser el triple que el de los demás, tengo que trabajar más, así se tapa el agujero de mi enfermedad, una cosa por la otra, es un trueque. Antes de empezar este relato, ya trabajaba más que los demás, así no podían decir que estaba de más, les podía decir que sabía más que ellos y me imaginaba sus posibles comentarios, que después se plasmarían en los estados de ánimo para conmigo.

Me acuerdo de mi trabajo como conserje en el Mercado Municipal. Tenía dejar limpio el mercado, el pasillo, los aseos, las cámaras, había que prepararse para los sábados y los miércoles, los dos días de más venta en el mercado, eran días de sumo esfuerzo. Desde aquí quiero hacer un homenaje a los que por distintas causas no están en este mundo de aquella época. Todos, desde la ruleta de la vida, están ya descomponiéndose, pero su trabajo cotidiano no se olvidara, ni su vivencia. Ahora recuerdo a mis amigos que ya no están, pero aún me quedan más amigos.

Voy pasando por la vida como un patinador sobre hielo. De vez en cuando alguien me dice que le gusta mucho lo que escribo, que es del más puro hilo fino.

Así van pasando los días.

A pocos metros del pueblo hay multitud de huertas. En una de ellas, la cual la denomino yo la del cerezo y los perales, están las patatas de un vecino puestas a mano, o sean en tablares hechos con azada, aún sigue sembrando remolachas en el regazo de las patatas. Y eso que, ya hace más de veinticinco años, en la huerta de Murcia todo lo hacían con máquinas, las sembraban al revés de como las recogían, las máquinas evitaban muchos esfuerzos. Hoy lo vemos ya todo sembrado en serie.

Seguro que dentro de pocos días asomarán los brotes de las patatas sobre la tierra y aparecerá el bicho de la patata. Según dicen algunas fuentes, en la Segunda Guerra Mundial, echaron por avión millones de bichos de la patata, para que la cosecha fuera anulada por este bicho. Dicen que en la guerra no hay reglas y cuando se rompen algunas son muy difíciles de corregir.

Así que, como cada año, el vecino tiene que preparar el líquido para cuando aparece ese bicho. Con la cura se anula parcialmente y así la cosecha de patatas dará su fruto. Es una tierra esplendida, pero todo lo que tenemos ha sido a fuerza de amar nuestro terruño.

El pueblo ha sido un pueblo de agricultores fundamentalmente, al lado de ellos han estado, los carpinteros, los mecánicos entendido en tractores y otras herramientas agrícolas. Hubo un tiempo en el cual la agricultura era el eje de toda la economía, y a su lado todos los productos agrícolas. Hoy ha cambiado, se han abierto nuevos campos, como el turismo y la industria.

Como hay exceso de todo para comer, el péndulo va de un lado a otro sin parar, hay muchas teorías económicas, pero lo que sí es cierto es que el trabajador se desplaza desde los sitios deprimido a sitios en los cuales se le ofrece mayor calidad de vida. Está el gobierno que regula según convenga la economía, hay escasa diferencia entre unos y otros, sólo intervienen para que la sociedad no se desplace hacia atrás, pero como yo conozco a muchos peones agrícolas que se levantan a las cinco de la noche y vuelven a sus casas a la diez de la noche.

Así un día y otro.

Un día tuve una conversación con un empresario, le pregunté que quién trabajaba más el obrero o el empresario, él me dijo que el empresario trabaja las veinte y cuatro horas. Me quedé perplejo. Por el simple hecho de tener un capital y unos bienes les daba a los empresarios para dominar el cuerpo y el alma de los obreros para que cuando hagan balance los números sean positivos por el esfuerzo de todos. Si todo iba bien, seguro que a lo mejor daba una gratificación a sus siervos o tal vez los podíamos llamar esclavos.

No muy lejos de nuestras costas es una cosa común. Los esclavos llevan a su rey y si no -¿qué más da’- los guardaespaldas. Y eso que vivimos en uno de los momentos más pacíficos de la historia. Lo pronto que se conseguiría juntar a alemanes, ingleses y norteamericanos, y que se pusieran a juguetear como niños con las más modernas armas de guerra.

Total, ¿para qué aprender?, ¿para qué construir una paz social y duradera?

Este siglo nos traerá seguro muchos modelos que hará realidad. Yo estoy pensando y, por lo que veo, tiene que ser el siglo de las relaciones humanas, donde los foros de discusión sobre ideas concretas, en las universidad, unos enseñando y otros aprendiendo, donde el poder de los unos con los otros se conviertan en una discusión permanente, ¿quién tiene la razón?, hay que buscarla investigando y sacando consecuencias. A lo mejor estoy equivocado pero este siglo va a ser el de la revolución social, donde las relaciones y los sentimientos se amplíen.

Eso nos servirá como el abono de la patata, si creamos una idea tiene que crecer y dar su fruto. La pólvora no sirve ni de abono, tiene olor a muerte y a dolor. Yo me apunto al cambio. Es necesario que la fuerza que ejerce el gobierno haga que el mínimo dinero vaya  para armas. A nivel general, ese dinero tiene que ir a investigación, a los más débiles, en vez de encerrarlos, enseñarles que el mundo también es suyo.

Hay que abrir la mano y que las palomas de la paz vengan a comer en nuestras manos, tenemos que darnos las manos y, unidos, avanzar por el camino de la paz.

Acaso no sepamos lo que es. La hay de dos clases: hay una paz interior y otra de los ejecitos, con todas sus consecuencias. Si nos encontramos en un estado de violencia, más tarde o más temprano, la violencia será destrucción; la paz, sin embargo, es ternura, emociones, también es amor. Creo que los estados de ánimo de cada uno tienen que ser lo bastante generosos para, con argumentos, eliminar la violencia. ¿Quién quiere la violencia?, la vemos todos los días en la televisión. ¡No, señores!, en vez de ver los desperdicios de los hombres y mujeres, no pueden pasar por nuestras retinas como si nada ocurriere, seguro que cada uno tiene un expediente, la cámara no puede estar tranquila, sin embargo no le tiembla el pulso.

Cuando no hace mucho a las películas de mujeres ligeras se les ponía una X, ¿cómo vemos los trozos humanos en Irak y en otros sitios más o menos inestables? Señores hagámosles la autopsia y observemos que sólo es una persona que por una idea ¿quién sabrá cuál sería?- le ha tocado morir, aunque siempre pagan los más débiles.

Eso es lo que puede llegar ha estudiarse: a los débiles.

Hoy he encontrado a un persona mayor que, después de verter agua, al querer cruzar la carretera, los coches pasaban tan rápidos que él giraba la cabeza y no veía la manera de cruzar. Se ha tirado un buen rato a ver si puede pasar al otro lado de la carretera. Sigo pendiente y ya a lo lejos vuelvo la cabeza y lo veo que ya ha cruzado. ¿A dónde irá? Hoy ha salido de su monotonía. Yo bajaba después de merendar. A ese señor noble, sin maldad para nadie, lo conozco profundamente y tiene gran elegancia en sus pensamientos.

El otro día lo vi pensando en cómo sembrar garbanzos, siempre se han sembrado con montículos hechos con la azada, después se evolucionó con unos hierros y una cuerda, pero ante tanta indecisión, él vio que el tractor había dejado una raya, o sea, dijo, entre las dos rayas se gastó toda la simiente. Veremos, cuando llegue a pasear por ahí de nuevo, cómo tendremos los garbanzos. Todo depende del tiempo. Si llueve, como va seguro a ocurrir, habrá una buena cosecha, que no pase lo del año pasado, no sacar ni los gastos, todo fueron perdidas. ¡Cuántos agricultores hay que siembran y no sacan ni la simiente.

Hoy estamos en el meridiano de febrero, el sol nos va despertando, viene la vida y la experiencia acumulada de los mayores. Los niños en sus carritos van medio dormidos, medio despiertos. He visto a un abuelo con su nieto, el niño va también disfrutando, aunque  no sabemos cuál será el rumbo de su vida, el abuelo va tan contento.

Los rayos de sol caen suavemente, animando nuestros minutos, pero hoy lo hacen de otra manera, a lo mejor cada momento es único, pero, os confieso, el mejor termómetro es ver a las mujeres haciendo la compra, se las ve como gente capaz de transmitir el amor, amor que sale de lo más profundo de la naturaleza, es un día que nos dejamos llevar por los sentimiento, veremos la hermosura en todo lo que nos rodea, es un día en el que vemos enseguida que tenemos que aportar algo para que la humanidad sea mejor, es un día para hacer algo grande en todos los sentidos, aunque luego no valga nuestro empeño, pero seguro que no habrá quedado en agua de borrajas, seguro que ese archivo se guarda. Es más, yo apostaría a que ese proyecto que ya se está plasmando en nuestro diario devenir lo hemos de ver poco a poco: la hermandad, la paz, el amor, la serenidad y todos esos nombres que nos suenan de una manera un poco queridos a todos, pero no todos podemos hacer lo mismo.

¡Despierta!, ¡qué monólogo interior!, ¡pon los pies en la tierra! Veras que nos estamos matando unos a otros, unos con un sistema y otros con otro.

Que quede claro, que yo no soy nadie, atendedme, que mi deseo no es económico, tengo numerosas metas, son las que tiene cualquier persona normal, vivir en paz, trabajar, pasando los días amando aunque sea a Dios, yo le pido cosas que sé que aún no se han extinguido. Cuando lo sepa, os lo diré, siquiera en un artículo, pero lo antes posible. ¡Bueno, otra vez me he ido del tema!

Iba hablando del niño en su cuna, hay que darle amor y paseos, para que vaya tomando esos rayos de paz, que hoy se dejan caer, intentamos matarnos los unos a los otros y no lo conseguiremos jamás, porque la Tierra, la Luna y el Sol se han echo para que nosotros vayamos modificando el amor de sus rayos.

De dónde vienen, yo no lo sé sinceramente. La luna, los ríos, los montes y las ciudades, ¿quién los hace? El hombre, diremos, pero no es así. La vida es un sueño prolongado de alguna civilización que en su reloj marcó unas horas y se dejó el reloj parado, pero esa hora a nosotros nos van pasando los segundos, las horas, los meses y los años. ¿Quién le metió fuego al núcleo de la Tierra? Ese núcleo que trasmite el calor a la tierra y esa agua que da para cultivar flores.

Todos sabemos cultivar las flores, a la flor le pasa como a los sentimientos. ¡Cuánto tiempo me he tirado para hacer una poesía! El nacimiento de la poesía fue por la inspiración de ese olor, que hoy demandamos para miles de enamorados. La flor es una palabra bonita, y si la hilamos, poco a poco, abrid los ojos, ha surgido una flor, flor y poesía han ido siempre unidas. La inspiración de los poetas ha sido la belleza, la poesía que tenemos en nuestro ser. Cada uno la hace de una manera diferente, hay que conseguir el dominio del agua convertida en poesía, para extinguir tantas y tantas injusticias.

Yo no entiendo nada, pero si vivimos en paz, disfrutaremos más de nuestros días, los niños serán más felices, los inventores de sentimientos, como son los poetas o los escritores, también. Ellos se pusieron a trabajar hace ya mucho tiempo, como esos camiones tan grandes que cuando hay un problema con su manguera lo solucionan. Igual con los razonamientos de los poetas y escritores. Otros nos dicen todos los días que el mundo es una mierda, que para qué estamos aquí. Pues estamos aquí para descifrar los rayos del sol, trabajo difícil, pero no imposible.

Hay ya una larga lista que está consiguiendo comprenderlos, pero lo malo es que también hay otros con otras intenciones, y engañando.

Queremos que los niños, desde la niñez, tengan sólidas bases para que, entre el paisaje y los rayos de sol, se mantengan bien alejados de la violencia. Tiene que ser un ejerció diario, como el que toca la guitarra, si deja de tocar durante un tiempo más o menos prolongado, se le va olvidando lo que aprendió.

Esos rayos que todos los días, jugando con las flores de los almendros y de los árboles del monte, juntos se hacen canciones y poesía, con ese mundo bien comprendido conseguiremos ir ganando adeptos, como si fuésemos de una secta. Algunos dirán que es imposible, que en esta vida lo que importa es lo material, pues no, no, sólo lo material apenas nos sirve de nada, es el alma de cada átomo de la tierra, del sol, la luna y la tierra, amémosla como se quiere a un niño.

Cuando llego a casa me encuentro a mis dos hijos llorando, llevaban mucho tiempo así, pues ya les dolían los músculos de tanto llorar, su madre se había marchado y había dejado una carta para mí, no la abrí siquiera, sabía todo lo que había pasado, se había ido con otro, y dentro creía que leería lo que ella sentía, no fue así, como sabía todo lo que había pasado antes de abrir una carta, es como cuando el banco te pasa una de sus circulares, influenciada por la televisión, quería lo que yo no era capaz de darle, mejor así, lo mejor que ninguno de mis hijos quisiera irse con ella, para otra persona que no es su padre, acorte la relación con el otro amante.

No es que necesitase a una mujer, nosotros vivíamos bien solos. Pero a mí me atrajo la idea de conseguir que una hispanoamericana se viniese a trabajar conmigo. Estaba soñando, quién se iba a venir a vivir con nosotros, la comida la hacía yo y el trabajo agrícola y ganadero y ellos la limpieza, no podían dejar sus estudios, así en poco tiempo cogimos un ritmo aceptable. No se comprende cómo una mujer puede querer a dos personas y no querer a los que ha parido, es increíble, pero es verdad, seguro que dentro de cierto tiempo volverá o tal vez conociendo el rechazo se pierda del mapa, nadie quiere trabajar, pero por eso no se toman soluciones drásticas.

Muchas veces algún que otro vecino decía que llamaba de vez en cuando para saber de sus hijos, les decía que les pidiese perdón, que era un ser humano que comprende a los demás y que no quiere hacer ningún daño a nadie. Entre unas cosas y otras, al año de la separación, decidimos unirnos otra vez. Yo sabía que a ella le había ido mal.

Llegó una mañana lluviosa, cuando pasaba el único autobús. Yo estaba preparado para bajarnos al pueblo, ¡qué bonita estampa! por lo menos para mí estaba hasta más guapa. La miraba de reojo y ella también, fue llegar al pueblo y echarnos los dos en la cama, allí estuvimos un par de horas, fue un principio feliz, yo no había hecho el amor con ninguna mujer. Y así los niños estarían contentos con su madre, ya tenían más tiempo para estudiar, el mayor estaba a punto de entrar en la Universidad y el próximo año el otro, más gastos, sí, había becas pero no daban para todo, pero como eran trabajadores su padre y su madre hacían todo lo que podían por ellos.

Pasaron los años y todo se había olvidado, si cabe nos queremos más ahora que antes, se habían puesto a prueba nuestros más íntimos sentimientos, ella había visto el lado oscuro de la vida y prefería matarse trabajando a estar con ese chulo, yo creo que todo esto está influenciado por esos programas nauseabundos de la televisión, como enseñan una realidad como si fuese un cuento, y medio país viendo lo que no es ni una película ni es un cuento sino que es basura, tele basura.

Un día otro y otro y otro, hacían mella en todos, juegan con nuestras más íntimas neuronas y nosotros queremos eso para nosotros. Es el reflejo de la clase poderosa, que hace la cuadratura del círculo, para hacernos ver que su ritmo de vida lo puede llevar cualquier ciudadano. Por supuesto que la gente no sufre por salir en la tele, va porque así se siente mejor.

Pero ¿qué es la vida sino una película con más o menos argumento?

Todo el mundo tiene algo que decir, pero no lo dejan, sólo lo que afianza el sistema en sus cimientos. Nosotros por lo menos vivimos en un pueblo que ya se va poblando. El otro día vino un hombre, amigo de la infancia, nos fuimos a casa a tomar algo y me dio una de las alegrías más grandes de mi vida, me vino a decir que como él tenía a sus hijos ya colocados, él su mujer habían decidido venirse al pueblo, que lo venían pensando desde hace años para cuando se jubilaran. Ellos al pueblo y sus hijos a comerse el mundo. Como sabía de mi existencia, pensaban de camino que nos hacían compañía a nosotros, así en un corto plazo de tiempo se fueron viniendo, poco a poco.

No esperaba que el pueblo recobrara el ritmo de antaño, pero por lo menos los que vivimos en él, disfrutamos que más adelante será relatado por algún documental.

Venía la Semana Santa y el pueblo, con los extranjeros extraviados, nos habían hecho perder la calma, el pueblo era nuestro y sólo nuestro. Ahora tenemos médico, el cura da de vez en cuando alguna que otra vuelta, a ver cómo va el pulso de la fe, yo diría que peor.

Para cuando mis dos hijos terminaron sus carreras, había crecido por los aledaños del pueblo otro pueblo, éste en peores condiciones que el anterior, pero sin ninguna pereza, nos pusimos mano a la obra. Pero lo que más celebrábamos era cuando venían de visita nuestros hijos con sus amigas, allí cabía todo el mundo.

La barbacoa no paraba de echarnos chuletas desde el mediodía al estomago, las patatas que poníamos al lado estaban, si cabe, más buenas que la carne.

Ellos sólo venían cuándo se juntaban los dos y preparaban los argumentos para que nos fuésemos a vivir con ellos, pero por ahora lo negábamos. Era una negación porque en cierta manera también ahora era cuando vivíamos bien, sin problemas, el trabajo había descendido, tenía la mitad del ganado que antes. Cuando por la noche ordeño a la cabra para por la mañana desayunar, eso no lo cambio por nada de este mundo.

Teníamos pensado cambiar de residencia cuando alguno de los dos estuviésemos enfermos, nos gustaba ver un sembrado, o la sombra permanente que se desplaza y nosotros vamos determinando el tiempo, y todo aquello que teníamos y que nos había dado tanto, no, no, no… ni pensarlo. El mundo de las hormigas no nos gustaba a ninguno de los dos, en la ciudad, si ves un árbol es una casualidad, coches, viviendas semáforos y calles amplias, donde si te escurres como en el campo no pasa nada, pero un mal paso seguro que en la ciudad te puede llevar al otro mundo.

Todo el que me conoce sabe dónde encontrarme. Por una de esas casualidades de la vida, en la Navidad pasada nos tocaron veinticinco mil euros. Ese dinero lo empleamos en comprar algunas casas abandonadas y que nos indicaron si queríamos comprarlas. Así que compramos tres casas, de las que en mejor estado se encontraban, porque aunque se dé la circunstancia de que el pueblo era de unos pocos terratenientes, se podrá decir que nosotros somos de los más pobres, pero la suerte, nos hacía compañía, poco a poco se iban cumpliendo nuestros sueños.

Las fuimos acondicionando para el turismo rural, hoy por hoy un aliciente para que los pueblos recobren otra vez algo de vida, como el que da primero da dos veces, con nuestro trabajo y un albañil, amigo mío, con mucho sacrificio, veíamos el beneficio, ahora que es cuando menos lo necesitamos nos sobra dinero y no nos falta trabajo. La cosa iba a más. Por donde pasaba la carretera conseguí comprar una casa, al lado de un riachuelo. Los que buscaban la tranquilidad, allí la tenían, en verano, el frescor del agua y los árboles, se conseguía un ambiente acogedor y a la vez los dos chorros de la fuente caían como lágrimas que los paisajes mandaban, llorando, por su desaparición.

Ya no teníamos que trabajar tanto pero es que las ganas también eran más bien pocas. Los hijos hacen cada uno su vida independiente, para eso los habíamos criado, los míos por lo menos tiene, un alto nivel de vida.

Un día me llamó el mayor diciendo que tenía una amiga y que venía a enseñárnosla. Estábamos encantados, era una emoción como sólo pueden tenerla unos padres, estábamos contentos, por fin se había decidido a emparejarse, lo que nosotros siempre le hemos dicho: que no estén solos nunca. Aunque en la ciudad la gente parece que no se hace ni caso, por la rapidez con la que van. Sí, siempre les hemos dicho que se emparejen.

Estábamos inquietos, nos íbamos a juntar todos, porque para nosotros, aún sin conocerla, ya imaginábamos que sería buena persona. Llegó el domingo de la reunión, su madre le había preparado un arroz y unas natillas, celebrados por todos; mientras comíamos, nos contaban sus planes. La pareja se veía compenetrada, tenían ideas comunes y con el tiempo según creo, seguro que su amor iría a más. Quedaron en venir todos los fines de semana que pudiesen, todos le ofrecimos nuestro apoyo.

El lunes por la mañana cogieron el coche y se fueron a sus quehaceres, mi mujer se fue con ellos pues había mercado y necesitaba comprar alguna cosa. En el autobús de la tarde, llegó cargada y cansada. Le ayudé a colocar cada cosa en su sitio, me había traído un traje de los que ella sabía que me estaban bien, ya estábamos preparándonos para ir a la ciudad, bien vestidos.

Por nuestras cabezas pasó la idea que otra persona nos había dicho: que vendiéramos el restaurante, las casas y las tierras, nos había hecho una oferta más que suculenta, pero ¿para qué vender?, no nos faltaba de nada, ahora que vivíamos en las mejores situaciones posibles. Hemos trabajo duro todos y ahora por un puñado de dinero ¿qué haríamos?, ¿comprar en la ciudad? No, no señor, nuestra vida estaba en el pueblo, lo habíamos levantado nosotros, pues si no hubiésemos creído en él, ahora no sería nada, paseábamos por sus calles y veíamos que la vida volvía otra vez, nuestra retina  se fijaba en una casa después en otra, sabíamos de quién era, lo habíamos levando todo, sino de una manera de otra.

Se veía venir en perspectiva una obra importante; por la información que me llegaba, los dueños del palacio de Vista Hermosa estaban pensando en venirse a vivir a este pueblo sin parragón. A los pocos días una empresa constructora estaba sacando los cimientos, con sótanos y arriba dos plantas, fue transcurriendo el tiempo y ahora el que lo vea dice que es el mismo, pero no lo es, es un edificio precioso con sus grandes balcones y con todos los adelantos modernos, allí se fue uno de los dueños, alguna noches mientras caía la marea entablábamos conversación, mientras el humo de algunos de nuestros cigarrillos inundaba de buen olor el ambiente,

Noté enseguida él era un fumador pasivo, parecía que no me daba cuenta, pero, cuando el humo pasaba por su nariz, se notaba que le gustaba. En fin, al lado de la fuente, conversábamos largo y tendido. Eran ricos, pero según me comentó necesitaba personal para tener el palacio bien limpio y no encontraba a nadie que quisiera trabajar.

Viene a mi memoria cuando en una época no muy lejana las mujeres y los hombres se daban tortas por ver quién trabajaba, hay que ver cómo cambia todo, los avances son demasiados rápidos según mi opinión. Queremos vivir en una sociedad, más antigua o más moderna, pero si siempre somos los mismos, con nuestras virtudes y nuestros defecto, el obrero, es obrero aquí y en todos los sitios, algunos nos colgamos de vez en cuando de la suerte.

Tenemos que cambiar. Los diseñadores se encargan de ello y las mentes también, lo notamos al ver que todas las personas van consiguiendo primero bienes y después poder, y cuando multiplicamos unas cosas con otras, vemos como si fuese un mago, emociones nuevas, comidas nuevas, a lo mejor yo estoy equivocado pero creo que no, los sentimientos, todos son sentimientos, que en nuestro trabajo, en la pintura, en la escritura, vamos con el medio de expresión más importante que es la palabra.

Dadme una palabra que sea tal y moveré el mundo.

No hay palabras tal como las entendemos, son los hilos de la tela de la araña, que sólo el que cae en ella se da cuenta del sufrimiento. Pero también puedes pasarlo bien. Con esa mezcla y esas emociones, se consigue un mundo que no es el mundo conde el poder de los muy ricos consigue que suban a la luna con su dinero.

Pero el dinero no lo puede todo. La clase trabajadora pasa por unos momentos de bienestar, los problemas que existen no dan para armar ninguna revolución, si acaso está la juventud, que no acepta el modo de vida en la cual nos desenvolvemos. Hoy no se pasa hambre, pero la justicia que vemos en el aire al levantarnos cada mañana es imparcial, trabajaremos de una forma juguetona, si no ¡cómo se podrían aguantar las injusticias!

Estando en el bar oía que un parroquiano decía que no existía la justicia,  que el único poder es el dinero, pero éste está concentrado en unos pocos y la inmensa mayoría tiene miedo al reparto. Los poderoso se creen que sería malo para ellos, aunque lo mismo vivirían con menos, pero el egoísmo les hacía oponerse al reparto de todo, no quieren distribuir y conseguir una vida más justa.

¡Qué bien, hacía tiempo que no oía algo tan razonable!

Sabemos que todo puede ser relativo, pero tenemos los medios para que, sin ejercer la fuerza, el mundo vaya dando vueltas, poco a poco mejorando.

El que hablaba contaba que cuando era joven era marxista, que había estado lejos, que se escapó de milagro del final de la guerra y que su destino fue Argentina, sabía bien su oficio de carpintero, allí estuvo hasta que el dictador Franco murió. Decía que nunca este espíritu descansará en paz, que había hecho mucho daño sin necesidad, sólo por el afán personal propio, aunque dijera que seguía otros principios, pero no era cierto.

Otro abuelo estaba tan contento que, como yo no tenía ganas de hablar, sólo de prestar atención a mis amigos, contó que le habían dicho que en la residencia de ancianos daban de comer el menú del día a muy buen precio; enseguida le vino a la cabeza el tener que cocinar, y pensó que casi todo eso quedaba eliminado, la cocina no era lo suyo, así que cuando se enteró le entró gran alegría. Esto se puede hacer en países desarrollados, donde los gobiernos dan dinero para que cuando tenga uno una enfermedad se le proporcionen unos medios adecuados de alimentación y reposo. Son personas. Todos llegaremos a viejos. Estarán contentos los gobernantes cuando ven que haciendo obras sociales para los enfermos, los niños y los mayores todo va mejor. Y aún queda el silencio de otros que, olvidados por la mano de Dios y de los hombres, sufren.

¡Cuántas batallitas no se quedaran en el aire sin que ese niño las oiga!

El silencio se ve alterado por los ruidos de los coches y de las máquinas. Ese silencio que se puede conseguir, para disfrutar de las primeras golondrinas. Ellas han enseñado el pasaporte y ya pueden sobrevolar su espacio vital. Las estoy oyendo. Seguro que están descansando durante el viaje de vuelta, se esconden, descansan y un día de estos acariciarán el viento y con sus canciones inéditas harán esas barridas en busca de algún insecto, harán con los días sus nidos, si es que no han llegado al mismo nido, otras construirán otros nuevos. Si observamos el color negro y blanco como bandera del mundo sin fronteras, muchas veces nos cantan la misma canción.

En una sociedad injusta nos queda el silencio.

El silencio y la juventud se llevan mal, aparte de la menor o mayor educación, en estos años de principio de siglo, la gracia que les hace que mucha juventud se junte sólo para divertirse. Sobre la multitud sobrevuela el clamor de libertad este sábado.

Que no, que para divertirnos no necesitamos emborracharnos.

La multitud quiere algo más, vemos que, buscando algún motivo, se mueve la juventud como en un mar enfurecido. La verdad es que viene otro mundo, porque el mundo en el que viven no les gusta, los pobres llevan unos años juntándose en un mar de multitud buscando algo que les mueva a levantarse. Las autoridades aparentemente les facilitan todo para que surjan los menos problemas posibles, pero ellos es que buscan problemas.

Es un movimiento social, tal vez sea también otra forma de utilizar los medios, para en principio de una manera anárquica se vayan desarrollando, ¿qué buscan? tal vez la droga, el alcohol y ¿por qué no? la amistad. Recorren cientos de kilómetros en busca de lo que cada generación ha perseguido y no ha conseguido, pero me da alegría ver cómo las cámaras pasan por encima de tanta multitud. Un factor que los mueve es la tecnología, pero también evadirse, para vivir ese minuto que tanto cuesta vivir.

Hay gentes que magnifican el fin del mundo, si está cercano, que nos pille en el momento justo y en el sitio adecuado. A lo mejor el mundo se quedaba pronto convertido en un pedazo de hielo, no vemos que cada vez se calienta más, no podemos vivir así, con el perfume de las fábricas, de los coches, un mundo que no es el nuestro, no queremos descubrir otro nuevo, sólo queremos vivir en paz y moriremos con la tierra.

Pero una semana de trabajo y viene el fin del mundo, ¡ojalá nos pille en sábado!, a lo mejor nos acostumbramos a este ritmo y no sabemos sacar las consecuencia para la revolución. Son cientos de miles los jóvenes que viven lejos de la malicia de los mayores, todo lo ven posible y lo es, tan sólo tienen que pedirlo, pero todos juntos, yo tal vez no vaya a una junta de estos jóvenes.

Ahora que recuerdo, durante los carnavales de no hace muchos años, fuimos unos días a Cádiz: cuando uno se cansaba de hablar se callaba, cuando quería escuchar prestaba atención.

Con el poder no se puede jugar ¿o es que no lo veis? la fuerza está de su parte, nosotros tan sólo podemos ir despacio y poco a poco madurando el cambio de mundo, sí porque el cambio viene despacio. Nos han dado los medios para que, juntos, luchemos contra el clamor de la injusticia. No pueden con nosotros, estamos unidos, ¿de qué sirve que salga en la televisión  un joven maltratado?, ya sabemos que al maltratador lo expulsarán por eso no pasa nada más. Muchos, cuando tengan tiempo libre, se irán a ese concierto de libertad, donde pasarán unos momentos de evasión, pero no solamente es la evasión lo que buscan, también son los compañeros. Yo participo también, pero ellos son muchos más, y podemos con todo, tal vez sea la falta de objetivos diferentes a los que todo el mundo piensa, hacer kilómetros para que las cámaras nos saquen por televisión, Pero ¿qué es lo que queremos?, ahora se está empezando.

Mientras volvía a casa, seguía meditando.

Había ojeado un libro que trataba de la amistad donde se sostenía que la amistad no existe, sólo existen intereses más o menos acaramelados. Pero cuando uno está sólo se lanza a Internet, se va a botellones. Trabajaremos. Veremos esa limpieza que hace la luna en la calle y que parece un papel en blanco que nos invita a escribir: ¡Sí, la amistad existe!, habrá que buscarla en las cosas, acumular una y otra y así hasta que podamos.

Si nos da por el dinero, ¡a acumularlo!, pero todavía no se ha escrito ni dibujado ese sentimiento que cada uno sentimos de vez en cuando. Sólo nos queda girar de un lado la cabeza y ver que la vida en sé no tiene sentido, la adornamos, haremos fiestas, pero esa sombra sea tal vez la culpable de sentirnos muchas veces solos. Acaso lo más que se pueda a aproximar a evitar la soledad, sea el matrimonio, ver su evolución, con los hijos en el ambiente.

Yo cuando estoy así tengo mi antídoto y es hacer un viaje a un pantano cercano, ahora que puedo ser feliz, no lo soy. Tengo amistades, tengo bienes, vivimos todos muy bien, pero yo era muy feliz cuando había que luchar por la supervivencia, había que extenuar el cuerpo, para llegar a la cama, hacer el amor y dormir, hasta otro día y otro. Entonces vivíamos de una manera diferente. El dinero ha hecho que cambie todo, hemos crecido en todos los órdenes, todo sea por esa ilusión que un día sentimos de tirar para adelante cuando otros lo daban todo por perdido, hemos conseguido que el pueblo sea otro pueblo, el de antes no lo es, es verdad, ha cambiado mucho, pero la ruleta del cambio no se para, se pierden tradiciones y costumbres, ahora todo es la máquina.

El otro día puso un amigo mío una quesería. Antiguamente, ya en casa de mis padres, solíamos hacer quesos, las cabras de mi padre eran muy buenas y como sobraba leche, aprendieron a hacer quesos. Eran artesanales. Hoy, sin embargo, te ponen una fábrica de quesos, dicen que es más higiénico, los congeladores y otras máquinas hacen que los quesos del pueblo se vendan en toda la comarca, está fábrica no existiría si no fuese por la ayuda del gobierno autónomo, les dan una cantidad de dinero para que empiecen una actividad que ya estaba desapareciendo.

¡Aún recuerdo, el olor a queso de las cabras que hacían mi madre y mi padre!, yo muchas veces les echaba una mano.

A mí siempre me ha gustado la olor de la leche de cabras. Cuando a mi abuela el cabrero le llevaba la leche recién ordeñada, ese olor al cocerla me encantaba, ella la tomaba porque estaba mal del estomago, era ya a sus años casi el único alimento que podía tomar. Por aquellos tiempos se prohibió la venta de leche de cabra directamente del productor al consumidor.

Era la evolución de la sociedad, nos podemos preguntar qué sería mejor, yo mismo no lo sé, a lo mejor, amigo lector, usted sí encuentre alguna solución.

Los panes: por la mañana se hacía la masa de harina de trigo, se echaba una cantidad igual siempre de levadura, se encendía el horno y, se observaba la evolución de los panes a través de la puerta del horno, así cuando el pan se ponía dorado, se sacaba con la pala de madera, y uno a uno se dejaba que se enfriase, También se hacían magdalenas, aún hoy cuando van ha venir los críos, le preparamos una bolsa para que las degusten en la ciudad, nosotros siempre les decíamos críos cuando ya en realidad eran mayores.

Un día el pequeño se hace presente en medio de la semana, venía con un dolor que sólo unos padres lo pueden sentir. En la comida fue cuando nos explico de dónde procedían sus males, tal vez esa amistad que habíamos cultivado, hizo que el problema se fuese solucionado. Estábamos en la mesa, la madre corta el pan en trozos, siempre faltaba, pero entre mordiscos de pan y soltando la lengua casi se echa a llorar, lo cual yo impedí, con el mejor tono de amor, le llegó y se le fue, pero empezó a hablar.

Había estado con una chica, pero hacía el sexo sin condón. Pusimos cara sería, pero lo demás venía después. Me dijo que se encontraba mal y que había ido al médico, le hicieron un análisis de sangre, ¡lo casi imposible, le toco a él!, ¡efectivamente tenía sida! Lo tranquilizamos todo lo que pudimos y fuimos efectivos, su madre era la que en aquel momento lo consolaba más, con palabras de ternura y no olvidando el problema, le iba diciendo lo poco que sabía, pero lo que sé repetía era qué tipo de sida era, pues hay uno que es más peligroso que otro. Enseguida llamó a su médico y le preguntó, efectivamente tenía el menos malo, con unos medicamentos se mantendría la enfermedad a raya, que no pesase en morirse, que eso estaba lejos, muy lejos. A la semana, se salió por una curva y salió despedido y muerto, iba a una excesiva velocidad, hay que ver cómo cuando tiene que pasar algo, pasa.

Teníamos un dolor muy grande. Lo enterramos con gran dolor. Todo el pueblo, y gentes de otros pueblos, se acercaron al entierro.

Habíamos perdido un hijo en la flor de la vida, ni siquiera hicieron falta los psicólogos, entre nosotros y la manzanilla fuimos pasando los días, pero nunca lo olvidaremos, en nuestras mentes siempre estará su seriedad y su inmenso futuro por delante, del que hubiese disfrutado, ahora se ha ido muy lejos de nosotros, hasta ahora habíamos vivido la vida sin conocer el gran sufrimiento el cual es capaz también  de dar un hijo, un dolor que nos acompañaría mientras viviéramos.

¿Qué vamos a hacer? Unirnos más que nunca. Nos hacíamos miles de preguntas. Cuando nos juntábamos a comer, de una manera más o menos tenue, pensábamos que no se había muerto, que había cambiado de sitio; por ahí era por donde queríamos seguir buscándolo; lo veíamos en el coche, bañándose en la alberca en los veranos.

La vida es dura, ¡cuántas preguntas nos hacíamos! y todas sin respuesta.

Cuando estábamos solos era mejor que estando todos juntos; en nuestra soledad, la mujer en su cocina, yo con los animales, pasaba el tiempo más rápido; en la soledad más profunda nos consolábamos cuanto podíamos, pues sabíamos que teníamos que seguir adelante, aunque el dolor del mundo estuviese en nuestros corazones.

Pero pasaba el tiempo y nuestro dolor se hacía más fuerte: una persona joven y con esa forma de ser, que era agradable a todo el mundo; cuando estaba en la ciudad, le decían que no parecía que fuese de pueblo; era muy listo, pero el destino se lo llevó en el mejor momento de su vida; tenía problemas -¿quién no los tiene?-, pero tenía un estilo de ser, todo era fácil para él cuando a los demás algo les parecía imposible. Mejor es que no siga por aquí, pues tenemos que mirar hacia delante y no a la guerra que todos los días emprendemos cuando nos levantábamos.

Mi hermana, en los días del entierro, estuvo con nosotros y nos fue de gran ayuda. Muchos decían que el carácter era el de ella. No podíamos ver el mundo que nos rodeaba. Si se puede decir, necesitábamos algo que nos quitase las variables emociones por las que pasábamos todos los días.

El hijo mayor, en unas de sus visitas,  nos dijo que su mujer estaba en estado, así que el máximo cuidado era poco. Enseguida mi mujer se fue a su casa para ayudarle. Esa era la excusa, pero la verdadera razón era que quería abandonar el pueblo.

Yo seguía aquí, no podía irme, nuestro medio de vida era éste. Empecé por malvender todo lo que teníamos, las gallinas, las cabras y después le tocó a las casas. Así junté dinero. Y a los pocos días me hice presente en la casa de mi hijo, estaba dispuesto a trabajar en cualquier empresa: pero no volver nunca más a ese sitio que se llevó a mi hijo. También una de las causas era que quería vivir con ellos, así, pensaba yo, los peligros que pudiesen tener ser los quitaría. Pero la realidad era que sabía que allí estorbaba.

Así encontré un trabajo de vigilante jurado. Allí pasaba las noches. Iba sólo lo mínimo a verlos, pero el recuerdo no se me iba. Como vigilante no tenía armas, si hubiese tenido, no sé qué hubiese hecho.

A los pocos meses cambié de trabajo. Estuve de camarero, el alcohol lo tenía demasiado a mano, pero por otras experiencias no pensaba abusar. Me ponía a trabajar, terminaba en un sitio y enseguida me iba a otro. Aunque no dormía lo suficiente, no se me notaba que la amargura más profunda se había adueñado de mi corazón, un corazón que, viendo a los demás que tiraban de su carro -cada uno tiene su carga-, y que por eso no pasaba nada.

Unos de mis pensamientos más profundos era la venida del nieto. Ahí se fue haciendo un hueco de cariño, que poco a poco dejaba de lado otros pensamientos. A veces pensaba qué sería de él. Por lo menos por ayuda nuestra no tendría problemas, ya habíamos criado otras veces.

Como es costumbre mía, meditar sobre el porqué de algunas cosas, muchas veces me hago un lío, no puedo avanzar más en mis meditaciones, es falta de formación, pero para la vida que me ha dado Dios, no me quejo, veo a otros y veo su desconsuelo, un continuo penar, como el nuestro, nunca pensé que pasaría por ese calvario.

A mí sólo me gustan los periódicos y no muchos, me da igual, sé que todos son iguales, pero yo me pongo a analizarlos y saco esta poca cultura que aquí os muestro: el dolor de haber criado a un ser y verlo muy joven en la tumba….. yo hubiese querido ser la víctima, ¡si se pudiera cambiar las vidas como nos cambiamos el dinero! Pero el de arriba sabía dar sus épocas buenas y otras malas.

¿Quién vive en la felicidad infinita?, ese o es un santo o es una persona a la que el dolor de los demás o el suyo propio le es ajeno.

¿Por qué se crearon las palabras malas?, ¿para qué para mostrar una expresión al ver un cardo y verlo crecer y echar esa flor azul espinas? Son avisos de que por mucho que domemos el cerebro, también hay flores que hacen daño.

El mundo es un circo. Si no falta la comida, es la enfermedad, de ahí sacamos conclusiones y sentimientos. Hay situaciones verdaderamente duras, la televisión nos las muestra, el cuerpo casi siempre puede con esa realidad y se sale de baches verdaderamente complicados.

Si ya tenemos suficiente con intentar domesticar una vida normal, ¿cómo muchos de nosotros van a las guerras? Ahora es el momento de cambiar el sentimiento de que las guerras servían para acumular de todo. Pero en un mundo el cual se está nutriendo de pensadores que ponen muchas veces coto a la maldad y le damos explicaciones a la maldad y el bienestar.

Romperá la tarde y la mañana de pensamientos, son como la primavera, todo tiene su fruto.

El demonio simplificado hay que enterrarlo con sus propias armas, y venceremos nosotros, toda pasa con el tiempo y aquí estamos viviendo por una vida más llevadera.

No quiero imaginar lo que podría ir explicando, con tiempo, con papel y lápiz, y encerrado en una habitación donde sólo entrara comida.

Seguro que el dolor no se puede extinguir. Yo digo que sí. No se inunda de agua la playa y como vuelve hacia atrás dejando un lado de la playa, con el agua volviendo a la mar, esa vida es buena.

Cuando veo cómo la luna sale entre uno de los muchos edificios, ¡qué emoción infinita siento! Veo a la gente andando por la playa, pero la luna llena no quiere iluminarnos, ¡qué extraño!, hoy se retrasa, seguro que está poniendo paz en algunos de los corazones de los enamorados-

La luna tiene dos caras o tal vez infinitas. Cuando alumbra en la oscuridad, ha sido compañera mía, me ha acompañado, cuando ningún ser humano lo ha hecho, en noches donde necesitaba un rayo de luz me alumbrara indicándome del peligro, es mi amiga, ¡cuántos sueños, unos buenos otros malos!, pero su claridad me ha animado a seguir adelante.

Como he estado por la noche trabajando, ella me ha contado muchos cuentos como en las noches de riego de las cebollas. Recuerdo a mi padre diciendo: “Niño corta el agua”. Allí iba yo y me espatarrada en la acequia y cerraba el agua a esa era; así la siguiente era recibía el agua; así una era y otra, era raro que el sol o la luna nos dejase solos sin luz, pero yo era niño y había que comer, los machones bien hechos y la acequia, como diseñados por un ingeniero. ¡Qué diferencia cuando la noche era nublada!

Allí estábamos; en vez de cosechar estrellas, nos dedicábamos a producir pimientos y tomates.

Todo esto llevaba un proceso muy delicado, si se quiere cosechar algo. Hay que ver que son tradiciones que nos vienen de muy antiguo. Recuerdo una noche cuando -la luna, el sol, los olivos y el agua deslizándose por eras de los olivos- el cielo se abrió poco a poco y nos enseñó otro día diferente.

Tal vez esté mi hijo acompañando, con su aportación, a que el orden de los astros se mueva un poco o tal vez se haya olvidado y aún permanezca descansando en ese momento el cual cada persona que nace se halla viviendo.

Y se nace para morir.

Haciendo del cielo la cama de todos, sólo nacemos para ver un poco la luz y así aprender a comprender el mundo, el mundo, las estrellas, la tierra, estamos pendientes de un hilo, ¿para qué nacemos?, seguramente que daremos muchas respuestas, pero ninguna será la verdadera o tal vez sean todas.

Si la vida es un canto al creador, se podía haber recortado tanto firmamento infinito, no hay principio ni fin, sólo nos trasformamos. Una pregunta: ¿habrá fin o será infinito? Para mí, las dos cosas y otras más. Es un concepto para el que nos podemos fijar en la estela de los aviones o en la azada para quitar la hierba en estos primeros días de primavera, alrededor de los plantones y las olivas.

Este año ha llovido mucho, le hierba se ha hecho grande, se ve por todos los sitios. La labranza se daba por estas fechas, si no llovía más, había que cavarlas. Muchas veces cuando el haz era muy grande había que cogerlo ya con la flor amarilla con la mano, meneando la hierba para que no agarre más. Si vuelve a llover habrá que dar otra vuelta. Pero ha llegado lo moderno, las curas, con cubas o con mochilas.

A mí me han llegado noticias de que esas prácticas son de verdadera extinción de las olivas, he llegado a oír que con el líquido se seca al tronco y los hijos de las olivas. Es posible que sea mentira, pero la mentira en una noche sin luna, que se va haciendo con un empujón de cariño.

La luna es como el caramelo de un niño, que sólo es ternura y amor, pero ¡Ay de él cuando se haga mayor!, ¿qué será de su vida?, en muchos sitios la muerte es como la comida, comida un poco difícil de digerir. Hubo una vez que la muerte era como es el pan todos los veranos cuando venía el verano el cólera se llevaba muchas almas, fueron años difíciles y se llevó la enfermedad a muchos. Pensemos los que aún en otras naciones les está pasando lo mismo, la muerte viene de blanco como el féretro, ese ser no ha llegado a sentir lo dura que es la vida, a lo mejor por eso se van, porque no pueden con su poder, dar el paso y disfrutar de la amistad, del amor, del trabajo.

El color blanco es dolor y ese dolor dura poco, se convertirá en un nombre en algún libro de algún amigo que lo vio, lo que ya es olvido.

Sabemos algo y lo que nos queda por aprender, a ver cómo esquivamos como mejor podamos, a esa negra noche en la que el ángel nos lleva con ellos.

Vemos el juego que es la vida, el esfuerzo por olvidar lo malo y para poder vivir consiguiendo que pasen los días, las semanas. Casi seguro que llegamos a percibir, como todo ser humano, el hilo que nos mantiene vivos, porque no es un punto, ni es Dios, ni son los alimentos. Cada uno confiesa con su religión, pero tened en cuenta que no hay ninguna verdadera, pues si la hubiese sería la única y no es así, hay muchas, tal vez haya para todos los gustos. Podemos elegir la que queramos, todas nos prometen la solución a nuestros problemas.

La materia transformada nos da muchas respuestas, así algunos conseguimos entender algo de este juego, el juego de la vida en la cual todos somos peones, ante ella no hay quien se resista, cuando la muerte nos manda sus carros para ir cómodos, a un sitio que no se sabe cuál es.

Gracias al sol que ilumina nuestro caminar por el gran juego de la vida.

El edén es el mundo, el paraíso también lo es, y entre el mundo y el paraíso iremos caminando, en coche o a pie, por su largo rayo de luz.

Esos sitios por donde pasa un río, donde en el verano vamos a pasar el día para aliviarnos con el agua. Vemos los álamos, algún que otro pino, esto es un sueño, la hierba, las ramas y en el centro una isla, allí vamos y nos bañamos, para dejar todo olvidado. Una piedra que me llamó la atención espero que el próximo año me la encuentre.

El agua se la lleva el sol, cada gota emprende un camino que no sabemos muy bien a dónde conduce, esa gota de agua que se deja caer del cielo y, como si fuese miel, nos embadurna de humedad.

El agua, la luna y el sol son tres payasos que nos hacen reír. Las risas interiores suenan cuando vemos llover. Muchos lo vemos como si fuese una máquina que por un momento cada vez más anhelado funciona, por las siembras sobre todo, para de ahí sacar la alimentación. Ahora hay muchos cocineros que cocinan, pero antes, hace muchos años, la provisión de alimentos era difícil, pero dicen que dentro de unos años sólo comeremos lo que necesitamos y en muchas ocasiones vendrá de la química. Sí, sí, a mí no me extraña, viendo cómo ha cambiado la agricultura, ha pasado a ser una forma de conseguir alimento antigua, ahora vemos que cambian los principios básicos para una alimentación. Algunos van a más, dicen que cuado vayamos al mercado no pediremos, lomo, frutas, sino los alimentos que necesitemos por su nombre químico.

El otro día, viendo la televisión -ahora dispongo de más tiempo que otras veces-, salió un documental de un eremita. Enseguida me di cuenta de que hoy en día se puede vivir al margen de lo establecido, pero la lucha entre la soledad, la subsistencia, el sentir la soledad noche y día debe de ser muy dura, es una lucha constante en la mente con las ideas y el entorno, son formas de vivir, yo no he llegado a conocer a ninguno, aunque, cuando era un niño, sí venía al pueblo gente extraña. Nunca me interesé por ellos, también sería por la sobreprotección, hacían que sólo viese una parte de la realidad, aunque es un recuerdo vago. Los lunes, que es cuando hay mercado, al terminar, se terminaba con alguna persona apedreada por los niños, los tontos y algunos mayores, no se le quería en el pueblo, eso no era un eremita o tal vez sí.

Tiene que ser increíble vivir entre montes y animales peligrosos, mirando por donde se mire. Se verán los álamos, casi amarillentos, moviéndose con el viento de un lado para otro, eso y una canción no tienen en principio nada en común pero parecía aumentar el esplendor de la naturaleza diciendo: “Aquí estoy, para que observen el derroche tonalidades, donde el pintor podrá, con más o menos soltura, manejarse en esa paleta de amarillos, desde el amarillo claro al amarillo oscuro”. Algún Dios es el dueño de esos árboles, así observaremos esos árboles que cuando sea convenientemente ellos desaparecerán, pero seguro que el pintor guardará el cuadro porque fue un dialogo y los aliados se cuentan sus secretos, esa cantidad de hojas y el tallo se mueven, pero no es sólo movimiento, sino que nos dicen que su muerte y su belleza tardaran poco en ser cortados.

El documental era una delicia para la vista. Con pocas palabras y una buena música nos hacía ver, desde nuestros sillones, el oscurecer de la tarde, mientras nos explicaba que cuando hay humedad hay muchas setas, bellotas y castañas. De eso se alimentaba el eremita en cuestión. El pretendía, mostrarnos la lucha permanente entre su persona y todo lo que le rodeaba, no le gustaba la ciudad, pero todos sabíamos que su soledad era tan grande que muchas veces a los árboles les ponía nombre y les hablaba. A lo mejor había aprendió su idioma y el las ardillas saltando de árbol en árbol, los gamos y cabras corriendo por el prado para ir a ver el azul que al amanecer.

Según explicaban, se vestía con las pieles de los conejos que mataba, las pegaba en la pared hasta que se secaban, posteriormente hacía su ropa, como San Juan en el Jordán, así bestia él sus pieles bien unidas, le servían para pasar los duros inviernos.

El comentarista sacó un tema que me gustó, su belleza era inmensa no sólo la belleza visual; me recordó que yo muchas veces bajaba corriendo por las cuestas en la sierra, me agarraba de pino en pino, no quería dar la vuelta, era peligroso, pero cogí la costumbre y, como un niño que sonríe cuando pone los pies en el suelo, los zapatos terminaban rotos, pero gracias a la vida siempre tenía repuesto.

El eremita hablaba de cosas que muchos de nosotros no conocíamos, de sensaciones que casi nadie percibirá; él se codeaba con los pinos, con los romeros, unos le daban perfumes y otros leña para calentarse en el invierno, pero lo que más hacía asequible e importante era su forma de hablar, lo que decía de los pinos, de las aves, tenía verdaderas conversaciones.

Desde el poyete que había hecho en la puerta de su casa, pasaba el tiempo, veía cómo salía el sol al amanecer, lo veía surgir lentamente, indicativo de que empezaba para todos el día de trabajo, pero para él no, su vida no era trabajo, él vivía con la belleza; así iba llenando su morral, cogía un día claro y mientras comía algo se detenía verlo elevarse; al unísono, algún pájaro despertaba a los demás avisando de que otros nuevos rayos venían, alguno se hacía el remolón pero los más volaban de un árbol a otro.

El futuro le era indiferente, no sabía nada de lo que eran las cosas humanas, él sabía de animales, de paisajes, de ríos, pero no quería ver cómo iba el mundo, él sabía que la duración de su estancia iba ya para veinte años. El aislamiento que eso suponía para los demás, para él no era tal, había cosas que hacer y hacerse amigo de la naturaleza.

Sentía dolor por lo que habían hecho con las ciudades para hacerlas habitables, el terreno se había cubierto de coches y casas, le habían robado a la naturaleza su razón de ser, porque una golondrina nos traen el amor, pero un avión sólo nos trae contaminación y viajeros, que no paran de andar en tren, en coche, en avión, alejándose así de sí mismos, no quieren sentir la realidad y dan vueltas al mundo en busca de placeres incesantes, pero la realidad es que su mundo se ha averiado, y siguen caminado, para luego comprar unos regalos, cuyo destino será la basura.

Es una muerte lenta, pero muy dura.

El que no bebé, se droga, verdaderamente son pocos los que van en busca de descubrimientos, los demás vivirán y se morirán, sin ver a la luna llena en una noche clara.

El ritmo de este mundo es muy raro. Se creen que con el movimiento constante aprenderemos más, pero no es así. Hasta la medicina recomienda para muchas enfermedades la tranquilidad necesaria, es decir, en muchos casos aconseja lo contrario del movimiento constante.

Cada uno es un mundo, pero en muchos sitios se trabaja sobre la ignorancia, porque si lo que nos proponen es un mundo como el que se deja ver ahora, yo por lo menos amare a un árbol más que a una casa o a un coche.

Todo empezó cuando el ermita andaba por un camino, de pronto había aparecido un coche, él no lo sabía pero no eran buenas noticias; en vez de esconderse -¿quién tenía más derecho a andar por el camino: él o el coche?-, cuando le tocaron el pito él se acercó porque, según creía, era para ayudar, pero le dijeron que si era fulanico de tal, efectivamente respondió él, hacía muchos años que no había hablado con ningún ser humano, así que lo hizo con mucha dificultad; detrás de ese todo-terreno venía otro, éste era de periodistas, habían olido la noticia y allí estaban para enseñar al gran publico lo que era ser un eremita, una persona que se había diversificado, con modos de vida que se salían del patrón normal, en definitiva, que hacían una vida diferente a la de los demás.

Él sostenía que ya quedaban pocos, pues el hombre con sus máquinas estaba extinguiendo lo poco de la naturaleza que quedaba, le hicieron las preguntas de rigor y tomaron alguna toma de los paisajes, para encandilar.

Aunque lo cierto es que ya tenían un papel de las autoridades donde le expulsaban del paraje que hasta ahora había sido su habitad compartido. Él sabía que tenía que irse, pero pensó “¿por qué cambiar de sitio?”, a él le gustaría mantener su forma de ser, pero iba a ser difícil, seguro que no lo dejarían seguir su modo de vida. Aunque si el mantenía sus ideas, podía cambiar los paisajes por las avenidas y los edificios -¿por qué no?, él tenía dinero, por si alguna vez le hacía falta, chaqueta y corbata y un buen coche y cuando no quisiera comer en su casa seguro que había algún restaurante abierto.

Todo consistía en caminar y mezclarse con la gente como si fuesen árboles y animales, tenía que abstraerse e integrarse en el medio, estudiarlo desde el punto de vista de su formación y así ver cómo se comporta el hombre en una colmena.

El otro día recogía el periódico que una mujer mayor se había caído por las escaleras y se había muerto, ¡fue una conmoción en las noticias de la televisión! Hasta ahí no hay más que hablar: el estar solos en la ciudad se venía comprobando que no era beneficioso, así que decidió dedicar su tiempo a estar con los que él creía necesitados de cariño, aunque él tampoco andaba muy sobrado.

La masa, por ciertas calles, se veía andar, cada uno con un pensamiento diferente.

Vivían así. Si podían ir el fin de semana al campo o al monte, sabían que estaban viendo paisajes a los que les quedaba poca vida.

Una observación mía y, tal vez, una obsesión: no comprendo cómo los coches, por ahorrarse el tiempo e ir más rápido, consumen otro tipo de energías, a lo mejor es que esos movimientos de la población son objeto de estudio: ¡hay que llegar primero!, así la pirámide irá aumentado, o disminuyendo, dependiendo de variados factores; el beneficio de las empresa así irá desde luego en aumento.

El eremita sólo comprendía de sembrar ajos, patatas o cualquier cosa, pero eso no vale ya en  el mundo de ahora. Se estaba adaptando a un medio donde la frialdad y la falta de amor se imponían, no había valores, no había flores suficientes para todos, el mundo se hacía a la vez que más grande también más pequeño, porque las personas se estaban convirtiendo en máquinas, todo eran un puzzles que algún sabio había ideado, para que la vida se haga más difícil.

El eremita iba tomando nota de todo el cambio, pensaba que, al ritmo que vamos, en muy pocos años la naturaleza se habrá extinguido, habrá carreteras nuevas y grandes, también los hoteles los apartamentos cubrirán toda la tierra.

Cogió los vicios del alcohol y del tabaco, se compró un coche, con el dinero que la televisión le había dado, podía vivir muy bien, pero en un programa de los de las altas horas de la noche, como si las ideas a esas horas entrasen mejor, en una de tantas charlas coincidió con una mujer muy bonita que tenía un cuerpo de muerte. Ella le dijo que si quería podían ir a su apartamento, efectivamente sus deseos de sexo llegaron hasta bien entrada la madrugada.

Se despertó contemplando su cuerpo, permaneció quieto pensando eso no llegaría a nada, pero que hasta que llegara la próxima vez no sabía el tiempo que tardaría. Desayunó y se fui a su casa, el negocio de Internet que tenía había que revisarlo. Como le cobraban por todo, también tenía su negocio porque, si no, ¿qué sería de su carrera? Seguía adelante, explicaba una y otra vez los paisajes, los ríos y todo lo que había visto y vivido en su hábitat. La mitad era inventado, pero le daba una profundidad a sus expresiones que un día le propusieron volver a donde había estado viviendo durante muchos años.

Con todos los permisos, ahora con botas de cuero y abrigos de plástico y comida, pasaba los días, ahora en un sitio después en otro, les explicaba a los turistas la flora y la fauna, desde el principio y con sus nombres, pues no había olvidado nada, al contrario al volver lo veía desde otra perspectiva. Ellos le tenían de protagonista.

Transmitió a la televisión lo que durante largos años de vida había aprendido; su cueva estaba intacta, tal vez porque alguien se cobijara en ella, tal vez sea usted, lector. Muchos la verán por la televisión. Durante el invierno y la primavera hicieron las suficientes horas de grabación para medio año de programas. Para completar el ciclo volvieron después verano y en otoño cuando las hojas de los árboles caían lentamente, dejando paso al invierno.

Llegamos a completar el ciclo completo de un año de naturaleza. Muchos turistas ya tenían alternativa a la playa: ¡el monte! El eremita decía:

“Si algo me enseñaron los años que pasé en el monte es que hay que tener mucho respeto por esos ecosistemas, de lo contrario, con el tiempo, los animales desaparecerán. Como el hombre lo quiere hacer todo pronto y mal, los edificios altos de la ciudad estaban abandonados por la casa en el campo, hay mucha gente que tiene su casa y su poca de tierra, muchos piensan en cuando le llegue la jubilación nadie querrá morirse en la ciudad porque el ambiente que se crea de masa no le gusta a nadie, pero el concepto de jubilación se está transformando, hoy el hombre con un sólo botón puede cambiar el mundo y seguro que es para colaborar en su destrucción; cuando llegue la edad adecuada, habrá otro concepto que haga aún más quitar al obrero sus referentes, pero mientras tanto nos están engañando para echar interminables horas de trabajo.”

“Para colmo la muerte es para todos, las enfermedades del pulmón o los cánceres a muchos se los llevarán a otro mundo que no podemos describir, pero seguro que será un mundo de paz y de armonía, por aquí sólo estamos de paso, lo verdaderamente importante es ese mundo que lo pintaremos y lo imaginaremos como queramos.”

“Este mundo está corrompido en todos los campos, sin unos principios sólidos y solidarios, esto tenemos que combatir para, con ideas e intereses que les vayan bien a todos, si también a ellos, porque para mí el valor del dinero es nulo.”

“Me hice eremita urbano, veía que ya había gente que este camino de materia desechable y poco duradera. Un coche dura diez años como mucho, sin embargo un olivo puede durar más de cien, se dice pronto, pero ahí hay materia, amigo turista, para pensar y si no es así puede acompañarme, tenemos que luchar con la palabra; si no sabemos algunas, las aprendemos y descubriremos nuevas ideas que nos llevarán de mano en mano, como si fuese un ave que transmite la buena nueva, así tenemos que hacer un discurso de todos los tipos que multiplique las ideas, pero para eso necesitamos un proceso que es el pensamiento.”

“¿Habrá algo más bonito que en un momento de paz?, nos vienen a la cabeza ideas que se pueden hacer realidad, pero todavía no ha sido el momento, y no ha llegado el momento porque no somos valientes y no conseguimos ponerlas en práctica.”

“Los métodos ya viejos y la ideas que les acompañan están ya preparados para que las recoja un camión especial, cuando éste se ponga en marcha todo lo que engendraron arderá, también la mentira, esa será un máquina estupenda, pronto estará en funcionamiento, hay ya demasiados basura metal.”

“Necesitamos construir otro mundo, donde cada persona sea libre, sin ataduras; lo viejo y lo inútil nos hacen daño, no les sirven ni siquiera a los que en un tiempo pasado vivieron de ellas. La evolución hay que plantearla con la palabra libertad como si fuera una golondrina que sólo da felicidad, ellas no dañan, pero si nos detenemos un momento podemos pensar y compartir nuestros pensamientos con ellas.”

“Dios me libre de que estas palabras dañen a los que viven en un mundo viejo, viven llenos de telarañas y en la más tenebrosa penumbra. Ellos que permanezcan así pero nosotros no nos conformamos, hay que pensar y plantearse las ideas necearías para un cambio en profundidad. No podemos conformarnos con comer, dormir y trabajar, todo se aprende y también hay que aprender, con los rayos que relucen de los cristales de los coches, a sacar algo instructivo porque esa máquinas, pensadas como si fuesen barredoras de retamas o de plástico, hay que destruirlas ya; llegará el momento que en nuestro entorno vivamos con los inventos que creemos, con la barredora de ideas se fabricarán las que hagan falta, pero eso sí que no nos repitamos, que nosotros mismos evolucionemos, multiplicando las ideas hasta el infinito.”

“¿Por qué no? Esto es posible, yo por lo menos no creo que os este diciendo ninguna tontería.”

“Algunos, seguro que son minoría, dirán que esto no vale, que son los delirios de un loco, pero analicémoslo mejor, no vaya a ser que algún día te des cuenta y veas el mejor camino y cambies. El cambio es necesario, uno que nos permita otra revolución para, avanzando, hacer del planeta un mundo mejor, y mejor por lo menos para mí significa que luchemos con las ideas, con la razón, y hacer del mundo un sitio donde la libertad permita vivir mejor, no hacen falta muchos bienes para creer que la libertad sea amplia.”

“Decía uno que no es más rico el más tiene sino el que lo disfruta, y es así; algunos podrán proponer otras ideas con más profundidad, con el juego de todas ellas se combinará una forma de expresión que nos lleve a la sabiduría.”

“Hay que tener cuidado con los pillos que enseguida se apoderaran de terreno para saltarse las barrera de convivencia y nos impedirán seguir. ¿Qué hacemos con estas personas?, porque sería un iluso ver un mundo completamente feliz.”

“Cuando se consiga dar a cada forma y dialogo una forma positiva, donde lo negativo se extinga, si lo planteamos así, mal que bien se verá que no es imposible proponerse objetivos que serán aplicados a todas las comunidades. La violencia, física y mental, desaparecerá y no por arte de magia, sino que los argumentos conseguirán volcar el pulso por su esfuerzo, preparado de antemano.”

“Necesitamos soluciones a los problemas concretos que este cambio requiere y tienen que surgir de nuestra mente, tiempo no nos falta, si se plantea cualquier problema, el dialogo nos hará ver cuál es el verdadero camino, un dialogo donde se disfrute muchas veces de las expresiones, de argumentos que ya estaban planteados. Ahora bien, ¿qué hacemos cuando a un problema tenemos que dar solución inmediata?, por ejemplo, alguien ha tenido un accidente de tráfico, ¿cuál será la forma de actuar para el auxilio lo más rápido posible? a más medios mejor atención, y eso está en la ciudad. Pero el accidente tendría que haber tenido solución; si esa persona hubiese estado con una actitud consciente, pero una vez pasado sólo queda la solución medica, pero es que este problema tenía arreglo con unos controles bien puestos, para que ninguna persona, bajo ninguna circunstancia, se vea en esa situación.”

“Las actitudes y la manera de vivir requieren una forma de convivir diferentes a las que tenemos hoy. Las soluciones son muy difíciles, pero sólo hay que buscarlas, habrá alguna persona a la que se le dé muy bien combinar su mente y sus palabras, habrá grandes problemas y pequeños, si la razón se hace un hueco en el mundo seguro que cuando se vea el resultado nos alegraremos todos; porque, no nos engañemos, aquí lo que funciona casi siempre es la envidia.”

“Bueno ahí tenemos un problema, ¿qué puedo decir yo de la envidia?, pues que no es mala, siempre que no dañe a nadie, pero a veces es enfermiza. Para esas cuestiones y otros valores tendremos días de debate… ¡y años!, pero si, cuando se dé un caso malo, se ve que se soluciona con rapidez, con aportaciones de ideas que además pueden ser constructivas, que se vea su crecimiento, aunque lentamente al principio, y cuando al estrujarse el cerebro, que no las ideas, se consiga una realidad sana, para que los posibles desvíos por mal camino se vayan corrigiendo.”

“Pero si reflexionamos sobre los americanos y sabemos sacar provecho del incumplimiento de ls más normales elementos de crecer con fundamento. Las diferentes culturas pueden aportar algo a esa mezcla, pero lo que no podemos es hacerlas desaparecer por la fuerza, si ya de por sí se extinguen ellas solas y queda el poderoso, pisando fuerte a los más débiles, el mundo tiene que ir mejorando progresivamente, y no desperdiciar a personas que se ve como con su trabajo aportan algo al movimientos cultural de nuestros días.”

“Tiene que haber una fusión de ideas para nuestra connivencia del día a día, así se verá su calidad. Y además estas reglas son casi eternas, y digo reglas porque ¡qué poca diferencia hay entre leyes y reglas!, ¿acaso las leyes se cumplen?, son papel mojado en todo el mundo, sirven, si acaso, para detener lo que por naturaleza surge, pero hay que diferenciar entre las leyes de la naturaleza y las que nosotros nos damos para coartar nuestra libertad o tal vez un intento de poner algo de orden en este mundo.”

“Donde la liberta brilla por su ausencia, las leyes se hacen cada vez más opresoras.”

“Esto no es cosa baladí, lo que intentamos es hacer de la realidad una cueva y salir fuera de ella, que aprendamos cada día a percibir nuestras vidas con nuevo oxígeno, que por cierto es la cosa más repartida del mundo, o acaso no. Cada cosa con la suya, y un baile con músicas de Serrat; tal vez vayamos por caminos algo angostos, pero cuando la dificultad nos hace esforzarnos iremos en busca de un vuelo de una paloma blanca, que salió de su palomar y voló confundida ante tanto dióxido de carbono, pero en las aletas de la nariz y con ayuda de sus alas buscaba algo que antaño era muy frecuente pero que ahora se hace cada día más difícil: esas corrientes que tiene que compartir con los aviones.”

“Veremos cuánto dura cada cual.”

“¡Qué bonito es volar! El hombre siempre le tiene envidia a la naturaleza. Ícaro ya se rompió más de una vez algún que otro hueso, pero su cerebro y su vista le tenían envidia a las aves, ya le dolía mucho el cuello de mirar al cielo, miraba las migraciones de las aves, las tenía ya controladas, pero él no podía remontar el vuelo, hay que ver cómo todo es cuestión de tiempo, el principio y el fin, iba pensando y veía como las aves subían y bajaban dando su besos continuados al aire. A Ícaro sólo le importaba el roce de los labios, restregarse con todo aquello que había de bueno en su vida y en su entorno. Como los pingüinos, con sus colores negro y blanco, preparados siempre para ir de boda. Junto con Ícaro, son dos ideas que tienen algo de ternura.”

“La ternura encubierta de algunas personas nos lleva a no saber distinguir nada de nada. Si Ícaro voló muy alto, otros vuelan muy bajo.”

“Uno de los aspectos a tener en cuenta también es el dolor tan profundo que de la naturaleza ha aprendido el hombre: la caza de la víctima, el más débil siempre cae, pero seguro que perdura su recuerdo, que a veces se ve cuando el aire mueve con ímpetu los árboles; las hojas siempre hambrientas de rayos de luz proclaman la deuda pendiente del débil, mientras el fuerte se dedica a cazar.”

Todas estas ideas del eremita no eran sólo suyas. El otro día, sin ir más lejos, una persona mayor, después de un largo paseo por la sierra, me enseñaba los secretos del pino, de la encina y del enebro. Poco a poco explicaba cómo era posible que Dios diera tanta hermosura. Pero la lección que más importante que me dio fue cuando bajábamos andando lentamente.

Al maestro le pregunté por qué había omitido durante todo el día el asunto de la caza en la sierra. Me dijo que igual que a mí a él no le gustaba matar, pero él me confesó que cuando tenía hambre, también había cazado, sin el ruido mortal de las escopetas. Esto es un secreto, no se lo contéis a nadie, durante un breve espacio de tiempo tratamos el tema y me contó un secreto que casi nadie recuerda. Decía que preparaba la trampa y echaba un puñado de sal, me dijo que era el remedio más eficaz para la caza silenciosa.

De pronto dejé de hablar y me dijo que mirase al monte a ver qué veía. Yo le dije que no veía lo que él, no es que estuviese mal de la vista, sino que yo desde mi perspectiva más moderna veía un monte en peligro y así se lo dije. El había vivido cuando era salvaje, corría de peña en peña, huyendo de la autoridad, con sus mulos cargados de alimentos y mercancías, al bajar al pueblo los vendía.

Recordaba que por diez pesetas que le daban por su carga tenía que mantener a la familia. A los doce años su padre le dio un burro y ¡a buscarse la vida! Tenía que aprender a desenvolverse en un mundo de mayores, aprendió rápido y pronto compró un huerto por cien mil pesetas y una finca por ciento cincuenta mil pesetas.

Hace unos días su corazón empezó a fallarle otra vez, pero hoy a los médicos no se les muere nadie, en algo teníamos que avanzar con el paso de los tiempos. Con sus pantalones azules y su blusa plagada de pelotas, se despidió rápidamente: tenía que hacer la comida, su mujer estaba en la peluquería para ponerse guapa.

Se querían como dos niños, habían pasado casi toda la vida juntos en lo bueno y en lo malo, habían pasado enfermedades y también ¿por qué no? momentos de placer.

Pero en este complejo mundo se multiplican las líneas de pensamiento tanto que casi nunca sabemos a dónde nos conducen.

Así, pienso que se están recuperando las costumbres antiguas pero con vistas a la televisión: cómo se trillaba antiguamente, la peguera que proporciona, está llena de tea de pino blanco y de ahí se saca el alquitrán para los barcos que surcan los mares, hoy el aluminio sustituye lo que utilizaban los primeros hombres que se movieron por las aguas.

Hubo un momento muy importante en el que en el pueblo la vida y el trabajo se multiplicaban, pero como todo pasa y no sabemos si pasa para bueno o malo, dejó de hacerlo. El trabajo de los padres no quieren hacerlo los hijos, preferimos, con el mínimo esfuerzo, obtener el máximo beneficio, es la evolución que los poderosos nos imponen casi en todo momento, ellos de fiesta en fiesta, si divierten del pueblo llano, ellos son superiores, pero por suerte son superiores sólo en dinero, y ¿qué es el dinero? no se puede comparar un billete ni con una hoja de olivo o de pino, pero sus viviendas –dicen- están llenas de lujos por los beneficios del sudor que les proporciona el obrero, cual abeja.

El obrero vuelve a su casa con el rabo entre las piernas, para ver que ese sistema es injusto, que no deja dormir a uno mientras piensa, con incertidumbre, qué les dejará a sus hijos, a lo mejor la droga, el alcohol y el tabaco, habrá que encontrar una manera de evitar una realidad así.

Pero lo que más me fastidia es que los ricos contratan a sus esclavos, porque es la esclavitud moderna, evoluciona al ritmo de un sólo orden: el capitalista. Hay que ver cómo las ideas se adentran en el cerebro y lo blanco nos lo ponen negro o del color que a ellos les parezca, vemos cómo le lamen las manos en las votaciones, pero déjalos, si existe Dios –algo que todavía está por demostrar porque cuando no quita el dolor será que juega con nosotros para sus experimentos- tendrán su merecido.

Pues bien, llevemos todo esto a la práctica. Mis antepasados -de los cuales guardo buenos recuerdos, me querían y yo también a ellos- me contaban que con la concha del pino carrasco, que se utiliza al masacrarlo, el pimiento molido no era pero se parecía mucho, de allí salía la pintura que todos los barcos llevaban, porque hoy avanzamos y se habrá sustituido por otra cosa, pero antes venía de ahí. Del pino se aprovecha todo, pero hay que hacerlo sin hacerle daño, sabiendo aprovechar lo que da la naturaleza en una fusión de montes y mar.

Ahora bien, recuerdo cuando el agua cubría toda la tierra, poco a poco la lava se endureció y poco a poco salían las montañas del corazón de la tierra, ahora que llevo pasando mucho tiempo por la antigua carretera de los baños de Zújar, veo que desde el coche se divisan esas montañas vueltas del revés, ahora no hay vida o eso es lo que creemos, lo que hay es una civilización de civilizaciones pero antiguas, las caracolas y la conchas marinas llevan esperando el sueño de los justos, ahora  están en otra etapa que nos conduce a ver cómo cogemos esa sabiduría y conseguimos comprender más el pasado para que el presente y futuro nos ayuden en nuestra larga evolución.

Hay gente que se deja el cerebro intentado comprender estos tipos de vida aún dormida. El hombre saltará hecho añicos como vaticinó una película en la que se veía que en el principió el mono, con desgarradora agresividad, parecía que quería que estallara el mundo, pero aún no ha estallado ni estallará. El silencio de los sin voz, como los saltamontes, o la ballena blanca que tienen en el Parque de las Artes de Valencia nos sirven para ver que todo es blanco e inmaculado.

¡Sólo tenía que existir el color blanco!, si es que es color, tal vez sea el nacimiento de algo que comparten la ballena blanca y esas nubes que por momentos dejan de ser blancas para descargar su agua en un mundo donde casi todo ha desaparecido.

El final de la vida y del mundo no puede ser todavía. somos simples pasajeros que van de paso hacia la destrucción, nos esperan los lirios blancos y las rosas rojas que, cual milagro, pretenden decir que el sol es una línea más del inmenso rosario, que nos hace ser menos agresivos y comprender que la vida es una línea, sólo que será infinita, a lo mejor no tendrá ninguna curva, pero el amor creado por el hombre para una mujer o de cualquier otra forma…. ¡ese es el camino!

¡Distraerte, amigo lector, sólo pretendo eso, nada más que la nada y que la comprendamos.

Recuerdo el tren que nos paseaba por un pueblo llamado Peñíscola, subía muy despacio, se paseaba cual gaviota que se lanza en busca de los restos de pescado que tiran desde los barcos de pesca. Aquel papa Luna fue el único que movió la silla de San Pedro, pasan y pasan las casas blancas, aunque también hay construcciones modernas. La luna está en cuarto ménguate. Vamos por ese sitio a recorrer un pueblo que tiene su historia, como cualquier otro.

Cada uno nace para un fin, que nosotros no lo sabemos ni lo sabremos nunca, cuando abandonemos el barco y no haya ni siquiera una gaviota para dejar constancia de un punto que con el tiempo a lo mejor estará en el infinito, ese infinito fin que buscaba un hombre, influido por la luz. Esa luz de mil colores que se abre cual lágrimas de gotas de lluvia.

Hoy que estamos en sábado de resurrección, Dios mandó que lloviese no para calmar la sed de los hombres sino de la naturaleza, el hombre tendrá sed pero cuando no se calme con nada ¿a qué recurrirá?, el agua ya está contaminada por todo el mundo, la no es agua es porquería. A lo mejor estoy cometiendo un pecado, si es así, pido perdón, seguro que el altísimo me comprende y me perdonará, pero la verdad es que veo un mundo que Dios ha dejado de su mano, está en manos de la suerte, aunque también se ve amor, pero muy poco y muy trabajado.

Paseo por el puerto. Una barca ha acabado su jornada de pesca, el matrimonio y su hijo están sacando con la mano los peces que quedaron atrapados, serán para consumo de algún restaurante. Le pregunto al dueño cómo va la pesca, me dice que cada vez es menor. Con gestos mecánicos preparan la caza del pez en el agua; al contrario de lo que ocurre en los montes, la pólvora no se utiliza aquí, el silencio es el arma aunque parezca mentira, pero es verdad.

¿Cómo es posible que la falta de ondas acústicas sea un lenguaje en el mar? Sólo el silencio y movimientos de la red consagrada para conseguir el alimento del cuerpo, con ese ímpetu del barco recogiendo las redes no hay ni un sólo pez que se salve, ya han caído en la red, ¿qué más queremos?, seguro que nos lo comeremos en una suculenta comida donde los sabores se multiplican, ya no podemos conformarnos con un huevo frito, hoy necesitamos miles de salsas, de alimentos, las multinacionales, por un puñado de euros, nos lo proporcionan todo, ¿qué más queremos?, sólo  muchos días de bienestar y que los juegos de la violencia se olviden con una degustación de aceites o tal vez de salsas.

 

 

 

 

 

 

TERCERA PARTE

 

 

 

 

EL POLVO DEL CAMINO

 

 

 

Pozo Alcón-Granada, el autobús sale a las seis de la mañana, hace poco tiempo que esta línea está en uso, siempre estamos en la cola de las cuestiones burocráticas. Fue un alivio. Podíamos comprobar que cada vez más el progreso se va acercando a un pueblo olvidado por muchos y recordado por muchos menos. Pero ahora yo diría que como es posible navegar ya por Internet evitamos muchos viajes inútiles.

Pues bien, llevaba todo el año pensando en siquiera por una semana disfrutar de la playa y hacia allí iba. Había llegado el día idóneo, preparo la maleta con lo imprescindible y pasan los días. Llego a Granada, detrás dejamos el pueblo y, al llegar a la estación que entonces estaba en el centro de la capital, todos al suelo, cada uno a su ruta. Yo ya sabía casi cada hora hay un autobús que hace el trayecto Granada-Málaga. El autobús enfila la salida y pronto está en la autovía. En cada pueblo se paraba, los giros que hacía eran casi de una circunferencia, algo tenía que ver con los malabaristas, en casi todo sitio que paraba había esa circunferencia para entrar en el pueblo correspondiente.

En unos de nuestros viajes escolares, una vez fuimos de Linares a Málaga, sólo recuerdo que el autobús iba vadeando ríos y por caminos de piedra, pero eso eran otros tiempos.

El solitario os escribe todo esto para que en algún momento tengáis alguna compañía, no me mueve ningún tipo de interés, pero como veo que mi trabajo no es en vano más me motivo para hacerlo cada vez mejor.

Lo que más recuerdo por el tiempo en el que estuve en Torremolinos es que había ahorrado algo de dinero para pasar unos días en la playa. A además una amiga del trabajo me recomendó un hotel. Los de este pueblo siempre dejan una estela positiva. Así que cojo el autobús de Málaga, entramos a Málaga por Ciudad Jardín y el estadio de fútbol, la luna ya se había dejado atrás y ahora el sol se dejaba caer como rayos.

Así llego a la estación de Torremolinos. Al ser ignorante de todo lo que me rodeaba, iba preguntando a quien creía que conocía la zona; efectivamente, al poco rato ya estaba dando buena cuenta de un plato de paella y boquerones, el cocinero siempre guardaba algo de comida por si alguno se retrasaba, como era mi caso. Después de comer me voy directamente a mi dormitorio, allí echo un rato de siesta, pues es mi intención descansar un poco y después bajar a la playa.

Con el tiempo tenía dos caminos para ir a la playa, uno era el que pasaba por la calle principal y otro era, conforme salgo del hotel, cojo la carretera que lleva a la playa pasando por las tiendas y restaurantes.

Para reconciliarme con la naturaleza por las sales perdidas, me compraba una granizada de limón. La playa y el paseo marítimo son bellísimos, algún día volveré, pues cada sitio tiene su personalidad propia. La verdad es que siempre que al ir sólo necesito puntos de referencia para no perderme o quedar con lo puesto.

En cuanto llegué a la playa, enseguida vi a dos hermanas, me acerqué a ellas y me recibieron muy bien, también tenían necesidad de conversación. Dejé la bolsa al lado de ellas, no sin advertir antes que hiciesen el favor de guardarla. Ellas, muy educadas, me dijeron que sí, eran del centro de España y, como yo, funcionarias, pero ellas enfermeras, a diferencia mía que era sólo un vulgar conserje que había pasado y sufrido mucho en el trabajo y no por él sino por la envidia complicada con una enfermedad que padecen el 2% de los españoles. ¡Pero cómo disfrutaban haciendo sufrir!, Dios es justo, en cada rayo de luna o de sol, en cada árbol o alguna ola, hace justicia.

Salí de la playa y charlamos un rato, ellas no querían meterse en la mar, ¿qué razones tendrían?, no me las dijeron, pero de haberse animado por lo menos habrían aprendido algo más. Como se acababa la tarde, nos fuimos al hotel, a por la cena y una ducha para ponernos ropa nueva. A las diez quedamos en vernos, eran formales, estuvimos paseando, eran muy agradables y simpáticas, vimos que la noche se nos echaba encima, al pasear nos llegaban los sones de canciones como “reloj no marques la horas….”. Nos sentamos y, oyendo música y charlando, pasó la noche. A las doce yo decidí ir al hotel, ellas prefirieron quedarse, sabían que aunque las vacaciones no eran largas, había todavía muchos días por delante.

El descanso para mi es, sin embargo, fundamental, creo que sólo he pasado una noche entera sin dormir, cuando en el pueblo tocaba regar de noche las cebollas, las patatas, mi padres o hermanos siempre estábamos al tanto de aprovechar el agua, pues regábamos como hace cientos de años. Eran noches de paz y de felicidad, siempre había algún meteorito que pasaba para dar esa chispa que nos hace sentir que el que no sabe puede aprender cada noche. Si por mí fuese, dormiría de día y me pasaría la noche viendo la luna desde que se esconde hasta casi el mes que sale.

Las discusiones de los agricultores por el agua eran permanente, pero en estos días de olivos desolados por el mal clima que tenemos, hay que tener en cuenta que llevamos muchos años en los cuales las cosechas han sido buenas, ahora se junta todo: la sequedad y las fuertes heladas.

La canción “Gracias a la vida, que me ha dado tanto” me traía a la realidad. ¿Cómo era posible que un ambiente tan especial me haya hecho abstraerse otra vez? Pedí perdón, pero ellas no le dieron importancia. Seguimos viendo cómo la luna iluminaba la mar, parecía que fuese a coger peces, me decía una de mis amigas, la otra pensaba que mandaba mensajes a los poetas para cantar al amor siempre. En fin así íbamos pasamos unos momentos inolvidables.

En Torremolinos llevaban una vida pipa muchos de sus políticos y constructores. Siempre habrá los pillos de costumbre. Ahora que sale en la televisión tanta suciedad y corrupción me imagino si aquello fue un sueño, porque en esta vida todos pensamos en trabajar y otros en robar al que trabaja.

Entonces la ciudad estaba en su apogeo turístico. (Ahora que lo comento me dan ganas de hacer la maleta e irme unos días, pero falta algo importante y es que las cosas de importancia las suelo pensar mucho tiempo antes).

Llego al hotel y mientras me dan la llave veo a un paisano de cerca de mi pueblo, le tenía prometido que por lo menos tendríamos una noche de juerga. Se corrió la voz entre los empleados que yo era paisano de él y enseguida notaba un trato especial.

Una noche nos fuimos por ahí, primero fuimos a una discoteca y echamos una partida de billar; yo estaba nervioso, no me fiaba del ambiente, era un ignorante en un volcán de lava, sólo no hubiese entrado. El camarero se acercó a ver qué queríamos tomar, yo una limonada y mi amigo un güisqui. Cuando llevaba tres o cuatro, intenté convencerlo para que nos fuésemos al hotel, pues él tenía que trabajar. Yo, ya harto, me fui, pero por la mañana en el desayuno pregunté y me dijeron que estaba trabajando con toda normalidad. El cuerpo, pensé, se hace a lo que lo acostumbramos, pero yo de los excitantes y los tranquilizantes no me fío ni un pelo.

Hoy vemos que la diversión está unida al alcohol y a las drogas, esto es así, la mayoría quedan enganchados de por vida. Yo no sé si es bueno o no, lo único que sí percibo es que esos seres rompen su vida como si fuese una pedrada en un cristal, su vida cambia. Yo confieso que no he visto nada más que a borrachos, tal vez he pasado de largo y no me he dado cuenta de las otras personas que tienen vicios diferentes.

Parece ser que mi visión de la realidad sólo se fija en un mundo donde sólo veo que las demás personas van por la vida de una forma normal, no suelo ver nada diferente, será un defecto de mi observación, tal vez sea porque al ir solo por la vida me voy fijando en aquello que me hace evolucionar para que mi vida vaya hacia delante y sólo me fijo en aquello que me hace ir hacia delante y no complicarme la vida.

¿Quién abarca toda la realidad?, tal vez algún pintor, posiblemente Velázquez, en su cuadro “Los borrachos”, tenga algo especial, tal vez algunas personas tengan esa cualidad y abarcan toda la realidad y además nos enseñan de alguna manera a ver cómo es el mundo en un simple dibujo. Desde luego a lo largo de la humanidad ha habido muy pocos pensadores, pintores o novelistas que hayan conseguido lo que nadie hizo: proyectar su mundo añadiéndole algo más que la realidad, han añadido el arte a las cosas simples, con su dominio de alguna de las ciencias enseñan al mundo que, cogiendo un trozo de la realidad, consiguen darle la vuelta y, a su manera, hacernos amar el arte.

El arte estará mientras miremos, aunque muchos artistas se han muerto pobres, tal es la abstracción que se ha ausentado y ellos han conseguido obras únicas que nos hacen ver que el mundo sin un poco de transformación no es tal. Hay que cambiar nuestras maneras de vestir, de comer y de percibir las cosas que nos rodean.

En estos momentos vemos el cambio que se nos avecina, la juventud consigue nuevas sensaciones, no son las mismas de antes, sino que se van cambiando el pelo o se ponen un pirsin en el lugar menos apropiado, por lo menos para mí. Esto nos viene como cambio, primero se empieza por la estética y después por las ideas, la revolución está servida, sólo falta algún mito que mueva a esa juventud hacia un mundo donde la paz sea una realidad, claro que a nivel mundial, con la globalización sería posible.

El viaje a Torremolinos me hace pensar en Ibiza.

Me despierto, hago los menesteres de por la mañana y ya tengo pensado a dónde ir: iré al puerto a ver los barcos. Sigo por Figueretas y enfilo el llano que me lleva al centro de Ibiza, en esa plaza donde está el centro neurálgico y económico de la isla. Paso de largo por las terrazas y, como buen lector, voy al quiosco de presa. Allí están las respuestas a muchas de mis preguntas: Descartes, Discurso del método, el Libro rojo de Mao y muchos más. Siempre calculo el dinero que llevo y los libros que puedo comprar. En aquellos tiempos ciertos libros no se podían vender, por eso me extrañó verlos. A lo mejor la libertad que se veían en Ibiza no estaba en el resto de país, era un paraíso cultural. Sabía que algún día los leería, los compraba por conocer otros pensamientos.

Yo, la verdad, es que no he tenido ningún problema con nadie, tal vez mi altura me hace inasequible a los posibles maleantes.

Eran aquellos años en los que la apertura política se veía venir y determinados políticos la apoyaban, desde la derecha y desde la izquierda, el movimiento lento en muchos sitios se hacía una realidad y había ideales; ahora que tenemos, sólo apariencias. En aquellos tiempos sólo teníamos modelos como el Inglés, o el Alemán, ¿cómo se nos ocurrió quererlos copiar?, se podía haber hecho un modelo nuevo, pero como, después de una dictadura, era arriesgado mirar a China o a Rusia se buscaron modelos más cercanos.

En aquel barullo político, al morir Franco y la dictadura querer seguir con Carrero Blanco, vivíamos en un país en el que todo podía pasar. Inventar un modelo nuevo era arriesgado, pues el poder económico lo tenían unos cuantos y lo lanzaban a los cuellos de aquellos que sobresalían o no estaban en su onda.

¿Dónde sino en una isla hacer una prueba de la libertad?, pero los que hacían la prueba eran los hijos de los ricos, Allí el movimiento hippy era un modelo a seguir.

En aquella situación hubo un empresario terrateniente que vio casi por primera vez que el turismo de masas podía ser un negocio, tenía la isla en su poder, sólo era cuestión de tiempo en el que el capital acumulado consiguiese sembrar casi todas las calas y playas de hoteles. Fue un fenómeno rápido, con el tiempo se ha demostrado que el disfrute de la isla podía ser una mina de oro, claro que a costa de la naturaleza, pero ¡¿qué más da?!, pensarían.

Este modelo se fue expandiendo por toda España y conseguimos ser uno de los países más importantes en la industria del turismo. Antes sólo viajan los ricos, ahora viajan también los pobres. Llegará el día en el que allí donde haya un pedazo de naturaleza virgen, no lo digáis, pues seguro que en poco tiempo se montará algún tinglado para atracción del turismo.

Después de tantos años de dictadura vino la democracia, muchos no conocerán sus significados porque su estilo de libertad se realiza muy bien con su supervivencia, nos estamos quedando viejos, aunque algunas personas mayores intentan parecerse a los jóvenes en su peinados y en su forma de vestir, eso quiere decir algo, sólo se trata de descubrirlo, como en los años sesenta, las melenas largas estaban muy extendidas.

Ahora se valora más el dinero, se nos hace ver que es lo más importante que hay en la vida, y es así y no es así. Pensemos que el dinero es como el aire o un sentimiento, por sí sólo no vale para nada, sino fijémonos: vamos al supermercado, llenamos el carro con la compra y pasamos por caja, pagamos y ya tenemos para una semana o tal vez un mes, no vale para nada, sólo es un valor que sobrepasa a los demás, es sólo eso.

El otro día se comentaba en el pueblo que tal vez un grupo de artistas pretendían afincarse en el pueblo para producir todo lo que comían, o sea todo. Era posible, claro que eran unos afortunados. ¡Qué evolución! Me río de los críos de dinero, cuando les lleguen las inmensas fortunas de sus padres, ¿qué harán con ellas?, seguro que no pensarán en malgastarlas en más industrias sino que lo invertirán en todo ese hormigón que se ha gastado y lo convertirán en huertas o montes. Diréis que eso no es posible, pero sí que es posible, es una vuelta atrás, sólo tenemos, que ver que lo malo se puede corregir,  sí, y corregir en beneficio de todos.

Recordando Ibiza…., un lugar donde el paraíso se confunde con la realidad.

Los días que tenía libres, como ya dije, mi sitio preferido era el kiosco de prensa, después iba al puerto, muy cercano, y allí veía cómo los barcos dejaban caer los pasajeros. Esa sensación del poder del hombre sobre la mar, se notaba cuado el barco se movía y no había manera de que se quedase quieto, el movimiento lo es todo, si nos paramos a ver el balanceo y pensamos que los antiguos hacían sus viajes por la mar -hoy ya podemos dominar casi todo, menos el odio-. El barco, con sus bocinazos, advertía o que salía hacia otros rumbos o que llegaba para proseguir a otros puertos.

Todo esto es consecuencia de muchos días de una forma de mirar este pedazo de isla, tal vez una de las más hermosas del mundo, sus playas, con esa arena blanca. Recuerdo cuando, siempre solo, dirigía mis pasos por sitios en los que nadie se veía, sólo arena y a lo lejos la mar, naturalmente la señal de que no hubiese nadie, ni siquiera pescadores, sólo podía ser por una cosa: el peligro, pero yo, con mis primeras zapatillas de la marca Paredes, recorría la isla despacio entre picos y arenas, como una cabra.

Sólo sentía lo que la naturaleza virgen me brindaba. Me comía el bocadillo y un refresco, y resguardado por una gorra llaneaba, subía y bajaba de los peñascos a la arena de la mar, tal vez tenga razón aquel viajero que decía que, cuando la belleza la percibimos en la naturaleza, se nos queda marcada de por vida.

El mundo es grande y si no que se lo pregunten a los que están desintegrando el átomo, seguro que en su ratos libres piensan que tal vez una decisión rechazada podía ser la que nos lleve a un nuevo descubrimiento, y quizás tengan la misma sensación. Aquí no vais a encontrar nada nuevo, porque seguro que aunque yo lo haga para disfrute mío y de todos, seguro que otro más avispado se habrá adelantado, si es así me puede considerar un alumno, más o menos aventajado.

El cielo azul y el sol eran impresionantes, mi gorra cubría la cabeza y la blusa el cuerpo. Fueron dos temporadas trabajando. Ya conocía casi todo, lo que más me gustaba era ir a ver correas, hasta que un buen día dí con la que me gustaba más, era cara, pero ha sido inmortal.

Una noche nos juntamos mi amigo y yo, anduvimos de un lado para otro cuando vimos una cueva y dentro las algas y las cosas típicas de un trozo de mar que aún no se había inundado, el dueño había puesto una barra y los turistas y los que lo no eran descansaban del aire libre de la playa y de la arena. Allí, en unos asientos cómodos, fuimos degustando una buena conversación y cuando la sed apretaba un trago de bebida. Éramos jóvenes y estábamos pasando por sitios que tal vez desaparecieran en nombre de la civilización.

Otra noche paseando por el casco viejo, donde había buen ambiente, me paré en uno de los hierros que sostenían cintas de música. ¡¿Cuál no fue mi sorpresa al ver que estaba Paco Ibáñez?!, era su concierto en el Olimpia de París, el precio era prohibitivo para muchos, pero sólo compré ese y entonces me dijo un amigo que seguro que volvería algún día y se llevaría algún otro por tener los precios más altos, y efectivamente a la semana me regaló las Cuatro estaciones de Vivaldi.

Esto era la repera, cada vez veía cosas nuevas, si me hubiese estado en el pueblo ¿qué hubiese visto?, campos plantados de frutales y verduras, no ese mundo no me gustaba, mejor era una buena ducha todos los días, mi pajarita, mi camisa blanca y los pantalones negros y con veinte años me comía el mundo. Además como en muchos sitios me pasa es que me pierdo, si voy caminado por las calles por las avenidas, y como no vaya pendiente de desandar los pasos y recordándolos, me pierdo. Mi vida solitaria me hacía ver cosas que no podía percibirlas si iba acompañado.

Una de tantas veces que me ha pasado esto fue cuando un amigo se vino a buscar trabajo a Ibiza y, en la parte vieja, empezamos a andar. Veíamos que no podíamos salir al puerto, una y otra vez. Son cosas curiosas, perderse yendo acompañado. Como a mí me gusta mucho hablar, me había desorientado, pero como aquello era pequeño enseguida salimos de aquel laberinto, la verdad es que él no hacía nada por salir de allí, de acuerdo que no conocía el lugar, pero eso no quitaba que ayudase, parecía como si le diese todo igual, sabía que estando conmigo no le pasaría nada.

El amigo, mientras comía, me preguntó si quería ir a una reunión política, y que si no me gustaba podría liarme con una amiga suya, que estaba de rechupete. Como quiera que habíamos quedado, decidí andar por las calles, a esa hora estaba todo el mundo allí, se veía un ambiente espeso, pero lindo y guapo, con mis dos metros veía el peinado de las mujeres, la calle estaba atestada de joyerías, pastelerías y bares. Seguro que Ortega y Gasset hubiese sacado más ideas viendo todo esto, ni él se creería que el mundo, estuviese como estaba.

En la transición en la que nos encontrábamos, quien más quien menos ya había sobrepasado todo pensamiento convertible en realidad, si las ideas son para hacerlas realidad, ya se habían hecho en esos paraísos de los que disfrutan los trabajadores de los países cercanos y ricos.

Después, poco a poco, me dirigí a la estación de autobuses, dejando atrás el camino de lujo y de masas, llegué a la estación, no había nadie conocido, esperé tomando una granizada, al poco me fijo en una chica que estaba sola en una mesa, la miro y me da lástima, ni era bella ni era fea, pero se le notaba sufrimiento por la humanidad. Luego, cuando pasaba el tiempo, decidí acercarme al hotel. Entrando por la puerta, el amigo que ya salía, se le había hecho tarde, el trabajo le había hecho salir más tarde, pues había venido un autobús imprevisto y había que atenderlos a todos, eso era bueno pues las horas extraordinarias eran más caras. Vamos andando, pues la estación está cerca del hotel. Al entrar veo que la chica sigue en su mesa, cual gata miedosa, nos acercamos a la mesa. El ruido de los autobuses que hacían trayectos a Málaga y a todas las poblaciones cercanas era grande, esperamos a un amigo que tenía coche y nos llevaría a dar una vuelta.

Aquella reunión era con fines políticos, con lo poco que me gusta a mí la política, pero sólo participando en las votaciones se puede mejorar todo, pues la corrupción imprescindible no es. De todas formas estábamos en tiempos de cambios, ya se habían muerto dos papas y Suárez estaba haciendo realidad su formación de un estado libre y democrático. Ahora ya lo vemos por lo menos por las calles, hay una riqueza suficientemente repartida y vamos a más, es que es la única manera de que España viva en paz, aunque muchas veces tenemos la sensación de que el espíritu de Franco se deja caer algún día que otro sobre determinadas personas.

Las portadas de los periódicos al día siguiente salían opinando según la mirada y los intereses de cada uno, porque no nos engañemos, que haya más o menos pobres o ricos, eso es lo de menos, lo que más importancia tiene es que consideremos que la igualdad sea imposible, tal vez junto con la libertad sea la única manera de vivir, porque la comida no alimenta cuando el cuerpo está podrido.

Yo he estado en sitios muy peligrosos ahora que lo veo desde el futuro. A mí me ha gustado andar y utilizar el coche lo menos posible, pero allí íbamos en el coche lleno y con calor fuerte, aunque las ventanas iban abiertas. El conductor nos acercó a lo más alto que había para ver el puerto.

La luna la vi nada más bajarme del coche, me di de frente y me encandilé, poco a poco me recuperaba y la vista se iba moviendo de un lado a otro, ¡qué hermosura!, ¡todo el puerto iluminado y ayudando la luna!, ¡el hombre y la naturaleza1, ¿cuándo haremos otra luna para cuando nos cansemos de ver la otra?

Claro que esto se puede hacer, si se hacen objetos pequeños, con el tiempo crearemos lunas y soles, sólo es cuestión de tiempo, hay que dar trabajo y creando no coches, ni centrales nucleares, necesitamos más, ¿se podrá hacer? tal vez no, pero por lo menos podemos soñar y ver en el ordenador que sí es posible, porque crear es bueno.

¿Qué será de los poetas con dos lunas?, a lo mejor esto es una poesía o tal vez un sueño, pero puestos a pensar, pensemos que todo se puede hacer, sólo es ser afortunado en el nacimiento, pues cada generación tiene sus cosillas, que la hacen ser más felices. Si pensamos en lo que tiramos a la basura y lo reciclamos para que vuelva otra vez a la cadena, ya estamos colaborando a sostener el planeta y a no dañarlo más.

Aquella fue una noche maravillosa de ideas, a cada cual más bonita. Así pasamos el tiempo, los invité a las bebidas y, cuando nos cansamos, nos fuimos los últimos en un taxi. El taxista nos comentaba que la ETA había hecho otro atentado mortal, no pasaría poco tiempo en el cual dejase las armas. Así íbamos a dormir, yo seguro, aunque sea poco, deseando poner la radio, de allí saqué lo malo que puede ser el hombre. ¿Qué ideas hacen de ellos asesinos?, matan al más ignorante, aunque ignorantes somos todos, tal vez elijan al azar.

En estos momento que pasamos el verano del año 2006 nos encontramos en una situación en la que se está intentando realmente que desaparezca la violencia, muchos políticos están en ello.

Los análisis que hago, aunque cortos, a lo mejor hacen pensar por la profundidad y el amor que pongo en ellos.

Los extranjeros, en sus playas o en su hoteles, van pasando su días de sol, porque no nos engañemos lo que los trae es el sol, lo tienen más cerca y por eso es más barato. ¿Qué nos hace que nos interesemos por asuntos que en teoría no nos importan?

Cuando voy a un hotel tengo la costumbre de llevar la llave en algún bolsillo, llego y abro la puerta, me han hecho la cama otra vez, pues soy muy desordenado, así como cojo las cosas y las pongo donde puedo, me acuesto, apago la luz y al rato me duermo, algunas veces suelo rezar algo, no sé por qué, pero cuando no puedo dormirme, rezo como el que cuenta ovejitas. Me duermo y sobre la diez despierto, corriendo me visto y bajo al comedor, mi vaso de leche y mis dos magdalenas me hacen que pase la mañana en la playa con todo el calor.

Leo la prensa española y también la extranjera: el atentado había sido real. Lloraremos un poco y que no nos toque a nadie más.

Mientras, bajo por la calle despacio y admirando los árboles. Ya han llegado los primeros bañistas y también cercanos se ven los barcos de pesca que vuelven. El hombre y la mar son capaces de hacer cosas bellas, no lo olvidemos, en el mar a lo lejos se ven los barcos, que con un objetivo u otro hacen de su vida su necesidad, yo conozco a algunos que no pueden pasar sin la mar, les digo que los sustituirán por inmensos pantanos, ellos dice que no.

El otro día alguien que piensa hizo un experimento y fue coger naranjos para crear un jardín en la mar, también había plantado olivos, o sea muchos árboles, allí iban cual barco flotando, se veía en la televisión.

Mañana nos tocará juntar algunas palabras y tocar más o menos el mundo de los bancos, pues espero no ser extenso y que las palabras las junte de una forma musical, que es lo que al fin pretendo.

Aquí estamos de nuevo, aunque no notéis el intervalo, a veces no puedo escribir lo que de verdad pienso, aunque sé de sobra que tocar la poesía y la prosa es de genios y claro yo de genio nada, sólo trabajo, tampoco pretendo reconocimientos, no quiero entrar en ese mundo de reuniones de artistas, aunque invitaciones no me faltan, yo quiero expresarme para que le guste al público, cosa harto difícil, pues hay mucha oferta, como me comentaba una secretaria de una multinacional de las publicaciones.

Es inmenso el disfrute que siento cuando del ordenador van saliendo palabras, ver una palabra y otra, y que se forma un pensamiento para que como buen pescador alguien consiga una buena pieza, o sea que le guste. Mi equipaje va en una maleta, espero que no se me pierda algún día, entonces se ha acabado todo, pero no os preocupéis, que casi soy capaz de memoria sacar afuera el equipaje, perfectamente estructurado, lo que siento ya a estas alturas es que repita algunas ideas, pero eso tampoco es malo, porque igual nos alimentamos todos los días, así puede ser el escritor, es el que escribe una, dos, tres veces….. y a muchas cosas pienso ¿qué giro darle para que el hilo del esquema permanezca y sea entendible por los amigos lectores?

Lo hago porque me gusta, tengo tiempo y me gusta cada vez más. Además de una maleta grande tengo otras más pequeñas, que son en las que acumulo las ideas más pequeñas, pero al fin y al cabo creo que le doy el sentido que a otros muchos les atraerá… o no, no se puede siempre conseguir mantener un ritmo de genios, ni de delirio permanente, ese no es el camino, yo no sé cómo puedo hacer algunas veces, que realmente merecen la pena, pues además de acumular en las maletas las ideas, casi siempre todas mezcladas, pues soy poco ordenado, aunque me esté alargando, no es malo, pues en está tarde de un calor intenso, escribo casi sudando, no tengo plazos, sólo mi interés de ver en el folio la idea que esté bien moldeada, a lo mejor alguien considera que le gusta.

En este día de Santiago Apóstol, preparé por la mañana, después de desayunar, la bolsa para pasar un día en la piscina. Aunque no lo crean es una piscina olímpica la que tenemos en el pueblo, echo la toalla, algunos caramelos -porque si tengo en algún momento mal sabor de boca lo aminoro con el caramelo, me gustan unos especiales que son de miel, pero como la dentadura no la tengo muy fina, ahora me he pasado a los de sin azúcar-, algún dinero y andando. En vez de coger el coche, tengo dos caminos medianamente cortos que me conducen, uno es plaza abajo, con los coches en dirección única, y otro subiendo por la calle Malla, directamente se llanea por la fuente y las escuelas, cruzas la rotonda y pasas la estación de autobuses.

Hay cosas que no se pueden quitar, como el olor de la jámila, y más ahora con el calor, cuando paso de camino a la piscina el olor a alpechín me es muy familiar, tal vez demasiado familiar, así es que cuando se hizo una de las primeras almazaras, uno de mis antepasados, con sus doce hijos, se atrevió e hizo una.

Bueno el otro camino iba dejando atrás la iglesia, muchas casas vacías y algún que otro bar, se llega al cruce principal del pueblo y, andando por la carretera de Baza, llega a la rotonda y así sigue haciendo el mismo camino que antes.

A mí me gusta pasear, lo que no me gusta son los coches, pero sin ellos no podríamos vivir, nos los han hecho necesarios. Si ahora fuese el principio del mundo y no lo encontráramos activado como está…, pero el pasado es olvido, sólo el presente es lo que vale, pero ¿qué es lo que vale este mundo? Aunque esté feo decirlo, yo creo que la destrucción de la naturaleza es imparable Que cada cual en su retina guarde algún paraje natural, si lo guarde, seguro que dentro de unos años, todo habrá cambiado, las leyes, la contaminación, la mala convivencia y ¿qué más? pues lo que vosotros queráis.

El hombre sólo sabe guerrear con amigos y con enemigos. Tal vez en estos momentos que escribo ya ha desaparecido algo que es nuestro, pero ha llegado la excavadora y lo ha hecho añicos, ¿esa es la evolución?, según parece sí, pero yo seguiré pensando que se puede construir, también se puede destruir, es verdad, pero llegará el momento en el que nos toque construir. Hemos pisado la Luna, hemos dominado la ciencia , ¿por qué no investigar y crear un mundo nuevo?, a ello vamos, despacio pero adelante, aunque sea una constante, podemos hacer la comparación y ponernos la mano en el corazón y, junto con los latidos del cuerpo, sentir la profunda injusticia que hay en África, la inmensa mayoría del continente pasando hambre, y el hombre en la luna.

Hay que invertir el destino del dinero y emplearlo en corregir estos desequilibrios, que claman al cielo, el mundo se ha quedado pequeño, la globalización es veneno puro o tal vez una bendición, no lo sabemos, sólo vemos las trasformaciones que poco a poco y en otros sitios más rápido, cambian nuestra forma de ser, de sentir porque sentir es penoso.

El otro día vi el sufrimiento. Llego a Águilas y me doy muy paseo por la playa, mi objetivo era cambiarme de ropa después del baño, enseguida vi una batidora, había una mujer pequeña casi en un rincón y su rostro reflejaba su miedo, era extranjera. Como entendía mi idioma, le hablé para que se le disipara ese miedo: ¡el batido no sabía hacerlo! Cuando yo trabajaba de camarero, los hacía de rechupete, pero ella no sabía, no por ello me quejé, pero los pedazos de fresa estaban enteros, es que hay que aprender.

También me engañó no hace mucho tiempo en Sevilla una amiga que conocí, le pregunté si allí había sitios donde hacer zumo de frutas naturales, puesto que no bebo alcohol, ella me engañó y me dijo que sí. Fuimos paseando por las calles que cercan el Sánchez-Pizjuán y pido un zumo, y lo que veo es que lo abren de una botella, ¡qué mentira!, con el deseo que yo tenía de inflarme de zumo de fruta. Aquello empezó mal y termino mal, más adelante os contare cómo fue aquella relación, porque es de película, con ramos de flores y todo. La necesidad de estar en compañía es muy acusada en mi, pero choca de frente con los momentos de soledad, que son verdaderamente los que me gustan, pasear entre las gentes del pueblo o de Baza en los mercados.

Normalmente siempre tendremos algo que comprar. Hoy, cuando la sociedad de consumo se está transformando, vemos cada vez menos gente en los mercados, la pantalla de Internet está evolucionando los pueblos y las ciudades, es un mundo en embrión, pero que nos llevará no sabemos dónde, nos metemos en nosotros mismos más para conocer la verdad y nos olvidamos de que la verdad existe pero está escondida, y dos verdades no hay, entonces ¡a buscarla!

Yo llevo buscándola mucho tiempo, pero yo creo que es como un avión cargado de gente, en el que que caben muchos y todos la sienten. Tal vez haya aviones para hacer viajes hacia la verdad, el precio del billete sería gratuito y por riguroso orden. Sería un viaje con buena comida y buenas vistas de la Tierra, lo mejor la impresión de despegue y de aterrizaje, luego todo negro y estrellas, yo estoy deseando que me toque a mí aunque lo veo difícil pues tengo mala suerte, sería un viaje que podría cambiar las formas de ser, todo viaje es soltar equipaje y renovarlo, tal vez veamos cómo nos hace cambiar poco a poco el mundo.

Hoy es un día azul, como el anterior, ese azul limpio que hace que el ánimo huya de los colores artificiales que vemos en la televisión, como todo lo grande el color nos transmite esa sensación de paz y armonía, la misma que un amigo me desea, en una de mis escapadas a la calle.

Ya estamos empezando las fiestas, no han empezado con mucha gente, tal vez sea así mejor, o no, eso cada uno hace lo que quiere, pero de un tiempo a esta parte vengo observando que hay cada vez menos gente en los mercados y en los días normales, ¿las causas? los precios, veranear de siempre ha costado un pico y no todo el mundo dispone de lo suficiente para, siquiera, dar una vuelta por algún sitio querido.

Al levantarme me tomo mi zumo de naranja y un trago de aceite de oliva, salgo a la calle y en la calle Tosca veo una puerta abierta, entro por el túnel que dejan las dos casas y veo a mi amigo con la maquinilla labrando la tierra de las patatas. El jubilado no tiene dinero para pasar unas vacaciones como los reyes, pero sí sabe trabajar como los buenos, él disfruta. Al entrar veo unas flores violetas oscuras, le pregunto si sabe cómo se llaman, él las conoce pero no sabe su nombre, han estado allí desde que tiene la tierra, un sabio no puede saberlo todo.

Siempre he tenido ganas de ver el pueblo, tiene muchas cosas que conocer, empezando por las personas y el pueblo mismo y los aledaños. Terminarán con el tiempo por desaparecer las flores y se acabarán los cultivos de huerta. Antiguamente había discusiones por el agua, por la plaza. Cerca de donde Don Antonio el médico vivía, había una arqueta redonda, por la cual, con un hierro, se conseguirá abrir y desviar el agua a donde cada uno convenía, y fueron muchos viendo que los beneficiarios iban sacando de su huerta los alimentos necesarios, para el apaño de la casa. De siempre fue así, aquí aún dura la costumbre.

Pero en las fincas más grandes que rodean el pueblo sólo el monocultivo del olivar permite mantener algunas economías que comen exclusivamente del olivo, también hay vides, hacen que en el mes de septiembre se corten los racimos y a los que les gusta hacer su propio vino cortan los racimos y los juntan en las espuertas, si la fermentación no se perjudica, saldrá un vino natural, sin productos artificiales, lo guardarán en unos sitios especiales y cuando les apetezca se echarán un calimocho, lo tendrán para casi todo el verano.

El año pasado tomé la costumbre de andar, pasaba de largo y mi vista se fijó en un racimo de uvas pequeño, ¿quién no lo coge?, la finca estaba abandonada, cogí poco a poco la uva y la iba masticando y sacando el sabor, eran de las más antiguas de toda la jurisdicción. Otro día, lo mismo, así casi dos meses continuados. Un día estaba el daño por el daño del hombre plasmado en un racimo tirado y pisoteado, eso no es así, a lo mejor esta persona haría igual con el cielo, seguro que no es superior a lo que él puede dañar.

Hoy vemos el pan tirado por las calles y los pasteles, es ya costumbre: a quien le sobra algo lo tira, pero hay veces que veo tirar a quien le falta, su dignidad está a ras de suelo, a lo mejor estoy equivocado, pero como he sido agricultor me viene la costumbre de aprovecharlo todo. Otras culturas ven normal el derroche, como un modo de tirar lo que sobra o simplemente por quejarse del sistema, que, aún dándoles de comer, ellos no lo quieren, tal vez quieran los lujos de los ricos.

Llega la hora de la procesión a las doce, Santa Ana, con el calor y el azul. Nosotros ya hemos paseado por el pueblo, poca gente, es fiesta local, pero como hay turismo los mismos establecimientos de siempre abren para aumentar su ganancias. Los turistas no entienden de fiestas y a veces les falta el pan; sin ir más lejos, al bajar por la carretera Baza se para a mi lado uno para preguntarme, dónde puede comprar harina, le dirijo a una de las pastelerías que hace pan también, seguro que se la venderían.

Hoy vemos que el mundo está cambiando en todos los aspectos, vivimos porque vivimos, cada uno según su forma de ser, es difícil vivir en paz, en las televisiones, en su mayoría, con el contenido de las idas y venidas de los famosos, yo la verdad no las entiendo, ¿adónde vamos a ir a parar con las idas y venidas de los famosos?, se desnudan interior y exteriormente, nos muestran su más íntimos sentimientos, y a nosotros ¿qué nos importa?, hace años que existen las revistas del corazón, pero es que ahora las televisiones tienen casi todas por lo menos un programa diario.

¿Qué pensar sobre el tema? A lo mejor esto nos va bien, pensar en lo que le pasa a Belén Esteban, a la Pantoja o al conde Lequio, y otros muchos, son retratos de una sociedad que está perdiendo aquello que otros años nos hacía vivir, pero vivir con mayúsculas, donde el amor o los ideales por luchar por una vida mejor se conseguían muchas veces. Dentro de otros años habrá otras cosas, a la cual más banal.

Vivimos en un mundo de superabundancia, nos sobra a todos casi de todo, ¿a qué más podemos aspirar?, sí, claro al lujo, esos trajes que llevan los famosos, los coches, eso nos gusta, es un mundo donde cuando se acabe el capital despilfarrado por alguien, se verán en la miseria. Es un mundo de globos de feria, dura lo bueno poco, es muy fácil que en tu juventud te lancen al cielo en cualquier actividad, mientras dura bien, pero, cuando se acaba ¿qué pasará?, pues los vemos haciendo cualquier cosa para poder comer y, cuando la comida nos falte, seguro que habrá alguien que nos dará unas monedas para ir tirando siempre a cargo de algo.

En una de mis temporadas en Ibiza, veo un coche a lo lejos, parecía que venía flotando, lo esperé y lo vi con detenimiento, ¡qué elegancia!, ¡qué silencio!, efectivamente Xavier Cugat venía a dar un paseo. Él no se fijó en mí y lo mejor sería mejor no hablar del asunto, pero como creo que saltará algún duende literario…. Muchos ya sabían quién era, pero yo cada vez que lo veía pensaba que el ser importante lleva sus flecos, el lujo tiene que llevar aparejada una serie de cosas, que de otra manera no se puede ser famoso. Se decía que lo habían traído para que cantase en el casino de Ibiza, se pretendía traer a gente famosa, con dinero que dejar en la isla. Unos de los principales impedimentos para su crecimiento era lo pequeña que era, no se hacían proyectos ninguno sino que conforme se podía se construía allí donde le dejaban.

El día que no trabajaba me iba al bar de enfrente de donde trabajaba, entonces se me abría un mundo que yo no me había imaginado, llevando una vida normal. El primer año conseguí ahorrar todo lo del sueldo, de vez en cuando cogía un papel y un lápiz y hacía los cálculos de lo que llevaría al pueblo, era poca la cantidad, pero para lo que eran aquellos años era un privilegiado.

La soledad del dormitorio intentaba endulzarla con los pasteles de natas deliciosas que había en una pastelería, la soledad es la luna llena intentado alumbrar al mundo y nunca lo conseguirá, allí a lo lejos y la mar brillando, eso es la eterna soledad, no hay quien la endulce. En aquellos momentos sentí el tiro de las injusticias que veía a mi alrededor, sabía que algún día ese pensar me llevaría a lo que me gusta, a escribir de lo bueno y de lo malo, de los humanos. Así paso el tiempo y voy haciendo una escalera, que, cuando llegue al final, habrá alguien que dirá qué es la soledad, y bajaré y lo escribiré.

Una tarde paseando por la antigua Ibiza, no sé que cierto qué iba buscando, seguro que algún regalo, vi tenían unas navajas en la tienda y un viejo a cargo de ella, también había un dependiente. En la tienda había de casi todo, no faltaba de nada. El abuelo al verme enseguida quería saber qué era de mi vida, yo no tenía ganas de hablar, así que le seguí la conversación.

El abuelo era un abuelo de la guerra, en su tiempo era importante, ahora había venido a menos, pero por lo menos la mente la tenía limpia. Cuando empezamos la conversación, nos tiramos dos horas hablando. Él odiaba a los andaluces, sus límites mentales eran los de la isla, pero yo sabía más, me había preocupado de aprender, cosa que él sólo había hecho para llevar una vida normal, mi sabiduría en cada frase le sobrevolaba, a él no le gustaba, lo tenía acorralado cuando hablábamos del mundo, de la luna, de la mar o de política. Él la veía muy mal, habían sufrido mucho y aunque a él le daba igual que nos hiciéramos daño, los dos coincidíamos en que la paz era lo mejor, el fantasma de la guerra todavía lo recordábamos demasiado cercano.

Él vivía plácidamente de sus recuerdos, era un ibicenco autentico, el habla de la isla la dominaba perfectamente, si quería progresar allí, había que aprender idiomas, casi siempre surgía alguno de la península que en casi todo los oficios estaba mejor formado, bien sea de camarero, cocinero o albañil, a los isleños les fastidiaba eso, lo mejor parecía que era para los de fuera.

También había luchas políticas, a más de uno le despidieron del trabajo por defender a otros. Este mundo no ha prosperado, aunque en teoría los sindicatos defienden a los obreros, no es así, sólo se defienden a si mismos, experiencias mías y de amigos las tengo para escribir. Uno de mis amigos decía que el principal problema era la economía sumergida, a la mejor sería eso, pero cuando legalmente te den un sueldo de miseria, ¿cómo come una familia durante un mes con uno o dos sueldos?

Yo lo tenía todo claro, si salía del pueblo era para trabajar y que la comida y la cama estuviesen incluidas. ¡Cuán personas, indignadas, contaban que no podían vivir con el sueldo!, y no es que lo tirasen. Yo cuando había que trabajar, trabaja como el mejor, así era querido, era una forma de ser rehuyendo el peligro y intentando vivir el paz, era listo y ágil, e iba de un lado para otro siempre pesando como si fuese una orquesta, cogiendo la bandeja, al poco los platos, y si se quedaba algo en otra mesa empezaba por ahí, en silencio, oyendo a los clientes para que quedasen lo mejor posible. Al final de las comidas las propinas eran generosas, de vez en cuando sentíamos a los aviones traer y llevar pasajeros.

Siempre me he hecho algunas preguntas de los bienes que tenemos, la casa, el coche…, pero el colmo lo oí en un viaje corto que hice de Torremolinos a Marbella. Delante de mi asiento, contaba uno que cuando fueron a su pueblo tuvieron que esperar para hacer una cuestión burocrática concerniente a su vivienda. Al lado había un señor que le explicaba al funcionario que quería regalar la casa que tenía en el pueblo al ayuntamiento, enseguida el funcionario hizo la solicitud. Tal vez en está cuestión había algo de por medio, porque se puede creer en la generosidad, pero no de esa manera, querer olvidarse de todo, seguro que no podrá, la casa estará en una manos, pero no por eso la propiedad de los sentimientos, y seguro que en el futuro se arrepentirá.

Cuando vivimos en un mundo donde todo tiene su valor, el regalo la generosidad existe, pero para dominarlo se necesita una educación, o sea principios. Muchas veces hay que hacer limpieza, y el odio o la maldad están ahí acechando, ¿qué es lo mejor?, nunca lo sabremos, pero el mundo de estos días, sí nos enseña que dentro de lo más importante está el dinero. Pero si el dinero no es nada, sólo la acumulación sirve para llegar a un estado de lujo, coches, chalets y joyas. Lo peor es que no suele haber término medio, o muy poco la mayoría y una minoría tal vez con sus sueños cumplidos.

Hoy, cuando el mundo pende de unos hilos, hagamos regalos, es la mejor manera de vivir, además hemos de pensar que la principal joya es la naturaleza.

Hace ya unos años el pueblo amaneció con un aguacero, como estaba en ladera -el pueblo tenía su centro comercial, al lado de la iglesia y una fuente-, el agua corría por el centro de la calle, había varias tiendas en cuyas rejas, donde se ataban a los mulos, en estos casos se conformaba un aroma que aún en estos días se puede oler. En aquellas tiendas había de todo, desde plantas aromáticas a harina, azúcar en sacos, con el balanzón se llenaba para pesar la cantidad que el cliente quería, aún no había coches, que ahora a mi parecer son demasiados, son ladrones de oxígeno.

Todo esto iba pensando en el viaje, tal vez el silencio es el mejor método de pensar y la observación, las descripciones bonitas de la realidad, muchas veces las oíamos en el lugar menos pensado, estos dos mundos tan diferentes en tan poco espacio de tiempo son una realidad.

El otro día oí que la juventud está dormida, que ya no es como la de antes, que ha cambiado a un mundo de disfrute, que no piensa. Tal vez dentro de unas cuantas generaciones también todo será diferente, a lo mejor un mundo donde el bienestar se haga realidad, no estaría mal, por pensar en algún tipo de revolución, pero ¿quién es el valiente que coge su mochila junto con sus amigos y va predicando?

A lo mejor el hombre no vive infinitamente dormido.

Yo soy de pueblo, cuando era pequeño me gustaba ver la modelo que el ABC traía en sus últimas paginas, la apertura de franquismo hacía ir a ver cine erótico a París y si no a oír a Paco Ibáñez, pero otros iban preparándose para algún día coger el poder, yo era pequeño y en el cine los domingos las películas que más ponían eran de guerra, en ellas siempre salían mujeres enseñando algo de su hermosura, casi seguro que el cerebro lo teníamos preparado para disfrutar en esos minutos de un beso de los actores.

Pero lo malo no era eso sino la censura que disponía a su antojo de lo que teníamos que ir a ver. No hace mucho, estuve hablando con la mujer de D. José Saramago, y le comentaba que estaba empezando a escribir y que me hacían mucha censura, ella me contestó que la censura existirá mientras el mundo sea mundo, incluso su marido se comía los trozos que al editor no le interesaban, pero me decía que no paremos de hacer arte, que sigamos penando que un mundo bello. Si nos miramos desnudos, podemos ver fríamente nuestro cuerpo, para qué sirve.

Como decía la canción…  “son tus perjumenes mujer los que nos suliverian”, son a esos efluvios de belleza y de placer a los que en el mundo entero se les han querido poner trabas, es peligroso para todos los gobiernos. El erotismo lanzado a la libertad, a los gobiernos no les gusta, el pueblo se puede dedicar a hacer el amor, es un tema delicado, porque si hablamos de placer y de política hacen una mezcla explosiva, el erotismo que según dicen algunos entendidos, es unos de los motores del ser humano.

Eros y Thánatos se dan la mano, pero muchos piensan más en uno que en otro, desde luego los dos juegan todos los días en el interior de cada uno.

Ese momento de placer es lo que hace saber que en la tierra hay paz, en tiempos de guerra me hago la pregunta, ¿se practica más o menos el sexo?, tal vez nos llevan a las guerras por no tener cerca el libro del Kamasutra, en nuestra mesita de noche, o un video erótico. Pero hay mentes retorcidas con poder que imponen lo que se debe hacer o no.

Yo he visto muchas gentes que han llegado a edades muy avanzadas y todavía se siguen queriendo, el amor lo es todo, muchas sotanas sueltan sus discurso a la nada, claro que a la nada, ellos venden a Dios todos los días, a cambio tienen en su dominio lo que sus pasados habían hecho. Ese amor espiritual que nos venden unas personas que generalmente lo que tienen son fundamentalmente problemas sexuales, ya vemos que con el sacrificio del cuerpo pretenden estar en los mejores sitios del cielo. Pero a la hora de los placeres culinarios no se privan.

Hay que ver cómo se desplazan a ayudar a países extranjeros, lo pasan pipa, pero tienen que luchar con todas sus energías para lograr éxitos, eso está bien, pero tal vez nos sería mejor fijarnos en las personas que tenemos a nuestro lado, a lo mejor necesitan nuestra ayuda, sí porque en la riqueza también hay una pobreza, que la vemos todos, pero no queremos ayudar, sabemos que unas palabras por simples que sean ayudan a nuestro vecino de autobús, o en un concierto cualquiera.

 

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Hubo una vez en el pueblo un hombre que hacía que el ambiente estuviese más alegre o más triste, vivía al final de la calle Barranco, en una casa pequeña, allí vivían el tío Nolen y su hija. Eran pobres, habían pasado más que las hieles amargas, cuando mi abuelo por las mañana subía a su finca en su yegua, veía el humo de la chimenea del tío Nolen, como si fuese la de un tren, él seguía su camino, pero ya sabía lo que se dejaba atrás.

Al bajar del campo, casi ya noche, estaba el Tío Nolen sentado en su silla de eneas y su cigarrillo en los labios. Tenía por costumbre coger un dólar de plata, que para él era un secreto y lo seguirá siendo, se especulaba mucho sobre eso. Mi abuelo unas veces lo veía fumando y otras no, se deseaban buenas noches, él apoyado en su silla cambiaba de posición, cuando estaba mucho tiempo en la misma, despacio cogía el dólar y calentando un poco los músculos conseguía pasar entre los dedos la moneda, seguidamente lo lanzaba al aire de tal manera que con el dedo gordo empujaba al aire el dólar.

Según se decía, al bajar la moneda pensaba en algo pasado, él no hablaba mucho, como los sabios, pero al fresquito de la noche y el dólar subiendo y bajando muy rápido, se decía que cuando salía más veces cara que cruz pasaría algo bueno, pero ¡Ay cuando el recuento de todo un largo rato salía cruz!, esto sólo lo sabían él y su hija, pero como la rapaz, no paraba la boca, iba contando lo que su padre hacía a su circulo de amigas más que los amigos, pues en aquellos tiempos no sabía nadie qué era el feminismo.

El abuelo recordaba cosas, mientras lanzaba la moneda cada vez más alta, eran historias de dificultades en su vida. Cuando le avisaban a trabajar, cogía su azada y poniéndosela en su hombro iba a la finca y allí unas veces cavaba, otras labraba, eran escenas muy repetidas, aún la máquina no se había hecho dueña del trabajo. Era muy difícil trabajar para llenar el estomago de toda la familia, la comida era escasa en casi todos los hogares. Pero cuando el tío Nolen terminaba de comer, casi siempre terminaba el primero, sacaba de su pequeño bolsillo su moneda y le decía qué es la vida y sólo sentía el aterrizaje en la palma de la mano, con un sonido especial, aquello no era vida, no podían ni siquiera imaginar otra mejor, sólo vivían.

Cuando llegó a casa la vecina de al lado, le dijo que su hija se había ido con el novio, era cosa esperada, ya llevaban mucho tiempo, pero él sabía que así tendría más tiempo para su pasatiempo favorito, era alegría lo que sentía, se imaginaba al lado de la lumbre por la mañana después de tomar su copa de anís, seguir preguntando a ese talismán. Él se quedaba sólo, sabía que sus secretos no eran tales, nadie puede guardar un secreto, eso es una ilusión que nos creemos, pero si miras por la puerta de tu casa, ves que todo está escrito, sólo estamos aquí para jugar.

El abuelo de todo eso sabía más que nadie, cuando iba al bar a echar un vaso de vino, se juntaban los más listos del pueblo, siempre se hacía un repaso diario de los movimientos del pueblo, si se había robado algo, si había ocurrido un accidente, si habían nacido muchos niños, pero por cada uno que nace, mueren otros tantos, lo más doloroso era cuando alguien se ponía enfermo, el otro día llegó al bar un soltero que se había cortado con un hacha, cerca de pie, le habían liado unas vendas, cenó y después se fue a las fiestas que eran por esos días, quien lo conocía sabía que le había pasado algo, él andaba, que era lo más importante, y seguramente se curaría sólo, pero el dolor se calmaría, cuando se hartase de vino dormirá como un lirón, cuestión de días, pero ¿y si se agangrenaba?, ¿qué pasaría?, pues que habría que cortar la parte del pie.

El abuelo tenía amigos, mentalmente se preguntaba si tendría, leña, qué comería, quién le iba a cuidar cuando se aproximase la muerte, él tenía el dólar, algunas veces cuando bajaba lo cogía con la mano izquierda, ese movimiento repetido le hacía estar en estado de bienestar, era como si el mundo subiese y bajase a su antojo, él lo podía mover, eran raras las veces que caía al suelo, como el techo de la casa era pequeño, no podía lanzarlo muy alto, pero cuando estaba trabajando, lo lanzaba a una altura que casi no se veía, pero su dueño sí sabía dónde encontrarlo, sonaba como una flecha, a su fiel mano muchas veces le hacía daño, él quería llegar a comprender el mundo y sólo hablaba con el dólar.

Muchas veces cuando estaba cansado iba al porrón y se echaba un trago de agua, y seguía haciendo la faena, eso es bueno, también llevaba siempre en su bolsillo un puñado de torraos, cogía uno lo lanzaba al aire e iba directamente a la boca, lo masticaba y sacaba la esencia de un gusto bueno, y le cambiaba siquiera por unos momentos ese sabor a boca seca y maloliente.

Ya había dejado atrás muchos muertos, pensando en ello, se le agarró un dolor en los brazos que se iba extendiendo por todo el cuerpo, enseguida llegaron los familiares, pero el médico lo dijo bien claro: Estaba muerto.

Se preparó el entierro, tocaron las campanas a pobre y se hizo el hoyo en el campo santo, todos se fueron a dormir y allí se quedo el hombre que había jugado con el mundo y le había perdido la partida, el dólar no volverá a volar de entre sus dedos.

Según contaron algunos, a los muchos años un dólar se había encontrado cuando se iban a hacer unas casas, le dieron un puntapié y salió lejos, ¿qué será del dólar?, tal vez su dueño ya esté comido por los bichos, pero el dólar a lo mejor seguirá saltando por el aire para preguntarle las enseñanzas del tío Nolen.

Él me contaba una de tantas experiencias que había tenido, se pasaba hambre, pero algunos años, había de sobra y, cosa curiosa en él, por su forma pacifica tenía la costumbre de ir a ver los toros, la corrida en la que murió Manolete, él estaba allí, en aquel momento nadie sintió nada porque la procesión iba por dentro, si había muerto de una cornada, muchas veces se iba por los suelos y no pasaba nada, pero aquel día el abuelo estaba en la plaza, poco a poco fue contándome la historia de aquel suceso que con el tiempo sería recordado durante muchos años.

Él me hacía oír -que no ver, que no era lo mismo- que los toreros se vestían de luces para recibir la muerte, tal vez la vida sea un muletazo que dura mientras llega la espada al corazón y nos quedamos, tal vez un estornudo de sangre, muertos, pero ¿qué es la vida sino una corrida de toros?

La vida nace del útero, el toro sale del corral, unos años más y los pasaremos formándonos, para torear toda suerte de faenas, él decía que España es así, así como el circulo de la plaza y los aficionados observándonos los pases, las banderillas, algunas enfermedades y a unos más y a otros menos le llega la espada, algunas veces se equivocan y no mueren pero eso es cosa de tiempo.

Pocas fiestas están tan consolidadas como la de los toros, están repartidas por todo el mundo, el arte se exporta de un país a otro, con una historia de odios y de guerras, pero que ahora nos escondemos detrás de una corrida de toros para que no se note la verdad del dolor y del sufrimientos, que sirven para alegría de muchos aficionados.

Me recuerda mi abuelo que había leído en los periódicos de la época que, con la fama que tenía Manolete, se le envidiaba y se le quería poco, el arte que tenía ni lo hay ni lo habrá nunca, por eso lo agotaban cuando iba de plaza en plaza, el sólo sabía torear, pero con esa forma única en el mundo de respirar elegancia en todo lo que hacía. Era un genio que murió muy joven, tal vez la presión de sus amantes, de las faenas que nadie era capaz de hacer.

Estos recuerdos me vienen a la mente una tarde que veo por la televisión una buena corrida de toros, aunque el tufo de funcionarios se percibe, todo está controlado, los médicos, el orden, en fin todo. Recuerdo al abuelo que con su carro pasaba el puerto de Tíscar, bajaba a Quesada, llegaba a Úbeda, de ahí nueve kilómetros y a Linares.

Los toreros se forman para ir después a otras corridas, en las que ganarán más o menos, con una industria donde los maletillas, aquellos jóvenes que se saltaban las vallas y de noche con la luna como compañera, con sus muletas les daban pases de pecho a los toros que el señorito guardaba para las corridas importantes, se echaban a correr en cuando algún empleado de la finca los veía, se llevaban más de una paliza. Pero eso no es hoy así, ahora se va a las escuelas de tauromaquia para aprender desde pequeños. Todo cambia, pero lo que no cambia es esa forma del español de hacer de su vida en cierta manera una corrida de toros.

Todos los días vemos en el trabajo, en el autobús, en los partidos de fútbol, esa forma del orgullo, hay que ser más que nadie, aunque uno no sea nada, todos estamos deseando ver a los demás como al toro cuando se le escapa la vida por la boca, todo esto es realidad, transformada tal vez, pero el abuelo nunca se equivocaba, sabía que tantos trajes de luces y tanto alboroque no era el camino por el cual un país debe de ir, esto me lo dijo unos días antes de su muerte.

En la cama, su preocupación era bien conocida, pues sus familiares lo conocían, él decía que pensaba más que hablaba, esto es así en todos los que son listos, hay un momento en que el cerebro se cierra y los ojos levantan la cabeza, y las palabras que nos salen son la sabiduría, concentrada a través de los años.

Pasaran los años y las costumbres, para entretener a la masa y hacerla trabajar, para que con el señuelo de placer ver una corrida de toros, tal vez de baloncesto o de fútbol , tenemos que divertirnos con algo, yo conozco a muchos hombres y mujeres, que su placer es aprender más, cada día y lo consiguen, no tienen prisas, saben que si el toro se porta bien, pero cuando el caballo rueda por los suelos, cuando lo veo yo me hecho a reír, tal vez sea una sonrisa idiota, o tal vez no, ver como el toro se hecha a correr, y del empuje, el caballo y su jinete, van por los suelos, se tarda poco en recomponer el espectáculo.

Y dolores hay muchos. El móvil suena, nunca me podía imaginar lo que iba a oír, era increíble. Yo trabajaba en el mercado y en el colegio del ayuntamiento, el sueldo me daba para malvivir, sólo me dedicaba a trabajar, con zancadillas de unos y otros claro, supongo que como todo el mundo, pero sentía un dolor que es inexplicable, los días de trabajo pasaban y el dolor se hacía cada vez más fuerte, no era nadie, pero ese dolor se hacía cada vez más fuerte. El que estaba al otro lado del teléfono me decía que quien siembra vientos recoge tempestades. Los compañeros, en las fiestas, se habían puesto de huelga, para mí el calculo del momento me pareció inoportuno, pero allá ellos, las relaciones humanas de por sí son difíciles.

Yo me he llevado veinte años trabajando en el ayuntamiento, y si no salgo me hubiese muerto, lo que tal vez le pueda ocurrir a mis compañeros.

Un día regreso de estar unos días en la playa, duermo esa noche como un lirón, pero al desayunar mi madre me dice que ha venido el guarda del agua, que toca en los pollos, así que a las diez saco el coche y como siempre llevo las botas de goma y una azada, como herramienta de trabajo, paso por la plaza abajo y enfilo el camino del fontanar, desde siempre la curva más peligrosa de toda la comarca, ya está arreglada en buena medida, han quitado el peligro, paso de largo y me meto por el camino. Como me gusta correr, veo que dejo detrás una polvareda, cuando llego a echar el atajadero, de la acequia general, a la hora justa, corto el agua.

Recuerdo cuando cada agricultor podía gastar el agua que quisiera, había un guarda  al que se respetaba, pero aún así, muchos regantes egoístas querían abusar de los demás, pero siempre todo quedaba en palabras. Al poco llega el agua y la tengo guiada al último banco, porque una vez se riega para abajo y otra para arriba, así los atajaderos no había que tocarlos mucho, de un riego para otro.

De vez en cuando voy a echarme un trago de agua fresca de la botella que tengo en la acequia, la merienda la tengo colgada en una oliva, la miro y digo para mí ¡qué poco tiempo queda para comer! El agua acequia abajo parece un rio en pequeño, y el tiempo es eterno para que poco a poco el agua vaya inundando el banco, este año no tenemos nada sembrado, pero otros años sí, recuerdo que sembrábamos remolachas, se criaron muy grandes, para las cabras o para venderlas, no sé por qué todo lo que sembrábamos se criaba muy bien, tal vez sea la sabiduría de los años, pasan y nos enseñan, aprendemos a aprovechar cualquier cosa que nos beneficie, por eso digo yo que esa finca tiene un microclima especial, se dan los frutales, ¡cuántas peras nos hemos comido!

Echo el agua a un banco y son las dos, hora de comer, la tortilla de patatas y el trozo de lomo de orza, el cuerpo descansa un poco, me voy de la sombra con las botas de goma, como me ha entrado agua, van aguachinadas y con un sonido, “guacha”, otro paso “guacha” y otro y otro, llego al banco y el agua ya está pasando al de abajo, corriendo voy al siguiente y con la azada se echa a la izquierda y rápidamente se va juntando la tierra que distribuida, gracias a la hierba a todo lo ancho de la acequia para que se quede el atajadero para que  no se vaya el agua hacia abajo, o sea como un pantano, pero en miniatura.

Los rayos de sol se dejan caer como si fuesen dardos, la cabeza con una gorra me medio protege algo y el agua ya se ha terminado, estoy deseando que el agua llegue el último banco.

Así por toda la parte de los pueblos cercanos a Pozo Alcón, el agua calma la reseca tierra de verano, los olivos, las parras y otros productos de huerta dan sus frutos, cada agricultor se provee de parte de su alimentación criada por él.

El agua con su sonido musical va pasando por las acequias.

Desde años atrás se está viendo que evoluciona la forma de abono y de recolección, junto con el riego, se están cambiando las costumbres, hay que ser más competitivos que otros que tienen una mano de obra más barata, no hay otra manera, los pueblos que no tengan una agricultura modernizada se hundirán en la pobreza y la emigración. El campo es duro o era duro, porque hoy vemos los cambios que evitan mucho esfuerzo humano. Ahora, en estos días, vemos que se asan los pimientos dejando un aroma por toda la calle, las costumbres están cambiando.

Yo recuerdo cuando casi todas familias del Pozo sacaban sus habichuelas, eran famosas por la comarca, pero hoy si acaso para consumo propio, en otros tiempos se trabajaba y si la cosecha era buena, ayudaba a que la familia comprase algún “capricho”, por ejemplo una televisión.

¡Qué bonito volver del riego, cerrando la compuerta para que el siguiente riegue!, ¡allí va el agua corriendo entre las zarzas y el manzano!, se oye su humedad al lado de la linde, ¡qué bien se está!, pero todo no dura eternamente, seguro que la música del agua se acabará algún día.

Esa agua que inunda los bancos de la Viñas, la Venta, el Rubial, el Chaparral, y un canal que lleva el agua a las Cuevas del Campo. ¡Va con esa tranquilidad!, seguro que es el enemigo numero uno de la violencia, todo se calma con el agua, la sed, tranquiliza el cuerpo, y la alegría cuando vemos cómo llueve, eso es bonito, también es música.

Las tandas, cada año más o menos cortas dependiendo de la lluvia del invierno, inundarán de una manera organizada la tierra con agua para que a cada árbol llegue la que necesite, ¡esa imagen de las aguas bajando por La fábrica!, no parará en todo el año, son elementos de nuestra civilización, hemos nacido con ella, a otras generaciones se le propondrán pasarse a otros estilos y maneras.

Disparando la imaginación, se está viendo que las máquinas se están adueñando de todo el trabajo,  del de los carpinteros, de los agricultores, etc. vemos que se van haciendo sitio para que las próximas gentes se encuentren en un mundo más feliz, pero a veces lo dudo, me da lástima cuando paseo por los caminos y veo que las acequias, otras veces siempre verdes para el ganado, ahora están como tristes, sí, tristes porque el agua aunque siempre ha sido amiga, erosiona la acequia.

Antes se limpiaban las acequias de la hierba, la grama era la más peligrosa de quitar, pues se criaba demasiado pronto al tener humedad, entonces los peones recorrían toda la jurisdicción con la azada, estos hechos ya están desapareciendo con los herbicidas, por aquellos tiempos había trabajadores de sobra, pero es que han venido las ganas de comer con el hambre, el cambio por los hervidas a hecho de del campo una transformación peligrosa, a primera vista parecen muy buenos, pero si analizamos el futuro seguro que no será tan beneficioso, porque la química hace tener mejores cosechas es indudable, pero queda latente en la tierra, durante por lo general mucho tiempo, y lo peligroso es que ya ha entrado en la cadena alimenticia.

Había por ahí un poema que decía, “huerta mejor labrada da la mejor manzana”. Ese esfuerzo del agricultor no es en vano, la tierra lo agradece todo, hasta la música. Con la tierra pasa igual que los coches, hay que estar pendiente de ella, hay que abonarla, regar, o sea casi como una mujer, estos años pasados se han helado los cultivos en casi toda la zona, ahora vas por el campo y vemos los tallos de haber cortado por lo bajo el tronco para que nazcan de nuevo.

El otro día en la televisión salió un reportaje, un agricultor que tenía un buen huerto, casi todo natural, explicaba ahora ya mayor que había comprado la finca cuando estaba trabajando, para hacer lo que siempre había hecho: hacer crecer de la tierra los productos para el estómago; cuando tenía de sobra, los lunes en el mercado se dedicaba venderlos, así sacaba para los gastos; si aún le sobraban, cogía el furgón y se iba de pueblo en pueblo a vender, también a los cortijos, ya conocía los momentos propicios donde poder vender, llevaba muchos años.

Pero lo más importante era que le gustaba, no lo hacía por la ganancia, que era escasa, sino por el trato con la gente. Él se sentía comerciante, aunque había trabajado de funcionario, por lo cual al jubilarse le había quedado la paga que le correspondía, era un sueño hecho realidad, siempre había estado solo, él, solitario, en su cortijo. También tenía su gallo, que lo despertaba, y conejos, cabras y cerdos, no paraba, pero según confesaba su máxima ilusión estaba escondida en un baúl de su casa, allí tenía diez novelas, que seguramente nunca nadie leería.

Él no era un cualquiera, ni un holgazán, había exprimido la vida al máximo, así a su vejez, había cumplido casi todos sus deseos, ¿qué más quería?, sólo le pedía a Dios que el tránsito de la vida a la muerte fuese de ocho o diez días, que no tuviese accidentes, o sea que fuese una muerte rápida, como la de los conejos, no quería quedar encamado durante mucho tiempo esperándola, ella tendría que llegar, seguro, pero él tenía miedo no a la muerte, que a eso no tiene miedo nadie, sino al posible sufrimiento, mientras tanto ¡a vivir!, y de una manera agradable, levantarse y ver cómo sale el sol, y alguna veces con la luna se bailaban una sevillana, ponía por la mañana la radio, allí se enteraba de lo que pasaba en el mundo y también de lo cercano, mientras se preparaba el desayuno.

Me llamaron por teléfono, y aquí se terminó mi visión televisiva, cuando volví ya había otro programa.

Me acosté temprano, pues el sol sale casi siempre después de que me despierte, pues todos los días son como el Padre Nuestro, siempre igual, ya me estaba cansando y estaba pensando en ir a Italia, una amiga de Granada me organizaba el viaje, así que me informé sobre todo lo que concierne a este país, tenía ganas de volar en avión y conocer otras culturas, antes de que entrásemos en la Unión Europea, se empezó por pedir el carne de identidad, yo decía a mis amigos que quería comprobar que se podía ir por Europa sólo con el carnet.

El trabajo del campo y del ganado se lo dejé a un amigo, Antonio, él no quería ir de viajes, su vida había transcurrido siempre en el campo, labrando, talando con la ayuda de otros, en el invierno decía que iría conmigo, pero cuando llegaba el verano, se arrepentía, él era otro solitario, hoy como está la vida es mejor vivir sólo, yo le decía que la vida son fases en todo, una vez una cosa y otra otra, pero posiblemente era una de las personas que comía poco y trabajaba mucho; en una ocasión compró una finca muy buena, como aquello fue en familia no llegue a enterarme de nada, él no hablaba nunca de los demás, la boca la tenía pegada, si acaso algún tallo de oliva o de parra se ponía en su boca, sabíamos que cuando nos necesitamos siempre estaríamos. Yo sólo pasaría una semana fuera, pero sabía que cuando volviese me esperaba el trabajo que no había hecho antes.

Ya os explicaré los conocimientos de Italia, pero ahora que aún estamos en verano vemos que los racimos de uvas cuelgan, cual medalla de la virgen, esperando hacer cada uno su vino. Por mi parte, el vicio de fumar quería cubrirlo con la siembra de tabaco, se decía que estaba prohibido, pero yo me atreví con la ayuda de Antonio. Hicimos nuestra hoya, creció hermosa y, cuando tenía un palmo, los fui poniendo entre las cebollas y los pimientos, creció el tabaco increíblemente más alto que yo, cogía las hojas y a puñados las metía en el coche, allí las lleve a la terraza a secarlas, cuando estuvieron secas con la mano las fui frotando hasta hacerlas lo más menudas que pude, todo lo metí en sacos y lo colgué en la terraza a la sombra, a los dos años eché mano y estaba florecido, el invierno último había sido muy húmedo, también la primavera, pero lo probé varias veces y varios dolores de cabeza, al final lo tiré a la basura.

Hay recuerdos en los que muchas veces se plasma lo que se siente, no lo que se piensa, entre pensar y sentir hay mucha diferencia por lo menos para mí, sentir es un sentimiento especial como cuando llega una mujer como la que vi en un mercado, se siente y se piensa, aunque ella tenía todo al cien por cien, si digo la palabra hermosa, me quedo corto, se piensan muchas cosas, pues es una mujer súper, educada, bella y conciente de que hay pocas como ella, sentirla seguro que no la sentiremos, como no sea en nuestra imaginación.

Es una vivencia, siempre que nos veíamos, sabíamos que teníamos algo en común, hablando de lo que sea, elegante y bella, sentir y pensar ahí sí puede haber un momento que pocos podrán sentir. Me la encontré un buen día en el correo, al parecer también era una artista, seguro que si me entero os lo diré, vosotros prestar atención, era el sol que alumbraba interminable, podré decir más o menos, pero si la veis en algún lugar decidme si sentís lo que yo, rubia, con una concepción de espacio, como el sol y la luna nos la hubiesen traído por unos momentos, para que los sensibles le escriban poesías y hagan películas con imágenes parecidas a ella.

Sólo la vi dos mercados, pero seguro que cuando llegue el momento, ella estará allí, diciéndome al oído que no deje de escribir, ¿cómo imaginamos cosas que podrán ser o no?, pero mientras se piensa en cosas bellas, le estamos quitando terreno al pesimismo, eso hay que desterrarlo, como una cosa antigua, flores, perfumes, crear de nuestro entorno algo más o menos bonito. Por ahí hay que ir, un mundo sin violencia, sin hombres y mujeres que trabajen en sus ejércitos y quieran luchar por su bandera y su patria.

Pero no hay que hacerse muchas ilusiones, un mundo en paz en vez de en guerra sería una gran meta y si con ello vienen hombres como Gandhi, aquello tal vez no se repita, pero su espíritu está entre nosotros, podemos sacar consecuencias positivas de esa persona, porque encargarle esto a la Iglesia no puede ser, nos han demostrado durante años que es harto difícil, por mucho que se lo propongan en sus banderas irán Vírgenes, cuando se utiliza esto así, algo está fallando en algún sitio.

Creo que es un sentir general, el rechazo mayoritario hacia la guerra guerra de cualquier tipo, yo pretendo desde mi modesta posición hacer una pequeña aportación para la paz, pues si algo se hace notar en mis escritos es mi voluntad de paz, y una paz para todos, no sólo para mí, hay miles de personas sufriendo cuando no tendrían por qué, no es necesario el sufrimiento.

Seguramente mis formas de expresión gusten a unos o a otros, pero si eres partidario de la violencia lo mejor es que dejes de leerme, regala el libro a otra persona.

La paz se puede conseguir en todo el planeta, como aquel astrólogo que descubrió el sentido del universo, y cuando hacía su trabajo, en sus tiempos muertos, llevaba una investigación paralela, sí, así era, las líneas, los círculos, los cuadrados y triángulos, él procuraba investigar cómo la mezcla de estos cuerpos geométricos y otros inventados por él se hacían líneas superpuestas en todos los sentidos, conformaban desde el átomo hasta el espacio, era como un filete de solomillo que se puede cortar hacia abajo o en línea recta, él lo decía así, pero nadie le hacía caso, ¡hay tantos a los que no se les presta atención!

El amor inunda todo el planeta de seres que piensan luego existen y piensan así, pero el sistema no les hace caso, así llegan a la muerte y no han podido desarrollar esos programas antiviolentos, el investigador amigo mío consiguió extirpar la línea de la violencia a todos los niveles, fue posible trabajar los campos, disfrutar de lo bueno que tenemos en las vacaciones, pero en la televisión dejó de salir.

Ya hubo un pueblo que a las armas sus habitantes le pusieron en su boca un clavel, ¡qué bonito!, ¡pero qué poco duro aquella euforia!, esa euforia que necesitamos para ambientes teatrales, pero también como forma especial de comunicarse que ya no nos llevaría a la violencia sino a la paz.

Sentimos muchas vez la soledad, no sabemos cómo salir de ella, pero es que es el problema que se nos avecina es grande, necesitamos cada vez más cosas, muchas veces inútiles, vivimos en una vida que si no tienes, como los niños, lo que quieres te echas a llorar, como ellos.

¿Quién ha podido entrar en el alma humana?, creo que nadie.

El otro día me encuentro una figura cuadrada, sujetada por una de sus puntas, todo rodeado de árboles, parecía mentira pero aquello se sostenía, sólo faltaba un dedo para que se cayese, probé y no se cayó, dentro de esta figura había el mundo metido dentro y no sólo un mundo sino muchos más, dentro de la oscuridad había una forma de ver el mundo, sólo nos tenemos que preocupar de pensar, aquello no era magia, tal vez era el centro del mundo, encerrado dentro.

Ya pasarían gentes por aquel lugar y luego que lo interpretarán a su manera cada cual, de mil y una maneras, unos dirán que dentro estaba el germen de la no-violencia, ¿quién lo habría hecho?, parecía sobrenatural, muchos vecinos se preguntaban cuándo lo habían puesto, pues con sus quehaceres muchos ni la había visto, cada uno va a lo suyo, era raro que peinarse por la mañana fuese una cosa rutinaria, pues así vamos por la vida, acariciando el pelo, pero sin ver a nuestro alrededor la realidad diaria, que nos transforma, preferimos la misma de siempre, la de la raya en el medio y a echar la jornada.

Pero también hay otros que ven cómo crece la hierba y cómo los árboles echan suficientes hojas para que en el otoño veamos los suelos de hojas secas, para que cuando las pisemos sintamos sensaciones que de otra manera no sentiríamos.

Es el mundo pudriéndose lentamente, los barrederos, al siguiente día, cogerán las escobas y a un ritmo lento con la pala irán echando las hojas al cubo, así lo harán hasta que desaparezcan todas del árbol y del suelo.

Puede ser un juego, todos los años iguales, pero no puede ser, ¡qué diferencia hay entre un año y otro!, pues el cuadrado allí estaba, el barrendero a su alrededor, un día llegó una pareja y en el banco se comieron el bocadillo, y en la radio pequeña sonaba el Himno a la Alegría, pero es que del cuadrado también sonaba lo mismo, se fueron corriendo, dejándoselo todo, aquello no era normal, ante lo que no se conoce se huye, nadie los vio, ese es el peligro de juntarse dos personas, una no puede mover el mundo pero dos sí, aunque la segunda sólo sea para grabarlo, para que salga en los telediarios, a los muchos años volvieron por allí, allí estaba el parque y la estatua, ¡qué bien!, ya sólo faltaba la música del interior del mundo, pero aquella vez el himno no sonó.

La duda se estableció en la cabeza, a lo mejor había sido una equivocación, cuando pasa el tiempo se van olvidando muchas cosas, y de lo difícil de entender más todavía; hay cosas que en un momento parecen realidad, pero, cuando pasa el tiempo, se empieza a dudar de ellas por muy buena memoria que se tenga.

Así pasó con el negocio que pensaban montar en dar publicidad al cuadrado, se les había difuminado, ya no podían hacer negocio con las televisiones, ¡qué noticia hubiera sido!, tal vez sólo suena cuando hay dos enamorados, ¿de qué estaría hecho el corazón del cuadrado?, seguro que era una muestra inédita, como casi todo, del poder del hombre para confundirnos los unos a los otros, para engañarnos, a lo mejor ese era el punto principal, se sustentaba en el engaño de todos los días para subsistir.

Pero esto que os cuento no es un cuento, a su base está una información que me llegó del barrendero encargado de barrer esa zona, me lo contó como si fuese un cuento, pero nosotros sabíamos que no podía ser, él decía que eran los extraterrestres, otros que un milagro y los más no pensaban.

Al poco tiempo entró otro alcalde y obligó a retirar la estatua, se había enterado de ese hecho y como él era destructivo, cuando se entero que los enamorados iban por allí, decidió eliminarlo; lo montaron en un camión y así, descansando sobre un lado, lo echaron a un sitio alejado.

A los pocos años, flores de todo tipo habían convertido el lugar en un jardín guapísimo, al que nadie iba, pero era muy agradable de ver, os lo cuento porque a mí me lo contaron y me ilusionó tanto que dije que por mí se enteraría mucha gente.

¡Oh, My Love!, ¡el amor tiene que mover el mundo!

Unos años más adelante estaban por todos los sitios, ¿quién sabía qué sería eso?, las autoridades recurrieron a los sabios y estos no tenían explicación que fuese lógica, unos decían que venía la inundación de flores por todo el mundo, otros que los cuadrados era una señal del Señor para que nos diéramos cuenta de lo que tenemos y lo cuidemos, ¿qué sé yo?, mil y una ideas, pero las gentes vivían siquiera por un momento en un estado de felicidad, todo estaba bien, esto no era un cambio de cadena, esto era realidad, donde los árboles echaban fruta todo el año y los animales se multiplicaban, esto sería el paraíso, un paraíso que varios sabios decían que no podía durar así el mundo mucho tiempo.

En una de las noches, la última, la más intensa, al despertar, estábamos otra vez con los coches, las fábricas contaminado, ya tendrían los historiadores material para trabajar, ¿qué había sido aquello?, ¿un alucinación colectiva?, pero ya ha pasado, en las futuras generaciones sabrán lo que pasó y que no tuvo explicación, todo necesita su momento de gloria, tal vez ese fue el regalo de algún dios, a lo mejor esperamos algo más, pero por lo menos por el momento seguimos igual que antes.

Los historiadores intentaban recopilar los máximos datos posibles para que más adelante se estudiase aquel fenómeno, ya muchos habían pensado muchas hipótesis. Todavía unos y otros consideraban aquello como algo que había surgido de la nada y guiado por un aire fuerte había pasado por la tierra, como cuando llueve intensamente.

Muchos años más tarde lo recordaban de una manera sensacional, no se daban cuenta de que la realidad es cambiante, y esa realidad se puede dar en cualquier momento, sí, esos momentos en los que una pareja se besa por todos los sitios, como si aquello fuesen pasteles, en verdad eran pasteles, todo son pasteles, menos cuando los momentos se cambian, pero ¡demonios, cuenta que cualquier segundo puede ser eterno! y lo es y si súmanos vamos llegando a momentos como los descritos, tal vez fue una muestra del amor que nos tiene el Señor y que con el cerebro llegando cerca de Dios nos avisa de que todo tiene límites, y que el placer hemos de disfrutarlo lo máximo posible, sí, el sabor de una naranja o de cerezas… ahí también está la felicidad, o una buena conversación con un vecino o un trabajo placentero.

Cada cosa es única y placentera, ese hambre de placer que sienten los enamorados, no es sólo por la carne, no digo que también influya, ¿qué sé yo? Aún encontraremos explicaciones y todas serán verdaderas, así que estaremos como en la pastelería: ¡a elegir toca!

Ese cuadrado que aún no sabemos qué fue y que invadió el planeta de flores por unos días, para los poetas era la culminación de su canto al amor, ese amor que cualquiera que se precie siente, por muy torpe que sea, para la historia del universo, en su largo caminar, sería un fenómeno a estudiar y analizar hasta descubrir el porqué de aquello. Todo tiene su explicación. Otros decían que se había formado de la contaminación, tal vez una radiactiva, de alguna central nuclear, ¿qué le vamos a hacer sino disfrutar de unas y de otras opiniones? Nadie hasta ahora ha encontrado la verdad.

*          *          *

Los recuerdos de infancia me son gratos, una infancia de pueblo donde en una casa convivían personas y animales, la cabra que iba sola por la mañana cuando la soltábamos para que se fuese con la manada, unas costumbres de aquellos tiempos, después de desayunar, a triturar las remolachas y con las patatas hacer un amasijo para los cerdos, la crianza era larga, casi un año, al año, por las navidades, se mataba el cerdo, iba el matador y el cerdo en la mesa gruñendo, el experto le clavaba el cuchillo por la yugular, y la sangre se aprovechaba para hacer morcilla, con especies, pan rallado y con las tripas limpias. La cabra, al llegar la noche, llegaba con las ubres llenas de leche para el desayuno de la mañana, lo peor era cuando se quedaba preñada, el choto tardaba unos meses en nacer, a los dos o tres meses ya estaba el choto criado para su sacrificio, si veía que era bueno se le dejaba para mejorar la especie. El cerdo ya ha desaparecido y el choto casi también, entonces el chorizo y el salchichón se guardaban para el verano, los jamones también.

Andalucía no sólo es conocida por sus jamones, también por sus gentes, sus paisajes, sus pueblos blancos y pequeños, se vivía como siempre. Pero ha habido tantas revoluciones que ya casi no nos conocemos, hemos cambiado de una forma un tanto extraña, vivimos entre cuatro paredes, con horario fijo, el que lo tiene, y carreteras que no saben a dónde van, es otra forma de vida, los mayores con la televisión se tragan todo lo que le echan, un buen sillón y muchas veces se nos olvida nuestra propia vida, cuando la confundimos con la de los personajes de la tele, pero no sólo es eso, la evolución ha ido a más, las pantallas de los ordenadores y su acompañante Internet, esto cambia, ya sólo interesan las tragedias y si son en directo mejor.

Yo creo que cuando el hombre pisó la luna fue un avance, en pocos años, tendremos más conocimientos y este espacio vital, que ya se nos ha quedado pequeño, se agrandará, y como un paseo iremos por el espacio. Tenemos los animales en el espacio y no sólo en el espacio sino en nuestros pisos, si los pocos animales salvajes que quedan viven de una forma antigua, pero los que tenemos en la casa, el perro, el gato, no será que tal vez no nos queremos ni nosotros mismos. Cuando se da la imagen de un mendigo y al lado una persona con su perro, a ver dónde va a hacer caca.

Esas mascotas nos dan signo de bienestar, o tal vez no, la mente humana es muy difícil, la comida de los animales se ha convertido en un negocio, a lo mejor todo es un negocio que algún pintor lo ha plasmado en su lienzo, comida para perros Ore, para gatos Nolin, aunque los vendedores dicen que es lo mismo el uno que el otro. Vemos que, como buenos envidiosos, la costumbre se ha extendido ya en todos los sitios, los animales son el plato que faltaba a la mesa, son formas de ver, mientras todos se ponen las servilletas, cuando en gran parte del planeta existe el HAMBRE.

¿Qué le vamos a hacer?, se les manda alguna ayuda y así nos quedamos tranquilos.

Hacer una vida en la igualdad de todos los que respiramos es un objetivo primero que deberíamos de tener, pero no lo tenemos: el perro y el gato se hartan de comer en su plato, ¿acaso son gatos esas personas que beben el agua de cualquier sitio y van a los basureros para encontrar algo que el estomago lo pueda digerir?, sabemos que el hombre y la mujer tienen fuerzas grandes, y aquí estamos los demás, engordados, hartos de comer, pero no sólo eso, sino que disfrutamos como puercos, poniéndonos elegantes para que nuestra imagen se distinga.

Como hoy es el día de la Virgen, sigo con mi rutina, pero observo una flor que antes no había visto, una violeta en conjunto con otras muchas, su color morado, como dijo mi amigo, no era morado como el del Nazareno. ¡Qué color tan precioso! Cuando paseo a través de los años, he comprobado que las flores las vemos en todos los días del año ¿para qué? para que las veamos y adornar el campo, aunque cada vez hay menos campo, se está abandonando, algunos se cubren de chalets quitando a la naturaleza su forma, pero ella aguanta el dolor de su transformación, cuando se nos acabe el espacio vital, ya descubriremos cada uno nuevos mundos de flores, ellas son infinitas.

Un día coincidí con unos señores para asuntos de negocios, eran una pareja y en un vaso de agua tenían dos flores, una roja y otra blanca, era evidente que las flores daban a entender que se querían, tenían un carácter un tanto difícil, pero a lo mejor utilizaban las flores para algo malo, si fuera algo malo ¿qué sería?, su seriedad y su tono de voz suscribían que habían sufrido mucho, por eso el adorno de las flores, daban a entender que estaban necesitados de cariño, ¿qué sabe nadie de los demás?

En las asociaciones, por unos momentos, se hablan de sus problemas, pero después ¿qué?, seguramente ocuparan el tiempo en leer, en escuchar música o caminar, seguro que no pasará ni un día que no veas aunque sólo sea una maceta con sus flores.

Me atrevo a dar algunas soluciones, aunque, si tenemos suficiente literatura, ¿para qué más?, sólo tenemos que acercarnos a cualquier biblioteca y coger algún libro que hable de la no-violencia, no hace mucho cogí uno y después de leerlo el autor se refería a otro y decía que es más difícil destruir que construir, esto es sólo una frase, pero es demoledora, pero es que el mundo es así.

Tal vez encontremos muchas ideas, a lo mejor repetidas, pero no tenemos más que sufrimiento, todo lo hemos hecho nosotros, lo bueno y lo malo, pero la herencia no puede ser de sufrimiento, si no ¿merece la pena vivir?, sí, hay que vivir y trabajar todos  los días un poco para cambiar esa frase lapidaria y la cambiemos por construir es mejor que destruir.

Se están sembrando cosechas por todo el planeta, seguro que darán sus frutos, hay que torcer el brazo a la historia y darle un giro, cambiar a mejor, seguro que lo conseguiremos, se ha sembrado poco todavía, es cosa de tiempo, para recoger la cosecha hay que sembrar un año tras otro, así el mundo, con esas siembras multiplicadas seguro que nos dará unos almacenes de alimentos de trigo, de cebada.

Hay que ver el futuro, sólo necesitamos de un punto, una línea o tal vez un bello paisaje para disfrutar, evitar las heridas que provocamos por todos los sitios a los árboles, que fueron los dueños del mundo. Hoy todo cambia, la libertad es eso, pero también es orden, un orden vital, en el cual todos vivamos en paz.

Hay que ponerle música a esas máquinas que tenemos todos los días robándonos el alma, el acero y los plásticos no son para nosotros, no nos ayudan a convivir, nos conocemos ya demasiado para seguir por ese camino que al fin y al cabo sólo es para unos cuantos, esos ruidos obsesivos no nos los merecemos, la imaginación tendrá que meterse en el alma de las máquinas y soñar en un mundo sin ruido dónde los árboles que hay al lado de la carretera estén tranquilos.

Recuerdo cuando pasé por un pueblo, estaba un campesino sacando la leche a sus cabras, decía que esa leche no podía digerirla ninguno de ciudad, era natural, la alimentación en serie nos llevará a ser con el tiempo auténticos robots, sí, robots. Dejé al campesino y una mujer que había por allí con la niña en brazos, yo me alejaba paseando y pensaba que la niña en brazos se quedaba como esperando un futuro casamiento, como me comentó la mujer que había hecho con su otra hija.

Más abajo había un geriátrico, no llegué a verlo, pero en una visita anterior parecía que todos me pedían algo que yo no podía darles, recuerdo a un enfermo, que decía que me conocía, tal vez él tenía más memoria que yo, se agarraba a sus palabras de sufrimiento.

Dios, ¿cuándo nos darás la paz?, la necesitamos, pues el sufrimiento no se debe cebar en sólo unas pocas personas.

Está tarde, entre nubes de terciopelo, se ha asomado a un gorrión a mi ventana, al poco se ha ido, pero ¿a qué ha venido?, tal vez a ayudarme a escribir, pero él no sabe que mi imaginación puede expresar lo que él siente.

Pienso en muchas cosas, en dar una vuelta, salir por el llano de las eras, llegar a los tres caños y, como siempre, igual, a la izquierda, pasar las curvas siempre llenas de coches, la carretera partía en dos el Pozo, ¿qué cosa hay perfecta?, nada, sólo cuando soñamos, porque la realidad es el humo que dejan  los coches, para perfumar el ambiente, cada vez veo que no vamos por el camino adecuado y eso que es un pueblo, donde procuramos pasar los días lo más tranquilos posible, cosas difícil, por otro lado.

¿Qué es la felicidad?, yo la veo en muchos sitios, muchas veces me atrevo a poner parte de ella en mis escritos, hay que mejorar lo mejor posible, tenemos que borrar ese canto triste que se siente en la plaza desde tiempos inmemoriales.

Hoy en otoño las hojas inundan las calles de esos árboles preciosos que encontraron su razón de ser en las plantas transgénicas, es la evolución, yo me temo que los membrillos que ahora están para comérselos, con ese olor tan especial, muchos no llegarán a sentir ese placer. Me pregunto si eso es bueno.

Para poder dominar el mundo sacrificamos ese otro mundo y esos olores, ya no serán de esa aceituna de agua o del membrillo o de las uvas, cada vez que se siembra es para peor, si no, a la vista está: sólo tenemos que pasear por cualquier sitio y siempre tendremos cobijo, si no en un cortijo casi abandonado, tal vez, si llueve, sirve un árbol, quizá una noguera de la que ya nadie va a coger las nueces, ¿qué es lo que queremos, si tiramos la comida?

Esos países que abandonan sus costumbres, es porque aún no se han enterado lo que es perder, sólo vamos a lo fácil. Antes sólo teníamos que meternos en esas sierras, o entre los olivares, y no necesitábamos de nada, seguro que a nuestro paso encontraríamos alimento y eso porque muchas plantas no las conocemos.

Veo que en un pueblo de Málaga están sus habitantes solitarios, allí aún no ha llegado la construcción desaforada, en el mío sí, pero en ese pañuelo blanco que se extiende en montes, allí no van ni las cabras, sin embargo salió en la televisión, decían que vivían en armonía, que eran felices pero que lloraban porque el pastel de la costa a ellos les había llegado, lloraban y decían  que el pueblo se vería sólo con el tiempo, era una opinión común de todos los habitantes.

No puede ser que ellos mismos se caben su propia tumba, dándose publicidad, se han matado de envidia, seguro que dentro de unos pocos años el pueblo será prospero, casi seguro, todo está a su favor, seguro que se plasmara en “riqueza”, le caerá  un manto de hoteles y de carreteras y ese membrillo podrido por su maduración y porque nadie se habrá acordado de él. Hay muchos olvidos, muchos son obligados, pero otros son imperdonables, necesitamos un cariño y amor hacia toda planta, aunque sepamos que desaparecen, las lágrimas no arreglan nada, pero dejan salir el dolor, ya ni los mosquitos se acercarán a ese membrillo caído del árbol.

Ayer soñé que soñaba con abastecerme de mi propia comida, sembré en buena tierra y los olivos y la huerta daban cada estación sus frutos, puse almendros, un melocotonero y varios plantones, pero en la loma, junto con las olivas, sembré un membrillero –los membrillos se pelan, se cuecen con un poco de canela y ¡vamos!, están riquísimos-, y también un cerezo, pero el gran secreto que nadie conocía del membrillero era que durante su vida sólo dio un membrillo, yo lo vi y otro se lo comió, bueno no está mal el sueño.

Hay que sembrar en las ciudades, en los pueblos y sobre todo en el cerebro, el es el que manda sobre nosotros.

Yo he visto cómo germinan las plantas y cómo crecen y se multiplican, hay que cuidarlas con mimo, como si fuesen niños, mimándolos con cariño y con esfuerzo, hoy por donde quiera que uno pase por lo menos ve una flor, su enemigo son las hierbas, que estorban el crecimiento, caen bajo la azada, sé que tienen su ser, pero es necesario quitarlas, hay que dejar a lo comestible que crezca y den su producto.

Hoy el cambio climático ha llegado a las plantas, ¡qué raro!, ¡como nos destruimos!, cuando llueve, no llueve para que sembremos, con todos nuestros conocimientos no podemos sacar el secreto de cada ser, no podemos mantener a la naturaleza para nuestro disfrute, ¿qué le vamos a hacer?, es difícil saber con seguridad si la germinación será posible y tampoco si el fruto llegará a nuestra mesas.

Yo sólo quiero tranquilidad y armonía. Hay que disfrutar de cada palabra y, con un hueso de cereza en la boca, pensar mientras cuidamos del futuro.

Dicen que Eva, al probar la manzana y compartirla con Adán, el Señor los expulso del Paraíso, pero, en contra de lo que se dice, el Paraíso se multiplicó para disfrute, porque si pensamos ¿qué sería si no hubiese comido la manzana? Hay que ver los cuentos, es increíble cómo la imaginación y la realidad andan de pelea siempre, pero ¿qué le vamos a hacer si el mundo es así?

¡Qué pena de los que tienen sus huertos en sitios improductivos!, pero por lo menos lo intentan y si ponen empeño seguro que consiguen plantar un cerezo y verlo crecer, nos da de todo: cariño, belleza y luego el fruto, esa flor que después la veremos como un manjar. Sus flores apretujadas, cuando no se puede apreciar su color rojizo, nos advierte de que no debemos de preocuparnos demasiado, porque aún hoy lo confirmo: la amistad es una flor, tal vez me equivoque, pero creo que no, tal vez sea como esa flor que se cae porque el árbol no puede sostenerla, y así echas sus lágrimas para que nos fijemos una vez y otra, también podemos contar las flores que hay en el mundo, pero yo prefiero ver muy pocas, porque no puedo retener los nombres de tantas, pero seguro que algún contador ha conseguido enumeradas e incluso fotografiarlas.

Tenemos unos tiempos en los que podemos expresar el idioma de la flor, ¿qué nos dice?, que somos buenos si amamos lo bueno, pero de una manera tolerante, tal vez nos dejen aún un poco de tiempo, para que ese idioma tan sutil que tienen entre ellas nos ayude a ampliar más la libertad, sí, esa cosa que no sabemos lo que es hasta que se pierde, y no debemos de perderla, tenemos que poner nuestro esfuerzo y decir al mundo que es posible la paz, el cerezo y el membrillo.

¡Ha habido un incendio! Ese humo que olemos pero que no vemos por la noche se ha ido desparramado por toda la zona, se extiende el sentimiento de que algo de nosotros se moría, tal vez nos recuerda la muerte que nos llegara algún día que otro. También tiene olor a lo mejor es el mismo que el de los pinos, esos pinos que nacieron en silencio, ese silencio de serranía de bosque mediterráneo, ¿qué más queremos?, al menos se mueren y nos dejan su testamento vital, tal vez esa ceniza que permanecerá durante mucho tiempo sea testigo de una manera nueva de ver la realidad.

Recuerdo que después de la tala de los olivos, ya recogida la aceituna, se les quitan las ramas que más molestan para la siguiente cosecha, las ramas se amontonan y se queman. El espacio que abarca cada hoguera es el normal para no echar demasiadas ramas y quemar parte de las olivas cercanas, ¡hay que ver cómo el fuego se alza hasta encontrarse con el sol!, por un segundo mantienen una conversación, ¿quién sabe de qué hablan?, el calor de ambos nos hacía sudar, el trabajo así expuesto es muy bonito, pero no ver cómo las hojas van desapareciendo y quedando sus cenizas.

Ese olor y fuego controlados no se dan en la sierra. Hay que ver cómo la rapidez del viento nos hizo una llamada de auxilio, muchas personas se pusieron de acuerdo para apagar el fuego, era necesario que no se extendiese como cual  nube de invierno.

Quien diga que no se puede salvar a los árboles es que no los conoce. Yo para mí creo que el paisaje que queda después de un incendio es desolador y más aún es que no sean espontáneos, la mayoría son provocados.

Desde aquí hago un llamamiento a esas personas que creen en el fuego, el fuego es la desaparición de muchos árboles y plantas sin necesidad, cuando a lo mejor algún día vayan sus hijos y aunque no sepan quién tiene la culpa de las cenizas no podrán disfrutar de las ardillas saltando de pino en pino, seguro que no se sabrá quién destruye, a lo menor lo hacen por un puñado de euros, pero es un crimen.

Porque ¡qué diferencia hay entre ver un panorama u otro!, tal vez muchos podrán pensar que es lo mismo, pero no es así, seguro, yo desde aquí hago como abogado de ese abogado que una vez aconsejo al diablo y los dos terminaron entre rejas, ¿qué le vamos a hacer?, no hay posible pena que castigue, ¿con ejemplos, por qué no? y conseguir que esas personas capaces de hacer mal se reconviertan, ¿no se reconvierte la agricultura o la pesca?

¡Qué pena de esa sierra, que mantenía su ecosistema!, ella que estaría en su salsa, con las setas, sus animales corriendo de un lado para otro. Y de repente todo se llena de miedo y se inunda la zona de ese olor de muerte que hace que todos queramos ayudar, pero ¿por qué dejar que arda el monte?, no es necesario para nadie, cada vez lo queremos más, seguro que muchos, si pudieran, quemarían hasta las piedras, si porque son los testigos mudos que seguirán llorando.

¿Qué puede nacer de la ceniza, si es materia y como tal aprovechable? Recuerdo de pequeño que un amigo solía coger la ceniza de la lumbre y, ya fría, meterla en un saco y esturrearla sobre los ajos y las habas, pero ¿cómo podemos comparar una ceniza y otra? La lumbre para hacer la comida y para dar calor en el invierno no es lo mismo que un incendio.

Aunque lo tenemos asimilado: es duro ver todos los veranos arder los montes del mundo.

A lo mejor yo os trasmito olores, que tal vez conozcáis, pero creo que hay que dejar constancia de cómo se puede transformar la realidad, tal vez no lo consigamos nunca, pero por intentarlo que no quede.

Recuerdo una casa que tenía en los atrojes la cebada y el trigo, las patatas y la paja, todo estaba pensado, la recolección iba a las casas y allí, mientras se subían las escaleras, se olían las manzanas, las peras, las conservas se guardaban en las cámaras, donde la humedad siempre equilibrada hacía que los alimentos para nosotros y para los animales se conservasen bien, había que tener mucho cuidado de que no se  humedecieran mucho hasta echarse a perder, una vez, un año, la humedad en forma de niebla se hizo amiga durante bastante tiempo del pueblo, en muchos lugares hubo que mover de vez en cuando los alimentos, siempre hay solución para todo, lo único es que tenemos que pensar.

La nube del polvo tóxico de la industria y de los coches se mezcla, siquiera por un momento, con el humo de los montes ardiendo, la pena y el daño que causan no se puede describir, al menos yo no puedo, lo que sí os digo es que en este mundo es difícil que se conserve algo de la naturaleza primitiva que algunos han conocido, en muchos sitios después de ese olor especial a encina o pino quemados, ¿a qué oleremos después?, no me preguntes, amigo.

Yo sólo sé que en muchos sitios se han quemado muchos montes, los cuales después de una gran hoguera se comprimen, y quedan reducidos a cenizas aquellos paisajes y sentimientos, porque algunos dirán que las cenizas tienen su sentido, yo lo niego, tras el incendio, ¿qué vemos?: la Luna o Marte no tienen árboles, a lo mejor queremos vernos iguales, si es lo queremos, entre unos y otros seguro que lo conseguiremos.

¿Y para qué esos recuerdos de pisar en este invierno crudo, donde la tierra está helada hasta media mañana, en la cual el sol va poco a poco deshaciendo esos grados de menos que han creado un manto blanco?, los pies pisan encima de ese blanco precioso y siente cómo con el peso cruje la tierra, entremezclada entre hierba verde y tierra.

¿Y al coger la aceituna?, a lo mejor es sufrimiento, porque ¿quién nos ha dicho que le robemos el fruto a la oliva?, ella llora sola, y las lágrimas caídas poco a poco en el mantón harán el aceite.

Está mañana oigo los tractores que pasan por las casas de los labriegos, van hacia el robo o tal vez no, esta mañana de frío típica de los días de invierno crudo muchos cogen los tallos y les meten fuego, dicen que donde hay humo no hay escarcha, el humo se extiende cual botafumeiro inundando de olor y niebla la finca, así vemos cómo la masa de elementos nos envuelven y vamos pasando de uno en otro, por las noches vemos que esas nubes de oro y de plata y ese tono de la luna se confunden con la realidad hasta atraernos y darnos tal vez un consejo o por lo menos unos segundos donde se puede tocar la eternidad.

Si tenemos tiempo, debemos oír y ver todo lo hermoso que nos brinda la vida, vida de ternura, de reflexiones y sobre todo como el hombre llega a momentos verdaderos inesperados, que tal vez se repitan ¡¡ojalá!!, pero, si no, como en la paleta de un pintor o tal vez en el programa de un ordenador, mezclaremos colores y de ahí hacia la eternidad, pasando por los caminos que ya tenemos trillados.

Tener presente las sensaciones nuevas os digo que no es difícil, sólo hace falta un poco de iniciación, así nos acostumbraremos a sentir la verdad de un invierno o tal vez de un verano, esa lluvia que cae, ¿qué querrá decirnos?, cuando empieza lentamente a dejar el sonido de las gotas al caer sobre el campo y el pueblo, si os lo digo mucho no lo vais a creer: estas sierras y cerradas, llenas de pinos y encinas, tomillos y romeros, reciben esos cantes del agua que luego transformarán en canciones los poetas al olor de estas plantas.

¿Qué le vamos a hacer?, sólo con ver un atardecer cómo se esconden la luna o el sol, y luego aparecen todos los días igual, ¡claro que la ternura moverá el mundo!, lo vemos en que los astros se multiplican infinitamente, y las poesías salen de esas cabezas que sienten cómo cambian sus vidas al paso por lugares que nunca olvidarán, esa belleza que llega en forma de nube.

Aunque es tontería esforzarse dándole otro significado a las nubes cuando vienen una tras otra, es posible inventar palabras que den sentido a lo que no lo tiene, aquí sería la unión de iguales, no entro en esa lucha que sólo pretende hacerse dueña de nuestros sentidos y de nuestros sentimientos, no entremos en la disputa, sigamos sacando poco a poco ese sentido, en estos momentos es posible sentir cómo los rayos se esconden, cual ratón que al poco de un ruido se esconde en su madriguera, corre con miedo y llega al fondo, huyendo de esa línea de sol que hace ver que se acaba el día.

Veremos todos los caminos abiertos por un momento y al momento siguiente puede no haber nada en absoluto y nos preguntaremos, ¿será posible que se haya acabado?, levantemos la cabeza y veremos que sólo ha sido una idea entre mil que se nos ha pegado en nuestro cerebro, ¡hay vida, sí, vida!, no la muerte en la que todos pensamos de vez en cuando, si queremos que los diferentes caminos tengan un final, pero ese final a lo mejor no es tal, será uno u otro por todos lados, a lo mejor nos confundimos, pero si cogemos uno de los buenos, nos hará ver que tenemos que luchar con nuestra mente.

Y nos preguntaremos qué es el destino, yo no lo sé, pero espero saber algún día  lo que es y lo que significa.

A lo mejor tenemos compañeros de viaje en este largo camino que hemos elegido, mejor así porque si hemos escogido la soledad se nos hará más largo, pero si coincidimos con alguien que va en busca de lo mismo, se nos hará más corto, pero no por eso dejaremos de sentir la soledad, ¡mala compañera!, es mejor huir de ella como sea, tenemos que mantener la esperanza, sólo tenemos que hacer ideas que nos lleven a la felicidad.

Pero ¡y esa ceniza de tantos árboles quemados!, ¡eso es la soledad!, ese inmenso silencio que hace que nuestro camino se vea malogrado después de ver ese mundo de muerte, sólo tenemos que verlo una vez, y seguro que no lo olvidaremos.

Hay que ir por esos mundos de Dios con alegría y pensando. Seguramente que el alcohol y el tabaco nos quitarán por momentos esa soledad, pero eso es falso, así que se haya pasado el efecto de ambos notaremos que son malos compañeros, ¡¡si lo sabré yo!!, claro que nos agarramos a un ascua ardiendo, pero si queremos disfrutar de la vida sólo tenemos que alejarnos de todo lo que nos perjudica, ya tenemos leyes que prohíben el tabaco.

Es mejor disfrutar de la fruta o de los caramelos o de una palabra con sentimiento de amor, pensemos en eso, no nos cuesta trabajo, no es mi intención escribir un manual de quitar los vicios, sino hablar de pasada.

¡Hay que ver cómo nos cuidan nuestros gobernantes!, dirigen nuestras vidas, pero si nos apartamos de todo a lo mejor nos queda la nada, no sabemos lo que es la nada, sólo podemos tener opiniones, cada cual la suya, la nada es este libro para quien no lo conozca, pero si lo conoce ya no es nada, nada puede ser el movimiento de un pájaro que deja de volar o de las golondrinas, también eran algo los montes, pero han quedado en nada.

Las personas que por obligación votan según dicta la Iglesia, eso es nada, nada de nada, como obligarnos a hacer lo que los demás quieren, eso es lo que pasa,  siempre hay encima de nuestras cabezas alguien que nos dice lo que tenemos que hacer, cuando no es un dios es algún que otro hombre, quieren exprimirnos para seguir con el goteo pequeño, hacen que veamos cómo le crece el buche al jefe, casi con toda seguridad con la corbata ondulada por la grasa.

Conozco a muchos que han querido comer del traje y de su equipaje, y no lo han conseguido, y otros que sí, hay que distinguir que esos pocos producen beneficios, seguro que alguno se dará un paseo por el monte quemado y lo tasará, hará sus proyectos y verá cómo tener un mejor coche y mejores comidas,

El otro día estando yo en el banco, vi que lo visitaba el jefe supremo, naturalmente venía a cortar cabezas, está vez no paso nada, pero en otras ocasiones sí, la visita hizo que la comida le sentara mal, así que esta vez venía protestando que necesitaba algo para que la comida le sentara bien.

A él sólo le interesaba el beneficio de unos papeles, que tal vez, si lo miramos detenidamente, son eso sólo papeles, es la moneda de cambio, estos harán de lo malo bueno o de lo bueno malo, según quiera el que tenga la sartén por el mango.

Yo conozco a muchos que han estado arriba y ahora se ven como risa para niños y mayores, la sonrisa de un niño que no sabe ni él lo que le espera, tal vez algo bueno, pero ese camino de la niñez es un mundo muy difícil, pero a la vez apasionante. Ver crecer a un niño es algo bonito, luego él se formará con las copias que los demás le dan, y saldrá para adelante.

La amistad es una moneda de cambio, hoy por ti y mañana por mí y cuando se atisba algún problema, se lo dejan en la cuneta, acompañado de la hierba y de algún que otro animal; esa es la vida, no son sólo flores, tal vez suframos más de la cuenta, porque vamos a ver ¿quién es el malo?, esa persona que anda haciendo daño a los demás seguramente será su profesión y cobrará por ello.

Hay mucha gente que ha pretendido amar a una flor y ve cómo los pétalos se le caen sólo con mirarlas, la naturaleza es sabia y siente, no era mentira por muchos perfumes que nos pongamos, hay un ojo que nos dice lo que el alma siente, es como una radiografía, allí somos todos iguales, las calderas de Pedro Botero están llenas de hueso cuyo olor tal vez pueda parecerse al de los montes quemados.

¡Las llamas saltan como lenguas que surgen de la tierra y por unos momentos se dan el lujo de saltar por encima del encinar!

¡El verano es malo para los árboles!

 

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No os enfadéis si os digo una verdad: toda mi acumulación de escritos, Trozos de Andalucía y, hasta ahora, Perlas doradas no han sido creados por mí, una noche, paseando por el monte que había cerca del hotel, en el arcén de la carretera se veían muchas cajas con papeles, aquello nos extrañó, volvimos a por el coche y lo cargamos todo, ¿qué demonios podría ser aquello?, había mucho, así que tuvimos que dar otro viaje, así por encima podíamos ver que había libros, papeles sueltos, pero lo que nos extrañó es que fuesen tantos, era como si alguien quisiera olvidarse del pasado y, aireándolo así, pensara que podría olvidar por los menos lo que había impreso, seguro que era un escritor que quería cambiar de oficio, ¡qué curioso! Cuando lo vimos pensamos en dar vida pública a esos papeles, los llevamos a un director de periódicos y nos dijo que tenían mucha calidad, y que merecían ser editados, él se encargo de todo aquello y hoy lo vemos en ese periódico.

Eran inmensos los cuentos, las poesías, las novelas. El director ya tenía trabajo adelantado, lo utilizaría como si fuesen propios, eran buenísimos, cada vez se leían más, se habían convertido en el santo y seña del periódico.

A lo mejor no puedo explicarme mejor, pero un buen día le pidieron una cita, él nunca se negaba; mientras tomaban el café, enseguida se dieron cuenta de quién era quién, casi sin palabras se hicieron amigos, hablando de por qué había tirado toda su obra en la carretera, él dijo que porque quería olvidar el pasado, porque el presente no sabemos cómo será, pero el pasado sí que no podemos olvidarlo. Y era aún más curioso: él lo tenía todo en el disco duro del ordenador para que no desaparecieran en la vida.

Naturalmente el dueño le comentó que eran suyos y que le había sacado dinero a su obra, enseguida, cuando se habla de dinero, surgió la discrepancia, el director enseguida pensó que con una pequeña cantidad se conformaría, pero el autor sabía de antemano que lo que le daban era una limosna, le hizo recapacitar y rápidamente llegaron a un acuerdo amistoso para los dos, entre trago y trago llegaron a hacerse amigos, pero él preguntaba que por qué la había tirado. Con la cabeza cargada de cervezas, quedaron que al día siguiente empezase a trabajar.

Probó unos meses pero era un espíritu libre, no cabía entre cuatro paredes, así que volvería a las comidas de la caridad y cuando encontrase otro ordenador volvería a expresar cosas vistas y no vistas, casi siempre eran fantasías de su mente, sólo por el puro placer de que alguien algún día las encontrase, pero esta vez no las airearía en la carretera, las lanzaría a un pantano, allí costaría más trabajo encontrarlas.

Él era un espíritu libre, su manera de ser no se adaptaba al mundo actual, desechaba la rutina, la limpieza, prefería hacer las cosas cuando quisiera, ya había tenido una experiencia, seguramente algún pescador se encontrase el ordenador y vuelta a empezar, olvidar no podía olvidar todo lo tenía en su cabeza, pero no tenía más remedio que cuando le llegaban ecos de sus escritos, le gustaba volver a la normalidad, él no era valiente para llevar una vida normal, tal vez tenía algún problema en la  mente, pero ¿quién la tiene en su sitio?

Como imaginar no cuesta dinero, es bueno dejar la mente a su aire.

 

ROSAS ROJAS

 

EL AUTOR EN LA ROMERÍA DE SAN GREGORIO

 

 

 

QUIERO AGRADECER A MI HERMANO DANIEL SU AYUDA PARA LA EDICIÓN DE ESTE LIBRO.

QUIERO DEDICAR EL LIBRO A AURELIANO Y A MANUELA.

 

http://elrincondetomasmoreno.blogspot.com

ALLÍ SIEMPRE ESTARÉ

©FONTANAR O FONTANA. TOMÁS MORENO MORENO. 31-3-17.

 

Hay personas que quieren a su tierra donde han nacido y hacen de ella su motivo primerizo y motor de su vida. El cultivo de sus tierras nos hace quererla mas, el trabajo es fuerte, pero cuando ha pasado no nos acordamos. Sabemos trabajar como los primeros, nuestros trabajos son requeridos en medio mundo. En una palabra sabemos hacer las cosas bien hechas. Hemos ido donde mas nos han pagado y a cambio hemos trabajado muy fuerte por un salario, que nunca ha valido para pagar nuestro sudor. Familias enteras, se han ido de sus tierras a donde en teoría a otras, mas ricas y hemos ido ha levantar otros pueblos, por un salario que nunca ha valido en su tierra, ha tenido que ser al cambio de moneda un motivo mas, que ha hecho que lo que en un pueblo vale en otro vale mas, esto es un juego de la economía. Yo sé de muchos personas que para comer salen de su pueblo. La dureza del trabajo la hemos aguantado, que muchas veces no sabemos como pasan los días, porque la dureza algunas veces es insoportable. Pero nos pasamos la mano por la frente y nos quitamos el sudor y sin rechistar. Hace que nuestros cuerpos, paguen más tarde o más temprano los excesos que se cometen. En las fábricas en el campo damos el do de pecho. Y se nos van los días pensando en el terruño y sobre todo en la familia, verdadero motor de nuestras vidas.

Fontanar o Fontana, sitio o lugar donde nace el agua. El Fontanero es un hombre fuerte y sus mujeres trabajan por dos. Fontanar donde los niños juegan en sus lomas o en sus fuentes. Lo pueblo cambian, la carretera que lo  une a Pozo Alcón, lo han hecho grande y con un firme donde los coches rozan sus ruedas en una carretera sin baches, los coches van de un pueblo a otro, para hacer sus menesteres, muchos pueblos creo que no tienen una carretera como la del Fontanar. Sus gentes aun pagan aquello que un día lo sudaron de más. Pronto la sonrisa se nos viene a la cara y rápido cambiamos de idea, si pensar no cuesta dinero, puede que a la mejor alguien no le guste aunque el respeto debe de primar, sobre todo. Aquí pasan los días, los mayores tomando el sol y los niños con sus juguetes. Aquí vivimos bien, mejor lugar no hay otro. Ya nos falta que haya buena cosecha de aceituna. Ahora con el riego por goteo se multiplican las posibilidades de cultivo, pero no contamos un factor que no siempre esta ahí y ya se sabe que agua de cielo no quita riego. FELICES FIESTAS Y VIVA SAN ISIDRO. 2.017

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